s.d.: sin datos
(*) La fuente no da
porcentajes precisos, pero señala que en esos casos el consumo de alcohol es
muy elevado.
Fuente: Plan Nacional sobre
Drogas, Memoria 1996 (Madrid, 1997).
Del cuadro anterior podemos sacar
diversas conclusiones, aparte de constatar la realidad del policonsumo
de drogas:
-Con excepción de las personas que consumen
alcohol desmesuradamente (por cierto, cada vez es mayor la proporción de
jóvenes que se emborrachan los fines de semana, sin dar apenas importancia a
los trastornos graves que el alcohol produce en su salud), más del 80% de los
consumidores de otras drogas consumen también cannabis.
¿Por qué, si los efectos de esta droga son menos fuertes que los de las otras
que consumen? -No es aventurado pensar que el cannabis
ha sido para ellos la vía de acceso a las otras drogas.
-Refuerza la opinión anterior el
hecho de que la mayoría de los consumidores de cannabis
(en torno al 80%) no consuman otras drogas (salvo el alcohol, que precisamente
potencia el efecto del porro, y provoca en quien consume ambas la dependencia
no sólo psíquica, sino física): muchas personas -jóvenes sobre todo- consumen
porros y alcohol, y algunas de ellas -más del 20 %- pasan a consumir otras
drogas. Pero en la práctica totalidad de los casos se puede afirmar que el cannabis ha sido la puerta de entrada a las otras drogas:
es el fenómeno de la escalada.
-El caso del alcohol es diferente:
el alcohólico no tiene por qué acceder a otras drogas, aunque el alcohol -como
muestra la estadística- es un “refuerzo” en la búsqueda de sensaciones para los
que son consumidores de otras drogas. Pero no hay que quitar importancia a esta
toxicomanía (el alcoholismo), cuyos efectos son devastadores no sólo en el
hígado y en el cerebro de quien la practica sino en las relaciones familiares y
de amistad.
4.-
Algunas causas de la drogadicción
*Pérdida de valores morales:
de aquellos que, por ser espirituales, son específicamente humanos (es decir,
no compartidos con otros animales, como sucede con la búsqueda del placer
sensible). Valores familiares, religiosos y humanos. La amistad. La entrega
generosa al servicio de los demás. La oración.
*Supravaloración
de los bienes materiales y sensibles: con la correspondiente
"animalización" o "embrutecimiento" de las personas. Una
consecuencia es la incapacidad para soportar serenamente pequeños dolores.
*Los intereses económicos: el
dinero que mueve anualmente el negocio de la droga alcanza cifras equiparables
a las del Presupuesto General de un Estado de la Europa Occidental.
*La falta de autoridad: en la
sociedad civil (no sólo en la familia). Resulta incomprensible, si no es por
ese deseo de agradar, la irresponsable despenalización del consumo de droga
blanda, introducida en España por el Gobierno Socialista en 1983 mediante la
reforma del Art. 344 del Código Penal: las consecuencias -basta con ver las
estadísticas- son evidentes.
*Personalidades inmaduras:
como bien explica Rafael Serrano en su análisis “Rasgos de la sociedad adicta”
(Aceprensa,
sevicio 166/97, de 3.XII.97): “Mirando al sujeto en
vez de a la sustancia (además, no siempre la hay), es fácil dibujar el
retrato-robot de un adicto. Suele tener autoestima baja; se mueve por impulsos
más que por deliberación; tolera mal la frustración y busca satisfacciones
inmediatas; le falta realismo: se plantea objetivos sin comprender el esfuerzo
que exige conseguirlos; no sabe enfrentarse a los problemas: los rehuye; tiene poco desarrollado el sentido de
responsabilidad, no ha aprendido a cargar con las consecuencias se sus propios
actos; está acostumbrado a las soluciones fáciles. En suma, es una persona
inmadura, que tapa con la adicción su falta de recursos interiores para tomar
las riendas de su propia vida. Es, en ese aspecto, como un niño: por eso es
frecuente que la adicción comience en la adolescencia, cuando no ha concluido
el proceso de maduración, que la droga interrumpe.”
