BALANCE

Cuadernos de historia del movimiento obrero internacional y de la Guerra de España

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 Textos del POUM sobre mayo

del 37 y el problema del poder

en la revolución española (1)

 

George Orwell

Andreu Nin

Julian Gorkin

 

 

Indice:

  

1.- George Orwell: "Yo fui testigo en Barcelona". Boletín de información sobre el proceso político contra el POUM, número 6, Barcelona, 15 diciembre 1937. TENGO AUTORIZACION DE H 16.

 

2.- Andrés Nin: "El problema de los órganos de poder en la revolución española". Juillet. Revue Internationale du POUM núm. 1, Paris- Barcelona, juin 1937.

 

3.- "Reunion du sous-secretariat international du POUM. 14 mai 1937. Rapport du camarade GORKIN sur les "journées du mai".

 

 

 

 

George Orwell.

  

"Yo fui testigo en Barcelona". Boletín de información sobre el proceso político contra el POUM, número 6, Barcelona, 15 diciembre 1937.

 

 P R E S E N T A C I Ó N

 

    Eric Blair llegó a España en diciembre de 1936. Se alistó casualmente en las milicias del POUM, y combatió en el Frente de Huesca desde enero hasta abril de 1937. De permiso en Barcelona, le sorprendieron los enfrentamientos armados entre dos facciones antifascistas, de un lado de la barricada las fuerzas represivas de la Genralidad, el PSUC y Estat Català; del otro lado de la barricada los trabajadores cenetistas y el POUM. Orwell, que no comprendía demasiado bien, al principio, las causas del enfrentamiento, no tuvo dudas del lado de la barricada en que debía estar, cuando supo que enfrente estaba la policía.

    Si  embargo, no fue la lucha en las barricadas, o el enfrentamiento entre antifascistas lo que impresionó a Orwell, Lo que le obsesionó siempre, y llegó a influenciar su obra literaria, fue la campaña difamatoria de los estalinistas contra los militantes del POUM y los anarquistas.

    Orwell vivió en carne propia la persecución e ilegalización del POUM, ordenada el 16 de junio de 1937 por el gobierno de la República, presidido por Negrín. Los estalinistas detuvieron a los líderes del POUM, y todos los militantes de ese partido fueron perseguidos, encarcelados o asesinados.

   Orwell, convaleciente de una herida recibida en el frente, logró escapar por casualidad, ya que se dirigía al Hotel Falcón, residencia habitual de los milicianos extranjeros del PUM, cuando a pocos metros fue avisado por un conocido del peligro existente: el Hotel había sido convertido en una prisión y checa estalinista.

    La indignación de Orwell radicaba en el asco que sentía por la manipulación de la verdad. Su obsesión, reflejada más tarde en sus novelas, radicaba en esa manipulación de los hechos y de la realidad que él mismo había vivido en Barcelona y el frente de Huesca en 1937. La verdad, la realidad, los hechos, el pasado, podían ser fácilmente manipulados por los estalinistas con noticias y análisis que diarios, publicaciones, editores, aparato de propaganda e intelectuales simpatizantes repetían machaconamente. De este modo la mentira, la falsedad más burda, la falsificación política y la difamación más grosera podían llegar a adquirir la categoría de hecho histórico.

    El artículo de Orwell, reproducido en este número de BALANCE, se publicó en inglés en el número de agosto de la revista inglesa CONTROVERSY, en francés en el número 255 (25 de septiembre de 1937) de LA RÉVOLUTION PROLETARIENNE, y en español en el número 6 (15 de diciembre de 1937) del BOLETIN DE INFORMACION SOBRE EL PROCESO POLITICO CONTRA EL POUM, editado clandestinamente por e POUM, pese a la formidable represión estalinista. Por lo tanto, este artículo había sido escrito poco después de su huida de Barcelona, el 23 de junio de 1937, ante el temor de ser encarcelado por haber combatido en las milicias del POUM. Recordemos que el 16 de junio el POUM había sido ilegalizado y sus líderes detenidos bajo la peregrina y fantástica acusación de organizar una banda de espionaje trosquista-fascista. Nin fue secuestrado por la GPU, torurado en Alcalá de Henares y por último asesinado. Hoy conocemos ya los nombre de sus asesinos: Gerö (que en 1956 sería el carnicero responsable de la represión del pueblo húngaro), Orlov, Jusik, Víctor, etc... Sin embargo, a Orwell le impresionó, mucho más que el asesinato, o la detención y persecución de los líderes y militantes del POUM, la campaña difamatoria que justificaba esa persecución; campaña cuya responsabilidad política correspondía a distintos niveles a  Codovila, Palmiro Togliatti, Vittorio Vidali, Stepanov, Jesús Hernández, Vicente Uribe, José Díaz, "La Pasionaria", Santiago Carrillo, y el resto de dirigentes estalinistas españoles, y en último término por supuesto al Gran Hermano Stalin.

    Cualquier miliciano que hubiese combatido en las milicias del POUM era perseguido y corría el peligro de ser encarcelado o asesinado. Y Eric Blair había sido miliciano del POUM en el frente de Huesca. El propio Orwell había vivido la desagradable experiencia de bajar herido del frente de Huesca, donde se combatía al fascismo, para encontrarse en Barcelona perseguido y acusado de trosquista-fascista.

   La tesis fundamental del artículo es la afirmación de que el Gobierno del Frente Popular tiene más semejanzas que diferencias con el fascismo. Era un paradoja brutal para un combatiente antifascista como Orwell. Paradoja que no llega a ser plenamente asimilada cuando nos dice que, pese a todo, es mejor seguir combatiendo el fascismo abierto de un Franco y un Hitler, porque su régimen siempre será peor que le fascismo encubierto del Frente Popular.

    Esta posición incoherente, fruto de una abrupta vivencia inmediata, fue modificada sólo dos meses después. Así, en la carta, fechada en septiembre de 1937, dirigida a Geoffrey Gorer, e incluida en el volumen "Mi guerra civil española", escribió:

"Después de lo que he visto en España he llegado a la conclusión de que es inútil ser antifascista e intentar mantener el capitalismo. El fascismo no es más que un desarrollo del capitalismo (...). Si se colabora con el gobierno imperialista-capitalista en la lucha contra el fascismo, es decir, contra un imperialismo competidor, en realidad se deja entrar el fascismo por la puerta de servicio."

   Tras su precipitada huida de Barcelona, Orwell, ya en Inglaterrra, asistió impotente y asqueado a la campaña difamatoria de lso estalinistas, y de tantos intelectuales de izquierda. El choque de sus propias vivencias, como miliciano del POUM, y las falsedades publicadas por la prensa, que repetían las infamias de Togliatti y el resto de líderes del PCE y del PSUC, y de amplios sectores estalinizados del PSOE, son la inspiración directa del "Gran Hermano" y el "Ministerio de la Verdad", auténticos portagonistas de la pesadilla que nos relata la novela "1984".

    Orwell estaba sorprendido por la virulencia de la represión estalinista, e indignado por la manipulación de los hechos y la realidad. Porque si la propaganda pasaba como verdad, la manipulación de la realidad y de los hechos era factible para quienes monopolizaban los medios de comunicación. La verdad se podía manipular desde el poder. La historia se podía fabricar según la voluntad del tirano y lso intereses del presente: QUIEN DOMINA EL PASADO DOMINA EL PRESENTE. Esa era precisamente la labor a la que se dedicaba William Smith, el protagonista de su novela "1984".

    Y eso era lo que estaban haciendo los estalinistas en España con el POUM. La indignación, la denuncia y el asco de Orwell ante esta situación se reflejó en "1984". El Ministerio de la Verdad se inspiró directamente en el gran engaño de los estalinistas sobre la Guerra Civil española, y por supuesto, en la manipulación de la historia de la revolución rusa: QUIEN DOMINA EL PASADO CONTROLA EL FUTURO.

