anterior |
volver a "Guiones de Bioética" |
ir a página principal |
siguiente |
Compendio de Bioética
|
Texto íntegro de la Comparecencia del Dr. Aquilino Polaino Lorente, Catedrático de Psicopatología
de la Universidad Complutense de Madrid, ante la Comisión de Justicia del
Senado
COMISIÓN DE JUSTICIA
Sesión del lunes, 20 de junio de
2005
Se abre la sesión a las diez horas
y cinco minutos.
La señora PRESIDENTA: Señorías, damos la comienzo a la sesión.
COMPARECENCIAS DE EXPERTOS PARA INFORMAR EN RELACIÓN CON
EL PROYECTO DE LEY POR LA QUE SE MODIFICA EL CÓDIGO CIVIL EN MATERIA DE DERECHO
A CONTRAER MATRIMONIO Y, EN PARTICULAR, SOBRE LOS EFECTOS QUE TIENE EN EL
DESARROLLO DE LOS MENORES LA CONVIVENCIA CON PAREJAS HOMOSEXUALES.
-COMPARECENCIA DE DON AQUILINO
POLAINO LORENTE, CATEDRÁTICO DE PSICOPATOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE.
La señora PRESIDENTA: En el día de hoy vamos a tener una serie
de comparecencias de expertos para informar en relación con el proyecto de ley
por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer
matrimonio y, en particular, sobre los efectos que tiene en el desarrollo de
los menores la convivencia con parejas homosexuales.
De acuerdo
con lo oído en Junta de Portavoces, las comparecencias se van a desarrollar de
la siguiente manera. Después de la intervención del compareciente, hará uso de
la palabra el portavoz del grupo parlamentario que haya solicitado la presencia
de dicho compareciente y, a continuación, habrá un turno de portavoces de menor
a mayor.
Ruego a los
señores portavoces que se ciñan en sus turnos, en la medida de lo posible, a
hacer preguntas y observaciones porque, como es de todos bien sabido, lo que
nos interesa hoy es conocer la opinión de los expertos que tan amablemente nos
van a acompañar a lo largo de la mañana.
El primer
compareciente es don Aquilino Polaino Lorente, Catedrático de Psicopatología
de la Universidad Complutense, que comparece a propuesta del Grupo
Parlamentario Popular.
Tiene la
palabra el señor compareciente.
El señor POLAINO LORENTE (Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense): Con la venia de sus señorías, acepto con
mucho gusto la invitación que se me ha hecho a comparecer ante esta Comisión.
Voy a tratar de sintetizar, aproximadamente en media hora, la conclusión
a la que me ha llevado mi ciencia y mis 38 años como profesor universitario,
investigador y psiquiatra con ejercicio clínico.
En primer lugar, voy a decir una verdad obvia: la
persona humana, hombre y mujer, está modalizada
sexualmente. Eso tiene una raíz genética que después se abrirá paso a lo largo
de toda la vida intrauterina, condicionando la producción de hormonas en la
placenta de la madre- actualmente se considera la placenta un órgano endocrino
y no sólo de protección del embrión. Esas hormonas se producen por la placenta de una
manera diferente según que el embrión sea masculino o femenino.
Por otra parte, a la producción hormonal de
la placenta le cabe la importantísima y trascendental competencia de dirigir la
diferenciación sexual y cerebral del embrión que está en el claustro materno.
Este es un hecho demostrado desde el año 1966, y no sólo para la especie
humana, sino para los mamíferos superiores, que arroja un saldo de
publicaciones anuales de entre 1.200 y 1.700 según cada año.
Desde el año
Hay otras funciones cuyo desarrollo psicoevolutivo es mucho más lento. Me refiero, por ejemplo,
al desarrollo de la afectividad, o no digamos de la sexualidad, donde la
persona humana tiene una amplitud enorme, con grados de libertad diversos, pero
sin olvidar -y esta es la segunda cuestión en la que quiero entrar- que tiene
que darse un ensamblaje entre la identidad sexual o de género, la identidad
afectiva, la identidad personal y la identidad del comportamiento sexual. Si no
se diese ese ensamblaje, como acontece en algunas personas, infortunadamente,
tendríamos, en vez de una unicidad de la persona, una fragmentación de la
misma, con consecuencias nefastas y en muchos casos patológicas. Me importa
mucho hacer la consideración de que el desarrollo emocional y psicoafectivo está abierto al mundo entorno, al mundo de
las relaciones interpersonales; no es una consecuencia ciega y directa que esté
determinada por la pura biología. Esto significa que los modelos de exposición
social a los que esté expuesto el niño o la niña a lo largo de su desarrollo psicoemotivo van a determinar en algunos casos y a condicionar
en todos los casos el desarrollo emocional de la persona. Ese desarrollo
emotivo es tanto más denso, más profundo, más radical, más intenso, tiene más
carga personalizante en la medida en que estamos en
los primeros estadios del desarrollo. Por tanto, en lo que acontece en los ocho
o nueve primeros años de la vida va marcando y configurando lo que será después
nuestro talante afectivo. Para ese desarrollo psicoemocional
es preciso -hoy se reconoce así- la comparecencia de hombre y mujer como
figuras de padre y madre respectivamente. Es decir, que aquel primer hecho
diferencial que arrancaba y hundía sus raíces en la carga genética después se
amplifica y consolida con más grado de libertad en esa expansión de la
emergencia de la afectividad en relación con los contactos, con las
interacciones, con la exposición a esos modelos.