5.-
“Remedios” aplicados hasta ahora
Rafael Serrano (en Aceprensa,
servicio 166/97, de 3.XII.97), recuerda el rechazo general que ha tenido en los
medios oficiales la postura de quienes defienden la legalización del consumo y
del comercio de drogas (o de algunas drogas) como remedio para este problema
(para evitar -dicen quienes defienden esta medida- la delincuencia relacionada
con el comercio clandestino):
“Esta corriente radical no ha hecho
fortuna en los medios oficiales. Los Estados parecen inclinarse cada vez más
por otra, que se podría llamar sanitarista: tratar las adicciones como una cuestión de
salud pública. Más que curar las adicciones, se pretende controlarlas, para
aliviar y contener los problemas sanitarios y sociales que provocan. Los
ejemplos de políticas sanitaristas abundan: reparto
de jeringuillas y preservativos a toxicómanos, administración controlada de
heroína (ya hay un programa de este tipo en Suiza, y en Holanda empezará otro
en mayo próximo) y empleo de sustitutivos como la metadona,
que es la opción más extendida. El último informe del Observatorio Europeo de
Drogas, presentado el 4 de noviembre en Lisboa, señala que en la Unión Europea,
el número de heroinómanos a los que se administra sustitutivos casi se triplicó
entre 1993 (73.000) y 1996 (200.000).
“¿Qué se consigue con eso? Ante
todo, reducir riesgos. Pero no disminuye el número de adictos, si bien una
porción de ellos deja de delinquir y desaparece de la vista del público, pues
el adicto que recibe metadona no se droga en la
calle, sino en la farmacia o en el hospital. Mientras tanto, sigue siendo
adicto a los opiáceos y también, si es politoxicómano,
a las otras sustancias que la metadona no sustituye.
Por otra parte, en muchos casos el tratamiento no permite llevar una vida
normal.
“Los programas de metadona son útiles si se toman como paso intermedio hacia
la rehabilitación sin droga, según dicen los que trabajan en la cura de
drogadictos. Con ellos se puede atraer a toxicómanos que no se someterían a
otro tratamiento, y así vigilar su salud y limitar los daños. Pero si no se
motiva al adicto a dar un paso más-lo que requiere una atención distinta de la
simplemente sanitaria-, el problema sólo se perpetúa. De hecho, en los programas
estatales se observa que es preciso aumentar las dosis de metadona
para mantener la situación. Y -lo que es más grave- la proliferación de estos
programas está provocando que lleguen menos toxicómanos a los tratamientos
libres de drogas.
“El sanitarismo
se impone. De hecho, en casi todos los países hay más heroinómanos en programas
de metadona que en tratamientos libres de drogas.
Pero estas políticas no se adoptan tanto por convicción, cuanto por desánimo:
los poderes públicos arrojan la toalla, por considerar imposible erradicar el
problema.”
6.- Algunas
estadísticas recientes sobre el consumo de droga
En el Mundo. “Según la Relación mundial sobre la droga,
encargada por la ONU y presentada en Milán en enero de 2001, los consumidores
de droga en todo el mundo serían 180 millones, es decir, el 4% de la población
de edad superior a 15 años, repartidos en 130 países. De éstos, hasta 140
millones son consumidores de derivados de cannabis. Después van otras
drogas, a una distancia evidentemente enorme: 80 millones son los consumidores
de sustancias químicas, 14 millones los consumidores de cocaína y derivados, 9
millones los de heroína” [CICCONE, Lino. “Bioética. Historia. Principios.
Cuestiones”, Madrid (2005), p.349].
En Italia. “A pesar de no
horadar el primado de la marihuana, el éxtasis se asienta en el segundo puesto
entre las sustancias consumidas por los jóvenes […]. Además se plantea la
hipótesis de que desde el 10 hasta el 40% (con una media del 25%) de quienes
frecuentan discotecas consumen éxtasis. En Italia, en donde cada sábado noche
se vuelcan en las discotecas entre 3 y 4 millones de jóvenes (entre 16 y 25
años), los presuntos consumidores estarían entre 750.000 y el millón […]. Esta
cifra […] coincide prácticamente con la calculada para Inglaterra, que, por
otro lado, tiene una población total casi igual a la de Italia (entre 57 y 58
millones)” [E.GORI, “Ecstasy
e sostance analoghe”, en
“Dossier sobre Las Nuevas Drogas”, en
“Famiglia Oggi 23 (2000), nº3, p.50].