    Hoys, tras la caída del muro de Berlín, derrocados los regímenes estalinistas en medio de la mayor de las ignominias, destrozado sin excusa posible el espejismo de los estados "obreros", desvelada sin engaño posible la naturaleza monstruosa, aberrante y aterradora del estalinismo, la historia ha demostrado la falsedad de las acusaciones que los líderes y militantes estalinistas del PSUC y del PCE lanzaron contra poumistas y anarquistas, con el único fin de asesinar la esperanza. Los revolucionarios de Julio del 36 tuvieron que enfrentarse a un enemigo colosal y desconocido, que se presentaba además como compañero, camarada y amigo, cuando era el más sanguinario y feroz de los verdugos de la revolución. Con todo, no fue la eliminación física de los revolucionarios del octubre ruso y de los revolucionarios españoles del 36, la mayor de las derrotas infligidas al movimiento obrero internacional por el estalinismo. El aniquilamiento de las organizaciones revolucionarias, la ilegalización y la persecución de sus militantes, supusieron la anulación de toda alternativa revolucionaria, y esto abría la vía para una segunda carnicería mundial. Sin embargo la mayor derrota no fue la eliminación física de los revolucionarios y de sus organizaciones, sino la apropiación del marxismo por el estalinismo. Apropiación que les sirvió además para justificar las aberraciones del capitalismo de Estado ruso. El marxismo, teoría de la revolución proletaria, fue utilizado como coartada ideológica de la contrarrevolución, y de sus atrocidades. Esa es la dura tarea que resurgió tras la caída de los regímenes estalinistas: la restauración del marxismo como teoría de la revolución.

   Las dos novelas más interesantes y emblemáticas de Orwell, "1984" y "Rebelión en la granja" no hubieran sido posibles sin las vivencias del escritor durante la guerra civil española.

    La obra literaria de George Orwell es profundamente amarga: William Smith capitula ante la tortura; su supervivencia personal implica también la muerte de la esperanza colectiva, y el absoluto triunfo del Gran Hermano. La historia, por una vez, a la altura de 1995,  parece ser más benigna que la imaginación: Nin, aun sometido a tortura, no se derrumbó ni "confesó" nada; y consiguió así salvar  a sus camaradas de partido de la pena de muerte y la ignominia.  El juicio a que fueron sometidos los dirigentes del POUM acabó en un auténtico fiasco para los estalinistas. El estalinismo asesinó en España la esperanza que toda situación revolucionaria concede a aquellos que de otro modo jamás podrían tomar el propio destino en sus manos. Pero la resistencia frente al terror estalinista de los revolucionarios españoles consiguió, ya en 1937 y 1938, una campaña internacional de solidaridad que obstaculizó y frenó la dureza de la represión. Y con el transcurso de los años esa resistencia ha obtenido su victoria más completa. Los regímenes estalinistas de toda Europa, cuya primera intentona se dió en España en 1938, han caido como decorados de cartón-piedra. El terror tiránico del partido, que para colmo del horror se presentaba como el paraiso del obrero en la tierra, ha sido vencido, denunciado y desvelado a la luz de quien quiera ver. Los crímenes de los sicarios soviéticos durante la Guerra Civil, celosamente enterrados en los archivos del KGB, han sido encontrados y revelados. Los asesinos (y quienes políticamente les apoyaron), esto es, los estalinistas rusos, italianos, y españoles, han de cargar con la vergüenza y el deshonor de sus crímenes, y las víctimas difamadas, esto es, los viejos poumistas, han conquistado, sin lugar a dudas, el honor y el reconocimiento por el que combatieron toda una vida. Por una vez, en la historia universal de la infamia, asistimos a un desenlace justo y digno, en el que los criminales pagan con el oprobio y la autoría reconocida públicamente de sus crímenes, y las víctimas ven compensados sus esfuerzos. Gracias al restableciomiento de la verdad histórica, frente a la falacia y la complicidad de los estalinistas del PCE y del PSUC, ha sido rehabilitado el honor del POUM y de los poumistas asesinados, perseguidos, juzgados y/o encarcelados bajo la indigna, injusta e inmerecida acusación de fascistas.

                                Agustín Guillamón, Barcelona, junio de 1995.

 

 

 

 

 

 

YO HE SIDO TESTIGO EN BARCELONA.

 

 

                        por George Orwell.

 

 

    

         De la revista Controversy, tribuna libre para las diversas tendencias del socialismo inglés, reproducimos a continuación el testimonio del compañero George ORWELL respecto a las jornadas de  mayo en Barcelona y la represión llevada a cabo contra nuestro Partido.

         El compañero George ORWELL, autor de The Road to Wigan Pier, ha combatido durante algún tiempo en  el frente de Aragón, al lado de sus compañeros del Independent Labour Party y en nuestra heroica  división 29.

         La reproducción de esta información que damos a título documental no presupone en manera alguna nuestra conformidad total con la misma.

         (Nota de la Redacción).

  

 

Yo he sido testigo en Barcelona

George Orwell


Ya se ha escrito mucho sobre las revueltas de mayo en Barcelona, y un cuadro sinóptico de los principales acontecimientos ha sido minuciosamente trazado por Fenner Brockway en el panfleto La verdad sobre las jornadas de Barcelona; cuadro que, en mi opinión, es totalmente exacto. Creo, pues, que lo más útil que puedo hacer es añadir simplemente, en mi calidad de testigo ocular algunas notas marginales referentes a algunos puntos particularmente discutidos.

Consideremos, ante todo, la cuestión de la meta perseguida, suponiendo que exista alguna, por la pretendida insurrección.

La prensa comunista ha afirmado que todo había sido una tentativa cuidadosamente preparada para derribar al Gobierno, e incluso para entregar Cataluña a los fascistas, provocando la intervención extranjera en Barcelona. Esta última insinuación es demasiado ridícula para precisar una refutación. ¿Si fuera cierto que el POUM y el ala izquierda de los anarquistas se hubieran aliado a los fascistas, cómo explicar que los milicianos en primera línea no hayan desertado, dejando una brecha abierta en el frente? ¿Cómo explicar que los transportistas, miembros de la CNT, hayan continuado, a pesar de la huelga, el abastecimiento de víveres al frente? Sin embargo, no puedo afirmar con plena certidumbre que un proyecto revolucionario preciso no haya existido en el ánimo de un pequeño número de extremistas, los bolchevique-leninistas en particular (que se tiene la costumbre de llamar trotsquistas),que distribuyeron octavillas en las barricadas. Lo que puedo afirmar es que los hombres de las barricadas no han considerado en ningún momento que tomaron parte en una revolución. Todos teníamos la sensación de estar defendiéndonos de una tentativa de golpe de Estado por parte de los guardias civiles que se habían apoderado por la fuerza de la Central Telefónica, y que aún podían apoderarse de otros locales si no nos mostrábamos determinados a luchar. Mi interpretación de la situación se basa en lo que los hombres hacían y decían realmente en aquel momento, y es la siguiente: los trabajadores bajaron a la calle espontáneamente para defenderse, y sólo había dos cosas que conscientemente querían, la restitución de la Central Telefónica y el desarme de los odiados guardias civiles. Hay que tener en cuenta también el resentimiento causado por la creciente miseria en Barcelona y el lujoso tren de vida de la burguesía. Ahora bien, es probable que existiera la posibilidad de derribar el Gobierno si se hubiera encontrado un jefe capaz de sacar partido. Parece plenamente admitido que el tercer día los obreros estaban en condiciones de tomar el poder en la ciudad; no puede negarse que los guardias civiles estaban profundamente desmoralizados y se rendían en masa. El Gobierno de Valencia podía, ciertamente, enviar tropas frescas para aplastar a los trabajadores (envió seis mil guardias de asalto cuando la lucha había acabado); pero no podía mantener esas tropas en Barcelona si los transportistas decidían no abastecerlos. Sin embargo, de hecho, no se encontró un jefe revolucionario decidido. Los líderes anarquistas desaprobaron toda la acción y dijeron: Volved al trabajo. Los líderes del POUM permanecieron dudosos. Las órdenes que recibimos en las barricadas defendidas por hombres del POUM, órdenes que emanaban directamente de la dirección del POUM, nos conminaban a sostener a la CNT, pero sin disparar, a menos que nos disparasen primero o que nuestros locales fueran atacados. (Personalmente, he sufrido en varias ocasiones el tiroteo, sin disparar como respuesta). Luego, como los víveres iban disminuyendo, los trabajadores, poco a poco, unos tras otros, volvieron al trabajo; y naturalmente, una vez que se les dejó dispersarse sin dificultad, empezaron las represalias.

Saber si se debió sacar partido de la situación revolucionaria es otra cuestión. Si he de dar mi opinión, yo respondería no. En primer lugar, es dudoso que los trabajadores hubiesen podido conservar el poder más de algunas semanas; y, en segundo lugar, ello hubiera significado la pérdida de la guerra contra Franco. Por otra parte, la actitud esencialmente defensiva de los obreros era a todas luces legítima: estuviesen o no en guerra, tenían el derecho de defender lo que habían conquistado en julio del 36. Quizá sea obvio decir que la revolución ha sido definitivamente perdida en esos días de mayo. Pero creo, sin embargo, que es un mal menor, aunque, a decir verdad, muy poco menor, el de perder la revolución que el de perder la guerra.

