CAPITULO 1

CAPITULO 1

Abrí los ojos, me encontraba en un paraje desierto, las cenizas rodeaban un pueblo muerto compuesto por árboles secos, gente sin vida y un calor agobiante. Caminé junto con mi acompañante, su ropa se estaba volviendo negra y su mirada estaba cargada de la sensatez que nunca había tenido. Me acerqué a un hombre que estaba con su familia, estaban todos quemados y la expresión de terror incitaba a dar una rápida retirada.

Cerré los ojos de la familia con mis manos gastadas, mi compañero me puso una mano en el hombro reconfortándome y animándome a seguir con nuestro destino. Nunca me había pesado tanto la espada, le eché una ultima mirada a la familia, aferré con valentía a mi fiel Gerech y seguí por el trayecto.

Seguimos andando durante un tiempo por las calles sin más sonido que nuestros propios pasos secos, sabíamos a lo que nos enfrentábamos, pero esa sensación de saber que te vigilan y el mero hecho de ver el escenario en el que nos encontrábamos hacían retroceder al mayor de los héroes. Sentimos un gran estruendo detrás nuestra, él estaba ahí, detrás, nos giramos lentamente y le vimos.

Stärke no era un Ser cualquiera, su longitud de mas de 5 metros sobresalía entre el poblado, su piel roja como la sangre y sus ojos rojos como rubíes manchados por líneas blancas y negras que incitaban al desmayo. Nos saludo expulsando humo por la nariz y sonriendo con inmenso placer, parecía que tenía hambre y había achicharrado tanto a toda la población que no pudo comer nada.

- Increíble, ha sido tu compañero el primero en llorar, no esperaba yo eso... - dijo Stärke, sonriendo mas ampliamente.

Miré a mi compañero, una lágrima caía sobre su rostro, era impresionante el efecto del miedo que causaba los dragones, no podía aguantar más y le devolví una mirada de odio al dragón pero no pude hacer nada más, mi cuerpo no respondía.

Stärke se dio cuenta de mi parálisis.

- Lo que imaginaba, todos los humanos sois iguales. - dijo Stärke.

Volví la cabeza evitando su mirada terrorífica y vi a una niña, o lo que quedaba de ella, sus pocos pelos achicharrados y la porción de cara que se distinguía mostraban el poder desbastador del fuego de un dragón. Me di cuenta de que aferraba un trozo de peluche, no tenía a nadie alrededor, la chica había muerto sola, mi odio se incrementó y me sentí capaz de enfrentarme a Stärke.

Le miré y con el mayor esfuerzo posible acerque mi mano hacia mi boca y me mordí tan fuerte hasta que saliera sangre, el dolor me sacó del terror, ya me podía mover. Stärke estaba felizmente sorprendido, cogí con fuerza mi espada y con un gran grito me dirigí velozmente hacia mi enemigo, pero éste estaba cada vez mas lejos y mi visión se estaba nublando.

Me desperté, estaba en la cama de mi habitación, el sol empezaba a entrar por mi ventana, me dolía todo el cuerpo, me miré las manos y estaban sanas y sin ningún rasguño. Me dolía la cabeza, pero estaba todo en orden, todo era un sueño. Estaba sudando, me levanté de la cama y me salí a fuera de la casa, hacia el lago. Yo vivía en una cabaña con mi viejo padre, cerca de un pequeño lago, éramos unos campesinos apartados de las ciudades a las cuales solo visitábamos en caso de extrema necesidad. Vivíamos de lo que cultivábamos, el sitio era muy hermoso a la vez que solitario. Me arrodillé y miré mi rostro en el lago, metí la cabeza entera en el agua, el frescor que emanaba, así como el movimiento suave de mi largo pelo, me tranquilizó. Saqué la cabeza y sonreí pensando que era solo un sueño, pero era tan real...

En un gran valle verdoso se encontraba sentado, cerca de un árbol cortado, un hombre con una túnica azul. Encima del árbol había un solitario tallado y sus bolitas negras puestas en distinto orden. Cerca de él había una liebre blanca que observaba atentamente el tablero, el viento soplaba levemente y hacía un tiempo muy agradable para poder reflexionar.

