"Te daré poder sobre todos los pueblos y
sus riquezas serán tuyas, porque a mí me ha sido entregado y yo lo doy a quien
quiero" Con estas palabras tentó Satanás a Jesús en la cima de una
montaña, mostrándole los reinos de la tierra. ¿El mundo es de Satanás? Satanás
dice que sí al tentar a Jesús, que el mundo es suyo. ¿No se nos ha dicho
siempre que la vida es hermosa? ¿No es una maravilla la naturaleza?
Cualquiera con cierta edad y un mínimo de
cordura sabe que la belleza de la vida no pasa de ser un deseo, una ingenua y
bienintencionada idea, y en todo caso una encomiable actitud del hombre, que se
afana en buscar el lado positivo de las cosas. La inmensa mayoría de los
grandes pensadores han deplorado el sinsentido de la vida, unos aceptándolo sin
más, otros aplazando la solución al más allá, y algunos otros proponiendo
medidas para el trueque del valle de lágrimas en un auténtico paraíso terrenal,
entre éstos nuestro invitado al debate, el señor Marx.
En cuanto a lo segundo, lo de que la
naturaleza es maravillosa, tal cosa únicamente la dicen los naturalistas y los
papanatas que repiten lo que oyen a los naturalistas. La naturaleza es
maravillosa, sí, pero vista desde lejos, claro. El verde valle entre las
montañas, las aguas inmaculadas del lago, la orgía de colores, la serena luz
del amanecer.... El conjunto, visto en la distancia, la armonía del todo, son
sublimes. Pero uno no tiene más que acercarse y comprueba, con espanto, que tan
maravilloso equilibrio está orquestado sobre una fagocitosis despiadada e
insaciable. La naturaleza es una fabulosa pirámide de predación, medio mundo
devorando continuamente al otro medio, en una orgía de sangre que horroriza a
cualquier espectador sensible. Quien dejándose impresionar por ese perfecto equilibrio
que impide la autodesaparición, proclame las excelencias del orden establecido,
olvida lamentablemente lo más importante, que se trata de un orden no montado
sobre el amor y el altruismo, sino montado sobre el barbarismo y la impiedad.
La realidad es cruel, es áspera, es miserable. El mundo, efectivamente, como
rezan las palabras bíblicas, es el reino de Satanás sin duda.
¿Qué hacer con el mal? Los cortos de vista que postulan que la vida es
hermosa y la naturaleza una maravilla no se plantean este problema, por
supuesto, ya que ni siquiera son capaces de advertir la fealdad del mundo.
Viven en una nube de ingenuidad, o más bien de simplicidad. Los otros, los
demás, no saben muy bien qué hacer con el problema. La predación, el dolor, la
frustración, las catástrofes, la enfermedad, la muerte..... Si son creyentes,
lo aparcan. Ya habrá luego otra auténtica vida en la que el mal será
desterrado. Si no son creyentes, suelen despachar la cuestión endosándosela
precisamente a ese Dios de los creyentes, con una argumentación absolutamente
lógica, que viene a ser, más o menos:
El mal existe realmente. No es
una simple carencia de bien, como parte de la teología ha mantenido. Es algo
activo, operante, que constata la experiencia
Si Dios es el bien y lo ha hecho
todo, una de dos: o es también el autor del mal, con lo cual tenemos un Dios
perverso, o no es verdad que haya hecho todo y el mal existía ya frente a Él,
con lo cual tenemos un Dios que realmente no es Dios, puesto que no es único.
Y si el mal ha surgido más
tarde, por mano del hombre, que es la explicación favorita de teólogos, ¿qué
Dios bueno es ése que no ha podido impedir que el mal cambie su obra, bajo la
disculpa de la libertad del hombre?
El razonamiento es perfecto en su desarrollo.