Consumo
de marihuana en España entre los 14-18 años
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Estadísticas en España
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7.- Efectos producidos por la "inocua" marihuana
La pretendida inocuidad del consumo
de marihuana ha sido desmentida por los datos objetivos de las investigaciones
biológicas. Entre los efectos producidos por la marihuana cabe destacar:
-Congestión de la conjuntiva ocular.
-Aumento del ritmo cardiaco
(taquicardia), lo que incrementa el riesgo en los enfermos cardiacos y facilita
la aparición de la angina de pecho.
-Bronquitis, broncodilatación
y producción o agravación de la crisis del asma. Los efectos de la marihuana
son mucho más intensos, desde este punto de vista, que los producidos por el
tabaco.
-Probable activación de las células
cancerosas.
-Aumento de las infecciones al
disminuir las defensas biológicas.
-Alteraciones genéticas muy
variables: desde la muerte celular a las mutaciones patológicas; del cáncer y
envejecimiento celular precoz a la esterilidad, el aborto y las malformaciones
congénitas. Otras alteraciones han sido comprobadas en células reproductoras de
ratones. La alteración más frecuente en el hombre es la disminución de las
formas móviles (necesarias para la fecundación) y la reducción del número de
espermatozoides. El consumo crónico de marihuana origina también
profundos cambios estructurales en los espermatozoides humanos, como ha podido
comprobarse gracias a la microscopía electrónica.
Esta patología es de mayor importancia que la anterior, puesto que posiblemente
dependerá de ella la existencia de graves perturbaciones genéticas en la
descendencia.
-También el sistema nervioso resulta
alterado por el consumo de marihuana, como ha podido observarse con el
microscopio electrónico en cerebros de primates a los que se administró un dosis análoga a la consumida por sujetos humanos. Estas
graves perturbaciones son irreversibles y se localizan preferentemente en el
sistema límbico, que regula la conducta afectiva, lo
que explicaría la aparición de depresiones en los consumidores de drogas.
===> Conviene recordar que la edad
es un factor de alto riesgo. Cuanto menor es la edad que se tiene al
experimentar por primera vez la droga, mayores son las posibilidades de padecer
luego una dependencia grave.
8.-
Las drogas de síntesis
No vamos a tratar ahora con
extensión el nuevo “objeto de consumo”, difundido durante los años 90, que se
engloba bajo el nombre de “drogas de síntesis” o “drogas de diseño”.
Sobre todo en los comienzos, el consumo
de estas drogas ha estado ligado a la llamada “ruta del bakalao”.
Se trata de sustancias que -como su nombre indica- son sintetizadas en
laboratorios (no proceden, pues, de plantas como las drogas clásicas). Producen
el efecto de permitir a sus consumidores mantener una actividad desenfrenada
-como el baile de la música “bakalao”- durante
periodos muy prolongados (noches enteras). Para esto, elevan la tensión
sanguínea y el ritmo cardiaco. Como esos efectos y la actividad provocan la
deshidratación en el individuo, los consumidores requieren aportes continuos de
agua (son conocidos los precios desorbitantes que
adquieren las pequeñas botellas de agua en las discotecas donde se consumen
estas drogas). -Las drogas de síntesis escapan a los análisis rutinarios de
sangre y orina (no son detectadas): esto lleva a que algunos -en un alarde de
imprudencia temeraria- conduzcan bajo sus efectos.
Crean adicción: en el corto periodo
de vida de esta nueva moda, ya se ha podido estudiar con detenimiento el éxito
o fracaso de los tratamientos de desintoxicación.
Debido a sus efectos fisiológicos,
han provocado numerosas muertes -decenas cada año en España-, por problemas
cardiacos.
Se difunden con éxito hasta el punto
de “desbancar” en muchos ambientes el triste privilegio que tiene el porro de
ser la droga más consumida.
Ver: “Efectos
de las diferentes drogas”
9.- Sin embargo...
