EL SUELO ORGÁNICO

 

El secreto de las plantas sanas se oculta en el suelo. Uno de los principios básicos de la jardinería biológica es sacar el máximo partido al suelo de la parcela. Esto significa elegir las plantas en función de los suelos que prefieren y cuidar el suelo alimentándolo para que rinda resultados óptimos. El suelo es un conjunto de partículas cuyo tamaño varía en función del tipo; estas partículas determinan entre ellas espacios o poros ocupados por el aire y el agua que proporcionan la vida. Para nosotros, la característica más obvia del suelo es la masa, es decir, las partículas materiales; por el contrario, las raíces de las plantas están más involucradas con la naturaleza de los poros (su tamaño, su número, cantidad de Oxígeno y Dióxido de Carbono, retención de agua, etc.) en los que pueden penetrar y de los cuales pueden obtener nutrientes.

Los suelos se clasifican con arreglo al tamaño de las partículas que los forman, que oscilan entre las mínimas de arcilla (de menos de 0,002 mm de diámetro) y los granos de arena de hasta 2 mm. Pero no es necesario medirlas para determinar el tipo de suelo del jardín. En la práctica, lo primero que necesita averiguar es la facilidad con que el suelo se deja trabajar y su riqueza nutritiva. Se aprende mucho con sólo mirar el suelo, clavar una horquilla en él y desmenuzar un puñado entre los dedos. ¿Es pesado y difícil de trabajar, o ligero y fácil de cavar? ¿Es oscuro y rico o claro y arenoso? Si cava un agujero y mira lo que hay bajo la superficie, aprenderá muchas más cosas: calidad del drenaje, profundidad de los horizontes superficiales y facilidad con que penetran las raíces. Si los horizontes superficiales son oscuros, es que contienen en abundancia la materia orgánica necesaria para cultivar con buenos resultados. Los suelos claros son menos ricos en nutrientes. Si la textura es grumosa, es que la estructura es abierta y estable, resistente al anegamiento, abierta a la circulación del aire y rápida en calentarse. Los suelos arcillosos, con partículas pegadas en grandes masas, se inundan fácilmente y es preciso abrirlos con la azada. Las plantas originarias de esta clase de suelos tienen raíces fuertes que les ayudan a abrirse camino.

Si quiere analizar el suelo con más detalle, una técnica sencilla consiste en mezclar una muestra con agua. Los elementos se separan, de manera que es fácil estimar el tipo de suelo. La naturaleza del suelo puede variar dentro de una misma parcela, por lo cual conviene tomar muestras de varios sitios.

La acidez es otro factor que influye en la naturaleza del suelo. Los suelos ácidos son pobres en calcio o contienen exceso de aluminio o manganeso o dificultan a las raíces la absorción de ciertos nutrientes esenciales, como los fosfatos. La alcalinidad se reduce con cargas de estiércol orgánico y compost. La acidez se determina con uno de los kits especiales comercializados para ello o con un simple papel tornasol.

Una vez determinadas las características del suelo de distintos puntos del jardín, es hora de planificar la plantación eligiendo las especies que mejor se ajusten o modificando las características edafológicas, si es necesario.

 

 

Muestras de suelo

Eche una muestra de suelo a un tarro con cierre a rosca, añada agua y agite con fuerza. Cuando la muestra haya sedimentado, observará que arena y arcilla caen a/ fondo, mientras que la materia orgánica flota. Los buenos suelos son ricos en materia orgánica y tienen proporciones equilibradas de arcilla y arena.

 

ACIDEZ DEL SUELO

  

Una característica del suelo particularmente importante es la acidez, expresada como valor de pH en una escala comprendida entre 1 y 14, los suelos ácidos tienen valores de pH inferior a 7; de 7 los neutros y superiores a 7 los alcalinos o calcáreos. Lo ideal es un suelo neutro, aunque casi todas las plantas toleran valores comprendidos entre 6,5 y 7,5. Se comercializan varios kits y medidores para el análisis de suelos; de todos estos dispositivos, el más sencillo de manejar es el papel p.H. o tornasol, aunque puede inducir a confusión. La acidez del suelo puede variar de una parte a otra de la parcela. Además, el jacinto silvestre y algunas otras plantas afectan a la acidez, que también cambia en respuesta a los materiales incorporados al terreno. Así, las enmiendas calizas elevan el p.H. y lo hacen más alcalino; por el contrario, los fertilizantes orgánicos reducen la alcalinidad. La turba de musgo esfagno tiene un p.H. de 3,5-4 y pH 4,5 el suelo arenoso.

Plantas acidorresistentes

 

Acedera redonda (Rumex scutatus)

Acederilla (Oxalis acetosella)

Arnica (Arnica montana)

Brezo (Erica spp.)

Diente de león (Taraxacum officinale)

Digital (Digitalis Purpurea)

Enebro (Junzperus communis)

Madreselva (Lonicera periclymenum)

Perifollo almizclado (Myrrhis odorata)

Poleo (Mentha pzdegium)

Romaza crespa (Rumex crispus)

Tomillo (Thymus vulgaris)

Plantas alcalino resistentes

 

Achicoria (Cichorium intybus)

Acederilla (Oxalis acetosella)

Ajenjo (Artemisia absinthium)

Alsine (Stellaria media)

Centaura menor (Centaurium erythraea)

Enebro (Juniperus communis)

Lirio de los valles (Convallaria majalis)

Milenrama (Achillea millefolium)

Pimpinela menor (Sanguisorba minor)

Poligonato (Polygonatum spp.)

Primavera (Primula verís)

Pulmonaria (Pulmonaria officinalis)

Pulsátila (Anemone pulsad/la)

Rosa (Rosa spp.)

Saúco (Sambucus nigra)

Tomillo (Thymus vtdgaris)

 

Mediciones de acidez en suelos.

 

pH 5,5 Suelo limoso grueso, turba de carrizo

pH 6,5 Suelo arcilloso pesado

pH 7 Suelo neutro

pH 8,5 Tierra tranca fina

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