A la luz de la educación que el hombre de la calle que así piensa ha recibido,
existen el bien y el mal, y si Dios es el bien, a ver qué hacemos entonces con
el mal, porque está claro que es lo que impera en el mundo. Aparece así la
postura contraria a Dios (antiteodicea), cuya mayoría lo que niega es que ese
Dios exista, integrando el llamado a-teísmo, y algunos otros pocos no negando
su existencia, sino negando su esencia bondadosa, que es el llamado
anti-teísmo.
Marx.- Estás muy callado. Deberías
decirme sí o no, para seguir adelante.
Lutero.- Es tan gordo lo principal
que tengo que decirte que lo dejo para luego. Pero de momento, claro que tengo
una objeción. Las reacciones del hombre ante el problema del mal no son
solamente esas dos que has citado, "O es que Dios no existe o es un Dios
perverso". También hay quien piensa algo así como "El mal que veo
aquí no puede ser definitivo. Tiene que haber justicia más allá". Sabes
muy bien que entre los creyentes, cuanto mayor es el mal, mayor es la creencia.
Marx.-. Lo sé.
Incomprensiblemente, de ese mismo hecho del mal otra parte de los hombres
sacáis la conclusión opuesta.
Lutero.- Y además somos la parte
mayor. La humanidad es teísta, no antiteísta. El argumento del mal nos lo
habéis echado en cara desde siempre, y resulta que en todo caso debería ser al
revés, si la cosa se decidiera a votos.
Marx.- No estamos discutiendo por
qué los hombres son tan inconsecuentes y votan tan mal, estamos discutiendo si
el mal niega al bien o no
Lutero.- Por lo pronto, esa
pretendida ecuación que siempre tenéis tan dispuesta a soltarnos,
"existencia del mal igual a no existencia de Dios", parece que es
terriblemente vulnerable, ya que una mayoría, la de los creyentes, no pensamos
así.
Marx.- Sigo sin saber si estás de
acuerdo en que el mal existe, que es lo primero de todo. Gran parte de la
teología cristiana, desde San Agustín, ha mantenido siempre que el mal
realmente no existe, que no es nada, que lo que así llamamos no es otra cosa
que simple carencia de bien. Como el mundo ha sido hecho por Dios (también
habéis dicho eso siempre), y Dios es la bondad infinita (¡faltaría más!),
transmitió necesariamente la bondad a su obra, pero de forma limitada, así es
que no hizo las cosas enteramente buenas, sino solamente medio buenas, y lo que
falta a las cosas para ser buenas del todo es lo que llamamos el mal.
Lutero.- Si me preguntas que si el
mal es una realidad frente al bien, te digo que sí, que es algo activo, que San
Agustín estaba equivocado. El mal es carencia de bien en la misma medida en que
el bien es carencia de mal. Pero si me preguntas que si es algo absoluto, te
digo que no, que no es nada, porque si el mundo es una pura pesadilla del
hombre, por muy mal que lo pase, nada significa. El bien y el mal se acaban donde
se acaba el mundo.
Marx.- Tan pronto decís que el mal
realmente no es nada, como señaláis con el dedo al hombre y le cargáis ese
fardo. Como Dios es bueno (¡faltaría más!), hizo al hombre libre, y mira para
lo que usó la libertad el muy canalla.
Lutero.- La libertad es maldita-
sentenció, rotundamente.
Marx.- En cualquier momento voy a
solicitar que me traigan otro interlocutor que se atenga al guión, tú no paras
de cambiarlo, es imposible saber a qué atenerse contigo. Tienes que comprender
que resulta muy difícil debatir así, con un oponente que se salta de continuo
con versiones que no son las que están en el libreto
Lutero (con una inevitable
sonrisa).- Calma, hombre, calma. Dime cuál es el problema esta vez.
Marx.- ¡Cuál ha de ser!, que ahora
resulta que la libertad es maldita. Estáis cansados de decir que hasta los
ángeles envidian al hombre, precisamente por ser libre.
