Calla.
No escribas el paisaje: mientras vuelves
tus ojos asombrados a la hoja,
quizás algún destello, allá a lo lejos,
morirá sin que nadie la recoja.
Calla.
Él nos dio la palabra para hacernos
gustar las densidades del silencio.
No estás forzado a hablar: calla y contempla,
que no todo es palabra o pensamiento.
Calla.
Allá en los arreboles de la tarde
no cabe tu murmullo ni tu grito.
Quizás un día puedas, cara a cara,
medir con tu silencio el Infinito.