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Compendio de Bioética
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DOCUMENTO
Declaración de la Academia Pontificia para la Vida
Sobre la producción y uso científico y terapéutico de las células
primordiales embrionales,
24 de agosto de 2000
Este documento tiene la finalidad de ofrecer una
aportación al debate que se está desarrollando y extendiendo, tanto en la
literatura científica y ética como en la opinión pública, sobre la producción y
utilización de las células primordiales embrionales. En efecto, ante el
creciente relieve que va tomando el debate sobre sus límites y licitud, es
necesaria una reflexión que ponga de manifiesto las implicaciones éticas.
En la primera parte se expondrán muy brevemente los datos más recientes aportados por la ciencia sobre las células primordiales, y de la biotecnología por lo que se refiere a su producción y uso. En la segunda se llamará la atención sobre los problemas éticos más destacados que estos nuevas descubrimientos y aplicaciones suscitan.
A) Aspectos científicos
Una definición comúnmente aceptada de «célula primordial» ‑si bien
algunos aspectos necesitan todavía una mayor profundización‑ es la que
habla de una célula con dos características: 1) la capacidad de autorrenovación
¡limitada o prolongada, esto es, de reproducirse muchas veces sin
diferenciarse; 2) la capacidad de dar origen a células generadoras de
transición, con capacidad limitada de proliferar, de las cuales descienden
gamas de células altamente diferenciadas (nerviosas, musculares, hemáticas,
etc.). Desde hace aproximadamente 30 años, estas células han sido objeto de una
amplia investigación, tanto en tejidos adultos como de embriones y en cultivos
«in vitro» de células primordiales embrionales de animales de experimentación.
Pero lo que ha llamado la atención pública sobre ellas es el haberse logrado un
nuevo resultado: la producción de células primordiales embrionales humanas.
1. Las células primordiales embrionales humanas
La preparación de células primordiales embrionales humanas (ES, ESc,
«Embryo Stem cells») implica hoy: 1) la producción de embriones humanos y/o la
utilización de los sobrantes de fecundaciones «in vitro» de los crioconservados‑
2) su desarrollo hasta la fase de blastocito inicial‑ 3) la extracción
del embrioblasto o masa celular interna (ICM), operación que implica la
destrucción del embrión; 4) el cultivo de dichas células en un estrato de
fibroblastos de ratón irradiados («feeder») y en un terreno adecuado, donde se
multiplican y confluyen hasta la formación de colonias llamadas embrioides
(EBs, «embryoid bodies»); 5) repetidos cultivos de las células de las colonias
obtenidas, que llevan a la formación de líneas celulares capaces de
multiplicarse indefinidamente conservando las características de células
primordiales (ES) durante meses y años.
Éstas, no obstante, constituyen solamente el punto de partida para la
preparación de las líneas celulares diferenciadas, o sea, células que poseen
las características peculiares de aquellas que forman los diversos tejidos
(musculares, nerviosas, epiteliales, hemáticas, germinales, etc.) Los métodos
para obtenerlas están todavía en estudio; pero la inoculación de ES humanas en
animales de experimentación (ratón) y su cultivo «in vitro» en terreno
acondicionado hasta llegar a la confluencia, han demostrado que son capaces de
dar origen a células diferenciadas que se obtendrían, en un normal desarrollo,
a partir de las tres capas embrionales prinútivas: endodermo (epitelio
intestinal), mesodermo (cartílago, hueso, músculo liso o estriado) y ectodermo
(epitelio neural, epitelio escamoso).