Siempre que tengo que exponer el
tema de las drogas, o dialogar sobre ellas, y también ahora al escribir este
guión, me sucede lo mismo: me siento avergonzado... ¿Por qué? Porque hago mucho
hincapié en los efectos patológicos de las drogas sobre sus consumidores, y...
no es esto lo que más me preocupa.
Al hablar de bioética en las clases,
me gustaba decir -aunque esta afirmación no sea del todo correcta, desde el
punto de vista filosófico- que se dan en el hombre tres niveles de
conocimiento: el sensible, el sentimental y el inteligente. El acceso a cada
nivel es progresivamente más difícil, pero precisamente el tercer nivel de
conocimiento es más profundo y también más humano (más propio del hombre). -El
conocimiento sensible nos lo ofrecen los sentidos: también común a otros
animales, es el más inmediato, y a él recurren los publicistas (los colores
rojo y gris que predominan en los anuncios de Coca Cola, los cálidos -verde y
naranja- que tenía el símbolo de la extinta UCD, etc.). -Al sentimiento también
resulta relativamente sencillo acceder, y vuelve a ser presa fácil de la
publicidad ("vuelve a casa, vuelve, que te esperamos...",
"vuelve a casa, vuelve, vuelve a tu hogar...", "...por
Navidad"; y una melodía deliciosa..., y escenas entrañables de frío y
nieve fuera, y calor y sonrisas dentro..., y el esperado abrazo de los seres
queridos..., y al final: NESCAFÉ). -A la inteligencia, en cambio, no se llega
inmediatamente: a veces se precisa elaborar largos razonamientos, y son muchos
los que se pierden por el camino en este empeño: sin embargo, es el conocimiento
propiamente humano.
Decía en aquellas clases que
nosotros íbamos a procurar acceder siempre a este tercer nivel de conocimiento,
aunque muchos desconectasen del hilo del discurso (acostumbrados a "slogans", imágenes visuales y otros sistemas que
requieren menos esfuerzo). Porque si, por ejemplo, descubrían la atrocidad del
aborto desde un punto de vista solamente sentimental, pero no lo hacían de
forma inteligente -es decir reconociendo que el feto abortado era una persona
humana, además inocente e indefensa-, ya se encargaría la televisión de sacar
una madre llorando -embarazada por violación-, que les llevase sentimentalmente
a afirmar: en el fondo no es tan malo...
Por eso siento vergüenza, porque he
tenido que recurrir a lo que tanto he criticado: infundir miedo describiendo
los terribles efectos médicos del consumo de drogas, cuando en realidad éstos
me parecen "nada" -a pesar de lo graves que son- comparados con los
efectos morales (degradación del hombre como persona) que ese consumo produce
en el drogadicto. Y lo he hecho porque sé que es un modo eficaz de captar la
atención y hacer reaccionar de forma inmediata a los posibles consumidores: de
alguna manera he hecho como los publicistas. -Si he actuado así es porque
deseo, en primer lugar, que nadie entre en ese mundo de la droga; o que, si ha
entrado, salga enseguida, antes de que la "marcha atrás" resulte casi
imposible. Pero quiero, a continuación, fundamentar más ese rechazo a la droga
por parte de todos:
-"Soy un mierda"...
-"¿Qué más da?"... -"Yo no importo nada"... ¿Cuántas veces
habrás oído decir esto a un amigo, o habrás sido tú mismo el titular de
expresiones parecidas? Ni él, ni tú, ni nadie es "un mierda" (pido
perdón por abusar de esta expresión, pero es quizá la que más he escuchado de
labios de quienes no encuentran sentido a su vida). Todos somos
importantísimos. Sin embargo, ¿qué esperas escuchar de quien sólo busca el
placer sensible como fin de su vida? ¿Qué, de quien no reconoce a su alrededor
a nadie que le quiera de verdad, a nadie que no intente aprovecharse de él o
disfrutar a costa de él, a nadie que le pueda decir sinceramente: tú eres muy
importante, yo comprendo tus preocupaciones -las hago mías- e intentaré
ayudarte, sacrificándome cuanto sea preciso? ¿Qué puedes encontrar en la cabeza
y en el corazón de quien -en consecuencia- desconfía de todos, no tiene
verdaderos amigos, y poco a poco se ha incapacitado para querer generosamente a
los demás (sólo