Lutero.- ¡Se dicen tantas
estupideces! ¡Qué más quisiera el hombre que estar unido a Dios de forma
necesaria, como los ángeles!
Marx (con ironía).- Claro, claro,
es una desgracia. La libertad sólo sirve para pecar. Pero dime: el dolor, la
enfermedad, las catástrofes, la muerte, ¿qué tienen que ver con la voluntad
libre del hombre? Se le podrán echar en cara las guerras, y el injusto reparto
de las riquezas, y hasta la contaminación del planeta; pero la lista de los
males que nada tienen que ver con su libertad es abrumadoramente mayor. ¿Quién
responde de eso? Cuando una riada o un terremoto se lleva miles de vidas,
¿dónde está la maligna mano del hombre?
Lutero.- No me hagas preguntas que
ya he contestado. La creación de Dios era perfecta y era para el hombre. Al
pecar, no sólo se degradó él, la degradó entera
Marx.- Ya, ya recuerdo. Te
refieres a la célebre sentencia "Por tu pecado el mundo entero será
maldito", con la que ese Dios bueno, ¡buenísimo!, obsequió al incauto
hombre en el Paraíso. Y de paso, lo expulsó con lo puesto, que era un triste
taparrabos.
Lutero.- Dios no maldice ni
castiga, no sé cómo decírtelo. Son leyes inviolables que se cumplen.
Marx.- Lo maldijo y lo expulsó. Lo
dice tu libro sagrado.
Lutero.- Te recuerdo que en todo
caso será el tuyo, ya que eres judío de sangre.
Marx.- Lo dice también la Iglesia.
Lutero.- La Iglesia está formada
por hombres.
Marx.- ¡Ah! Entonces, tampoco es
infalible.
Lutero.- ¿Tú qué crees?- dijo,
casi divertido, con una leve sonrisa y un mohín de indulgencia y de
complicidad- El fatuo hombre no para de jugar a ser Dios.
Marx.- Dijiste que en la
naturaleza medio mundo se traga al otro medio con la disculpa de un perfecto
equilibrio. ¡Qué impiedad! ¿Y Yahvé? ¿No tienes otro tanto que decir de Él? Un Dios sectario y vengativo, que guerrea junto
a su pueblo escogido y administra toda suerte de desgracias a los pueblos que
no tuvo a bien escoger, un Dios que a sí mismo se califica de celoso.........
Lutero.- Esa clase de Dios sigue
siendo el de tu libro, el de los judíos. Los cristianos somos de Cristo, del
que mandó perdonar setenta veces siete.
Marx.- Perdona tú por un momento,
porque, aunque poco, algo sí que estoy informado. El Galileo no abominó nunca
de ese Padre bíblico, tan cruel. Él mismo dijo que había venido sólo a
completar lo anterior. No lo presentes como libre de sospecha.
Lutero.- Eso dijo, es cierto, no
sé si por no escandalizar o porque Yahvé sí que es realmente el Dios Padre. En
tal caso, tu pueblo lo ha desfigurado tanto que resulta irreconocible. Pero,
aún así, la pura realidad es que Jesús no hizo eso, no completó lo anterior, lo
echó todo abajo y estableció un orden nuevo. Si todo esto ya lo hemos hablado,
Karl, no pretendas derrotarme por aburrimiento.
Marx.- Tú dirás ahora lo que
quieras, pero siempre habéis mantenido que a Cristo no se le entendería si no
se leyera la otra Biblia primero, la del Antiguo Testamento.
Lutero.- ¿Crees tú de verdad que
Cristo necesite introductores? Más aún te digo: con sólo que se hubiera escrito
lo que ocurrió la noche de la pasión, desde la despedida del mundo en la última
cena hasta la inmolación en la cruz, es tan palpable la divinidad que se le entendería del todo.