El niño en su primera etapa es un mero espectador de
lo que acontece a su alrededor; tiene una segunda etapa en que es actor, es
decir, imita aquello que ha observado, y tiene una tercera etapa en que actúa
como autor de su propio comportamiento. Estas tres etapas están encadenadas, no
son sucesivas, ya que puede darse la inclusión de una etapa en otra, y esa
observación e imitación que hace el
niño acaban con la interiorización de un modelo de comportamiento que tiene
mucho que ver con el autoconcepto, con la imagen, con
la autoestima que tiene de sí mismo. Y esa interiorización acaba finalmente por
una identidad entre el modelo a que ha sido expuesto y sus propios
sentimientos, su concepto de sí mismo, su identidad personal. Es muy importante
que haya dos modelos de exposición porque le va en ello, entre otras cosas,
también el aprendizaje de las relaciones y de la diversidad entre hombre y
mujer. Es importante, en segundo lugar, porque así aprende algo de esa
diversidad que, no podemos olvidar,
es el fundamento último de la complementariedad de persona de diverso sexo. Por
eso se ha dicho que la educación sentimental, la educación emotiva, a la que
hoy se da una importancia primordial -incluso hay sobre ello algunos
best-seller-, tiene mucho que ver con el escenario de estas interacciones. De
hecho, la mayor parte de los padres -si me autoriza la crítica- no han
estudiado educación emotiva como para poder educar en la afectividad a sus
hijos, y sin embargo hay que concluir que sí están educándoles en la
afectividad a pesar de que no son conscientes de ello. ¿Y cómo lo están
haciendo? Pues en función de las interacciones padre-hijo, madre-hijo y en
función de las interacciones padre y madre. ¿Por qué? Porque el niño observa
todo, lo absorbe todo como una esponja, lo imita, lo interioriza, constituyendo
ello el fundamento último en que basar su identidad personal. Y es importante
ese aprendizaje puesto que después se va a encontrar con una sociedad abierta
cuando empiece la socialización a través de la escuela fundamentalmente, y
también de la calle y de los medios de comunicación, etcétera. Probablemente se
sentirá perdido si no tiene esas referencias, ese mapa cognitivo y afectivo que
le sirve para conducir su vida hacia donde desea. Esto ha llevado a algunos
autores a sostener que lo sustantivo del matrimonio es la diferente modalidad
de las personas como hombre y mujer. Porque de esa sustancia del matrimonio
-que al fin y al cabo es lo que va a generar los modelos de exposición que
servirán de referentes al niño- van a depender los aspectos estructurales de la
configuración de la identidad personal del niño. Por tanto, lo sustantivo de la
pareja es fundamento de lo estructural de la identidad personal del niño.
Voy a entrar ahora en un tema que me
resulta más próximo, en cuál es el perfil psicopatológico de las personas con
conducta homosexual. Muchos de los datos que voy a darles proceden también de
la investigación de numerosos autores y asimismo de mi propio ejercicio en la
práctica clínica, al que he dedicado muchos miles de horas, lo que me hace
sentirme seguro de lo que estoy diciendo, y es que a estas alturas pasan de los
160 los hombres y mujeres de conducta homosexual que han solicitado mi ayuda
humanitaria como terapeuta.
Por hacer uso de un cierto orden sistemático empezaré
haciendo la siguiente pregunta: ¿Qué núcleos estructuradores
de la psicopatología encontramos? En primer lugar,
las relaciones familiares.( Voy a limitarme a leer sin
hacer comentarios porque se me iría el tiempo.) Muchos de ellos y de ellas
describen y perciben al padre durante la infancia como un padre hostil,
distante, violento o alcohólico. Puedo citar a Aperson (1978), a Bene (1975), a Sipoa (1983), a Vilar (1988) o a Fisher (1998). La
madre es percibida como sobreprotectora más por los
niños que por las niñas que al llegar a adultos tiene conducta homosexual. Ahí
están los trabajos de Vider
(1971), de Norton
(1979) o de Nicolós
(2004). La madre es considerada por su hijo como necesitada de afecto, fría y
muy exigente. Hay un buen trabajo de Fitz Gibbons de 1999. La madre es percibida por su hija
lesbiana como emocionalmente vacía, y a ese respecto están fundamentalmente
los trabajos de Bradley
(1979) y de Eisenwood
(1982). Los padres no fomentaron la identidad ni la identificación del niño con
el propio sexo, y a ello se refieren los trabajos de Zucker de 1995. En esos chicos y
chicas hay ausencia de juegos. Los chicos renuncian a los juegos violentos, en
relación a lo cual están los trabajos de Friedman y de Haven (1987 y 1967). Hay ausencia
de identificación con sus iguales del mismo sexo, Thomson (1993); hay ausencia de
empresas motoras, especialmente de aquellas relacionadas con la práctica de
deportes violentos y masculinos -hay trabajos al respecto pero no entraré en ellos-. Hay una
incapacidad para defenderse físicamente de sus compañeros iguales en
situaciones de violencia. Pueden haber sufrido en la temprana infancia abuso
sexual o violación por padre, madre o algún familiar. En eso la colección
bibliográfica, incluida mi experiencia en España es muy abundante. Con arreglo
a los datos de que dispongo podría decir que casi el 30 por ciento de las
personas que he visto han sufrido estos problemas.
Hay también fobia social o timidez extrema, como
muestra el trabajo de Goldwing
en el año 1993. En algunos casos se produce la pérdida del padre por muerte o
divorcio o la separación de uno de los padres durante una etapa crítica del
desarrollo, como revela el trabajo de (?)Suker, o el rechazo de los padres
adoptantes cuando uno de ellos es homosexual o lesbiana.
