El Grabado
un sistema milenario de impresión





Su rol social en México

Desde el siglo XVI se practicó esta técnica y fue durante los siglos de la Colonia cuando se dirigió principalmente hacia la ilustración de estampas que tenían como finalidad la devoción popular. A fines de ese período y durante el siglo XIX, se desarrolla el grabado con un carácter político-social. Sus manifestaciones más trascendentales florecieron en el campo popular: los corridos, las leyendas, los cuentos y la caricatura política fueron en donde la protesta y ridiculización adquirieron su máxima expresión, siendo uno de sus más grandes exponentes José Guadalupe Posada. Esta tradición continuó hasta la etapa que antecede a la Revolución de 1910 con las mismas finalidades y se desarrolló posteriormente en forma definitiva y evidente con el surgimiento del Taller de la Gráfica Popular fundado en 1937 y la Sociedad Mexicana de Grabadores en 1947 por un considerable número de artistas mexicanos post-revolucionarios, de los que podríamos destacar, entre otros, a David Alfaro Siqueiros.

 

José Guadalupe    

 

David Alfaro Siqueiros    

 

La imagen crítica de José Guadalupe Posadas

Finalizaba el siglo diecinueve y México como la mayor parte de Latinoamérica vivía momentos decisivos para su historia nacional. Ya había pasado el tiempo de las luchas por la independencia del dominio español pero la distribución social de los espacios de poder no había cambiado radicalmente. Aunque los nombres y las banderas eran otros, quienes disfrutaban los beneficios políticos y económicos seguían siendo unos pocos. Aun más bajo la dictadura de Porfirio Díaz, la explotación latifundista de las tierras y la intromisión determinante del capital extranjero había tornado insoportable la situación de explotación y vasallaje del pueblo. Pronto vendría la revolución.

Pero aunque se registraban aislados estallidos sociales, inmediatamente sofocados por la fuerza represora porfirista, las condiciones para un alzamiento revolucionario como el de 1910 aparentemente no estaban dadas. Los sectores críticos a la dictadura debieron elaborar una política más de bajo impacto que aportase a la formación de una conciencia transformadora. Y aquí entraron las imágenes de José Guadalupe Posadas. La prensa satírica heredera de la revolución francesa tenía una tradición de por lo menos cincuenta años en México. Guadalupe Posadas nace con ella, basta recordar que publicaciones como "El Ahuizote" comienza a lanzarse en 1855, tres años después de que naciera nuestro artista de Aguascalientes.

La labor de Guadalupe Posadas se extendió por distintas lugares y publicaciones. Empezó trabajando como aprendiz en el taller de Trinidad Pedrozo. Ahí se vinculó con las técnicas de litografía y grabados. Luego en 1871 Trinidad Pedrozo lo invitaría a que trabajase como jefe de litografía de la publicación "El Jicote", en Aguascalientes. Cuando tiempo después Trinidad Pedroso tuviera que trasladar su taller a León en Guanajuato, Posadas se iría con él.

Aunque las condiciones no eran del todo favorables para quienes intentaran como Guadalupe Posadas realizar una imagen comprometida - el estado porfirista no dudaba en sofocar violentamente toda voz que se levantase en su contra - la avidez de imágenes por parte de los sectores populares motivaba el desafío. Como había sucedido hasta el momento los sectores dominantes de la sociedad consumían a las producciones artísticas europeas, pero los otros por imposibilidad económica o porque les resultaban ajenas, recurrían a las imágenes locales. Imágenes que, por otro lado, representaban su propia existencia. Esta situación hizo de la obra de Posadas un pilar fundamental en la imaginería popular mexicana.

En 1887 se trasladó a la ciudad de México. Ya viviendo en esta ciudad comenzó a trabajar en el taller de Antonio Vanegas Arroyo. Su caricaturas satírico políticas se publicaron en un gran número de revistas y periódicos, como "Patria Ilustrada", "Revista México" o "El Padre Cobo".

"Revista México" o "El Padre Cobo". En aquellos años el número de publicaciones periodísticas críticas al régimen era tan grande como la necesidad de expresar su oposición, pero el panorama no era nada amigable. La persecución a los periodistas y el cierre de los talleres y editoriales era constante. Como contraofensiva el medio gráfico utilizó el formato de hojas volantes y gacetas callejeras, Guadalupe Posadas ilustró una de ellas: "Gaceta Callejera", editada por Vanegas Arroyo. Estas publicaciones de corte sensacionalista mezclaban crónica y crítica, la imagen predominaba debido a que la mayor parte de su público consumidor era analfabeto. Las famosas calaveras de Posadas, que satirizaban a los personajes y suceso cotidianos se vendían en las ferias del pueblo junto a estampas religiosas, propio de una tradición popular.

Su muerte, en 1913, dejó tras sí un registro invalorable de los sucesos políticos durante el porfirismo y la revolución. Reelaboración de la cultura popular, sus imágenes fueron parte indiscutida del complejo proceso de transformación de México hacia una nación moderna.

 



 
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