Estos resultados han conmovido tanto al mundo científico como al de la
biotecnonología ‑especialmente médico y farmacológico‑, y, con no
menor fuerza, al mundo del comercio y de los medios de comunicación: aparecían
grandes esperanzas de que las aplicaciones que seguirían, comportarían nuevas y
más seguras soluciones para la terapia de enfermedades graves; soluciones que
se están buscando ya desde hace años. Pero, sobre todo, se produjo una gran
conmoción en el mundo político. En los Estados Unidos, la oposición que el Congreso
ha mantenido desde hace años a respaldar con fondos federales investigaciones
en las que se destruyan embriones humanos, se ha enfrentado a fuertes presiones
por parte del NIFI (National Institutes of Health) para obtener fondos, al
menos para utilizar las células primordiales producidas por grupos privados;
influyen también las recomendaciones del NBAC (National Bioethics Advisory
Cominittee), instituido por el gobierno federal para el estudio de este
problema, de que sean asignados fondos públicos no solamente para la
investigación sobre células primordiales embrionales, sino también para su
producción; más aún, se insiste en que se rescinda definitivamente la
prohibición vigente por ley del uso de fondos federales para la investigación
sobre embriones humanos.
Apremios en esta misma dirección se han producido ya también en
Inglaterra, Japón y Australia.
2. La clonación terapéutica
Se había tenido ya la evidencia de que el uso terapéutico de las ES,
en cuanto tales, comportaba notables riesgos, al ser
cancerígenas, como se había constatado en experimentos con el ratón. Así pues,
se hacía preciso preparar líneas especializadas de células diferenciadas según
cada necesidad. El tiempo requerido para su obtención no parecía breve. Pero
aun en el caso de que se hubieran logrado, sería harto difícil tener la certeza
de la ausencia absoluta de células primordiales en la inoculación o el implante
terapéutico, con los riesgos consecuentes. Y, más aún, se debería recurrir a
ulteriores tratamientos para superar la incompatibilidad inmunológica. Por
estos motivos se propusieron tres caminos de «clonación terapéutica» orientados a preparar células primordiales embrionales
humanas pluripotenciales, con una información genética bien definida, a la cual
añadir después la diferenciación deseada.
1. La transferencia de un núcleo de una célula de un determinado
sujeto a un oocito humano desnucleado, seguido de desarrollo embrional hasta el
estado de blastocito y la utilización de las células de la masa interna (ICM)
de la misma para obtener ES y, de estas, las células diferenciadas deseadas.
2. La transferencia de un núcleo de una célula de un determinado
sujeto en un oocito de otro animal. Un eventual éxito llevaría ‑se supone‑
al desarrollo de un embrión humano utilizable como en el caso precedente.
3. Reprogramación del núcleo de una célula de un determinado sujeto
fundiéndolo con el citoplasma de ES, obteniendo así un «hybris». Es una
posibilidad aún en estudio. En todo caso, también este camino parece requerir la preparación previa de ES a
partir de embriones humanos.
Obviamente, en el estado actual, parece ser preferible la primera
opción.
3. Las células primordiales adultas
En las tres décadas pasadas, los estudios de las células primordiales
del adulto (ASC: Adult Stem Cells) habían puesto de manifiesto que en muchos
tejidos adultos hay células primordiales, pero capaces de dar origen sólo a
células propias de un determinado tejido. Es decir, no se pensaba a la
posibilidad de una reprogramación. En los años más recientes, sin, embargo, se
descubrieron también en varios tejidos humanos células primordiales
pluripotenciales ‑en la médula ósea (HSc), en el cerebro (NSCs), en el
mesénquima (MSs) de varios órganos‑, esto es, capaces de dar origen a
diversos tipos de células, la mayoría hemáticas, musculares y nerviosas. Se ha
descubierto cómo reconocerlas, seleccionarlas, mantener su desarrollo y
llevarlas a formar diversos tipos de células maduras mediante factores de
crecimiento y otras proteínas reguladoras. Más aún, se ha realizado ya un
notable adelanto en el campo experimental, aplicando incluso los más avanzados
métodos de ingeniería genética y biología molecular para el análisis del
programa genético que actúa en las células primordiales y para la transducción
de los genes deseados en células primordiales o progenitoras que, una vez
implantadas, son capaces de restituir las funciones especificas a los tejidos
deteriorados. Baste referirse, con base en algunos estudios citados en nota, a
que en el hombre las células primordiales de la médula ósea, de las que se
forman todas las diversas líneas de células hemáticas, tienen, como marcador de
reconocimiento la molécula CD34 y que, una vez purificadas, son, capaces de
reconstituir toda la población hemática en pacientes que reciben dosis
ablativas de radiaciones y quimioterapia. Y esto, a una velocidad proporcional
a la cantidad de células empleadas. Más aún, hay ya indicios de cómo guiar el
desarrollo de células primordiales nerviosas (NSCs) utilizando diversas
proteínas –entre ellas la neurorregulina y la proteína 2 osteomorfogenética
(BMP2, Bone Morphogenetic Protein 2)‑, que son capaces de llevar a las
NSCs a convertirse en neuronas o glía (células neuronales de apoyo, productoras
de mielina), o también en músculo liso.