El segundo punto discutido concierne a los participantes. La táctica de la prensa comunista, casi desde el principio, fue la de pretender que la insurrección era únicamente, o casi únicamente, obra del POUM (secundado por algunos malhechores irresponsables, si hemos de creer el Daily Worker de Nueva York). Cualquiera que estuviese en Barcelona en esa época sabe que es una afirmación absurda. La enorme mayoría de los que defendían las barricadas pertenecían generalmente a la CNT. Y es este un punto importante, pues el POUM ha sido recientemente suprimido como chivo expiatorio de la revuelta de mayo; los cuatrocientos, o más, miembros del POUM, que pueblan en estos momentos las celdas inmundas e infestadas de chinches de Barcelona, lo están, oficialmente, por su participación en los disturbios de mayo. Es, pues, esencial demostrar que por dos buenas razones el POUM no ha sido, ni podía ser el motor. Primera razón: el POUM era un partido minoritario. Si se suma al número de miembros del partido los milicianos en permiso, y los apoyos y simpatizantes de todo tipo, el número de miembros del POUM en la calle no se acercaba ni con mucho a los diez mil (y probablemente no eran más de cinco mil); ahora bien, el número de participantes en la revuelta se cifraba en decenas de millares. Segunda razón: hubo una huelga general, o casi general, que duró varios días. Sin embargo, el POUM no tenía por sí solo poder alguno para desencadenar una huelga, y la huelga no hubiera tenido lugar si los militantes de la CNT no hubiesen querido. En cuanto a los comprometidos en el otro lado de la barricada, el Daily Worker de Londres, en una de sus ediciones, tuvo la desvergüenza de pretender que la insurrección había sido reprimida por el Ejército Popular. Todos saben en Barcelona, y el Daily Worker no puede ignorarlo, que el Ejército Popular ha permanecido neutral y sus tropas no han salido de sus acuartelamientos durante todo el período de disturbios. Algunos soldados, sin embargo, tomaron parte, pero a título individual. Yo he visto dos, uno en las barricadas del POUM.

El tercer punto concierne a la pretendida acumulación de armas del POUM en Barcelona.

Se ha difundido de tal modo este cuento que incluso un observador como H. N. Brailsford, por lo general con gran sentido crítico, lo acepta sin verificarlo, llegando a hablar de tanques y piezas de artillería que el POUM habría robado en los arsenales del Gobierno (New Statesman, 22 de mayo). En realidad, el POUM poseía desgraciadamente pocas armas, tanto en el frente como en la retaguardia. Durante los combates callejeros, estuve en las tres principales fortalezas del POUM, la sede de su Comité Ejecutivo, la del Comité Local y el Hotel Falcón.

Vale la pena enumerar detalladamente el armamento almacenado en estos edificios. Había en total unos ochenta fusiles, algunos de ellos defectuosos, además de algunas viejas armas de distintos modelos, todas fuera de uso por carencia de proyectiles adecuados. En cuanto a las municiones: unos cincuenta cartuchos por fusil, ninguna ametralladora, ni pistolas, ni balas de pistola, algunas cajas de granadas de mano, que además nos habían sido enviadas por la CNT tras el inicio del combate. Un eminente oficial de milicias que me habló sobre el tema pensaba que en Barcelona el POUM poseía en total unos 150 fusiles y una sola ametralladora. Era, pues, como se ve, el armamento justo para los guardias que en esta época, todos los partidos sin excepción, PSUC, CNT-FAI, situaban en sus locales más importantes. ¿Quizá se argumentará que, incluso durante las jornadas de mayo, el POUM continuaba escondiendo sus armas? ¿Pero entonces en qué queda la teoría de la revuelta de mayo, insurrección dirigida por el POUM para derrocar al Gobierno? En realidad, el mayor culpable, y con mucho, en cuanto al tema de las armas retenidas lejos del frente es el propio Gobierno. La infantería en el frente de Aragón estaba mucho peor armada que en Inglaterra un colegio de OTC. Por el contrario, las tropas de la retaguardia, guardias civiles, guardias de asalto, carabineros, que no habían sido destinados al frente, sino a mantener el orden (en realidad: intimidar a los trabajadores) en la retaguardia, estaban armadas hasta los dientes. Las tropas del frente de Aragón tenían fusiles Mauser deteriorados que se encasquillaban generalmente al cabo de cinco disparos, una ametralladora por cada cincuenta hombres, y una pistola o revólver por cada treinta hombres. Y esas armas, tan necesarias en las trincheras de la línea de fuego, no eran distribuidas por el Gobierno, sino que habían de ser compradas ilegalmente y con grandes dificultades. Los guardias de asalto poseían fusiles rusos, flamantemente nuevos, además cada grupo de doce hombres tenía su ametralladora. Estos datos hablan por sí solos. Un Gobierno que envía muchachos de quince años al frente con fusiles viejos con más de cuarenta años, y guarda sus hombres más fuertes y sus armas más modernas en la retaguardia, está manifiestamente más asustado por la revolución que por los fascistas. Ahí está la explicación de la debilidad de la política de guerra de los últimos seis meses, y del compromiso mediante el cual seguramente se terminará la guerra.

Cuando el POUM, la oposición de izquierda (pretendidamente trotsquista) heredera del comunismo español, fue suprimida el 16 y 17 de junio, el hecho en sí mismo no sorprendió a nadie. Ya desde mayo, e incluso desde febrero, era evidente que el POUM sería liquidado si los comunistas conseguían sus propósitos. Sin embargo, lo repentino de la supresión y la mezcla de perfidia y brutalidad con la que fue llevada la acción, cogió a todos, incluso a los líderes, desprevenidos.

Oficialmente, el partido fue suprimido haciendo recaer sobre los jefes del POUM la acusación, repetida durante meses en la prensa comunista sin que fuera tomada en serio por nadie en España, de estar a sueldo de los fascistas.

El 16 de junio, Andrés Nin, el líder del partido, fue arrestado en su despacho. La misma noche, sin previo aviso, la policía irrumpió en el hotel Falcón, una especie de pensión familiar organizada por el POUM y frecuentada principalmente por los milicianos con permiso, deteniendo a todos los que allí se encontraban, sin acusarles de nada en particular. Al día siguiente por la mañana, el POUM fue declarado ilegal, y todos sus locales, no solamente las oficinas, bibliotecas, etc., sino también las librerías y sanatorios para los heridos fueron embargados por la policía. En pocos días casi la totalidad de los cuarenta miembros del Comité Ejecutivo fueron detenidos. Uno o dos de ellos, habiendo conseguido esconderse, fueron obligados a entregarse cuando, con medios sacados de los fascistas, se tomó a sus mujeres como rehenes. Nin fue transferido a Valencia, y de allí, a Madrid, acusado de haber vendido informaciones militares al enemigo. Es inútil decir que las habituales confesiones, las misteriosas cartas escritas con tinta invisible, y otras pruebas, estaban ya listas para salir con tal abundancia que, razonablemente, no se podía considerarlas sino como preparadas con antelación. Hacia el 19 de junio, desde Valencia llegó a Barcelona la noticia de que Nin había sido fusilado. Esperábamos que el rumor fuera falso, pero apenas es necesario subrayar la obligación para el Gobierno de Valencia de fusilar algunos, una docena, quizá líderes del POUM si quiere que sus acusaciones sean tomadas en serio. Durante este tiempo, la base del partido, no solamente los miembros, sino también los soldados pertenecientes a las milicias del POUM, y los simpatizantes o apoyos de cualquier tipo eran arrojados a prisión en cuanto la policía podía capturarlos. Quizá sea imposible realizar una estadística exacta, pero todo indica que, durante la primera semana, hubo más de cuatrocientas detenciones, solamente en Barcelona. Se sabe, sin lugar a dudas, que las prisiones estaban tan llenas que un elevado número de prisioneros hubo de ser encerrado en tiendas y otros depósitos provisionales. Según todas mis investigaciones ninguna distinción se ha hecho en estas detenciones entre los que tomaron parte o no en los disturbios de mayo. En cambio, la prohibición del POUM tuvo validez retroactiva. Dado que el POUM acababa de ser ilegalizado, todos los que, en alguna ocasión, habían pertenecido al POUM fueron considerados infractores de la ley. La policía arrestó incluso a los heridos de los sanatorios. Entre los detenidos en una de las prisiones he visto, por ejemplo, dos hombres conocidos por mí, amputados de una pierna; y también un niño que no tenía más de doce años.