- Cariño, ¡los niños han encogido!- dijo una voz detrás del hombre.

- ¿Enh? - dijo el hombre volviendo la cara, detrás había otra liebre.

- No era a ti Palillo- dijo otra voz, pero ésta vez delante suya.

Miró y vio a la liebre moviendo una ficha en el tablero.

- No me mires con esa cara de empanao, ¡los niños encogen si los metes en una lavadora!, ya sabes Honey, los pones al sol otra vez a que se sequen. Bueno sigamos, ahora verás, si mueves esta ficha haces desaparecer a ésta otra, ¿lo entiendes ya?- dijo la liebre blanca.

- Sí, creo que sí- asintió el hombre no muy convencido.- Honey, ¿me has traído el licor de zanahoria?, hay gracias querida - dijo la libre dándole un beso a su mujer.

La visión de la situación relatada se iba alejando hasta que se convirtió poco a poco en una habitación de un lugar construido con fuertes piedras.

En menos de un segundo se incorporó de la cama dando un respingo, el hombre de la historia.- ¡¡¡SÍ!!! ¡Ahora sé jugar al solitario!- dijo sonrientemente, se levantó y se quitó cuidadosamente las arañas de su túnica azul. Salió de su habitación buscando a un hombre al cual encontró en poco tiempo.

-¡Ya te puedo enseñar a jugar al solitario!- le dijo muy animadamente.

- ¿Pero como... es decir, ¡yo no te he pedido nada!- le espetó el otro.

- ¡ah!, ¿no?, ¿de veras?, mm, entonces no eras tú, ¡ya sé quien me lo dijo! - le contesto y enseguida corrió hacia el final del pasillo en el que se encontraba una estatua. - ¡¡eras tú!! como los dos sois iguales de sosos te había confundido, jejeje- le dijo a la estatua.

La estatua permaneció inmóvil tal como había permanecido todo este tiempo, simbolizaba a un gran mago que pasó hace mucho tiempo por la torre azul.

- Por cierto, ¿qué demonios es una Lavadora?, espera aquí iré a preguntar, ¡no te muevas!- Le ordenó a la estatua y se volvió a hablar con el mago de antes, - Oye Paco, ¿tú sabes lo que es una Lavadora? - le preguntó mientras se acercaba a él.

- Yo no me llamo Paco, me llamo Bernal- le contestó.

- Que no, que no y que no, ¡tu tienes cara de Paco!, entonces ¿no sabes lo que puede ser una Lavadora?- dijo nuestro extraño amigo al ver la cara de Bernal, - Bueno, da igual Paco, pero suena bien, Lavadora..., me voy a mi habitación a apuntarlo y a ponerle ese nombre a una de mis arañas antes de que se me olvide, por cierto, ¿me podrías buscar unas bolitas negras? tengo que enseñarle a ese hombre de allí a jugar al solitario- comentó mientras señalaba a la estatua.

Poco después se despidió y se dirigió a su habitación dejando a Bernal mudo y diciendo, cada 5 pasos, Lavadora.

-¿Eres nuevo?- le preguntó una voz a Bernal,

- Sí, yo entré en Labri ¿cómo puede estar una persona así en este lugar?- respondió Bernal.

-Lirp entró hace dos años, es muy joven y realmente tiene unas cosas muy raras, pero ya nos hemos acostumbrado, yo llevo aquí mucho más tiempo y recuerdo cómo superó su prueba. Tuvo la mala suerte de tener que enfrentarse a un oso muy fiero, al principio le subestimamos, hasta que al verse en peligro sus ojos y actitud cambió por completo. La prueba de acceso está hecha para ver si los participantes tienen algún conocimiento anterior o, sobretodo, la inteligencia suficiente de aguantar durante un tiempo determinado en peligro. Pero él nos sorprendió haciendo un hechizo de nivel 2, Rayo abrasador, con tan solo 20 años y sin tener ninguna preparación conocía hechizos que por poco mataron al oso. Al terminar la prueba y admitirle, le preguntamos que si antes había estado en alguna torre o quien le había enseñado esos hechizos, él nos contestó que era la primera vez que estaba en una torre y que los hechizos se los había enseñado una vaca. Nos quedamos todos de piedra, a partir de ese día siempre nos lo encontrábamos leyendo libros en la biblioteca o diciendo cosas sin sentido a quien tenga al lado. Ya no me extrañaría que conociese más hechizos que el Excelentísimo Mago de la Torre Azul, pero desde aquella vez no lo hemos vuelto a ver haciendo magia.- Relató el mago.