Un segundo apartado se podría precisar con el
concepto de comorbilidad. ¿Qué se entiende por comorbilidad? Cuando dos trastornos patológicos diversos
coinciden sincrónicamente en una misma persona sin que se conozcan a fondo
cuáles son los grados de implicación respectiva -a veces la hay, pero otras no-
entre ellos. Por poner un ejemplo que está al alcance de la comprensión
generalizada, una persona puede sufrir simultáneamente caries dental y
apendicitis y a lo mejor no hay relación entre ambas afecciones o quizá sí la
haya; eso es lo que hay que probar.
Entre los trastornos psicopatológicos más
frecuentes en personas con conducta homosexual, cabe citar la depresión grave
-hay numerosísimos trabajos al respecto, por ejemplo el de Ferguson del año 1999- o el
trastorno obsesivo compulsivo, que casi alcanza a un 45 por ciento de la
población estudiada. También hay un aumento de la idea de suicidio -ahí están
los trabajos de (?)Herrer
entre 1999 y el 2003-, crisis de ansiedad generalizada, una mayor propensión al
consumo de drogas, aparición de trastornos de conducta, especialmente durante
la adolescencia, o trastornos de personalidad graves como anuncian los trabajos
de Parry de
1993 y de (?)Cruenco
entre los años 1987 y 2001. Algún autor como (?)Gosiork ha enunciado como posible
comorbilidad la aparición de esquizofrenia. Comorbilidad no significa que una causa o un proceso A
condicione la aparición de otro proceso B, simplemente que coinciden en el
tiempo. Haría falta una investigación enormemente dura para probar, aunque hoy
es posible porque se puede hacer un análisis estadístico causal de dos factores
que correlacionan entre sí, cuáles son las interconexiones y la modalización de los efectos de una a otra patología. Por
último, dentro de ese segundo bloque de trastorno psicopatológico hay que
hablar del narcisismo patológico, sobre el que hay muchos trabajos; es quizá el
tipo de trastorno de personalidad más frecuente y común en estas personas.
Sobre los traumas y violaciones sexuales durante la
infancia podría ampliar más cosas
pero, en caso de que deseen más información, luego les diré lo que sé al
respecto.
Un quinto apartado se refiere a los
trastornos de identidad de género a causa de la inestabilidad emocional de la
pareja homosexual. Son muy numerosos los estudios que acaban por demostrar que
hay una mayor incidencia de trastornos de identidad de género entre los chicos
y chicas educados, acogidos y aceptados por padres adoptivos homosexuales. Hay
también una mayor promiscuidad en la conducta sexual, hay más contactos
homosexuales antes y durante la pubertad. Existe una mayor consistencia en la
estabilidad de la conducta homosexual durante la vida adulta.
Actualmente, se está distinguiendo un nuevo cuadro,
sobre todo entre los autores norteamericanos, de lo que llaman unmasculinity,
que son los sentimientos crónicos de no ser masculino. Algunos autores
sostienen que esos sentimientos crónicos son los que fundamentan las actitudes
de antimasculinidad y, por tanto, podrían condicionar
en muchas personas con conducta homosexual la emergencia de una actitud heterofóbica.
¿Qué sabemos de la inestabilidad de las relaciones
afectivas en la pareja homosexual? Quiero citarles algunos datos. A propósito
de Estados Unidos, diré que en lo relativo a la estabilidad de la relación
sentimental el 28 por ciento de los homosexuales estudiados de una muestra de
600 habían tenido 1.000 o más compañeros; el 15 por ciento entre 100 y 249; el
9 por ciento entre 50 y 99; y un solo compañero sólo se daba en tres casos, y
de estos 600 homosexuales la mitad tenía menos de 35 años. ¿Cuánto dura esa
estabilidad de la pareja? El 9 por ciento no había tenido una relación
duradera, el 17 por ciento había tenido una, el 16 por ciento dos, el 20 por
ciento tres, el 13 por ciento cuatro, el 16 por ciento entre seis y 87.
¿Se han realizado estudios en España? Voy a
citarles uno, los datos de la primera encuesta nacional sobre los hábitos
sexuales del colectivo gay, que fueron publicados en el año 2002 y patrocinados
por la federación estatal de lesbianas y gays. Según
esos datos, un varón homosexual tiene relaciones con 39 personas distintas como
media a lo largo de su vida. Esto, en palabras del biólogo Vincent en su libro Biología de
las Pasiones, se traduce en que la homosexualidad resultaría de un déficit en
la función de alteridad; es decir, en el reconocimiento del otro, función que
es primordial para el amor. El homosexual se elegiría a sí mismo sin querer
aceptar la diferencia.
¿Qué consecuencias tendría la exposición de los hijos
a una inestabilidad emocional de la pareja y a una tan escasa estabilidad y
duración de su relación? Voy a dar datos de algunas naciones donde se ha
legalizado esa estabilidad. Son datos que cada país ha suministrado y, por
tanto, es cuestión de volver a analizar las fuentes y cómo lo han hecho. En
Dinamarca, tras 10 años de vigencia de la ley que regula estas uniones, se han
registrado 3.200 parejas homosexuales para una población de 5 millones de
habitantes. En Estados Unidos las parejas homosexuales constituían,
aproximadamente, el 0,2 por ciento del número de matrimonios; concretamente, 157.000 parejas
de homosexuales frente aproximadamente 64,7 millones de matrimonios y 3,1
millones de uniones de transexuales. En Suecia entre los años 1993 y 2001 hubo
190.000 matrimonios y 1.293 parejas de homosexuales registradas, con lo que la
tasa de incidencia es del 0,67 por ciento. En Noruega entre los años 1993 y
2001 hubo 280.000 matrimonios y 1.526 parejas homosexuales registradas, lo que
da una tasa de incidencia del 0,54 por ciento. En España, según el censo del
Instituto Nacional de Estadística, hubo casi 9 millones de matrimonios en el
año 2001 frente a las 10.474 parejas del mismo sexo: 3.619 femeninas y 6.855
masculinas, lo que representa el 0,11 por ciento de todas las uniones.