Marx.- Si te oyeran esto acabarían
de proscribirte. Pero nos hemos desviado. Además de tus creyentes y de mis
ateos, hay otros que van más allá. La existencia del mal les duele tanto que no
se conforman con no creer, abominan de los que creéis. Son los que odian, los
que hacen cruzada, los antiteístas.
Lutero (interrumpiéndole).- .....
Los que presumen de ateos y realmente no lo son. A cada cual, lo suyo. El que
reivindica y además reivindica con insolencia, de tú a tú, está reconociendo
implícitamente a ese otro tú frente a él.
Marx.- Ya lo comentamos, a
propósito de Nietzsche. Quienes de verdad no creemos, ni tenemos nada que
reivindicar ni tenemos a quién dirigir la reivindicación, puesto que nadie hay.
El que odia, será porque tenga a quien odiar, será más un resentido que un
incrédulo.
Lutero.- Y además puedo contarte a
qué clase de dios odia: un dios mediocre y mundano, al alcance de sus
reproches, algo no muy lejano al jefe de su oficina o al presidente de su club,
ante quienes se puede exigir con procacidad.
Marx.- ¡Qué bello ha quedado!
Después de este breve pero versallesco diálogo, en el que los dos nos hemos
dado la razón tan civilizadamente, tengo que hacerte una humilde observación:
más insólito que eso es que de la existencia del mal pueda sacarse una
conclusión positiva, como hacéis los creyentes. Según tú mismo, a mayor mal,
mayor creencia.
Lutero.- ¡Insólito, dices! Es el
razonamiento más simple del mundo.
El mal existe, y no sólo carece de sentido en sí
mismo, es que también priva de sentido a la vida.
Que la vida carezca de sentido constituye un
absurdo, un imposible.
Pero la vida, además, es temporal. Esto es muy
importante.
Si la vida carece de sentido, lo cual es un absurdo,
y solamente dura un tiempo, es que el sentido tiene que estar fuera de ese
tiempo que la vida dura.
Marx.- Está bien montado..... pero
partiendo de que no sois capaces de admitir el absurdo. Todo ha de tener una
finalidad, todo ha de ser "inteligente" para vosotros, nada al azar.
Lutero.- No volvamos a ese
aspecto, en el que nunca estaremos de acuerdo. Aquí falla algo, pero es en el
planteamiento que cada uno hace del mismo hecho.
Siempre que iba a exponer algo que él juzgaba trascendental, el abogado
de los creyentes se tomaba un respiro, un breve instante para ordenar los
pensamientos.
Lutero.- El planteamiento que
acabo de hacer, se sustenta nada más sobre los dos únicos hechos que a todos
nos constan: el mal existe y la vida es temporal. Y de ahí se infiere que debe
existir algo más después del tiempo para que esto no sea un absurdo.
Marx.- Que es el mismo galgo con
otro collar. Comiences la exposición por donde la comiences, siempre vienes a
decir lo mismo.
Lutero.- ¡En absoluto! Desde siempre,
teólogos y ateos, los dos, habéis partido de otra cosa, de un prejuicio tan
socorrido como gratuito, "Dios es bueno"; con lo cual la teología ha
propiciado dos desastres a la vez: ha convertido a Dios en algo tan parcial
como nosotros mismos y ha cegado la salida al problema del mal.
Marx.- ¡Por favor! Si yo no fuera
quien soy, acabaría escandalizado. ¿Puede saberse con quién estás realmente?
¿Con la Iglesia o contra la Iglesia?
Lutero (rotundo).- Con Dios.
Marx.- Con un Dios que ahora
resulta que no es bueno.
Lutero.- Por supuesto. Esa es
justamente la clave del problema. Te anuncié antes que era demasiado gordo lo
que tenía que decirte. Dios no es bueno. Ni tampoco es malo, obviamente. Dios
no es bueno ni malo, Dios está más allá del bien y del mal. Así de simple y así
de ignorado por todos.
Marx.- Y por ti. En vida te
hinchaste a pregonar las bondades de tu Dios.
