Estas estadísticas no son el
fundamento de lo que vamos a decir, pero las mostramos para acabar con algunos
tópicos:
-el tópico de que hay un
10% de homosexuales en la población (parece más próximo a la realidad hablar
entre un 2-3%)
-el tópico de que una
gran proporción de las personas homosexuales desean “casarse” (y de que, por
tanto, la equiparación de las parejas homosexuales con el matrimonio no es sino
el reconocimiento jurídico de una realidad social).
1) La homosexualidad
Es una inclinación afectiva que se
dirige de forma única o predominante hacia personas del mismo sexo.
Las causas a veces pueden ser
innatas (“genéticas”, se dice), pero en la mayoría de los casos (según los
datos que aportan los psiquiatras) son educacionales: causadas por carencia de
algún referente esencial (el padre o la madre) en la etapa de desarrollo de la
personalidad del niño; o por algunos sucesos acaecidos en la vida de la persona
en esa fase de su desarrollo, etc.
è En cuanto inclinación
afectiva, la homosexualidad no es buena ni mala. Es tan solo una condición
que no podemos juzgar moralmente.
è Sólo son buenos o malos los
actos humanos (es decir, los actos libres).
è Los actos homosexuales –es
decir, los actos humanos esencialmente homosexuales- nunca son
buenos. Al respecto hay que decir que no se precisa ser biólogo para reconocer
que el apetito sexual, así como el placer que conlleva la actividad sexual, se
orienta a que los hombres procuren procrearse (de la misma forma que el apetito
“fungible” y el placer de comer se orientan a la alimentación). Así que los
actos homosexuales no son acordes con la finalidad de ese apetito de placer
natural en el hombre.
2) Injusticias
Sería injusto discriminar a alguien
(en unas oposiciones, en la realización de algún examen o en la consecución de
un trabajo) por su condición homosexual.
Pero sería tan injusto o más dar un
trato preferente y favorecedor en esas circunstancias a una persona por serlo.
Siempre me ha parecido una
injusticia –no obstante, es ésta una opinión personal- la paridad que se
ha procurado artificialmente en el Gobierno español. Pienso que el
establecimiento de cuotas femeninas cuando no se dan condiciones reales
de menos promoción de la mujer en la vida social es un desprecio a la
capacidad intelectual y de gobierno de las mujeres. Soy varón y no me siento
por esa razón menos representado en el Gobierno de la Junta de Andalucía por el
hecho de que actualmente haya dos consejeras más que consejeros... (ni me humilla pensar que en algunas carreras universitarias
haya más mujeres que varones entre los mejores expedientes.
è Sería injusto exigir las mismas
marcas en las pruebas físicas para acceder al Ejército o al cuerpo de Policía a
varones y a mujeres (somos iguales en dignidad pero diferentes en la
constitución física, ¡gracias a Dios!...; y lo esencial en un buen policía no
es su capacidad de correr los 100 metros lisos en casi 10 segundos...)
è Pero también sería injusto hacer
exámenes y pruebas psico-técnicas diferentes (más o
menos difíciles) a varones y mujeres por razón de su sexo. Cualquiera de ellos
se rebelaría ante el desprecio de oír: ¡Ah!, como tú eres mujer (o varón), toma
esta prueba más “facilita”...
Recientemente, un candidato a
Comisario Europeo de Justicia y Libertad –Rocco Buttiglione-
ha sido repudiado por las
declaraciones que hizo sobre la homosexualidad. El rechazo aumentó cuando a
esas declaraciones se unieron otras acerca de la mujer
y la familia. Se ha hecho mucha demagogia al respecto (se han manipulado las
declaraciones que realizó), pues si las analizamos, bien podemos descubrir que
no hay en ellas nada objetable –al contrario: hay mucho de laudable- por
ninguna persona con un mínimo de sentido común y de respeto a las libertades:
"Los derechos de los homosexuales tienen que
ser defendidos sobre la misma base de los derechos de todos los demás
ciudadanos europeos. Pero no acepto que a los homosexuales se les considere
corno una categoría aparte, que requiera una particular atención”,
afirmó Buttiglione.
"Creo en la libertad, que significa no
imponer a los demás lo que se considera justo", dijo Buttiglione. "Sobre
la pregunta de si voy a proponer una norma que legalice las familias de
homosexuales, la respuesta es no".