La insignificancia de esta cifra no
minusvalora en modo alguno el efecto perjudicial que puede tener sobre los
hijos los continuos cambios de pareja, la infidelidad dentro de la pareja
homosexual, las alternancias, las sucesiones, los cambios y, por consiguiente,
la ruptura de los vínculos de apego entre las figuras parentales
y el niño.
Por último, quiero recordar aquí -y con
esto termino mi exposición- que el sujeto de derecho es el niño adoptado y no
los padres adoptantes o adoptivos. Voy a mencionar dos artículos resumidos, o
sea nada más que el texto que nos interesa, de
Ante esto sólo me queda mencionar un hecho
significativo. En España en el año 2000 se aprobó en dos Comunidades, Navarra y
el País Vasco, la capacidad de adoptar niños: en Navarra hubo sólo dos
adopciones, en el País Vasco -desde mayo de 2003 en que se aprobó- una adopción
y en los tres casos se trató de hijos biológicos en que una de las personas de
la pareja era lesbiana.
Muchas gracias por su atención y estoy dispuesto a
contestar aquello que yo entienda o sepa.
La señora
PRESIDENTA: Gracias, señor Polaino.
Tiene
la palabra el señor Conde.
El señor CONDE
BAJÉN:
¿Por cuánto tiempo, señora presidenta? Lo digo simplemente
como orientación y por ceñirme al mismo.
La señora
PRESIDENTA: Si queremos dar un turno debidamente
al compareciente, no deberían superar los cinco minutos todos los portavoces.
Pero en función de que es el solicitante, seré un poco generosa con usted y con
el resto de portavoces cuando sean comparecencias pedidas por ellos.
El señor CONDE
BAJÉN:
Gracias, señora presidenta, intentaré ajustarme con exactitud
a esos cinco minutos.
En
primer lugar, muchas gracias, doctor Polaino, por su presencia en esta comisión que, como sabe,
tiene por objeto poder ilustrar tanto a la Comisión de Justicia como a toda la
Cámara sobre un proyecto de ley que tendremos que votar mañana, que es la
reforma del Código Civil en relación con el derecho a contraer matrimonio y,
consecuentemente, la posibilidad que tendrán matrimonios homosexuales de
adoptar niños en condiciones de igualdad con los heterosexuales de ser aprobada
esta ley.
Doctor Polaino,
a nosotros lo que nos interesa fundamentalmente es precisamente la incidencia
que en el desarrollo de un menor puede tener la convivencia con una pareja
homosexual. Usted nos ha descrito perfectamente cuál es la psicopatología
de los homosexuales y cuáles son básicamente los elementos de comorbilidad que padecen los homosexuales; pero siendo esto
un hecho -usted nos ha citado una cantidad enorme de estudios españoles y
extranjeros sobre el particular-, insisto en incidir no tanto en la psicopatología del homosexual como en los trastornos que
para el desarrollo del menor puede tener la convivencia con homosexuales, y
básicamente me interesaría su opinión sobre una serie de aspectos.
En
primer lugar, nos ha llamado la atención profundamente el estudio de Tasker y Golombok de 1995
sobre la predisposición a la homosexualidad que tienen los niños que conviven
con parejas homosexuales. Me gustaría saber si conoce este estudio -estoy
convencido de que sí-, su opinión, si nos puede hacer alguna mención sobre la
metodología utilizada, en qué se distingue este estudio de otros que puedan
existir tanto en la literatura científica española como internacional para, en
definitiva, responder a la gran pregunta, que entiendo respondida desde el
comienzo de su intervención cuando usted nos ha dicho que los niños primero
observan, luego imitan y posteriormente actúan y que en realidad lo que hay son
modelos de exposición a los que el niño reacciona. Pero me gustaría un
comentario sobre el particular.
Nos
ha impresionado también el estudio de Cameron y Cameron de 1996 en relación con la incidencia de padecer
abusos sexuales por parte de niños que conviven con parejas homosexuales,
tremendamente superior a la incidencia que podría
tener en la convivencia con parejas heterosexuales. Según ese estudio, el
riesgo de un niño de poder ser violado por alguno de sus progenitores en el
caso de una pareja homosexual es del 29 por ciento y en el caso de una pareja
heterosexual de un 0,6 por ciento. Comprenderá que los datos nos hayan
sorprendido e incluso nos hayan espeluznado y me gustaría algún comentario suyo
sobre el particular, sobre este estudio, sobre el método utilizado, etcétera.
Por
último, si es posible, me gustaría que nos hiciera algún comentario sobre la
metodología que se emplea en general en los estudios homofílicos.
Es decir, en todos aquellos estudios de la literatura científica que son
proclives o muestran una opinión favorable a la adopción de niños por
homosexuales se viene a decir que el desarrollo de estos menores es absolutamente
normal, no padecen problema psicológico o de personalidad ninguno y que en
realidad estos niños no se distinguen en nada de otros niños que viven en
familias heterosexuales. ¿Ese tipo de estudios tiene alguna metodología
contrastable, es una metodología típica, es una metodología aceptada o aceptable
desde el punto de vista de la literatura científica, adolecen de algún fallo en
general? Todas éstas son las preguntas que se nos suscitan y esperamos con
avidez sus respuestas.
