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Compendio de Bioética

 

EL USO DEL PRESERVATIVO Y LA PREVENCIÓN DEL SIDA

 

En una entrevista concedida a Antonio Orozco en Escritos “Arvo”, nº 146 (junio-1994), el profesor Vicens M. Villar, investigador del “National Institute of Health”, declara:

 

Reconozco que me siento perplejo ante las campañas que están organizando, en España, algunos gobiernos en favor del preservativo como profilaxis del SIDA. Por ejemplo, la Generalitat Valenciana difunde un folleto con instrucciones para el uso del preservativo, titulado “Confía en mí”. Me sorprende de veras que aquí no sepan los políticos que nos gobiernan que, contra el SIDA, nadie se puede fiar en absoluto del preservativo. El director de la revista científica “Rubber Chemistry and Tecnology” (“Tecnología y Química de Gomas”), doctor Roland, afirmaba en el diario “Washington Times”, hace sólo unos meses, que el virus causante del SIDA es hasta cincuenta veces más pequeño que los poros del preservativo. Investigadores de prestigio internacional como el recientemente fallecido Jérôme Lejeune, miembro de la Academia Francesa de Medicina, llegó a preguntar: “¿cómo se puede sostener que un preservativo, que deja pasar un espermatozoide, no deje pasar un virus que es 500 veces más pequeño?” Precisamente uno de los descubridores del virus, el doctor Montaigner, afirma que “estoy de acuerdo en que son necesarias campañas contra prácticas sexuales contrarias a la naturaleza biológica del hombre. Y, sobre todo -concluye- hay que educar a la juventud contra el riesgo de la promiscuidad sexual y el vagabundeo sexual”. La directora de “California Healthcare Advocates” (“Consejeros de Salud de California”), Katy Kay -¡una feminista como ella!-, está proclamando sobre el preservativo que ese instrumento es para la mujer que lo sufre como jugar a la ruleta rusa.

 

(...) Un preservativo, como en la ruleta rusa, hace que no exista la seguridad de contraer el SIDA, pero no evita la posibilidad de contagio. La posibilidad es cierta y el contagio es cuestión de “suerte”. Un preservativo convierte la seguridad de contagio en “nada más que” una posibilidad entre tres. Pero el riesgo de contagio sigue siendo real. Lo que ocurre con las campañas promotoras del preservativo es que -quiérase o no- fomentan la promiscuidad sexual y, como es lógico, al disminuir el temor, sobre todo en los jóvenes, aumenta el número de usos y de despistes, y en consecuencia los contagios.

 

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Ignacio Aréchaga, en Aceprensa (servicio 135/94, de 12.X.94), escribe:

 

En un Congreso Español de Sexología, el profesor Rafael Nájera ha criticado a la Iglesia Católica por predicar la castidad en vez del preservativo para afrontar el SIDA. “Está comprobado -dijo-, que la castidad no se lleva a cabo de forma constante. Contra el SIDA, la castidad falla más que el preservativo”. Aunque sería más exacto decir que la castidad sólo falla cuando no se vive, mientras que el preservativo puede fallar aunque se utilice.

 

Pero también se está comprobando que, a pesar de las insistentes campañas, el condón no se utiliza de modo constante. El propio Nájera alertó sobre “el resurgir tremendo” de la enfermedad que se está produciendo en Estados Unidos a causa del descuido en el uso del condón. “Hay que ser absolutamente constantes en la práctica del sexo seguro”, predicó Nájera. Nada, ni una trasgresión a la regla, aunque el uso de preservativo vaya contra la tendencia más natural. Aquí la norma es no permitirse una excepción. Lo sorprendente es que se considere imposible que un hombre sea fiel a su mujer y luego se pretenda que no traicione nunca al preservativo. Pero ¿no es más fácil y atractivo ser fiel a una mujer?

 

Aquilino Polaino Lorente, Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid, escribe en la revista Atlántida (Madrid, julio-septiembre de 1992) y, hablando de los métodos de prevención del SIDA, defiende la tesis de que la mejor prevención es la dirigida a cambiar los hábitos de comportamiento implicados en el contagio del SIDA:

 

Si los hábitos de comportamiento que se han aprendido son, en cierto modo, los responsables de la transmisión de la enfermedad, lo que habrá que hacer para prevenir el SIDA es modificar esos hábitos de comportamiento (...)

 

(...) Al proporcionar los preservativos -estrategia aconsejada por ciertas campañas gubernamentales- y animar a los usuarios a emplearlos, no sólo se les está proporcionando una barrera de caucho que, supuestamente, impide el contagio del SIDA, sino que se está modificando el comportamiento del ciudadano (...)

 

(...) Por consiguiente, en tanto que el uso del preservativo genera un hábito de comportamiento y, a través de éste, una mayor facilidad para obrar así con mayor frecuencia, habrá que concluir que propiciar su uso multiplica la probabilidad de que en el futuro los usuarios establezcan más relaciones sexuales (es decir, mayor número de contactos potencialmente contagiosos).

 

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La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un documento del 20.II.94 decía que “sólo la abstinencia sexual o una mutua fidelidad de por vida entre parejas no infectadas ELIMINAN TOTALMENTE el riesgo de enfermedades sexuales transmisibles”. Y añade que el uso correcto del preservativo disminuye el riesgo de infección PERO NO LO ELIMINA.

 

Conocemos que el preservativo falla como método anticonceptivo algo más del 2% de las ocasiones (por rotura o por porosidad). Sabemos que el virus del SIDA es mucho más pequeño que el espermatozoide y, por lo tanto, atraviesa con mayor facilidad la “barrera” del preservativo. -Luego el porcentaje de transmisión de la enfermedad con el uso del preservativo será muy superior al de fallo como método anticonceptivo.

 

Por eso afirmamos que la difusión del preservativo, al favorecer la promiscuidad sexual, es un arma de doble filo...

 

Bien lo explica Rafael Serrano en su análisis “Rasgos de la sociedad adicta” (Aceprensa, servicio 166/97, de 3.XII.97):

 

“(...) el preservativo puede reducir riesgos, pero nada más. A igual promiscuidad, los que lo usan corren menos riesgo de contraer el virus del SIDA. Pero si el preservativo se usa como sucedáneo de educación sexual y autodominio, habrá menos gente capaz de vivir la sexualidad responsablemente, con lo que aumentará la probabilidad de incurrir en prácticas de riesgo”.

 

(Dicho de otra manera, y volviendo al ejemplo de la ruleta rusa que citaba Antonio Orozco... Si 1 de cada 10 jóvenes se aficionase a jugar el día de fin de año a la “ruleta rusa” con una pistola en cuyo tambor hubiese 5 balas y 1 hueco vacío, cada 31 de diciembre moriría más del 8 % de los jóvenes. -Pero nadie en su sano juicio defendería como remedio la difusión entre los jóvenes de una ruleta rusa con 1 bala y 5 huecos, pues si todos se aficionasen a ese nuevo juego, cada fin de año moriría el 16 %: muchos más que antes. -Como solución habría que difundir entre la juventud -y especialmente entre los adictos a la ruleta rusa- juegos cuya letalidad fuese del 0 %).

 

Así, el remedio para detener el SIDA es la difusión de la castidad y de la fidelidad conyugal. La difusión del preservativo sólo se demuestra como un buen método para... extender más aún la enfermedad (esto sin entrar a valorar los fuertes problemas psíquicos y de personalidad que acarrea la “adicción sexual” de las personas promiscuas).

 

Fernando del Castillo del Castillo

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