CAPITULO 2

Después de resfrescarme en el lago cerré los ojos y estuve sentada un rato cerca del agua, pero escuché algo que me hizo volver a la realidad.

-¡Pero mirad lo que tenemos aquí!, je je - dijo una voz socarrona.

Volví la mirada y en uno de los dos campos que teníamos un grupo de 4 hombres con botellas de alcohol estaba pisando y matando las pocas tierras que teníamos para vivir. Me levanté y les ordené que se fueran.

- Sí, claro, para una vez que tenemos suerte... unas tierrecitas y una casa apartada, nadie te puede ayudar, bueno, os puede ayudar- añadió al mismo tiempo que vieron a mi padre salir.

Me levanté y cogí la guadaña para enfrentarme a ellos, ellos se rieron, pero fue por poco tiempo, el tiempo que tardé en llegar a ellos. Alcé la guadaña y arremetí contra 2 de ellos que estaban juntos, a uno le dio tiempo de apartarse, a otro no y su brazo rodó por La tierra. Un grito desgarrador cubrió el aire, los demás soltaron las botellas y empuñaron dagas, el arma típica de los ladrones, salvo uno de ellos que llevaba una espada, debía de ser el jefe.

Me atacaron 2 a la vez, los otros estaban en el suelo, esquivé la daga y la espada la paré con el filo de mi guadaña. El otro ladrón me asestó con la daga en la pierna, el ardiente dolor corría por mi cuerpo e hizo enfurecerme aún más, con un rápido movimiento le segué los pies al jefe que cayó en el suelo inmediatamente. Mi cuerpo estaba acostumbrado al dolor, pero aun así le costaba mantenerme en pie.

Otro ladrón volvió a cargar sobre mí, paré su ataque con mi guadaña y con una mano le quité fuertemente la daga que empuñaba. En ese mismo instante escuché un grito de mi padre, el ladrón que me había herido a mí, también le había herido a él. Tiré la daga y se la clavé en la espalda. Al darme la vuelta, vi que el hombre sin brazo y el ladrón al que le había quitado la daga llevaban a cuestas al jefe y se estaban retirando. Cansada tiré la guadaña en el suelo y fui a ver a mi padre.

Estaba herido, pero levemente, dejamos al ladrón muerto donde estaba y entramos en la casa a recuperarnos, me curé las heridas y me acosté a descansar. Me desperté, hacía calor y escuchaba a mi padre llamándome, salí cojeando de la casa y me encontré que el campo que empezaron a destrozar los ladrones estaba envuelto en llamas. Mi padre estaba intentando apagar el fuego ya extendido por todo ese campo, me acerqué y le ayudé, cuando ya habíamos apagado el fuego descubrimos que el cristal y el alcohol eran los causantes de aquella desgracia.

Pasaron unos días y me recuperé de mi herida, cada día nos costaba más sobrevivir, la pérdida de uno de nuestros campos hacía que comiésemos la mitad. Un día me decidí y le dije a mi padre que iba a la ciudad a conseguir un trabajo para ganar dinero y poder recuperar lo que perdimos, mi padre al principio estaba en contra, pero después accedió.

- Elver, yo antes era un guerrero, tú has heredado toda mi fuerza y destreza, no me gustaría que acabases como yo. Pero veo que es tu decisión, te daré mi armadura, mi escudo y mi querida espada- dijo mi padre.

- Pero padre, dijiste que tu espada no volvería a derramar sangre, si le tienes mucho cariño a.. - contesté pero me cortó la frase diciendo:

- Lo sé, pero se va a mosquear conmigo porque estará aburrida y veo que la necesitarás -. Ese mismo día me preparé y partí hacia el pueblo, mi padre me dio el poco dinero que tenía, dijo que aquí no lo iba a necesitar y que tuviera mucho cuidado.