Reitero
nuestro agradecimiento por su presencia y su magnífica exposición
-perfectamente documentada, como no podía ser de otro modo- que, evidentemente,
nos será tremendamente útil en nuestra labor como legisladores.
Muchísimas
gracias.
La señora
PRESIDENTA: Gracias, señor Conde.
Por el Grupo Parlamentario Mixto, tiene la palabra la senadora López Aulestia.
La señora LÓPEZ
AULESTIA: Muchas gracias, señora presidenta.
Señorías.
Señor
Polaino,
muchas gracias por su presencia en esta comparecencia. Habrá podido usted
observar que por problemas de transporte de avión no he llegado a tiempo para
oír su exposición; no obstante, conozco cuáles son sus teorías acerca de la
cuestión que nos ocupa, acerca de la homosexualidad y, como usted puede
suponer, yo soy una senadora de Izquierda Unida y no comparto en absoluto esas
teorías. Teniendo en cuenta que partimos desde posiciones absolutamente
antagónicas, no creo que sea ni siquiera procedente el que entremos aquí en un
debate ni que yo le haga ninguna pregunta acerca de sus teorías. Le agradezco
que haya venido y nada más.
Muchas
gracias.
La señora
PRESIDENTA: Gracias, señora López Aulestia.
Por
el Grupo Parlamentario Catalán en el Senado de Convergència i Unió, tiene la palabra el senador Badia.
El señor BADIA I
CHANCHO:
Gracias, señora presidenta.
Evidentemente,
sólo quiero agradecer su presencia al ponente aquí en el Senado.
La señora
PRESIDENTA: Gracias, señor Badia.
Por
el Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos, tiene la palabra la
señora Etxegoyen.
La señora
ETXEGOYEN GAZTELUMENDI: Gracias, señora presidenta.
Bienvenido, señor Polaino,
a la comisión y le agradezco también su comparecencia a día de hoy.
Desde luego no seré yo -que soy una humilde jurista, por definirme de
alguna forma- la que desde un punto de vista técnico o científico pueda rebatir
alguna de sus afirmaciones. Permítame, en todo caso, que algunas de mis
preguntas o de mis reflexiones en voz alta vengan -creo yo- de la mano de mi
observancia en mis 44 años ya y un poco también del sentido común, que habría
que aplicarlo con mayor vigor si cabe en un tema como éste.
Me
parece que ha mencionado usted que ya desde su fase embrionaria hombres y
mujeres somos distintos -es evidente, no habrá nadie que pueda decir lo
contrario-, pero yo entiendo que tan cierto como esto es que no hay dos hombres
ni dos mujeres iguales tampoco, y esto es, a mi entender, lo que enriquece
precisamente nuestra vida, nuestra existencia. En la afinidad o complicidad con
nuestros semejantes -sean éstos hombres o mujeres- radica, permítame la
expresión, la salsa de la vida pero también la estabilidad de nuestros propios
compromisos personales, familiares y, por qué no, de proyección de nuestros
valores a nuestros hijos quienes los tengamos; yo ceo que radica precisamente
en eso, en la importancia de lo que puede ser esa comunión de vida que algunos
llaman matrimonio - otros no- y que algunos consideran que es un matrimonio
exclusivamente entre un hombre y una mujer. Pero, en fin, esto es una reflexión
o una opinión absolutamente personal.
Ahora
paso a señalarle dos cuestiones. He crecido deducir -y si me equivoco le ruego
que me disculpe y me corrija, desde luego estoy abierta a todo tipo de
rectificaciones- que, en definitiva, la condición de homosexual significa al
fin y al cabo una patología, una desviación o una realidad antinatural que,
desde luego, hay que respetar -lo contrario en modo alguno se lo he escuchado
decir-, pero que de alguna forma sí que habría que reconducir. Sinceramente, no
lo llego a entender ni a compartir en modo alguno y me gustaría que me lo
aclarara.
Y
respecto a la posibilidad o no, a la conveniencia o no, de que las parejas
homosexuales puedan adoptar niños, tampoco comparto sus conclusiones ni tampoco
aquéllas que ha hecho suyas el portavoz del Grupo
Parlamentario Popular. En realidad considero que en este país nuestro la
adopción no es un derecho de nadie, no es un derecho ni siquiera del niño, no
existe un derecho ni a ser adoptados ni a adoptar.
En principio, nuestros
niños a lo que tienen derecho es a ser cuidados y protegidos y eso es
correlativo a la obligación que tiene toda la sociedad de atenderlos. En
realidad, ni los homosexuales ni los heterosexuales tienen derecho a la
adopción, y un niño lo que requiere es amor, estabilidad y, desde luego, tener
un modelo -no sé yo si correcto o no- en el que crecer, pero sí un
ambiente de cariño en el que los valores que le transmiten aquellos que le
educan sean unos valores reconocidos por todos.
Nada
más y muchas gracias.
La señora
PRESIDENTA: Gracias, señora Etxegoyen.
Por
Entesa Catalana de Progrés,
tiene la palabra el señor Bofill.
El señor BOFILL
ABELLÓ:
Buenos días, señor Polaino.
Yo no quería intervenir, pues de hecho he solicitado la comparecencia de
otros expertos, que seguramente tendrán una tendencia distinta a la del señor Polaino.
