La interrogante
sobre la existencia o no existencia de Dios desencadena una amplia batería de
argumentos en los dos sentidos, algunos de los cuales hemos repasado en páginas
anteriores. Pero, quizás (pienso que quizás), podría resumirse todo ello en los
dos razonamientos que estimo más concluyentes, aunque muy diversos en cuanto a
la objetividad-subjetividad de cada uno de ellos:
Argumento subjetivo:
Hecho básico.-
El
hecho básico consiste en que la realidad es, en general, adversa: el hombre es
radicalmente infeliz porque es limitado, imperfecto; el mundo es hostil y la
sociedad es injusta; las cosas son inestables, transitorias, fugaces.
Resumiendo,
toda la realidad que nos envuelve se hunde en las raíces del mal, y como
consecuencia, la vida carece de sentido en sí misma, constituye un absurdo, en
el cual nos hallamos inmersos sin haberlo deseado.
Deducción Primera.-
Una
realidad absurda es un imposible, al menos para la lógica humana. Mas, aunque
imposible, tenemos ese absurdo delante de nosotros, ciertamente existe.
Pero
se produce un hecho capital: esa realidad, llamada vida, no es para siempre,
sino que es transitoria, temporal, sujeta a la muerte.
Entonces,
para que la vida recobre el sentido que forzosamente le corresponde, es inevitable
deducir que ha de existir otra dimensión, lo eterno, más allá de los límites de
ese tiempo que la vida dura, en donde se halle la respuesta al aparente
absurdo. Dios tiene que existir.
Deducción Segunda.-
Si
Dios, por definición, es infinito, nada existe fuera de Él, nada escapa a su
imperio, todo puede disponerlo como quiera, incluso, por supuesto, contra la
voluntad libre y el pecado del hombre.
Siendo
así, lo verdaderamente absurdo no es que la existencia sea absurda, sino que Él
nos haya colocado en tal absurdo, que haya permitido en el hombre este dolor e
impotencia, pudiendo haber dispuesto todo de forma diferente.
Sólo
hay dos posibles respuestas a esta incertidumbre: o es un Dios cruel o es que
no existe. Si por definición es imposible que Dios sea cruel, es que es lo
segundo. Dios no existe.
Contradicción.-
Las
dos conclusiones anteriores, aunque deducidas a partir del mismo hecho básico y
aunque las dos aparentemente correctas, se contradicen entre sí.
Necesariamente, una de las dos ha de ser falsa.
Clave.-
La
clave para resolver esa contradicción es ésta: el mal y el absurdo solamente
nos consta que existen en el conocimiento del hombre, cuyo objeto formal es el
mundo. Luego si otra realidad existiese fuera del mundo, no podemos adjudicarle
el mal, la lógica y el absurdo humanos.
Por
tanto, la deducción primera es correcta, puesto que relativiza el mal y el
absurdo a sus verdaderos límites, el mundo, y deduce que debe existir fuera
otra dimensión en la que todo cobre sentido, se halle la verdad y se comprenda
el porqué de este sinsentido de aquí abajo.
La
segunda, en cambio, comete el error de absolutizar el mal y el absurdo,
proyectándolos también fuera del mundo. Al juzgar la actuación de Dios como
"absurda" por haber permitido este absurdo, está extrapolando al más
allá las valoraciones del más acá sin fundamento ninguno. A este argumento hay
que oponer, por tanto, que si ese Dios existe está por encima de todo lo
conocido en este mundo, por encima del bien y del mal, por encima de la lógica
y del absurdo humanos. Si el Creador existe, está por encima de la comprensión
de la criatura, de ahí que no entendamos el porqué de la realidad.
Conclusión.-
Esta
clave es obvio que no resuelve el problema de fondo, ya que no constituye
prueba de que Dios exista; pero también es obvio que sí constituye prueba de
que no puede negarse rotundamente su existencia. En rigurosa lógica, a la
esperanza de los creyentes, los ateos solamente pueden oponer su escepticismo,
su duda, pero nunca una negación cierta. Aquí, como nunca, Dios se mantiene en
la interrogante y el hombre es libre.
Argumento
objetivo:
Toda
la realidad conocida, el universo en su conjunto, tanto físico como
espiritual, es una realidad limitada y
mudable.
Lo que
es realidad, lo que es "algo", no puede concebirse desde la
"nada", sólo puede concebirse desde el "ser".
El
universo, pues, es una realidad que existe, y además que existe por referencia
a otra realidad que lo trasciende, la del "ser" en general.
Pero
el universo es, además, limitado y mudable. Lo que es limitado pierde su ser en
los límites, y lo que se muda pierde su ser en el cambio.
Luego
el universo es cierto que está trascendido por el ser, pero también es cierto
que no es el ser en sí mismo, porque en tal caso nunca lo perdería. Si no es el
ser, pero lo tiene, es que lo ha recibido de quien lo es.
Esa
realidad superior y trascendente, que es el "SER" en sí mismo y se lo
ha donado al universo, es Dios.
Comentario.-
A este
razonamiento nada se le puede oponer. Tampoco contradice la afirmación, en
páginas anteriores, de que la existencia en el mundo "realmente no es
nada", es solamente una pesadilla, cuando aquí parece afirmarse todo lo
contrario al decir que sí existe realmente. No hay contradicción porque lo primero
fue dicho en sentido restringido, amparándonos en que la realidad tiene
diferentes ámbitos. Los sueños no son realidad en la esfera física, que es a lo
que entonces nos referíamos, pero sí son realidad en la esfera vivencial, que
es a lo que ahora nos referimos.
Cada día son más
extensas las listas bibliográficas que se insertan en los libros. Por lo
general, la mayoría de los títulos reseñados el autor jamás los ha tenido
siquiera en sus manos, pero es de un efecto muy erudito llenar cuantos más
renglones mejor, viste mucho, es como prevenirle al lector: "Mire usted,
estoy muy enterado. Fíjese cuánto he leído".
Este autor lee
cuanto puede (creo que se nota), pero solamente como pie sobre el que levantar
su propia y personalísima andadura (creo que también se nota). Por lo general,
olvido ese aluvión de datos extraídos de otros libros, porque sólo me sirven
como excusa para tejer mis propias convicciones.
No solamente me
parece pueril y ridículo citar libros y autores consultados, por mucho que los
demás lo hagan; más aún: cuando cae en mis manos un trabajo en el que se cita
montón de otros como fuente, lo que pienso inmediatamente es que ese autor que
tanto lee, asimila y repite, lo que le pasa es que, realmente, no tiene nada
nuevo que decir. Esto mismo pensaba Séneca: "Es vergonzoso poseer como única sabiduría cosas aprendidas de memoria. Saca agua de tu propio pozo".
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© Gregorio Corrales.