Llegué al pueblo, la gente a veces se paraba a mirarme, no era muy común ver a una persona armada y con un casco realmente imponente. Entré en una taberna y un hombre se acercó a mí.

- No queremos problemas, veo que eres nuevo, ¿vienes a por lo del torneo?- quiso saber el hombre.

- ¿qué torneo?- Le contesté.

- Se va a hacer una selección de los mejores guerreros de todas clases, necesitan un buen espadachín para una aventura y por eso hace la selección, dicen que la recompensa para quien termine la aventura es inmensa- explicó el ciudadano.

Me pensé esa opción durante un rato, finalmente le pregunté si había otro tipo de trabajo.

- No, ahora mismo no buscamos a nadie como tú- me respondió.

Comprendí entonces que mi única opción era ganar ese torneo.

 

Lirp llegó a su cuarto, se sentó en su escritorio y escribió en grande en un papel "LABADORA".

- ¿Se escribe con B o con V? – Se preguntó a si mismo. – Bueno, como me la he inventado yo la escribo como quiera, es decir, ¡con las dos!- Dijo al mismo tiempo que ponía una V encima de la B de "LABADORA".

Una araña en ese momento se deslizó por su brazo y se quedó en su mano.

- ¿Qué haces tú ahí? – Le preguntó Lirp. – ¡Pues tú serás Lavadora!

- Lirp, El Excelentísimo Mago Azul quiere verte. – Le dijo un mago desde la puerta de su cuarto. – Ve ahora ya que no estás ocupado.

- ¿Quién te ha dicho que no estoy ocupado? – Le espetó Lirp.

- Tus arañas. – Le contestó irónicamente mientras se iba.

Lirp quitó la araña de su mano y la puso con las otras, se despidió de ellas y se fue. De camino al despacho se tropezó con varios magos, entró en varias habitaciones para tocar a algún mago anciano diciendo que éste la "mogaba" y lo tenía que pillar. Al ver que éstos no reaccionaban de la manera que él quería se aburría y, a veces después de una bronca, reanudaba su trayecto al despacho.

Llegó al despacho, golpeó de forma rítmicamente mientras canturreaba y entró en él.

- ¡Buenos días "Excelentísimo"! – dijo el joven mago.

- Creo recordar haberte dicho que me puedes llamar por mi nombre - contestó arqueando una ceja.

- Sí que usted lo ha hecho alguna vez, señor Elwin Flitzpatrick pero cómo aquí solo se usa el sobrenombre de "Excelentísimo"... – respondió Lirp.

- Sobrenombre que nunca he utilizado para referirme a mí mismo. Pero bueno, dejemos ese tema a un lado, te he llamado para una cosa más importante. Nos han llegado noticias de una población no muy lejana con un gran problema y nos han pedido ayuda. Concretando, quiero que emprendas el viaje y vayas a solucionar dicho problema. – Le pidió Elwin.

- Y yo quiero una Pteromys volans... – dijo el otro.

- Ains, está bien, cumple con tu misión y te proporcionaré eso. Además, no irás solo, necesitarás a un guerrero, hemos organizado un torneo para elegir el espadachín más diestro para esta misión. Dentro de varios días quiero que asistas a dicho torneo y me ayudes a elegir tu compañero. – comentó el mago

- Será divertido tener a un nuevo compañero, acepto la propuesta. – Respondió Lirp.

 

 

Y llegó la fecha esperada, el torneo iba a comenzar, los participantes de todas clases se inscribían en las tribunas. Elwin y Lirp paseaban junto con otros magos por aquella zona, Lirp se fijó en un caballero de armadura reluciente, parecía que hacía años que no se usaba esa armadura. Elwin notó también a dicho caballero y se acercó.

- ¿Jeff?, Jeff viejo amigo, ¿qué haces aquí? – Preguntó animadamente al caballero.

- Lo siento, Jeff Silverwright es mi padre – contesté.

- Ah, no sabía que Jeff tuviera un hijo. Bueno, te deseo suerte en el torneo y dale recuerdos a tu padre de mi parte – Dijo el mago.

