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Serigrafía
(del latín sericum, seda, y grafos, dibujo).
En 1907, Samuel Simón, de Manchester,
patenta la idea de montar unas plantillas de estampación,
antes sueltas, sobre un soporte de seda. Es entonces cuando
nace la serigrafía como técnica de estampar.
A partir de los primeros años del presente
siglo se utiliza como proceso comercial. Desde entonces, muchos
artistas hacen una serigrafía artística, siendo
el pop y el op-art colaboradores aventajados.
Actualmente, la serigrafía tiene gran
importancia en el campo de la publicidad y su impresión
se puede efectuar sobre cualquier tipo de superficie y en
forma recta, curvada o quebrada.
Básicamente existen tres tipos de telas
utilizadas en la serigrafía: naturales, sintéticas
y metálicas. Las primeras, llamadas sedas fotográficas,
se caracterizan porque sus impresiones son uniforme y de escaso
relieve de tinta. No es conveniente mojarlas a más
de 50 grados de temperatura, ya que se puede perder el impermeabilizante,
con lo que se perjudica la cohesión del tejido; les
atacan los productos ácidos y derivados alcalinos que
contengan cloro. Las telas serigráficas sintéticas,
sobre todo el nylon y el fotonyle - las más utilizadas
- son menos higroscópicas que la seda natural, y las
pantallas construidas con ellas presentan una gran resistencia.
Las telas metálicas, aunque son más resistentes,
tienen un registro más imperfecto, siendo totalmente
válidas para estampaciones industriales, pero no para
la creación artística.
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