Únicamente
debo agradecerle su presencia en la comisión. No sé si lo he entendido bien,
pero da la impresión de que hay un cierto prejuicio a la homosexualidad; es
decir, hablamos de ella como si fuera una cosa mala, perversa, un problema. Y,
claro, si es un problema, será un problema que adopten niños, que sean maestros
de escuela, que hagan según qué cosas. Para mí no es ningún problema; es decir
no entiendo que la homosexualidad pueda ser una perversión; considero que es
otra normalidad, distinta de la mayoritaria, y el Estado ante la adopción tiene
prevenciones suficientes como para garantizar justamente que ningún niño va a
parar a ninguna pareja inestable, insegura, etcétera. Por eso mismo las adopciones
-como usted ha citado del País Vasco y Navarra- han sido muy reducidas, lo que
quiere decir que están funcionando las prevenciones que tiene el Estado ante
situaciones de inestabilidad que pueden producirse en parejas homosexuales y
heterosexuales.
Por
lo tanto, la posibilidad de acceder a la adopción por parte de una persona
homosexual es indiferente pues, por otro lado, a título individual sí están
accediendo, y nos estamos rasgando las vestiduras sobre cuestiones que tienen
una relativa normalidad.
Nada
más y muchas gracias.
La señora
PRESIDENTA: Gracias, señor Bofill.
Por
el Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra la señora Granado.
La señora GRANADO
PANIAGUA: Gracias, señora presidenta, señorías.
Señor
Polaino,
bienvenido a la comisión. Después de su intervención y de haber leído con
anterioridad alguno de los trabajos que usted ha realizado, en estos momento me
reafirmo, si cabe más, en mis planteamientos anteriores, en el sentido de que
-sinceramente lo digo- preferiría que algunos niños estuvieran con parejas
homosexuales antes que con algunas parejas heterosexuales, dado que, bajo mi
punto de vista, estarían mejor educados en ciertos valores que a mí me
interesan mucho, como la tolerancia, la solidaridad, la libertad y, en definitiva,
serían mucho más felices que con algunas parejas heterosexuales.
Ha comentado usted en otro momento que hay pocos matrimonios
homosexuales. Yo le digo que, aunque hubiera solamente una pareja, para mí
sería suficiente para que el Estado les reconocieran sus derechos.
Señor Polaino,
menciona usted también que los estudios dicen que los niños criados en parejas
homosexuales están más expuestos y sufren más violaciones y agresiones
sexuales. Yo le diría que la realidad, evidentemente respetando todos los
estudios que se hagan, nos demuestra otra cosa; el día a día nos está
demostrando que donde realmente se producen violaciones y malos tratos es
precisamente en hogares heterosexuales; lo estamos viendo todos los días y ayer
o anteayer tuvimos el último caso. Por lo tanto, hay que tener más rigor y
cuando se hagan estudios científicos hacerlos desde el planteamiento realmente
científico y no desde posiciones ideológicas o religiosas que es como, a mi entender, se están haciendo muchos de estos estudios.
Creo
haberle entendido que la homosexualidad es una enfermedad. Por lo tanto, si es
una enfermedad, tendrá cura. Me gustaría saber si en estos momentos está
realizando usted terapias con homosexuales y qué tipo de terapias se pueden
llevar a cabo para curar esta enfermedad, esta epidemia, como me ha parecido
entender en algún momento.
La señora
PRESIDENTA: Gracias, señora Granado.
Tiene
la palabra el señor Polaino.
El señor POLAINO
LORENTE
(Catedrático de Psicopatología de
La señora Granado
ha dicho cosas muy interesantes, aparte de darme las gracias, cosa que a su vez
yo le agradezco. Piensa usted que sería mejor que esos niños estuvieran con
parejas homosexuales que heterosexuales porque la incidencia sería más baja.
Usted ahora mismo se sitúa absolutamente en contra de toda la comunidad
científica y de toda la experiencia clínica. Usted es muy libre de hacerlo,
absolutamente libre, pero los datos empíricos, los hechos son tozudos; las
interpretaciones, decía Hegel,
no. Hay personas que prefieren las interpretaciones -siguiendo a Hegel- a los
hechos. Yo me quedo con los hechos, soy más modesto.
Si no la he entendido mal, lleva usted en
la vida pública casi tantos años como yo en la clínica. La diferencia es que
probablemente yo podré haber gastado 20.000 horas de mi vida con personas con
conducta homosexual. ¿En función de qué? En función de que considero que hay
que tener una actitud humanitaria.
Dejemos a un lado -si quiere, luego vuelvo sobre
ello- si es enfermedad o no es enfermedad. Pero si una persona pide ayuda
porque no se siente a gusto dentro de sí mismo, no se acepta como es y eso es
lo que tiene clavado y lo que le hace sufrir, y le puedo ayudar, como ha puesto
de manifiesto la terapia reparativa, más otras terapias -que espero que algún
día usted pueda leerme- (La señora Granado
Paniagua: creo
que no) Sí, aunque fuera por curiosidad,
probablemente no le interese, pero otros sí me leerán y otros seguirán, porque
todos estamos de paso y yo estoy como la despedida.
Dice usted que hay que reconocer sus derechos aunque
sólo fuera una pareja. Yo le diría que de acuerdo. ¿Pero que ocurría si dentro
de diez años los chicos que hoy son adoptados por homosexuales interpelan al
Estado español, le denuncian, le acusan de haber consentido que se haya
quebrado su identidad personal y exigen una indemnización por ello? Claro, lo
pagamos todos los españoles. (Rumores.) Estamos muy cerca de eso.
Por otra parte, usted ha hecho una leve y discreta
insinuación que yo personalmente no se la tolero. Usted no me puede decir,
incluyéndome en la cesta, que los científicos parten de criterios ideológicos y
religiosos. Yo todos los datos que he dado son clínicos y son científicos. Si
usted por ejemplo se va a alguna declaración a la prensa, yo soy muy libre
también de opinar. ¿O es que la prensa solamente es de los políticos?
