SAN FELIPE-GUAINÍA (COLOMBIA)

Misión en la periferia

Comunidad geral-chaweny a la hora de la catequesis

Cerca de la frontera con Venezuela los misioneros comparten la vida y la fe en Jesucristo con poblaciones marginadas y olvidadas.

San Felipe es un corregimiento del departamento colombiano de Guainía, situado en el nuevo vicariato apostólico de Inírida, a cuyo frente está monseñor Antonio Bayter Abud, misionero javeriano de Yarumal (mxy). El lugar está alejado de la ciudad de Inírida y desde aquí es prácticamente imposible la comunicación, por cualquier medio, con Santafé de Bogotá.

En este territorio colombiano, sumamente marginado, existe desde hace ocho años una misión fundada por los Misioneros Javerianos de Yarumal, quienes trabajan junto con las Hermanas Misioneras Siervas del Divino Espíritu con el deseo de ser instrumentos para que sea posible el Reino de justicia, solidaridad y fe, aunque las limitaciones sean muchas y de todo tipo: Geográficas, económicas, étnicas, religiosas, etc.

El campo de nuestra misión es ancho. Tenemos tres resguardos indígenas (bajo, medio y alto Guainía), habitados por kurripakos (en su mayoría evangélicos, desde los tiempos de Sofía Müller), y gerales y/o nhengatu, provenientes del Brasil. Hay, además, colonos, quienes han arribado a esta zona a partir de las bonanzas económicas ligadas a algunos productos: Pieles, caucho, maderas, fibra chiqui-chiqui y oro. Ahora están llegando desplazados por la violencia de otros lugares del país. Comunidad kurripako (El Porvenir), en la frontera con Brasil

Los caseríos y/o asentamientos indígenas son extremadamente lejanos unos de otros, por lo que las visitas del equipo misionero se prolongan por meses, aunque los desplazamientos se hagan en lanchas con motor fuera de borda. A las distancias hay que añadir la dificultad para encontrar los combustibles necesarios, los que hay que adquirir en Venezuela con el consiguiente costo en dinero, tiempo y papeleo.

La politiquería ha generado en las familias un enfermizo sentido de paternalismo, que las ha vuelto muy interesadas en los beneficios económicos que pueden sacar de la misión.

Por nuestra parte, nos hemos propuesto, de manera concreta, tres grandes líneas de trabajo: La pastoral de la evangelización (conocer y explicitar a Jesucristo para comunitariamente seguirlo, celebrarlo y comunicarlo); la pastoral de la formación (suscitar y acompañar la formación cristiana de las familias, establecimientos educativos y agentes de pastoral para construir una Iglesia viva y comprometida); y la pastoral social (propiciar en los miembros de la comunidad cristiana la encarnación de su fe para que se comprometan en la defensa de la persona y sus derechos).

Nuestros retos en este momento son: Seguir con el aprendizaje de las lenguas kurripako y geral; proveer a las comunidades católicas de buenos y comprometidos agentes autóctonos de pastoral; integrar y coordinar líneas de acción social con las demás instituciones que laboran en la zona; respaldar la creación de pequeñas cooperativas para generar empleo y, desde allí, resolver problemas urgentes de caracter étnico y familiar; integrar acciones con las instituciones indígenas; seguir en la línea de denuncia para respaldar la autonomía y la libertad de las etnias mencionadas.

En definitiva, aquí seguiremos con la decisión de acompañar a estos hombres y mujeres colombianos, que viven en territorios olvidados por el Estado, pero que también tienen deseo de conocer mejor a Jesucristo, misionero del Padre. Así obedecemos al mandato del Señor: "Vayan, pues, y anuncien a todos los pueblos".

Pbro. Carlos Enrique Ortiz Romero, mxy
San Felipe, Guainía

Monseñor Antonio Bayter Abud y el autor del artículo, celebrando confirmaciones

 
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