Lutero (autoexculpándose).- Era
demasiado joven.
Marx.- ¡Pero, Martín! ¡Si moriste
de viejo!
Lutero.- ¡Y qué es un viejo! Un
niño que comienza a descubrir la verdad de las cosas.
Lutero se había callado por un
momento y Marx le exhortó, divertido, impaciente.
Marx.- ¡Sigue, sigue, aprovecha,
aprovecha, que no te oyen en Roma!
Lutero.- La teología está repleta
de estúpidas pretensiones. ¿Cómo es Dios? Sencillamente impensable,
incognoscible...... pero no para los teólogos, claro, ellos son capaces de
analizarlo, diseccionarlo y hasta desmenuzarlo. Conocen nada menos que todos
sus "atributos", los "entitativos" y los
"operativos". ¡El cielo debe estar en una pura carcajada de oriente a
occidente! Los teólogos dicen que Dios es "bueno", es decir, como el
hombre, sólo que mucho más, a lo loco. Y entonces, ¿qué hacemos con el mal, que
contradice a ese Dios tan bueno?.
Marx.- Eso justamente es lo que yo
te pregunto a ti, no juegues a devolverme la pregunta.
Lutero.- Endosarle a Dios el bien
es recortar su esencia infinita. Si a Dios le pones un apellido, el
"bien", si dices que es esa cosa determinada, con eso estás diciendo
que hay otras cosas que no es. ¿Y cuáles son esas otras cosas que Dios no es,
si fuera de Él nada existe?
Marx.- Me estás resultando más
marxista que Marx. A ver si voy a tener que convertirme de fiscal en abogado
defensor. Cuando los tuyos dicen que vuestro Dios es bondad, dicen que lo es en
grado infinito, he ahí la diferencia.
Lutero.- Es que eso es acumular
error sobre error, es que la bondad jamás puede ser infinita. "Dios igual
a bondad infinita" es igual que "Eternidad igual a tiempo
infinito", dos barbaridades las dos. El tiempo, por mucho que lo alargues,
siempre será una magnitud, jamás podrás quitarle los límites. La eternidad es
otra realidad diferente que no conocemos. Extrapolar a la divinidad las
pobrezas del mundo, aunque sean las pobrezas positivas, no se arregla con
añadir que eso lo tiene Dios "en grado infinito". Lo infinito no
tiene grados, ni muchos ni pocos, es otra cosa.
Marx.- Lo malo de ti es que
quieres saber más incluso que las Tablas de la Ley. No es sólo que lo diga la
teología, es que vuestro decálogo es un cántico a la bondad, aunque a mí
algunos mandamientos me suenen ridículos.
Lutero.- No sé como te sonarán a
ti, pero es una ley hermosa, perfecta, aunque tampoco eso significa que sea
palabra fidedigna de Dios. ¡Ha pasado por tantas manos todo! A la Iglesia, la
otra, la que tiene los altares repletos de santos, le molestaba el segundo, que
mandaba no adorar imágenes, así es que le metió las tijeras. Y luego, para que
siguieran siendo diez, desdobló el décimo en dos. En la versión original,
"No codiciar los bienes ni la mujer del prójimo" era uno solo. A Dios
no se ha parado de manipularlo por unos y por otros.
Marx no dijo nada, se quedó pensando en lo que acababa de desvelarle.
Lutero.- Que Dios quiera el bien
para los hombres ahí abajo, no significa que Él sea el bien personificado ahí
arriba. El mundo es el mundo y la eternidad es la eternidad. Conozco a un
filósofo alemán-judío, un tal Marx, que incendió toda Europa pidiendo a los
obreros rebeldía, y resulta que personalmente es un hombre manso y apacible, te
lo aseguro. En otro caso, no aguantaría esta discusión con él.
Marx.- Gracias por el cumplido,
pero la tuya es una causa perdida. Por muchas vueltas que le des, no podrás
evitar que el mal niegue al bien.