Enséñeme usted un documento científico publicado por mí en un contexto
científico en el que yo haya apelado a la ideología o a la religión. Porque, si
no, invalidamos el discurso, el suyo y el mío. Usted habla desde una ideología
y yo desde otra; entonces no hay ciencia. ¿Sabe usted cuándo la ideología tiene
más potencia? Allí donde no hay
ciencia. Porque la ley de la gravedad no es un asunto ideológico, eso no se
discute. (Un señor senador: se discutió) Lo fue, pero no hoy; habrá que esperar.
Enfermedad y cura. Mire usted, la política
también se ha metido en los cenáculos científicos y los ha desalojado. Ahí
tiene usted toda la historia del señor Spitzer y cómo ha tratado de enderezar, después de estar 20
años en
No quiero pasarme. Quisiera contestar al señor Bofill, a quien
doy las gracias por estar aquí y por aceptar alguna cosa que haya dicho. Usted
piensa que la homosexualidad no es ningún problema. Entonces le digo, ¿lo que
hacemos en la terapia es porque no hay ningún problema? Le invitaría si pudiera
-el código ético me lo impide-, por ejemplo, a que esta tarde viniera usted
conmigo a hacer cinco horas de terapia y luego me cuenta si es problema o no.
Lo que pasa es que éticamente no puedo, pero sería muy bueno un paseo por la
realidad. ¿Significa esto que todos los que acuden pidiendo ayuda están
fingiendo, son simuladores? ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los mandamos al Senado?
Puede ser otra opción. ¿Se los mandamos al señor Bofill?
Usted ha citado la palabra perversión y yo no la he mencionado. Como aquí están
con luz y taquígrafos y yo traigo mi aparato, me parece que eso está
demostrado.
La señora Etxegoyen me pregunta si la homosexualidad es una patología.
Pues sí. Que haya en esta sociedad fragmentaria, nominalista, cuyos términos
continuamente cambian de significado, que se haya desclasificado, pero esto no
quiere decir que no haya trastornos. No digo que se le pueda poner el rótulo
que se le ponía hace a lo mejor un siglo de perversos sexuales, que sí se
utilizaba la palabra. ¿En la actualidad se considera una patología? Sí.
Terapeutas que se dediquen exclusivamente a esto en el mundo hoy pasan de
10.000 y no creo que vivan del aire, no creo que tengan un sueldo del estado
que les proteja.
¿Nadie tiene derecho a la adopción? Estoy
de acuerdo con usted en parte. Pero luego me tiene usted que explicar por qué
dice que lo que necesita el niño es custodia -ha dicho textualmente- y estar
protegidos, requieren amor, estabilidad y eso, ¿en qué contexto se configura,
cómo se fabrica eso, cómo se cuece, eso es distinto de la adopción? Bastaría
que nos leyéramos que se entendía por adopción en el Imperio Romano, que es de
donde parte porque después hay siete siglos oscuros en los que la adopción no
existe en el mundo. Pero no quiero apelar a la historia, quiero apelar a lo
vital porque en este país nos entendemos todos más vitalmente, somos más
rápidos, tenemos una inteligencia más intuitiva y rápida. ¿Cree usted que a un
niño que se le cuida, se le quiere, se le ama y se le protege, eso no es la
figura de un padre? Si sacamos esos cuatro contenidos de las relaciones paternofiliales, ¿qué le queda a la paternidad? Nada. (La
señora Etxegoyen Gaztelumendi:
En eso estoy de acuerdo con usted.) Entonces sí que existe la adopción.
Por último, paso a contestar al señor Conde y con el
cual voy a ser un poco crítico. Voy a empezar por lo último porque es lo más
aburrido. Usted me ha hecho una pregunta que probablemente en el segundo
ejercicio de oposiciones a cátedra de hace aproximadamente 20 o 30 años -porque
ahora ya es un cuerpo a extinguir, yo ya llevo 30 años de catedrático- estaría
muy bien formulada porque eso le llevaría una hora. La metodología con la cual
hay que estudiar estos problemas es igual que la de cualquier otro trastorno
psicopatológico o cualquier otra conducta social: hay que establecer una
hipótesis de trabajo; hay que determinar qué variables se van a medir; hay que
definir operativamente cada variable; hay que demostrar que el instrumento de
medida que se va a emplear mide exactamente y solo exactamente esa variable; hay
que hacer una selección de la muestra para seleccionar una muestra que tenga
validez y que los resultados obtenidos en esa muestra sean generalizables, es
decir, que tengan validez de contenido, validez de hipótesis, validez de constructo, validez social y que además sea fiables los
resultados obtenidos, tiene que ser una muestra aleatoria.
