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Compendio de Bioética

 

4A. INGENIERÍA GENÉTICA: CLONACIÓN

 

            En las últimas décadas, el desarrollo de técnicas que permiten transferir información genética de unas células a otras ha dado lugar a una nueva rama dentro de la Biología: la Ingeniería Genética.

 

1.- Ingeniería genética en bacterias

 

Durante la década de los 70 se han realizado numerosos experimentos por los que han sido transferidos genes de células eucariotas a bacterias (E. coli, fundamentalmente). La importancia de estos experimentos radica en la posibilidad de sintetizar -de forma industrial- las enzimas cuya información viene recogida en los genes transferidos, gracias a la proliferación -en cultivos- de las bacterias que habían recibido esos genes.

 

Con esta técnica se ha conseguido expresar en bacterias un número considerable de genes humanos (globulinas, lisozima, hormona del crecimiento, insulina, etc.) y de otros genes de eucariotas. Estos avances han afectado a la industria farmacéutica, por razones obvias (p. ej., fabricación de insulina humana para diabéticos). Pero también afectan o pueden afectar a la protección del medio ambiente y a la agricultura (p. ej., con la posible transformación de biomasa no comestible en alimentos, etc.).

 

Claramente, estas tecnologías, al servicio del hombre, presentan aspectos muy positivos. Pero no podemos ser ingenuos: la manipulación de la naturaleza puede tener efectos colaterales gravemente negativos.

 

Si buscamos valorar desde el punto de vista ético las técnicas mencionadas, habremos de tener en cuenta los siguientes criterios:

 

*La ingeniería genética en las distintas especies -con excepción del hombre- ha de estar ordenada siempre al servicio del hombre, directa o indirectamente. Así, nunca serían lícitos los experimentos encaminados a producir agentes patógenos (como los utilizados en la "guerra biológica").

 

*No hay que caer en la postura "ecologista" que invita a abandonar sin más todos estos experimentos (al considerarlos intrínsecamente malos). Pero debemos recordar que el pragmatismo que defiende la licitud de todo lo técnicamente posible también yerra, pues olvida que, estando toda la naturaleza al servicio del hombre, éste debe, sin embargo, tratarla con respeto (es decir, sin olvidar que también él es un ser natural y no puede apropiarse el título de autor de esa naturaleza en la que desarrolla su vida).

 

*Además, siempre hay que considerar los posibles efectos accidentales malos de esos experimentos (mutaciones de bacterias que las tranformasen en agentes tóxicos o patológicos graves e incontrolados).

 

2.- Ingeniería genética en plantas y animales

 

En estos casos la técnica se ha desarrollado, sobre todo, para mejorar el rendimiento agrícola y ganadero. La modificación del patrimonio genético de estos seres será lícita si se busca una mejora de las especies al servicio del hombre o si se trata de un medio para investigar y adquirir nuevos conocimientos (ya que siempre cabría la posibilidad de encontrarse con algunos científicos sin escrúpulos que fomentasen el sadismo y la insensibilización propia y ajena mediante sus experimentos con animales).

 

En los casos de experimentación con plantas y animales la peligrosidad es menor que en bacterias (mientras en éstas se da el riesgo de obtener cepas patógenas que escapen al control de los científicos que las producen, los efectos colaterales negativos e incontrolados son mucho menores en plantas y animales). Un ejemplo de investigación genética bien orientada lo tenemos en la "revolución verde" de la India (cfr. Anexo al tema 10 de estos Guiones: "Demografía"), por la que este país se convirtió, desde 1980, en exportador de cereales.

 

3.- Ingeniería genética en la terapia humana

 

Se cuentan por miles las enfermedades que tienen su origen en un defecto genético -alteración de un gen o de su sistema de expresión- que no permite la síntesis de una proteína en su forma biológicamente activa (enzimopatías). El reemplazamiento de la enzima defectuosa o la alteración de la dieta de la persona enferma (cfr. tratamiento de la adeno-leuco-distrofia mediante la sustitución de las grasas por el llamado "aceite de Lorenzo") se muestra todavía insuficiente. -La terapia génica se refiere a la posibilidad de introducir ADN en células humanas con objeto de corregir esas alteraciones (el fragmento de ADN introducido permitiría al individuo producir la enzima no defectuosa). Actualmente se está avanzando en la investigación y desarrollo de posibles terapias génicas para enfermedades hepáticas (hepatitis, cirrosis y cáncer de hígado), mediante la introducción de "vectores" genéticos en virus "desactivados", que introducen la información de esos "vectores" en las células dañadas (cfr. Línea de investigación sobre Terapia Génica en Hepatología del Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra).

 

Para la licitud de estas experimentaciones en el hombre, aparte de la intención terapéutica, se requiere que el investigador haya desarrollado experimentos suficientemente amplios y profundos en animales. (Una vez más nos encontramos con que cada hombre, por ser persona y no sólo individuo, tiene una importancia tal que hace inmoral su consideración como mero objeto de experimentación: cosa que sucedería también en el caso de aplicarle técnicas peligrosas aún no suficientemente experimentadas en animales). No hay que olvidar tampoco -en ningún caso- que el interés del sujeto debe estar por encima de los intereses de la Ciencia y de la Sociedad (esta afirmación se apoya en la misma consideración que hacíamos antes).

 

Los avances obtenidos durante los años 90 en el conocimiento del genoma humano (Proyecto Genoma) aproximan cada vez más la posibilidad de aplicar la terapia genética en el hombre. De cara al futuro podemos proponer los siguientes criterios para examinar la licitud o ilicitud de esos tratamientos:

 

*Aunque actualmente sería imprudente la práctica generalidad de esos experimentos, podemos afirmar que la terapia genética sería lícita cuando ya estuviese superada la fase de investigación previa animal. Y en el caso de aplicación en la etapa embrionaria, la técnica debe haber avanzado lo suficiente como para no exponer al embrión a una muerte probable.