Lutero.-..... "En el mundo",
se te ha pasado añadir "en el mundo". Yo creo que aquí es inevitable
esta sentencia, aunque tanto te molesten.
La existencia del mal no prueba que Dios no existe.
Dios no es el bien, está más allá del bien y del mal.
Marx.- En todo caso, aunque no
valga como prueba, me debes una explicación.
Lutero no podía saber a qué se
refería..
Marx.- En el sermón de la montaña,
tu Jesús llenó de consuelo a los que lloran y de esperanza a los que aman la
justicia con la promesa de otro mundo reparador; pero no aclaró por qué en éste
han de llorar los que lloran, que es lo que quisiéramos saber, ni por qué han
de padecer hambre y sed de justicia aquí los justos, que es lo que nos
inquieta, en vez de intentar arreglarlo con promesas de futuro. Si estás de acuerdo
en que el mal existe, y dejando a un lado si niega o no niega a Dios, ¿por qué
diablos existe?
Lutero.- Esto que ahora me
planteas es mucho más complicado, justo porque va al nudo de la cuestión: por
qué hace Dios las cosas como las hace, o por qué las permite como las permite.
Si Él quisiera, todo podría ser diferente, para eso es Dios.
Marx.-
El hecho de que tu Dios del Gólgota sea un Dios cercano, amoroso y sufridor con
el hombre, sólo indica eso mismo, que es un Dios que ama al hombre, pero no
explica en absoluto por qué, si lo ama, le deja sufrir y sufre además con él.
La entrega de vuestro Cristo en la cruz es tan conmovedora como absurda, porque
un Dios omnipotente no tenía necesidad ninguna de permitir que sucediese algo,
el pecado, que luego tuviera que reparar con su autoinmolación. Olvidáis que
ese sacrificio será sublime, pero también es una contradicción, un sinsentido,
que le justifica como Dios-amador, pero le descalifica como Dios-planificador.
Jamás le encontraremos justificación racional a sus actos, por mucho que sigáis
insistiendo en el Dios piadoso.
Lutero.- Eso último sí que es la
mayor verdad que has dicho desde que comenzamos, tanto, que es una verdad de
perogrullo. Jamás encontraremos racional su actuación ...... ¡Cómo que Dios no
es racional, hijo mío, Dios es Dios, no es un hombre! ¿Por qué demonios
pretendes que actúe conforme a la razón humana?
Luego abrió los brazos y extendió las manos en un gesto expresivo,
como haciéndole comprender lo absurdo de su razonamiento.
Lutero.- Mira, amigo, estás
desazonado y lo comprendo, porque quisieras que todo fuese a la medida de tu
entendimiento y no lo es. Hace un momento, yo mismo he dicho que "si Él quisiera, todo sería diferente", pero
eso no significa que el equivocado sea Él y yo el que posee la verdad. Yo soy
un agustino y Él es Dios. ¿Quién crees tú que sabrá mejor lo que hace?
Marx.- Esa es una salida fácil,
inaceptable. ¿Cómo pretendéis comprender a Dios, pobres y torpes criaturas?
Lutero.- Es una salida
incontestable. Te dije que si llegases a comprenderle, es que ése no sería
Dios, sería la señal inequívoca de que no existe.
Marx.- Lo admito. Pero también tú
tienes que reconocer que, mientras no le comprendamos, jamás podremos saber
cuál de las dos cosas pasa, si es que Él no es comprensible, como tú dices, o
es que no existe, como yo digo.
Lutero.-. También lo admito. Pero
lo que ahora tocaba discutir es solamente lo que te he demostrado, que la
existencia del mal no significa que Dios no exista, significa, en todo caso, que
los misterios de Dios son incomprensibles para el hombre.
Marx.- Que yo sepa, nos ha hecho
racionales. Si eso fuera para que luego no usemos la cabeza, sería una
incoherencia.