La satisfacción, si bien cauta, a que han llegado muchos de los
trabajos citados es un indicio de lo muy prometedor que son las «células
primordiales adultas» para una terapia eficaz de muchas patologías. Así, D. J.
Watt y G. E. Jones, afirman que «las células primordiales musculares, sean de
la línea mioblástica embrional o de la adulta, pueden convertirse en células de
mayor importancia para tejidos diversos a los que las dieron origen y ser la
clave de terapias futuras incluso diferentes de las de origen miógeno» (p. 93);
J. A. Nolta y D. B. Kohn subrayan que «los progresos en el uso de la
transducción génica en las células primordiales hematopoiéticas ha llevado a
comenzar las experimentaciones clínicas. La información que se obtenga guiará
los desarrollos sucesivos. En definitiva, la genoterapia hará posible tratar
enfermedades genéticas y adquiridas sin la complicación de los transplantes de
células alogénicas» (p. 460); D. L. Clarke y J. Frisen confirmaban a su vez que
«estos estudios sugieren que las células primordiales en los diferentes tejidos
adultos pueden ser mucho más similares a las células embrionales humanas de lo
que se había pensado hasta ahora, hasta contar en muchos casos con un
repertorio muy parecido», y «demuestran que células nerviosas adultas tienen
una gran capacidad de desarrollo, y son potencialmente aptas para utilizarse
como punto de partida de una producción de varios tipos de células para
transplante en diversas enfermedades».
Todos estos progresos y los resultados
ya obtenidos en el campo de las células primordiales del adulto (ABC) dejan
entrever, pues, no solamente su gran plasticidad, sino también su amplia
posibilidad de prestaciones, probablemente no diversa de la que poseen las
células primordiales embrionales (ES), dado que la plasticidad depende en gran
parte de un control genético que puede ser reprogramado. Obviamente, no es
posible aún confrontar los resultados terapéuticos obtenidos y obtenibles
utilizando las células primordiales embrionales y las células primordiales
adultas. Sobre éstas ultimas, varias firmas farmacéuticas están ya haciendo
experimentos clínicos que dejan vislumbrar buenos logros y dan pie a serias
esperanzas en un futuro más o menos cercano. Sobre las primeras se está todavía
en los comienzos y, sí bien algunos tentativos experimentales ofrecen indicios
positivos, su aplicación en el campo clínico –precisamente por los graves
problemas éticos y legales implicados‑ requeriría aún una seria
consideración y un gran sentido de responsabilidad.
B) Problemas éticos
Dada la índole de este documento, se formulan brevemente los problemas
éticos implicados en estas nuevas tecnologías, indicando solamente la respuesta
que resulta de una atenta y profunda consideración del sujeto humano desde el
momento de su concepción; consideración, que está en la base de la postura
afirmada y propuesta por el Magisterio de la Iglesia.
1. El primer problema ético, que es fundamental, puede ser formulado
del siguiente modo: «¿es moralmente lícito producir y/o utilizar embriones
humanos vivientes para la preparación de ES?»