Y hay que pensar en lo que significa prácticamente el encarcelamiento en España en este momento. Sin hablar de la superpoblación de las cárceles provisionales, de las condiciones insalubres, de la falta de luz y aire y de la alimentación inmunda, se da la ausencia total de algo que pudiera parecerse a la legalidad. Nada más legítimo, por ejemplo, que el habeas corpus; pues bien, según la ley actualmente vigente en España, o, en todo caso, según su aplicación actual, cualquiera podía ser encarcelado indefinidamente, no sólo sin juicio, sino incluso sin acusación. Y en tanto no existe acusación, las autoridades pueden, si quieren, incomunicarle (es decir, uno no tiene el derecho de comunicarse ni siquiera con un abogado ni cualquier otra persona ajena a la prisión). Es fácil entender qué valor cabe dar a las confesiones obtenidas en tales condiciones. la situación es peor aún para los más pobres, dada la supresión del Socorro Rojo del POUM, que facilitaba un abogado a los encarcelados, y que ahora ha sido suprimido como otras organizaciones del POUM.

Pero el aspecto más odioso, quizá, de todo sea el haber impedido deliberadamente que toda información sobre estos hechos llegase a las tropas del frente de Aragón, por lo menos durante cinco días o más. Precisamente yo estaba en el frente del 15 al 20 de junio. Me trasladaron en ambulancia a pueblos de segunda línea, Siétamo, Barbastro, Monzón, etcétera. En todos estos lugares, los cuarteles generales de milicias del POUM, sus Comités del Socorro Rojo y demás organizaciones funcionaban normalmente; incluso tan lejos como en Lérida (a 100 kilómetros de Barcelona) y hasta el 20 de junio, absolutamente nadie sabía que el POUM había sido suprimido; no se decía una palabra en los diarios de Barcelona, mientras en el mismo momento en los de Valencia (que no llegaban al frente de Aragón) resplandecía el relato de la traición de Nin.

Como tantos otros camaradas he conocido la amarga experiencia del regreso a Barcelona para encontrarme con la supresión del POUM durante mi ausencia. Por suerte, fui prevenido justo a tiempo para poder escaparme, pero otros no tuvieron ocasión. Todo miliciano del POUM que viniese del frente en esta época podía elegir entre esconderse inmediatamente o ser metido instantáneamente en prisión. ¡Una recepción verdaderamente agradable tras tres o cuatro meses en primera línea del frente! La razón de esto era evidente: la ofensiva de Huesca acababa de empezar, y el Gobierno temía probablemente que si los milicianos del POUM se enteraban de lo que sucedía, estos abandonasen el frente. Personalmente no creo que la fidelidad de los milicianos se hubiera debilitado. Pero, en todo caso, tenían derecho a conocer la verdad. Hay algo indeciblemente odioso en el hecho de enviar hombres al combate (cuando yo abandonaba Siétamo, la lucha ya se había iniciado y los primeros heridos, metidos en las ambulancias, eran zarandeados en las abominables carreteras) ocultándoles que en ese mismo momento, a sus espaldas, su partido era suprimido, sus jefes denunciados como traidores, y sus amigos y parientes metidos en prisión.

El POUM era sin duda el más débil en número de todos los partidos revolucionarios, y su supresión no atañe, sino relativamente, a pocas personas. Según todos los indicios, no habrá en total más que una veintena, de fusilados o condenados a largas penas de prisión, centenares de existencias destrozadas, y algunos millares de perseguidos pasajeramente. Sin embargo, su supresión es, como síntoma, muy importante. En primer lugar, muestra claramente al extranjero lo que ya era evidente a ojos de algunos observadores en España: que el actual Gobierno tiene más puntos de semejanza que de diferencia con el fascismo (Lo que no significa en modo alguno que no valga la pena luchar contra el fascismo más abierto de Franco y Hitler. En cuanto a mí, ya había comprendido desde mayo la tendencia fascista del Gobierno, pero no por eso dejé de ir de nuevo voluntario al frente, como hice).

En segundo lugar, la eliminación del POUM es un signo descorazonador del inminente ataque contra los anarquistas. Ellos son los enemigos que los comunistas realmente temen, mucho más de lo que nunca han temido al POUM, numéricamente insignificante. Los líderes anarquistas han tenido ahora una demostración de los métodos que se emplearán también con ellos: la única esperanza que resta en lo que atañe a la revolución, y probablemente también a la victoria en la guerra, es que la lección les sea útil y se decidan y se preparen para defenderse antes de que sea tarde.
 
 
                                                                                      *
 
 

 

 

Andrés Nin

 

 "El problema de lor órganos de poder en la revolución española" (19 mayo 1937).

 

 

Publicado en francés en Juillet. Revue Internationale du POUM, nº 1, Paris-Barcelona, juin 1937.

 

 

 

 

 

 

P R E S E N T A C I O N

 

 

     El artículo de Nin, escrito en francés, que reproducimos traducido al español, fue publicado por primera vez con el título "Le problème des organes du pouvoir dans la Révolution espagnole", en la revista Juillet. Revue Internationale du POUM, número 1, Barcelone-Paris, Juin 1937.

     Se trata de un número único. La revista Juillet, que el POUM preparó especialmente de cara a la convocatoria de un congreso internacional, a celebrar en Barcelona el 18 de julio de 1937, se acabó de imprimir el 10 de junio. Recordemos que el 16 de junio, en vísperas del segundo congreso del POUM, fue detenida la dirección del POUM, y el partido ilegalizado tuvo que pasar a la clandestinidad. El Hotel Falcón[1], hasta entonces residencia de los simpatizantes extranjeros, fue convertido en prisión provisional. Los militantes y milicianos poumistas fueron perseguidos, encarcelados o asesinados. Los locales y propiedades del partido fueron incautados. Pese a todo la prensa del POUM continuó siendo editada y distribuida en la clandestinidad. Pero la difusión de la revista Juillet, que tenía redacción en Barcelona y París, fue sin duda muy limitada, dado que había sido concebida para la preparación de un congreso internacional que ya no iba a poder celebrarse. Las prioridades y urgencias del momento, tanto en España como en el extranjero, pasaban evidentemente por la denuncia de la represión estalinista, y la defensa política y física de los militantes del POUM.

     La revista contiene varios artículos destacados, y uno de los más interesantes es, sin duda alguna, el de Nin. No se trata de un artículo menor: ES LA RÉPLICA DE NIN A LAS CONTINUAS CRITICAS DE TROTSKY AL POUM[2].

      Nin había evitado, muy cuidadosamente, la polémica con Trotsky, y en La Batalla los escasos artículos de cariz antitrosquista habían sido firmados por "Spectator" (Kurt Landau), y podían ser considerados como defensa ante un ataque precedente.

     Con el artículo publicado en Juillet, Nin decidió responder a las críticas de Trotsky, no sólo porque era el momento y el lugar apropiado, sino también porque era ya una tarea necesaria e ineludible, ante la inminencia del congreso internacional convocado por el POUM.

     La réplica de Nin era agria y dura. Subrayaba el desconocimiento por parte de Trotsky de la realidad española. Según Nin, los análisis de Trotsky se limitaban a aplicar unos principios abstractos y un rígido esquema, extraído de la experiencia revolucionaria rusa de 1917, a una realidad social e histórica española profundamente distinta. Las revoluciones y los partidos no se dirigen a golpe de carta o de emisario especial. Nin no dejó de señalar que Trotsky y los trosquistas, a causa de su sectarismo, no consiguieron organizar en ningún país un núcleo lo bastante importante como para influir mínimamente en la clase obrera. Su papel en España se limitó a criticar con lupa lo que el POUM hacía y decía, o dejaba de hacer y decir. Trotsky pontificaba sin estar si quiera bien informado. Sus análisis rozaban la caricatura, y no tenían en cuenta las peculiaridades propias del caso español.

     En el artículo destacan DOS TESIS FUNDAMENTALES, HASTA ESTE MOMENTO SOLO ESBOZADAS POR NIN EN SUS DISCURSOS ANTERIORES A MAYO DEL 37:

 

1.- Tras el 19 de julio NO SE DIO EN ESPAÑA UNA SITUACION DE DOBLE PODER.

2.- En España la revolución no puede basarse en unos soviets inexistentes, sino en unos SINDICATOS, que a diferencia del resto de Europa, no son sindicatos corporativos y reformistas, sino políticos, y potencialmente revolucionarios.

             

     La tesis de que en España no existe una situación de doble poder,le sirve a Nin para justificar la participación del POUM en el gobierno de la Generalidad. Para Nin, el gobierno que se formó tras la disolución del Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA), no era más que un gobierno frentepopulista en continuidad con el CCMA. Trotsky se equivocaba, según Nin, al afirmar que el CCMA era un embrión de poder obrero: el CCMA era un organismo de colaboración de clases, y el gobierno de la Generalidad, nombrado en octubre de 1936, era sencillamente su continuidad.