Lutero.- Que yo sepa, nos ha hecho
sensibles y amorosos. Si eso fuera para anteponer siempre la cabeza, no
pararíamos de equivocarnos.
Resumen:
Ateos.- El mal
existe, no es simple carencia de bien. Y si Dios decís que es intrínsecamente
bueno, se plantea una contradicción insalvable. Sólo caben tres soluciones:
- Aunque Dios es
bueno, ha creado el mal.(constituye un absurdo).
- No lo ha creado, el mal ya
existía frente a Él (presupone que Dios no es Dios, que hay dos dioses, el bien
y el mal).
- El mal lo ha creado el hombre
(presupone permisividad del Creador y poder del hombre para modificar la obra
creada).
Teístas.- Este
planteamiento tradicional es inaceptable porque parte de un apriorismo
infundado: Dios es el bien. A Dios no se le pueden extrapolar los valores del
mundo, aunque sean los valores positivos. Y adjudicárselos en "grado
infinito", para salvar el problema, es un nuevo error añadido. Lo infinito
no tiene grados, ni pocos ni muchos, es otra realidad desconocida. Dios no es
bueno ni es malo, Dios está más allá del bien y del mal, Dios es impensable.
Ateos.- Aunque
el bien y el mal no afecten al propio Dios, sí a su obra. Si la creación fue
como convenía al hombre, buena, y ha sido el hombre el que ha introducido el
mal, con ello ha sido capaz de modificar la creación original y convertirla en
el mundo pésimo que conocemos, poder del hombre ante su Creador que resulta
escandaloso.
Teístas.- La
creación de Dios fue y es perfecta, exclusivamente espiritual, no material, y
sigue intacta. Es cierto que al pecar el hombre inauguró el mal, provocando con
ello su propia autodegradación y la de toda la creación, apareciendo así el
universo material conocido. Pero esto no significa que el hombre modificase la
obra original, porque este mundo de la materia no es real, es sólo una
vivencia, una pesadilla en la que el hombre sueña que sufre su pecado. Salir
del mundo es despertar y encontrarse de nuevo en la realidad espiritual y
eterna de la creación.
Ateos.- Aun
siendo sólo una pesadilla, el hombre ha sido capaz de propiciarla con su
libertad, cosa que ni los ángeles pueden hacer.
Teístas.- La libertad no es buena, es maldita porque separa
de Dios. ¡Qué más quisiera el hombre que ser ángel unido a su Creador de forma
necesaria!
Ateos.- ¿Y cuál
fue peor, el hombre con su pecado o ese Dios despiadado que combatió el mal del
hombre con más mal, juzgándolo, expulsándolo de la felicidad del Paraíso?
Teístas.- Dios
no juzga ni castiga a su criatura, se cumplen sus leyes justas e inviolables:
el bien engendra bien y el mal engendra mal. El mundo material no es un castigo
personal, es una autodegradación por el pecado. El único enigma es cómo el
hombre pudo ser libre y pecar, inaugurando el mal, si estaba en presencia de su
Creador. La presencia de Dios y la libertad no parecen compatibles.
Ateos.- En tal
caso, el pecado no puede aparecer más tarde que sus efectos. El mal existe en
el mundo desde el principio, y el hombre, con su pecado, ha llegado el último.
Teístas.- El
pecado del hombre fue en la eternidad de la creación original de Dios, y la
eternidad no tiene correspondencia ninguna con el tiempo del mundo.
Ateos.- Aun así,
siempre se acaba en la pregunta de por qué ha hecho todo tan adverso y
complicado, pudiendo hacerlo como hubiera querido, puesto que es Dios.
Teístas.- Esta
pregunta tan racional del hombre es coherente para el propio hombre, pero es
absurdo dirigírsela a Dios, que está más allá de la racionalidad, justamente
porque no es hombre, es Dios.
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Gregorio Corrales.