Respecto a las declaraciones que se
le achacaron sobre el matrimonio y el papel de la mujer, lo que expresó fue: “Yo nunca dije que quiero una familia en la
que la mujer se quede en casa para criar a los niños. Yo dije que en el mundo
de hoy, las mujeres tienen demasiadas obligaciones y que tenemos que encontrar
la manera de permitirles que sean madres y que puedan desarrollar sus
capacidades profesionales". Pocas
feministas podrían objetar nada a sus palabras.
Quizá haya pesado más en el rechazo
a su candidatura el hecho de que haya mantenido su postura –por otra parte nada
ofensiva para los homosexuales ni para las mujeres, antes bien, todo lo
contrario-, y que haya manifestado su fe católica de forma pública en repetidas
ocasiones: aunque uno no haga “política confesional”, ¿debe ser bombardeado si se manifiesta católico, mientras
que musulmanes, ecologistas, comunistas y homosexuales pueden manifestar su
condición sin levantar sospechas de
que ésta pueda influir de alguna forma en su actividad? Aquí percibo poca tolerancia…
3) Equiparación jurídica de las
parejas homosexuales con el matrimonio
Es una injusticia.
Resulta lógico que el estado procure
beneficios, también fiscales, al matrimonio: es una institución que tiene
consecuencias sociales inmediatas, al ser el lugar idóneo para engendrar y
educar los hijos (bien necesario para el sostenimiento del propio Estado).
Pero no tiene sentido hacer igual
con las parejas homosexuales, pues no tienen las mismas consecuencias sociales
que el matrimonio (ya que no engendran hijos).
è Cabe pensar en el disparate que nos
espera en España después de aprobarse el “divorcio rápido” si se equiparan las
parejas homosexuales al matrimonio. La picardía española llevará a que los
amigos –que, por ejemplo, comparten piso como universitarios-, los hermanos,
etc. Decidan “casarse” para obtener esos beneficiarse de esa condición
artificial y ahorrar hasta que llegue el momento de casarse con sus novias
(como el “divorcio rápido” facilita esas cosas, podrán permanecer “casados”
hasta días antes de contraer verdadero matrimonio con alguien de sexo
contrario). Y, aunque pueda parecer una barbaridad, personalmente justificaría
esa actitud: ¿Por qué van a obtener beneficios fiscales dos mujeres o dos
varones unidos sentimentalmente, y no van a hacerlo otros por el sencillo hecho
de no mantener relaciones íntimas al ser heterosexuales? Y el Estado no podría
impedir estos falsos “matrimonios” ni siquiera entre hermanos (¿o es que
alguien va a hablar ahora de problemas de un impedimento de consanguinidad
entre personas del mismo sexo que –como es lógico- jamás tendrán descendencia?)
è El problema es que, con estas leyes
injustas, se “trivializa” el matrimonio. Con la equiparación del matrimonio y
las parejas de hecho –incluso homosexuales-, con el “divorcio rápido”... se
debilita la institución familiar: -¿Para qué casarse –pensarán los jóvenes- si
es lo mismo hacerlo que no, ya que el matrimonio ofrece una “estabilidad” parecida
a cualquier contrato temporal de tres meses...?
è Esta “trivialización”
daña a la sociedad: entre otras cosas, perjudica a la educación de los hijos...
Como afirmaban los obispos españoles en un documento de gran calado
intelectual, sucede aquí igual que en economía cuando se emite moneda falsa:
la primera consecuencia es que se devalúa la moneda verdadera. Supongamos que
yo tengo 400.000.- euros y voy a comprar una barra de pan: podría encontrarme
al panadero con 600.000.- que me dice: ni tus euros ni los míos se “comen”,
pero el pan sí, por eso no te lo vendo ni por todos los billetes del mundo...
4) ¿Y la adopción?
Sólo causas muy graves pueden
justificar que a unos padres se les quite la patria potestad y la custodia de
sus hijos: violencia doméstica; alcoholismo y drogadicción; graves desórdenes y
descuidos en la atención de sus hijos (desnutrición, abandono en el cuidado de
su salud, descuidos graves en su educación básica...)