Por lo tanto, no puede haber una mano invisible que
tome de aquí unas personas que le gusten y otra que tome las personas que le
gusten y luego comparo. Eso no se puede hacer. Se puede hacer, de hecho se ha
hecho, pero no sirve para nada. Si usted quiere probar, tendrá que decir, por
ejemplo, una muestra que puede representar bien a la comunidad de españoles
entre 8 y 12 años hoy es una muestra que tenga 4.600 niños y niñas. ¿Sabe cómo
se hace una muestra aleatorizada? En un bombo ponemos
todas las aulas escolares de niños de esa edad y vamos sacando. Elegimos, por
ejemplo, solamente cinco ciudades y en cinco ciudades representativas del
universo llamado todavía España vamos sacando y saca usted entonces, como
hicimos un estudio sobre depresión infantil en los años 85 o 90 de
En todo trabajo empírico hay muchos
fenómenos de arrastre, hay mucha contaminación, por ejemplo, el efecto halo, el
efecto de sugestionabilidad de la persona que se
somete a esa investigación cuando está de acuerdo con los presupuestos o lo que
adivina cree que quiere encontrar el investigador. Por eso, los aplicadores de pruebas no tienen nada que ver con el equipo
investigador, tienen que ser personas diferentes, tienen que estar muy bien
entrenados, porque si se les entrena bien y se les evalúa en su entrenamiento
se puede ver qué casos falsos positivos y falsos negativos se producen por
todavía no ser doctos o peritos en aquello que van a hacer. Por consiguiente,
quien diseña, construye y establece la hipótesis son unas personas, los aplicadores de la medición son otras y quienes hacen el
tratamiento estadístico de los datos son otras y la muestra aleatoria y
representativa es por azar de todo el país.
Esto se ha cumplido en muy pocos trabajos en este
ámbito de la homosexualidad. En España el que ha levando un poco más de
polvareda es el de la Universidad de Sevilla. En la Universidad de Sevilla se
han comparado muestras que no son comparables. Por ejemplo, para
medir la talla de los españoles, para que lo entendamos, yo no puedo tomar a 20
niños de Sevilla, por ejemplo, de familias monoparentales y a su vez 20 niños
que están en adopción con padres homosexuales porque de ahí no me sale la talla
de los españoles, son muestras sesgadas. Cuál es el universo de niños de la
misma edad en España, cuya pertenencia solo a familias monoparentales, ¿son
representativos de la muestra universal? No ¿Entonces puedo sacar una
conclusión? Sí, pero para esa muestra que he trabajado, para nada más. Por lo
tanto, me he hecho un guisado que yo me lo como pero no puedo invitar a nadie
porque no es generalizable.
Esos errores metodológicos están a la vista, han sido
enormemente criticados. Esto hace que no se pierda el espíritu crítico y por
eso la dureza en los juicios de cualquier equipo de investigación, porque lo
mismo que el propio equipo es juzgado por otros colegas de la comunidad
científica, también él juzga a otros colegas de la comunidad científica.
¿Cabría hacer estudios retrospectivos? Sí, tienen menor validez y menor
significado. Es decir, si tomo la muestra de personas a las que he ayudado,
¿son representativas del universo muestral de todas
las personas con conducta homosexual españolas? No. ¿Por qué? Porque no todo el
universo de personas con conducta homosexual en España ha ido a pedirme ayuda;
habrán ido aquellas personas que quisieran hacerlo, las que hayan podido, las
que sepan, las que entiendan, las que lo deseen y, ¿cómo puedo evaluar esa
variable? No la puedo evaluar. ¿Me sirven los estudios retrospectivos como
indicadores indirectos -que sí son relativamente fiables-, para hablar de cuál
va a ser el impacto de este comportamiento en el futuro? Sí, me sirven, pero
con matizaciones importantes y jamás para hacer una generalización del
resultado obtenido.
Usted ha citado al señor Cameron y,
efectivamente, he de decir que las tasas que ofrece son altísimas. Sobre este
caballero hay mucha leyenda y no sé si es una especie de leyenda negra, como en
la historia de nuestro país, o si se trata de una leyenda biográfica.
Otros equipos científicos han criticado
mucho a este señor por la metodología que ha empleado; sin embargo, no es
cierto que haya sido expulsado de
Insisto en que me parece que las tasas que ofrece son
muy altas, pero sólo es una impresión y no puedo juzgar. Sé que en ese entorno,
en ese mapa de navegación, la persona es un poco cuestionable porque los datos
que ha ofrecido en ocasiones han sido erróneos y ciertas revistas se le han
acusado de ello, hasta el punto que ha tenido que reconocer y aceptar los
sesgos y errores de su metodología investigadora.
Por último, usted ha citado los trabajos de Task que, desde
mi punto de vista, son más aceptables o, al menos, no están rodeados de tanta
leyenda negra, entre otras cosas porque hay dos frentes que fundamentan sus
teorías: por una parte, la psicología evolutiva, que está algo más alejada y
distante de lo que hoy puede ser una cuestión que suscite un ardiente debate
-aquí y en cualquier otro escenario o contexto científico-, por aquello de si
la homosexualidad es un problema o si ha dejado de serlo. En este sentido, la
psicología evolutiva no está condicionada por esta circunstancia y puede decir
qué papel juegan los modelos de exposición porque sin modelos de exposición no
habría socialización. Si quieren promover un cambio cultural tendrán que
cambiar los valores, porque los valores cambian actitudes y las actitudes son
las que cambian los comportamientos; cambiar valores es tener otro mapa
cognitivo y axiológico completamente diferente. La psicología evolutiva sí
recoge esta postura y, además, lo dice sobre la generalidad de los
comportamientos humanos. En este sentido, la aportación de la psicología
evolutiva refuerza la opinión de la psicopatología y
es que esos modelos de exposición tienen una profunda, extensa e intensa capacidad
de suscitar conductas homosexuales en niños y niñas que han sido adoptados por
padres homosexuales o mujeres lesbianas. (Un señor senador del Grupo Parlamentario Socialista: ¡Qué
barbaridad!)
Creo que con esto he contestado a las preguntas del
señor Conde.
Gracias.
La señora
PRESIDENTA: Muchas gracias, señor Polaino.
Ruego a sus señorías que no abandonen la sala porque sólo vamos a hacer
una pausa muy breve, para despedir al compareciente.
(Pausa.)