     EL ABISMO IDEOLOGICO ENTRE NIN Y TROTSKY NO PUEDE SER MAS ACUSADO. Si bien Nin probablemente tiene razón sobre el carácter interclasista y frentepopulista del CCMA (en octubre del 36), no la tiene frente a la crítica fundamental de Trotsky. Porque éste denunciaba la política centrista del POUM, caracterizada por su colaboración en las tareas de reconstrucción del poder burgués, y su táctica de conquista pacífica (no insurreccional) del poder por el proletariado. Trotsky oponía a esa ambigua política CENTRISTA una política REVOLUCIONARIA, que suponía plantear una oposición intransigente al Frente Popular y a la dirección cenetista, para presentar en todo momento al POUM como la vanguardia revolucionaria del proletariado. Aunque aceptáramos, con Nin, que el CMA hubiese jugado el papel de un gobierno provisional frentepopulista, que posibilitó el restablecimiento del orden burgués; no es menos cierto que el CCMA también pudo haber sido el centro aglutinador de un poder obrero, que se manifestó en los innumerables comités-gobierno surgidos tras las jornadas revolucionarias de julio. Ocasiones no faltaron: tanto en julio del 36, como en mayo del 37, se produjeron situaciones revolucionarias en las que faltó un partido revolucionario, que condujera a las masas obreras a la conquista del poder. El POUM no fue, ni podía ser, ese partido. Para Trotsky el centrismo del POUM se definía por una terminología marxista y una práctica reformista, que lo situaba en el ala izquierda del Frente Popular. El POUM fue, según Trotsky, el principal obstáculo en el camino de construcción de un partido revolucionario. Los militantes del POUM fueron juzgados bajo la acusación de traidores a la república; mejor hubiera sido, como decía un destacado militante poumista, que hubieran sido juzgados por revolucionarios.

     La segunda tesis, esto es, la de que la revolución española

ha de basarse en los sindicatos, acerca a Nin a sus orígenes militantes, como defensor y representante de la vía sindicalista dentro del movimiento comunista de la Tercera Internacional. 

     También cabe destacar, en diversos párrafos del texto de Nin, el clarísimo intento de justificar la política "seguidista" del POUM respecto a la CNT.

     Nin atacaba el marxismo "dogmático" de Trotsky en nombre de un marxismo eminentemente pragmático. Se presentaba así mismo como realista y responsable, frente al "purismo" idealista y la ausencia de responsabilidades ("ergo irresponsabilidad", en palabras de Nin) de los trosquistas.

     Un aspecto muy interesante del artículo (ya esbozado en el Manifiesto del POUM tras las Jornadas de Mayo) es la importancia concedida a los "Comités de Defensa". Estos comités, de base cenetista, que eran organizaciones de tipo militar, surgidas tras las jornadas de julio, eran QUIENES HABÍAN DIRIGIDO LA LUCHA DE MAYO, según Nin. La afirmación es de una importancia extraordinaria, y nos EXPLICA LÓGICA Y RAZONADAMENTE el mito historiográfico de la "espontaneidad" de la respuesta de la clase obrera barcelonesa y catalana durante los sucesos de mayo del 37. De ahí que la consigna propuesta por Nin y el POUM, el 19 de mayo de 1937, sea la ampliación de esos "comités de defensa", y su centralización y transformación en "comités de defensa de la revolución".

     Nin terminó su artículo con una conclusión algo forzada.

Aunque había negado la existencia de un doble poder, afirmaba que eso no era obstáculo para que, tras el triunfo de una insurrección revolucionaria, la clase obrera tomara el poder, de modo que la cuestión de los órganos de poder se plantearía a posteriori. La importancia de esta conclusión radica en lo que no dice: Nin parece que ha abandonado definitivamente la tesis, defendida obstinadamente por el POUM antes de mayo (y agriamente denostada por Trotsky), de la posibilidad de una conquista pacífica del poder por el proletariado.

     En esta presentación al artículo de Nin no pretendemos mediar, ni mucho menos pontificar, en las duras e incluso, en ocasiones, insultantes críticas cruzadas entre los trosquistas y el POUM[3]. Nos basta con dar a conocer y situar históricamente un texto importante de Nin, INÉDITO EN ESPAÑOL hasta su publicación en el número 2, de la serie de estudios e investigaciones, de Balance (1994).

     Las críticas trosquistas pueden resumirse en que se pide al POUM que desempeñe el papel de un partido revolucionario; pero para el POUM esto era pedir peras al olmo.

     El estudio de las posiciones políticas de Nin y Trotsky (y de sus diferencias) durante la guerra civil, que en esta breve presentación apenas podemos simplificar (con los riesgos que ello supone), cuenta ya con numerosos estudios de desigual valor. Quien esté interesado en leer los textos de Trotsky o de Nin tiene a su alcance diversas recopilaciones. Por fortuna, contamos con dos obras excepcionales para comprender la guerra civil española[4]. A estos textos remitimos al lector que quiera profundizar en el tema.

     Con esta presentación sólo hemos querido facilitar la lectura y comprensión de un artículo FUNDAMENTAL PARA EL CONOCIMIENTO DEL PENSAMIENTO Y LA EVOLUCION POLITICA DE NIN, que ha sido ignorado hasta ahora en todas las antologías publicadas.

    

                                                                                  *

 

  

 

 

     EL PROBLEMA DE LOS ORGANOS DE PODER EN LA REVOLUCION ESPAÑOLA[5].

 

 

                            por Andrés NIN.

 

 

         Nada es más antimarxista que aplicar a todos los acontecimientos y a todas las situaciones revolucionarias, un esquema preparado de antemano y válido para todos los casos y todas las latitudes. Los seudomarxistas que recurren a este procedimiento, en lugar de partir de las situaciones concretas para elaborar la táctica más adecuada, pretenden someterla al esquema, especie de panacea universal que, cuando se administra, produce resultados completamente negativos. Tal fue el caso de la Internacional Comunista durante el famoso "tercer período" cuya política preparó la victoria del fascismo en Alemania. Tal es el caso de los trosquistas[6], cuyas maravillosas fórmulas se han demostrado en la práctica absolutamente estériles. Trotsky posee también su panacea universal, pero no ha llegado a constituir en ninguna parte un núcleo más o menos importante, ni a ejercer ninguna influencia sensible en ningún país.

    

         Los marxistas "puros" que nos han llegado aquí y que, con la irresponsabilidad que les confiere el privilegio de no tener ninguna responsabilidad, se consagran a examinar con lupa los documentos y resoluciones del POUM, en búsqueda de errores y desviaciones, estos marxistas "puros" también tienen su esquema: la revolución rusa y el leninismo, pero se guardan bien de tener en cuenta las particularidades específicas de nuestra revolución y de que el leninismo no consiste en la repetición mecánica de algunas fórmulas, ni en aplicarlas a todas las situaciones, sino en estudiar la realidad viva con la ayuda del método marxista. La experiencia de la revolución de 1848 y de La Comuna de París ayudaron eficazmente a Marx y Lenin a elaborar su táctica revolucionaria, pero tanto uno como otro aplicaron las lecciones de esta experiencia a cada situación concreta y las adaptaron a las condiciones de lugar y tiempo en correlación con las fuerzas existentes. La revolución rusa encierra inapreciables enseñanzas para el proletariado internacional; pero sería un procedimiento absolutamente extraño al marxismo el de trasladar mecánicamente a España la experiencia rusa, tal y como pretenden los desgraciados adeptos de Trotsky que, sin raíces ni prestigio en nuestro movimiento obrero, se esfuerzan en vano en desacreditar a la vanguardia revolucionaria española.

 

 

LA EXPERIENCIA RUSA Y LA REALIDAD ESPAÑOLA.

 

         Uno de los problemas más importantes que se plantean a nuestra revolución es incontestablemente el de los órganos de poder. ¿Es necesario decir que los celosos guardianes del "marxismo puro" - púdicas vestales que rehúyen todo contacto con la vil realidad - se han apresurado a aplicar "el patrón" ruso a la revolución española y a ofrecernos la fórmula salvadora?

