Laboreo y siembra
La cultura en planchas permite asociar los cultivos, puesto que cada plancha puede albergar de 2 a 5 lineas.
Los senderos pueden ser tratados sin inconvenientes con alguna cobertura verde, incluso césped, pero en este caso se lo debe cortar de tanto en tanto con una azada, con una máquina o una tijera de césped. También pueden ser tratados con paja, ya que evitar la evaporación de los senderos contribuye a mantener la humedad del sistema del que forman parte; además, pequeñas superficies se pueden tratar con lajas.
El cultivo en bancales permite la numeración de los canteros, lo que favorece la planificación de la rotación en el tiempo. Pero los senderos ocupan mucho espacio y son
un lugar privilegiado para la invasión a nuestro cultivo de las denominadas malas hierbas.
En los terrenos que están poblados por plantas adventicias vivaces — rumex, etc.— se podrá prescindir de senderos, se cubrirán sistemáticamente las interlineas y se numerará las líneas para permitir la rotación. Este sistema es la base de un método particular de horticultura biológica puesta a punto en Alemania, que se basa en la asociación de cultivos.
LABOREO DEL SUELO:
LIMPIEZA, PUNTEADO, DESTERRONADO Y
RASTRI LLADO
Con respecto a la limpieza es necesario aclarar que variará de acuerdo con las condiciones de nuestro terreno. Si este es un monte primero, aun antes de proceder a planificar será necesario el desmonte. Si se trata de un terreno de la zona pampeana que no ha sido trabajado previamente, se procederá a su desmalezado, extracción de palos,
piedras, y otros elementos que dificultarán las tareas de labranza. Si, en cambio, se trata de una zona muy pedregosa, será necesario extraer las rocas y piedras que dificulten el trabajo y luego nivelar el terreno.

Pero hay un caso más particular y, posiblemente, más común para el habitante urbano: esto es, los terrenos aledaños a las construcciones.
En estos casos, aparte de los palos, piedras, etc., habrá que cuidar de eliminar la presencia de pilas, plásticos, envases con solventes y productos químicos, así como remover todos los restos de materiales que hayan servido para la construcción —alambres, cables, cascotes, etc. y, sobre todo, observar que esos restos no hayan quedado como un piso que luego evitará el drenaje adecuado del lugar. En condiciones de extrema dureza del suelo puede regárselo con antelación y cuando la humedad sea la apropiada, comenzar a trabajar.

Una azada y un rastrillo podrán ayudarnos con mucha eficacia en esta tarea de limpieza, aunque a veces serán necesarias la pala y hasta un pico para los terrenos más difíciles. También es importante recuperar todo el material orgánico, producto del desmalezado y limpieza del terreno (restos de malezas, césped, paja, etc.), material que usaremos en la compostera y que se puede dejar transitoriamente como cobertura del suelo para evitar, de este
modo, su disecamiento antes de empezar las labores culturales.
Volviendo al ejemplo urbano, en no pocas
oportunidades las necesidades de la construcción terminan por arruinar los horizontes superiores; el suelo no presenta horizonte A, está compactado, poceado y no posee equilibrio biológico en absoluto. En tal caso es conveniente, si se quiere adelantar los tiempos para que la huerta entre en producción, recurrir al aporte de tierra vegetal; de esta manera se saltean las tareas de recuperación, que demandarían por lo menos dos años.
Luego de aportada la tierra (recordemos que la profundidad de trabajo ideal del suelo de huerta es de 30 cm), se procederá al nivelamiento del terreno.
En el caso de no conseguirse 30 cm de tierra vegetal, el único método para revertir el estado del suelo será el método de "abono verde", cuyo objetivo es enriquecer y mejorar el suelo mediante el aporte de los vegetales que se implantan y son sistemáticamente incorporados a las primeras capas del suelo, mejorando sus características físicas y biológicas mediante la penetración de las raíces y el aporte de materia orgánica. Si bien en este caso se aprovecha el trabajo gratuito de los vegetales, se requiere el trabajo de implantación y un seguimiento mínimo de estos cultivos y se insume tiempo, que variará de acuerdo con las condiciones originales del suelo, así como del clima del lugar.
Para realizar abono verde son ideales la alfalfa, el ray grass, la vicia, el maíz de Guinea, y pueden reemplazar al estiércol y al compost.
El punteado de la tierra es una tarea que se realiza con la pala de punta. Es, posiblemente, una de las tareas más conocidas y creemos innecesario excedemos demasiado en su explicación. Básicamente, se coloca la hoja de la pala en forma perpendicular contra el suelo, se apoya un pie sobre el borde superior especialmente adaptado a esta tarea y luego, sosteniéndola con las manos, se empuja fuertemente hacia abajo con el pie.
Es importante destacar que, generalmente, lo que se hace con la pala de punta es dar vuelta la tierra, práctica poco recomendada en agricultura orgánica, ya que invierte los horizontes del suelo, especialmente en aquellos donde el horizonte A es poco profundo. La agricultura orgánica recomienda, una vez hundida la hoja de la pala, moverla en un vaivén, hacia adelante y atrás, tras lo cual quedará separado un terrón que variará en su tamaño de acuerdo con el suelo, la pala y quien la use. Se prosigue repitiendo la tarea desplazándose hacia atrás.

Los terrones así formados pueden romperse en agregados más pequeños, utilizando la pala o una horquilla, una zapa, etc. Este trabajo de punteado y desterronado se denomina vertical.
Rastrillado: Para tareas de nivelado, cubrimiento de siembra, limpieza, etc. Al igual que las tareas anteriores, son conocidas, y cada persona elige y se acostumbra a trabajar de acuerdo con el tipo de herramienta, suelo, etc. Se debe recordar que es conveniente desplazarse hacia atrás, lo que nos permite ver el trabajo que estamos haciendo y dejar el terreno sin pisadas.