 

*La finalidad de estas intervenciones ha de ser siempre estrictamente terapéutica (corrección de una enfermedad o de una anomalía genética) y no cualquier otro deseo de mejora genética (eugenesia). Equivocadamente, algunos podrían interpretar ese deseo eugenésico como un fin terapéutico al seguir el concepto de "salud" que da la OMS: "total bienestar físico, intelectual o social". (No es enferma la persona con un coeficiente intelectual inferior a otras; tener la piel negra no es una enfermedad -como tampoco tenerla blanca-; ser moreno no podemos considerarlo una patología -como tampoco ser rubio-; ¿y pertenecer al sexo femenino o al masculino?... son "enfermedades" necesarias para que siga habiendo hombres "sanos" y "enfermos" en el mundo).

 

4.- Clonación

 

La obtención de individuos "clónicos" -exactamente iguales entre sí- se conseguiría mediante la reproducción asexual de un único progenitor que aportase los núcleos de sus células somáticas.

 

Hace ya tiempo se desarrolló este proceso de donación con éxito en anfibios: mediante la extracción del núcleo de un huevo fecundado y sustitución por el núcleo de una célula somática (así, el individuo obtenido es genéticamente idéntico al donante del núcleo de la célula somática, y no hereda los caracteres de quienes formaron los gametos que produjeron el huevo).

 

Como el genoma de mamíferos sufre modificaciones irreversibles durante el desarrollo embrionario (las células se "especializan" rápidamente y pierden la totipotencia), parecía que había una barrera insalvable para realizar con éxito en laboratorio la práctica aberrante de un clonaje humano (pues el mensaje genético de las células de un progenitor adulto no estaría en condiciones de ser expresado de nuevo al trasplantarlo a un cigoto). El éxito de Illmensee y Hóppe -al obtener en 1980 clones de un embrión precoz de ratón- rompió esa barrera natural. Posteriormente se ha repetido el experimento con otros animales. Y tenemos el llamativo caso de la oveja Dolly, dado a conocer en 1997.

 

En 1976, Schettles trasplantó el núcleo de una espermatogonia de un adulto (dotación de 46 cromosomas) a un óvulo desnucleado. El autor permitió el desarrollo del nuevo individuo hasta la fase de blastocisto, y destruyó el embrión en esta fase por miedo al resultado final si se hubiese completado su desarrollo embrionario una vez implantado en el útero (cosa poco probable con los medios técnicos de los que se disponía entonces).

 

También se plantea la posible donación humana mediante la separación de unas células de mórula. En este caso, si se tratase de una mórula de sexo femenino, cabría la posibilidad de desarrollar unas células hasta blastocistos y congelarlas, de forma que 15 ó 20 años después podrían ser implantadas en el útero de... su propia hermana gemela). Ya se ha llegado a practicar no sólo la FIV sino la donación para hacer trasplantes: "fabricar" un niño para poseer un órgano o un tejido suyo compatible con otra persona a la que se le quiere hacer un trasplante (¡vamos, como si estuviésemos hablando de un "desguace"!: ¿no es "conmovedor"?...

 

Son ejemplos de las múltiples aberraciones a las que se puede llegar con el criterio de que todo lo que sea técnicamente posible llevar a cabo no debe estar prohibido en la experimentación. Y es una muestra más de cómo puede degradarse el ser humano cuando pierde de vista la dignidad sagrada de cada persona humana, en cualquier momento de su desarrollo.

 

En el caso de que la técnica avance hasta el punto de hacer posible la clonación de personas -parece que técnicamente ya lo es, aunque se intenta desarrollar leyes (sobre todo en Europa) que eviten esa práctica-, yo me pregunto: ¿para qué?

 

-Es que con ese sistema podríamos tener otro Einstein, otro Walt Disney, otro Indurain...

 

-No, contesto yo. Las cualidades físicas o intelectuales de una persona no dependen sólo de sus genes, sino de las circunstancias en las que esa persona se ha desarrollado (y las circunstancias -como la historia- nunca son iguales). Además, sólo el uso responsable de su libertad hace que esas personas tengan, junto a unas cualidades físicas o intelectuales notables, unas cualidades morales sobresalientes. Y la libertad no tiene que ver con la genética: nunca dos personas clónicas serán tan semejantes entre sí como dos gemelos univitelinos (que coinciden hasta en el ADN de sus mitocondrias), y sin embargo... ¡qué diferentes pueden llegar a ser dos gemelos en sus cualidades morales!

 

Los que "justifican" una posible clonación humana pueden querer la inteligencia de Einstein, el arte de Disney o la fortaleza de Indurain...; pero no quieren a Einstein, ni a Disney, ni a Indurain. Porque no les importan las personas.

 

Debemos reaccionar. No sólo es aberrante la futura clonación humana. También la actual fecundación "in vitro", donde el hijo no es fruto natural del amor humano (y donde se obtienen numerosos embriones mal llamados "sobrantes"); también la implantación del embrión en el útero de su abuela; y las madres de alquiler; y la fecundación hecha con semen donado por alguien ya difunto; y los embriones congelados como pescadillas, prestos para la experimentación o para la muerte...

 

Pienso que los embriones -esas pequeñas personas- son como niños esclavos, sujetos al capricho de un tirano sin escrúpulos (el científico loco en su laboratorio). Y siento miedo...

 

Fernando del Castillo del Castillo

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