         El esquema no puede ser más simple: "En Rusia, con la creación de los soviets apareció la dualidad de poderes. De un lado los soviets; del otro el Gobierno Provisional. La lucha entre los dos poderes se terminó mediante la eliminación del Gobierno Provisional y la conquista del poder por los Soviets. Ergo, la premisa indispensable para la victoria de la revolución proletaria es la existencia de la dualidad de poderes. En julio, en todas las poblaciones, aparecieron unos Comités unidos por un Comité Central de Milicias, que constituían el embrión del poder revolucionario frente al Gobierno de la Generalidad. A la supresión de estos Comités, el POUM debía responder con una vasta campaña de agitación con el objetivo de reconstituirlos."

         No puede negarse que la existencia de la dualidad de poderes es un factor de extraordinaria importancia en la revolución y que, en 1917, jugó en Rusia un papel decisivo. La dualidad de poderes apareció como resultado de la existencia de unos Soviets que, de los simples comités de huelga que eran al principio, se convirtieron a causa de circunstancias particulares y específicamente rusas, en órganos embrionarios del poder proletario. ¿En qué consistían fundamentalmente estas condiciones particulares y específicas? En que el proletariado ruso, que no había pasado por una etapa de democracia burguesa, no poseía ninguna organización de masas, y por lo tanto, una tradición de ese tipo. Los Soviets fueron los órganos creados por la revolución, en los que los trabajadores se agrupaban, y que se convirtieron automáticamente en un instrumento de expresión de sus aspiraciones. El dilema "soviets o sindicatos" no podía plantearse porque estos últimos, en realidad, no comenzaron a organizarse sino tras la revolución de febrero.

 

 

EL PAPEL DE LOS SINDICATOS EN ESPAÑA.

 

         En España, la situación concreta es muy diferente. Los sindicatos gozan de un gran prestigio y una gran autoridad entre los trabajadores; existen desde hace muchos años, tienen una tradición y son considerados por la clase obrera como sus instrumentos naturales de organización. Por otra parte, los sindicatos de nuestro país no tienen, como en otras partes, un carácter puramente corporativo; no se han limitado jamás a la lucha por reivindicaciones inmediatas, sino que son organizaciones de tipo auténticamente político.

         Esta circunstancia explica en gran medida, que la revolución no haya creado organismos específicos dotados de vitalidad suficiente para convertirse en órganos de poder. Por costumbre y tradición, el obrero de nuestro país se dirige al sindicato tanto en las situaciones normales como en los momentos extraordinarios.

         ¿Esto es bueno o malo? Es en todo caso una realidad, y el marxismo digno de este nombre debe juzgar no según sus deseos y desde un punto de vista subjetivo, sino según la realidad concreta. El marxismo actúa con lo que es y no según lo que quisiera que fuese.

 

 

LOS COMITES REVOLUCIONARIOS Y EL COMITE CENTRAL DE MILICIAS.

 

         "Sin embargo - se nos objetará - durante las jornadas de julio se constituyeron Comités revolucionarios en todas las poblaciones." En efecto, pero los Comités, que, lejos de ser organismos estrictamente proletarios, eran órganos del Frente Popular, ¿podían jugar el papel de los Soviets? ¿Se ha olvidado que "todos" los partidos y organizaciones antifascistas, desde Acción Catalana, netamente burguesa y conservadora, hasta la FAI y el POUM, formaban parte de esos Comités? El Comité Central de Milicias, formado sobre esas mismas bases, no podía ser el embrión del poder revolucionario frente al Gobierno de la Generalidad, dado que no era un organismo proletario, sino de "unidad antifascista", una especie de gobierno ampliado de la Generalidad. No existía pues la dualidad de poderes[7], sino dos organismos análogos por su constitución social y su espíritu. Podría hablarse de dualidad de poderes si el Comité Central de Milicias y el Gobierno de la Generalidad hubiesen tenido una composición social diferente. ¿Pero cómo podían oponerse si tanto uno como otro era, en el fondo, equivalentes?

         Conviene señalar por fin que, incluso en los momentos de mayor esplendor de los Comités, los sindicatos continuaron jugando un papel preponderante. No era el Comité Central de Milicias, sino los Comités de las Centrales sindicales quienes trataban, en primer lugar, las cuestiones más importantes.

 

 

LA POSICION DEL POUM ANTE EL PROBLEMA DE LOS ORGANOS DE PODER.

 

         El POUM no dejó de comprender sin embargo desde el primer momento que la creación de órganos proletarios destinados a reemplazar los de los poderes burgueses podían tener una inmensa influencia sobre el desarrollo progresivo de la revolución. A este efecto, opuso al Parlamento, que republicanos y estalinistas pretendían resucitar, la Asamblea Constituyente de los Comités de obreros, campesinos y combatientes. Pero la consigna no caló entre las masas obreras. El POUM intentó más tarde, con un resultado semejante, que la consigna fuera más precisa formulándola de la siguiente forma: "Congreso de delegados de los sindicatos obreros, de las organizaciones campesinas y de los combatientes". El término de "asamblea" fue reemplazado por el de "congreso", más comprensible para los trabajadores, y la representación obrera surgía directamente de las organizaciones sindicales, es decir, de los organismos ya existentes. La consigna siguió teniendo el carácter de "consigna de propaganda", y no se implantó entre las masas.

         ¿Por qué, a pesar de todo, - se nos objeta - el partido no hizo prácticamente nada para crear Comités?  Porque, dado que las masas obreras no experimentaron la necesidad de su creación, se hubiera convertido en una tentativa estéril, sin trascendencia alguna. Por otra parte, quienes se sirven de tal argumento olvidan que los bolcheviques - cuya actividad nos ofrecen constantemente como ejemplo a imitar servilmente - no crearon los soviets. Su gran mérito histórico consistió precisamente en partir de una realidad concreta, los soviets ya existentes - que habían sido creados espontáneamente por los trabajadores, por primera vez en 1905 -  para convertirlos en instrumentos de insurrección primero, y en órganos de poder acto seguido. Y a quienes nos acusan de no tener una orientación fija sobre esto, hemos de hacerles observar que la táctica no puede ser inmutable ni rectilínea, sino dialéctica - es decir, que es necesario adaptarse a la realidad cambiante - y a invitarles a estudiar cuidadosamente la actividad bolchevique en 1917, a fin de que se persuadan de que el partido bolchevique no se limitó a repetir constantemente una misma consigna, sino que cambió varias veces sus consignas según las circunstancias.

 

 

LOS COMITES DE DEFENSA DE LA REVOLUCION.

 

         Las jornadas de mayo en Barcelona han hecho revivir ciertos organismos que, durante estos últimos meses, habían jugado un cierto papel en la capital catalana y en algunas localidades importantes: los Comités de Defensa. Se trata de organismos principalmente de tipo técnico-militar, formados por los sindicatos de la CNT. Son éstos, en realidad, quienes han dirigido la lucha[8], y quienes constituían, en cada barrio, el centro de atracción y organización de los obreros revolucionarios. Partiendo de lo que es, nuestro partido preconizó la ampliación de estos organismos para su transformación en Comités de Defensa de la Revolución formados por los representantes de todas las organizaciones revolucionarias. El POUM propuso su creación no solamente en los barrios, sino en todos los lugares de trabajo, y la constitución de un Comité Central encargado de coordinar la acción de todos los Comités de base. Su iniciativa no tuvo un resultado práctico inmediato. Nuestro militantes actuaron en estrecho contacto con los "Comités de Defensa" existentes, pero no llegaron a crear un solo Comité que estuviese en armonía con nuestra concepción.

         Actualmente, el partido continúa repitiendo la misma consigna y da instrucciones concretas a todas sus secciones para que la difundan y dirijan todos sus esfuerzos en hacerla realidad. ¿Tendrá éxito nuestro objetivo? La experiencia lo dirá; pero en todo caso, no renunciamos a lanzar consignas que se adapten mejor a la realidad concreta de cada momento, y en caso necesario a relegar a un segundo plano la de los Comités si las circunstancias exigen momentáneamente otra, para situarla de nuevo en primer plano cuando las circunstancias varíen. Tal fue el caso de la consigna lanzada con ocasión de una reciente crisis del Gobierno de Cataluña, "formación de un gobierno constituido por todos los representantes de todas las organizaciones obreras", gobierno al cual se le asignaba como misión principal la convocatoria de un Congreso de delegados de los sindicatos, las organizaciones campesinas y los combatientes; tal fue también el caso de la consigna "constitución de un gobierno CNT-UGT", preconizado con ocasión de la formación del gobierno contrarrevolucionario de Negrín, paralelamente al de la creación de Comités de Defensa de la Revolución.

 

 

¿LA EXISTENCIA PREVIA DE LA DUALIDAD DE PODERES ES INDISPENSABLE PARA LA VICTORIA PROLETARIA?