La respuesta es «no», por las siguientes razones:
1. Con base en un análisis biológico
completo, el embrión humano viviente es, a partir de la fusión de los gametos,
un sujeto humano con una identidad bien definida, que comienza desde ese
momento su propio desarrollo, coordinado, continuo y gradual, de tal modo que
en ningún estadio sucesivo puede ser considerado como un simple conglomerado de
células.
2. En consecuencia, en cuanto
«individuo humano», tiene derecho a su propia vida. Por tanto, cualquier
intervención que no sea en favor del embrión mismo, se transforma en un acto
que atenta contra dicho derecho. La manualística ha enseñado siempre que, en el
caso del «jus certum tertii», no es aplicable el sistema del probabilismo.
3. Por tanto, la ablación de la masa
celular interna QCM) del blastocito, que lesiona grave e irreparablemente el
embrión humano, truncando su desarrollo, es un acto gravemente inmoral y, por
tanto, gravemente ilícito.
4. Ningún fin considerado bueno, como
la utilización de las células primordiales que podrían obtenerse para la
preparación de otras células diferenciadas con vistas a procedimientos
terapéuticos de grandes expectativas, puede justificar una tal intervención. Un
fin bueno no hace buena una acción en sí misma mala.
5. Para un católico, dicha postura se
confirma por el Magisterio de la Iglesia que, en la encíclica «Evangelium
vitae» ‑refiriéndose también a la Instrucción «Donum vitae» de la
Congregación para la Doctrina de la Fe‑, afirma: «la Iglesia siempre ha
enseñado, y sigue enseñando, que al fruto de la generación humana, desde el
primer momento de su existencia, se ha de garantizar el respeto incondicional
que moralmente se le debe al ser humano en su totalidad y unidad corporal y
espiritual: «El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el
instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben
reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de
todo ser humano inocente a la vida».
2. El segundo problema ético se puede formular así: ¿Es moralmente
lícito realizar la llamada «donación terapéutica» a través de la producción de
embriones humanos y su sucesiva destrucción para la producción de ES?
La respuesta es «no», por la siguiente razón: Todo tipo de donación
terapéutica, al menos por ahora, parece implicar necesariamente la producción
de embriones humanos y la subsiguiente destrucción de los embriones producidos,
con, el fin de obtener células primordiales. Se cae de nuevo, pues, en el
problema ético precedentemente expuesto, el cual no puede tener sino una
respuesta negativa.
3. El tercer problema ético se puede formular así: ¿Es moralmente
lícito utilizar las ES, y las células diferenciadas de ellas obtenidas,
proporcionadas eventualmente por otros investigadores o disponibles en
comercio?
La respuesta es «no», si:
1. se comparte la intencionalidad moralmente ilícita del agente
principal (cooperación formal); participación que, en el caso que nos ocupa, se
podría concretizar en pedir la producción de las mencionadas células o en
adquirirlas a conocidos productores y proveedores;
2. aún sin haber complicidad alguna en la destrucción voluntaria de
los embriones que ya se ha producido, la utilización de tales células derivadas
de ello comportaría la manifestación, o el riesgo de manifestación, de una
aprobación implícita y/o una incitación indirecta a proseguir tal
procedimiento, que es gravemente ilícito («ratio scandali»).
En conclusión, es evidente la seriedad y la gravedad del problema abierto por la voluntad de extender al campo humano la producción y/o el uso de embriones humanos incluso en una perspectiva humanitaria. El dato, ya constatado, de la posibilidad de utilizar células primordiales adultas para lograr los mismos fines que se pretendieran alcanzar con las células primordiales embrionales ‑aún cuando hacen falta aún para ambas muchos pasos ulteriores antes de obtener resultados claros y definitivos‑, indica que la primera es el camino más razonable y humano que se ha de recorrer para un correcto y válido progreso en este nuevo campo que se abre a la investigación y a prometedoras aplicaciones terapéuticas. Éstas representan, sin duda alguna, una gran esperanza para una parte notable de personas enfermas.