Por eso, a la hora de conceder la
adopción de esos hijos debe establecerse el siguiente orden de prioridades: 1º)
quienes –de forma natural- podrían haber sido sus padres (un varón y una mujer)
para que puedan suplir adecuadamente la ausencia de aquéllos; 2º) quienes
ofrecen una unión estable (para que el niño no salga de Guatemala para ir a
guatepeor), es decir, en matrimonio. Incluso, dentro de los matrimonios
deberían tener preferencia quienes ofrecen más garantías de estabilidad: de
ofrecer un clima adecuado para la educación del niño adoptado.
A veces se alega que es preferible
un niño adoptado por homosexuales que abandonado en la calle. Pero para eso no
hace falta una ley: de la misma manera que es preferible que un niño sea
acogido por una pareja de hermanos, por una institución benéfica o... ¡por un
Club de fútbol! (¿quién ofrece más garantías de “estabilidad” y de medios
económicos para procurarle una buena educación que el F. C. Barcelona o el Real
Madrid ya centenarios?...) Pero en ningún caso deben ser considerados éstos
como candidatos en primera instancia para
adoptar.
è Conviene recordar además que la
adopción no es un derecho sino sólo una posibilidad para quienes
adoptan (jamás un matrimonio puede exigir que les concedan la adopción
de un niño: sólo solicitarla).
è En cambio sí que hay que considerar los
derechos del niño adoptado (derecho a la educación, a la alimentación, a una
atención sanitaria adecuada...): no olvidemos que el desarrollo armónico de un
muchacho es responsabilidad de sus padres hasta que alcanza la mayoría de edad.
5. Mentiras, mentiras,
mentiras...
* En las estadísticas (como hemos
visto al comienzo, cuando mostrábamos el manejo “alegre” –sin rigor- de datos
en los medios de comunicación: 10% de homosexuales, etc.)
* En las denuncias sobre marginación
pública de los homosexuales en España: el Defensor del Pueblo Vasco, nombrado
hace pocos meses, ha mostrado públicamente su condición de homosexual; también
algún ex ministro español; algún político; varios actores y directores de cine;
algunos artistas... Y no se les han puesto trabas para desempeñar su cargo o
desarrollar su trabajo.
* En los derechos “especiales” que
–intentan convencernos algunos- deben tener ciertas personas por el simple
hecho de ser homosexuales: cuotas en puestos de la Administración, etc.
* En los ataques –llenos de
“tolerancia”- hacia quienes manifiestan libremente pero con respeto -¡qué
“intolerantes”!- opiniones contrarias a la “ola de orgullo gay”
* En los estudios sobre los
resultados de adopción de niños por parejas homosexuales: ¿Cómo se puede hablar
de estudios rigurosos al respecto, si sólo en dos países de la UE se reconoce
esa posibilidad y desde hace pocos años? (No olvidemos que las manifestaciones
psicológicas para obtener una opinión favorable o desfavorable al respecto no
se darán hasta que esos niños lleguen a la adolescencia).
(Un detalle) è Llamó mi atención la noticia que
dieron en el telediario de la noche en Telecinco el
pasado jueves-4 de noviembre. Estaban analizando los resultados de las
elecciones en los EE.UU. del 2 de noviembre y se
refirieron a la primera “gran encuesta” realizada en ese país después de las
elecciones: sacaban porcentajes de 24%, 17%, etc. acerca de la confianza que
inspiraba el presidente reelegido en sus compatriotas, acerca de la confianza
en el crecimiento económico... Y ¡con toda la alegría del mundo! Se
refirieron a los ¡¡¡621 entrevistados!!! Por llamada telefónica para
obtener los resultados de ese estudio (más o menos como si, para hacer un
estudio de opinión en la provincia de Málaga hiciésemos... ¡dos llamadas!)
Mucho me temo –por los pocos datos disponibles- que los estudios realizados
sobre los efectos de la adopción de un niño por homosexuales en el desarrollo
de su personalidad, ofrezcan un “rigor” semejante.
è Sin embargo se silencia las opiniones
contrarias de numerosos psiquiatras de prestigio en España (A. Polaino, E. Rojas, etc.) que tocan el paño en sus
consultas todos los días y, aunque no nos muestren estadísticas, quizá ofrezcan
actualmente los únicos datos algo fiables...
Fernando del Castillo del Castillo
Marbella,
5 de noviembre de 2004