 

         Para terminar, queremos someter a un rápido examen la tesis según la cual la premisa indispensable para la victoria proletaria es la existencia de la dualidad de poderes.

         Apresurémonos a declarar que nos negamos a otorgar la cualidad de "dogma de fe" a esta tesis. La creación de Comités, Soviets, u otros organismos revolucionarios de masas, y la dualidad de poderes resultante, constituye un instrumento poderoso y muy eficaz en manos de los trabajadores; pero tenemos la absoluta convicción de que la conquista del poder político por el proletariado, en nuestro país, es posible sin que existan previamente los órganos del poder. ¿Puede negarse, quizás, la posibilidad de que en un momento determinado la clase obrera, después de una insurrección victoriosa[9], tome el poder y se constituya un gobierno compuesto por representantes de organizaciones revolucionarias, que hubieran tomado el mando de la insurrección? ¿Deberíamos entonces rechazar, por fidelidad estúpida a un esquema abstracto, el formar parte de ese gobierno? ¿Ese gobierno no sería un gobierno obrero y revolucionario? Y si esta hipótesis, perfectamente factible, se realizara, la creación de órganos adecuados de poder se plantearía como un problema posterior a la conquista de éste por el proletariado.

         Estas son, sucintamente expuestas, algunas reflexiones que nuestra realidad revolucionaria nos sugiere sobre el problema de los órganos de poder. Sabemos de antemano que no dejarán satisfechos a los amigos de resolver todos los problemas con ayuda de una receta sabiamente elaborada, buena para todos los casos. Pero el marxismo, que no es un dogma, sino un método para la acción, rechaza las fórmulas para actuar sobre la realidad viva y mutable. Lo fundamental es la estrategia revolucionaria; en cuanto a la táctica, hay que adaptarla a la realidad. Evidentemente, esto es más difícil que repetir mecánicamente una fórmula.

 

                                          ANDRÉ NIN

                                 Barcelone, 19 mai 1937.

 

                                                                                              *

 

 

 

GORKIN

  

Reunión del Subsecretariado Internacional del POUM, 14 de mayo de 1937. Informe del camarada Gorkin sobre las "jornadas de mayo".

  

     Debemos confesar que la amplitud del movimiento que se inició el 3 de mayo ha sorprendido a todo el mundo, pero nuestro partido que no había cesado desde hace meses de anunciar las maniobras de la contrarrevolución había previsto ya una provocación de los estalinistas aliados con los reformistas.

     El movimiento se produjo en una atmósfera de persecución contra los elementos revolucionarios (contra el POUM desde hacía meses y contra los elementos de base de la CNT y de la FAI), y de política reaccionaria del Gobierno de la Generalidad, gobierno que los meses precedentes no dejó de atacar las conquistas revolucionarias. Las masas que durante semanas y meses habían asistido a esta etapa contrarrevolucionaria, demostraron ese día que no tolerarían que se fuera más lejos en esa vía.

     Es necesario entender que las masas catalanas, que el 19 de julio habían derrotado al fascismo, y acto seguido habían tomado en sus manos las ruedas económicas del país, el control de los transportes y de los vías de comunicación, habían vivido bajo la ilusión de que habían establecido el poder obrero. No se habían dado cuenta de que al no disponer del poder político todas sus conquistas podían serles arrancadas en cualquier momento.

     Al día siguiente del movimiento, la prensa estalinista y republicana intentó hacer creer que el movimiento había sido provocado por el POUM, dirigiendo a los "incontrolados". En realidad el movimiento fue totalmente espontáneo. Sin duda esta espontaneidad, muy relativa, debe explicarse. Después del 19 de julio se había creado un poco por todas partes, en Barcelona y en Cataluña, "Comités de Defensa", organizados sobre todo por elementos de base de la CNT y de la FAI. La existencia de estos comités fue durante algún tiempo poco activa, pero sin embargo puede decirse que el 3 de mayo fueron ellos quienes movilizaron a la clase obrera. Fueron los grupos de acción del movimiento. Se sabe que ninguna de las centrales sindicales dió orden de huelga general. Pero los trabajadores, al darse cuenta del combate que acababan de emprender los Comités, no fueron al trabajo. Este comienzo del movimiento no debe sorprendernos

demasiado, pues los trabajadores tienen tradicionalmente la costumbre en Barcelona de provocar la huelga mediante la ocupación de los puntos estratégicos (cocheras de tranvías o autobuses, centrales eléctricas) que paralizan la ciudad.

     Desde el inicio del movimiento el POUM se dió cuenta que tendría carácter caótico, a causa de la ausencia de objetivos precisos para la acción de las masas, y que tal movimiento no podría llevar a la conquista del poder. Pero dadas sus luchas precedentes contra el reformismo y el estalinismo, dado que el POUM había alertado continuamente a las masas obreros para que resistieran a la contrarrevolución, a causa de todas sus tradiciones, el POUM debía situarse al lado de las masas en lucha. Por otra parte, los militantes del POUM participaban ya en el combate y habrían rehusado retirarse. Pero el ,papel del POUM debía ser el de siturase a la vanguardia de las masas, intervenir en la lucha para intentar imprimirle una dirección. Y esto es lo que hizo.

     Desde el primer día el POUM ha hecho grandes esfuerzos para aliarse con el Comité Regional de la CNT, a fin de dirigir el movimiento en común. El 3 de mayo por la noche, se hizo una reunión con el CR de la CNT. Los dirigentes del POUM señalaron la gran importancia del problema de la Telefónica, y recordaron las causas y las responsabilidades. Tras la ocupación de la Telefónica estaba la Esquerra[10] y el PSUC[11]. Si el golpe hubiera triunfado, habrían proseguido por esta vía. Esta acción particular formaba parte de todo un plan de reacción. Pero los contrarrevolucionarios no esperaban tal respuesta del proletariado.

     Pero hoy sabemos de una manera casi concreta que este plan de ataque fue adoptado en París en la reunión de los diecisiete partidos comunistas. En estos momentos entre París, Londres y Moscú se está preparando la mediación. Paralelamente al trabajo hecho en el campo fascista (disolución de Falange Española, centralización de todo el mando en las manos de Franco), se intenta en nuestro campo anular a la vanguardia revolucionaria.

     En Valencia, hay una resistencia a este proyecto de mediación por parte de la CNT, de la base socialista y del mismo Largo Caballero. Toda tentativa para constituir un gobierno sin la CNT y sin Caballero ha fracaso hasta ahora. Caballero ha amaenzado, si se intentaba, con constituir un miniesterio CNT-UGT, sin republicanos ni comunistas.

     Los comunistas se han desarrollado durante los últimos tiempos en España bajo el símbolo de Caballero y en la actualidad Caballero actúa contra las tendencias estalinistas, pues ha comprendido que la Unidad de los Partidos socialista y comunista sería la abosrción del Partido socialista y que él mismo debería someterse a Moscú. Esa es la razón por la que se opone a la acción de Moscú.

     El Partido comunista que antes atacaba a Prieto a cambiado de táctica. Ahora ataca a Caballero y venera a Prieto. ¿Por qué? El Partido comunista en España representa la acción de Moscú. Moscú ha decidio la liquidación de la Internacional Comunista y la constitución de una Internacional de Frente Popular, en función de que considera que no hay un movimiento revolucionario de masas. Estos Frentes Populares serían agentes del reagrupamiento político en la perspectiva de la próxima guerra con Alemania.

     En España, los comunistas han obligado a Largo Caballero a aceptar cuatro ministros de la CNT. Tenían la idea en esa época de hacer de la CNT una fuerza gubernamental a fin de encadenarla al poder. Es la embajada soviética quien ha impuesto su entrada en el gobierno. Pero ahora Moscú se da cuenta que a pesar de que ha dejado cuatro rehenes en el gobierno, la CNT continúa su trabajo de base. Como la táctica de los comunistas no ha dado los resultados que esperaban los estalinistas, ahora Moscú quiere liquidar a Caballero y la CNT. En el último mitin de los comunistas en Valencia, se dijo que un gobierno que no puede acabar con el POUM no puede ser el gobierno de la Victoria.

     Prieto es el hombre de INglaterra y de Francia. Prieto es socialista, pero vasco. Posee el diario El Liberal que le hasido entregado por los nacionalista vascos. Tiene interese en las empresas industriales del País Vasco. El País Vasco es propiedad de los nacionalistas vascos, de Inglaterra y de Francia. El gobierno vasco sigue las órdenes de Inglaterra. Prieto, de acuerdo con los republicanos, está contra la revolución. Quiere que la guerra termine y se haga un empréstito extranjero para levantar España. Pero ese empréstito sólo puede conseguirse a condición de que la Revolución sea aplastada.

