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Ciudad de España Capital de la provincia de Baleares y de la comunidad autónoma de este mismo nombre, situada en la isla de Mallorca, en el rincón septentrional de la bahía de Palma 308.500 h. Situada al fondo de una de las más vastas bahías del Mediterráneo, este encantador puerto ha sucumbido al atractivo del mundo de los ocios. Cierto es que el viejo centro histórico no sólo ha sido preservado sino, incluso, revalorizado. Lo que, sin embargo, no ha impedido a Palma crecer casi con excesiva rapidez, triplicando en quince años su fachada marina urbanizada y reemplazando los encantadores paseos litorales sombreados por palmeras donde, todavía en 1970, se circulaba en carruaje, por una sofisticada red de autopistas que invaden sin vergüenza el espacio que, antaño ocupara el mar. En el centro de los 20 Km continuo de hoteles construidos entre Can Pastilla e illetas, algunos centenares de metros de ciudad histórica rompen el ritmo. El eje lo constituye el gran paseo del Borne, los escasos ríos de la isla. Al Este, en la colina, el barrio monumental y aristocrático de ayer rodea la CATEDRAL y se desarrolla hasta San Francisco al Oeste, en la colina de enfrente, las estrechas callejas del barrio del Jonquet (del que, como decoración, se han conservado tres molinos) recorren un universo que fue de los pescadores y artesanos en torno al macizo campanario de Santa Cruz. Dominando todo el panorama, sobre la terraza sostenida por las viejas murallas (reconstruidas en el siglo XVIII) y rodeada por el Parque del Mar, desde fecha reciente el macizo navío de la seo catedral fortificada, fue iniciado inmediatamente después de la reconquista (1230); la obra duró cuatro siglos y se terminó con un portal de estilo renacentista (comienzos del siglo XVII). Su construcción, maciza y erizada de torres y contrafuertes, es a la vez un templo, una fortaleza y una roca más entre acantilados. El mar la refleja y, quitándole la rigidez, la mece como si Palma tuviera dos catedrales, una entre cielo y tierra, hierática; vibrante la otra en el mar...
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Toda la aspereza de las fachada de la catedral de Palma se transforma en luz y suavidad en su interior. Sus vidrieras irisan rayos de sol entre las poderosas columnas. En cuanto el gótico de sus planos tiene retoques posteriores. El mismo Gaudí representa en ella el arte de nuestro siglo. En la capilla de la Trinidad se custodian los restos de los grandes monarcas de Mallorca: Jaime II y Jaime III.
Detrás del paseo, bulle el popularísimo barrio de Santa Catalina donde se han abierto últimamente algunos excelentes restaurantes.
Los palacios y las nobles casonas señoriales abundan en el barrio antiguo de la ciudad, próximas a la catedral, a la iglesia de Santa Eulalia y al paseo del Born. Conservan como tesoros sus bellos mobiliarios mallorquines. Las caracterizan sus hermosísimos patios interiores, llenos de luz y de paz, que pueden verse muchas veces desde la verja de entrada. Cabe citar entre ellos los palacios de Oleza, Morell, Ferradell, Berga, Despuig, Pueyo, Desbrull, Montenegro y el de Vivor, cuyo armonioso patio reproducimos.
Por lo que al puerto se refiere, cuya extensión se imponía, ha sido preciso hacerlo estallar. Por lo tanto, los viajeros desembarcan casi siempre a la entrada SO de la bahía, ante el antiguo barrio de Porto Pi, si es que han elegido, acertadamente, descubrir Palma llegando por mar.
El castillo de BELLVER, que mandara edificar Jaime II, hijo del Conquistador, a principios del siglo XIV, se alza frente a la bahía como símbolo de los años en que Mallorca fuera un reino independiente con un próspero comercio por el Mediterráneo. Sigue allí, erguido y airoso, a pesar de que su torre del homenaje y sus almenas, fosos y murallas no son ya parte de historias de prisioneros, sino albergue de un bello museo donde se conserva la estatuaria romana que coleccionó el sabio humanista Cardenal Despuig.
El castillo es gala y ornamento de Mallorca y Mallorca es la más bella joya del castillo, porque sis subir al montículo vale la pena para visitarlo y visitar su museo, valiera incluso un esfuerzo mil veces mayor sólo admirar la vista que desde allí se contempla. La bahía, la ciudad y sus alrededores, el puerto, la Catedral, el mar y el cielo, bañado todo por la luz dorada de unos atardeceres en los que la puesta de sol es inmensamente más hermosa de lo que pudiera serlo en cualquier otro lugar.
Desde el paseo de SAGRERA y sentado a la sombra de sus palmeras, se domina el puerto. En esta vía palmesana, soleada y alegre, se encuentra el monumento a Rubén Darío, el Consulado del Mar y el bellísimo monumento gótico de la Lonja (Bolsa), edificio de comienzos del siglo XVI (1426) mandado construir por el arquitecto que dio nombre al paseo: Guillermo Sagrera, donde se reunían los mercaderes de la ciudad.
Palma es una ciudad llena de contrastes,. Junto al trazado moderno y a los lujosos edificios de la plaza de la Reina, se exhiben y venden las frutas y verduras exquisitas del agro mallorquín.
También cabe destacar hacia la izquierda las playas y los hoteles de S'Arenal, Maravillas, Coll d'en Rabassa, Can Pastilla, Ciudad Jardín y a la derecha Corp-Mari, el Terreno, San Agustín, Cala Mayor, Cas Catalá, Ses Illetes, Portal Nous...Cada una con su propio ambiente y su paisaje distinto, tanto, que parecen haberse alejado kilómetros de la capital de la que no son sino una espléndida prolongación.