     Al día siguiente del movimiento, la CNT intentó justificarse. Explicó: nosotros somos revolucionarios. No podíamos tolerar el aplastamiento de las masas. Pero ya antes del estallido del movimiento, seis destructores franceses e ingleses marchaban en dirección a Barcelona. Se estaba ante el proyecto de intervención extranjera contra la revolución española. La CNT temía muchísimo la crítica del POUM.

     El POUM podía pensar que se le situaría en la ilegalidad. Pero eso no sucederá[12]. Los comunistas piden nuestra eliminación. Comprenden que el poder esos días [las jornadas de mayo] estuvo en la calle. Y que si hubiéramos querido habríamos podido, al menos temporalmente, tomarlo. De ahí viene su rabia.

     Los estalinistas no han triunfado completamente en sus proyectos. Y la prueba fue dada, el día 6 por la mañana, cuando tras haber dado la orden de retirada, (el POUM tuvo que unirse a esta orden, pues había sido lanzada por la CNT) las masas se retiraron de sus puestos de combate, pero al apercibir que la Esquerra y el PSUC querían obtener un beneficio político de tal retirada, la abandonaron y reemprendieronla ofensiva. Fue el día de lucha de mayor violencia. Incluso los cañones entraron en acción. Ese día "Los Amigos de Durruti" vinieron a entrevistarse con el POUM. Las Juventudes Libertarias pidieron la presencia del POUM en una reunión con la FAI (Comité Local).

     Ese día el problema se había planteado claramente: si se llegaba a constituir un Comité Central Revolucionario, quizás mañana se podría vislumbrar la toma común del poder con otras organizaciones revolucionarias.

     Sin embargo por la tarde, Vázquez, hombre de la CNT que gozaba de una cierta popularidad, había intervenido por la radio en favor del abandono de la lucha. Se vió que se iba hacia el fin del movimiento. Se imponía la retirada.

     Pero hoy, está claro que conquistando la base de la CNT, el POUM puede convertirse en el Centro de la Revolución.

     Hubo traición por parte de la CNT. Pero la táctica nos impone hacer esta crítica con precaución, para no aislarnos. Si la cabeza de la CNT fuera atacada frontalmente, la base de la CNT se levantaría unánime en su defensa. El POUM explicará que no pretende la hegemonía del poder revolucionario, sino por el contrario ejercerlo en común con el resto de organizaciones revolucionarias. Por esta razón lanza sus consignas de unidad revolucionaria: Comités de Defensa de la Revolución, Frente Obrero Revolucionario. Estos Comités de Defensa Revolucionaria deben fundarse ahora en todos los barrios, fábricas, localidades. De órganos de defensa, pueden transformarse en los órganos de poder. Creemos que no es más que una prueba de sectarismo exigir que los órganos de poder sean creados antes de la toma del poder.

Esos órganos pueden crearse inmediatamente después.

     La CNT que ha capitulado empieza a cambiar de tono. Intenta ahora justificar el movimiento, las jornadas de mayo. Se pondrá de acuerdo con el POUM para aplastar a los contrarrevolucionarios. Frente a la contrarrevolución, es necesario crear los factores de la revolución.

     Si se hubiera tomado el poder, la situación hubiera sido ciertamente muy difícil, pero no hay que olvidar que las comarcas catalanas no han entrado en acción. Han permanecido inertes y aisladas de Barcelona. Sin embargo, en Gerona, desde el principio, el POUM y la CNT unidos han controlado enteramente la ciudad. El PSUC y el resto de partidos no han hecho nada. En Sitges, la Esquerra y el PSUC han ido a entregar sus armas al POUM. En Lérida, el delegado de Orden Público que había ocupado la calle y las terrazas con la fuerza armada, tuvo que entregar la ciudad casi inmediatamente tras la intervención de la fuerza obrera.

     Hay que añadir que en el frente, contrariamente a la información alimentada por el PSUC, todos los milicianos hablaban de la toma del poder y se declaraban preparados para venir a sostener a sus camaradas en la retaguardia.

     Si se hubiera tomado el poder, el Gobierno Central habría tratado con Cataluña, pues Cataluña es la región más antifascista de toda España. Y habría temido las repercusiones de una represión violenta, pues la CNT en los frentes de Madrid por ejemplo, ha suministrado  los mejores combatientes.

     No hay duda que un tal gobierno revolucionario hubiera podido tratar con el resto de partidos de España y habría extendido la situación revolucionaria.

     LA ILEGALIDAD DEL POUM.-    La CNT se ha opuesto. Conoce a los responsables de los hechos. Sabe que si el POUM fuera aplastado, el turno de la CNT sería el siguiente. la CNT ha pedido la restitución de La Batalla al POUM. Ha colaborado con nuestro Socorro Rojo por la liberación de los prisioneros. Teme nuestras críticas, teme ser acusada.

     EL FUTURO.- El POUM tiene ahora el favor de las masas. Las masas de la CNT comprenden el valor de las consignas lanzadas por el POUM: Comités de Defensa de la Revolución, Frente Revolucionario, Asamblea de constitución de un Comité Central Revolucionario.

     Lo que nos hace falta ahora es llevar a cabo una acción intensa para aclarar la situación my extraer las lecciones de esta experiencia de lucha.

     La situación es favorable pues hay muna reacción formidable de la CNT, los socialistas, e incluso algunos republicanos, contra el PSUC. Este en estos momentos está obligado a mantenerse a la defensiva.

     El CE de la UGT se ha opuesto a la exclusión de miembros del POUM de su seno. Hemos de resistirnos a la exclusión. Cuando lo juzguemos útil podremos cambiar de táctica y llevar a nuestras masas a la CNT.

                                                                     *  *  *  *  *

     El Congreso del POUM se ha fijado para el l9 de junio.

     La Conferencia Internacional para el 19 de julio.

                                                                        *  *  *  *  *

 

 

 

 

    [1]El Hotel Falcón se encontraba situado en las Ramblas, en la Plaza del Teatro, donde actualmente se encuentra la Universidad Pompeu Fabra. En la fachada se colocó una placa que recordaba el asesinato de Nin, que tras las obras para adaptar el viejo edificio a sus nuevas funciones universitarias, no ha sido repuesta.

    [2]Sirva como resumen significativo de las críticas de Trotsky al POUM el siguiente fragmento, extraído de un borrador inacabado (interrumpido por el asesinato de su autor en agosto de 1940), que fue publicado posteriormente como un artículo más:

"En mayo de 1937, los obreros de Cataluña se sublevaron, no sólo a pesar de sus propias direcciones sino en contra suya. Los dirigentes anarquistas (....) han repetido cientos de veces en la prensa que si la CNT  hubiese querido tomar el poder en mayo, lo hubiese hecho sin dificultad. Y esta vez, lo que dicen los anarquistas es la pura verdad. La dirección del POUM se colgó literalmente de los faldones de la CNT, y se contentó con cubrir su política de una fraseología diferente. Debido solamente a ésto, la burguesía consiguió aplastar la sublevación de mayo (...) las masas, que han intentado sin cesar abrirse un camino hacia la vía correcta han descubierto que la construcción, en el fragor mismo del combate, de una nueva dirección que respondiera a las necesidades de la revolución, era una empresa que sobrepasaba sus propias fuerzas. Estamos en presencia de un proceso dinámico en el cual las diferentes etapas de la revolución se suceden rápidamente, en el curso del cual la dirección, es decir distintos sectores de la dirección, desertan y se pasan de un solo golpe al lado del enemigo de clase (...)

         El POUM estaba en España a la izquierda de los demás partidos y contaba , incontestablemente, en sus filas, con sólidos elementos proletarios revolucionarios (...) Ahora bien, este partido desempeñó, precisamente, un papel funesto en el desarrollo de la revolución española. No ha conseguido convertirse en un partido de masas, porque para conseguirlo hubiese tenido que destruir antes a los otros partidos, y esto sólo era posible mediante una lucha sin compromisos, una denuncia implacable de su carácter burgués. Ahora bien, el POUM, aunque criticaba a los antiguos partidos, se subordinaba a ellos en todas las cuestiones fundamentales. Participó en el bloque electoral "popular"; entró en el gobierno que acabó con los comités obreros; luchó por reconstruir esta coalición gubernamental; capituló en todo momento ante la dirección anarquista...) tomó una actitud dubitativa y no revolucionaria con respecto a la insurrección de mayo del 37.

(...) el POUM ha sido un partido centrista (...) freno de la revolución (...) las masas catalanas eran mucho más revolucionarias que el POUM, que a su vez era mucho más revolucio