Ambos magos se sentaron en sus sitios correspondientes, Lirp estaba golpeando una pluma animadamente mientras esperaba que empezara el torneo. Cuatro combates se iban a disputar, enfrentaban a seres de todas clases, humanos, orcos, enanos... La mayoría de los participantes eran toscos, fuertes y sin inteligencia, se mataban unos a otros.

- El hijo de tu querido Jeff está ya en las finales – Le dijo pícaramente Lirp a Elwin.

- No estaría mal que repitieseis vosotros una aventura como la que realizamos su padre y yo. Mientras que el final no fuese el mismo... – Le contestó el otro.

- Ahora está peleando contra ese enano, fíjate, aún no ha manchado su espada de sangre y está en semifinales. Me gusta su espada, nunca me han gustado las armas, pero me he encariñado de esa, con ese movimiento, ese silbido que hace al romper el viento... – comentaba Lirp.

- Déjalo, que cualquiera que te escuche se asustaría de ti – le interrumpió riendo Elwin. – La verdad es que se parece a su padre, es un guerrero con cabeza, de los que hay muy pocos. Mira, el enano no puede ni con su hacha, lo deja inconsciente y ¿ves? Ya ha ganado.

Después de una pausa, iba a comenzar el combate final. La gente estaba inquieta, pues era la primera vez que un minotauro llegaba a una final, pues estos no solían tener mucha inteligencia y no eran muy aceptados por la sociedad.

- ¿Si gana el minotauro le puedo poner blacky? – Preguntó Lirp.

- No creo que le haga mucha gracia. ¿Ves? Se le ve con cara de pocos amigos – Contestó el viejo mago.

- Bueno, aun no sabemos si Silverwright tiene cara de "muchos amigos", a lo mejor es un semiorco, pero por su constitución más bien parece un semielfo. Bueno, veamos a ver qué tal el combate, apuesto 3 galletas por blacky. – Dijo animadamente Lirp.

 

Había llegado a la final, mi oponente era un minotauro, resopló y corrió hacia mí. Pese a su fortaleza de músculos era muy ágil, blandió su hacha y la paré con mi espada. Su fuerza era enorme, cada vez me costaba más mantener su hacha por encima de mi cabeza, me giré hacia la izquierda y descargó su hacha contra el suelo.

- He visto como luchas, si piensas que vas a cansarme a mí también estas equivocado, pues te derrotaré de un hachazo. – Dijo el minotauro moviendo otra vez su hacha.

Pero ésta vez no me dio tiempo para poder parar el golpe, esquivé el ataque por pocos centímetros y me caí de espaldas. Mi oponente aprovechó esta situación y arremetió contra mí en un nuevo ataque. Ya no pude ni esquivarlo bien, no me hizo mucho daño, pero el golpe hizo que se me rompiera el casco. Mi largo pelo calló sobre mis hombros...

- ¡¡PERO SI ES UNA MUJER!! – Chilló Lirp.

 

CAPITULO 3

 

Todos se quedaron asombrados y yo vergonzosa porque no esperaba tanto asombro. Mi oponente, también estaba asombrado, pero poco le duró el asombro, ahora estaba plagado de ira, no creo que consintiera que su pelea final fuese contra una mujer.

- ¡MÁTALA! ¡¿CÓMO HA PODIDO LLEGAR AHÍ?! ¿Y VOSOTROS OS CONSIDERÁIS UNOS GUERREROS? ¡OS GANA UNA MUJER!- Gritaba Lirp.

El minotauro, fuera de sí volvió a arremeter contra mí, pero al igual que a él le había afectado a su orgullo, a mí también me habían tocado el mío. Le pegué una patada en la boca, el hacha se le cayó y le cortó el pie. Un grito desgarrador irrumpió en el silencio que yo creé antes.

- No, si al final, por mucho que sea una mujer, siempre es mejor que un simple animal...- dijo Lirp.

Me alcé, desenvainé mi espada y apunté al cuello del minotauro. Éste estaba de rodillas e intentando quitarse el arma de su pie.

- ¡ESO ES!, MÁTALO, PREFIERO TENER QUE IR CON UNA SIMPLE MUJER...- gritó Lirp.

- ¿Quieres callarte de una vez? – Dijo Elwin.

- Bah,... ¡¡MÁTALO!!- contestó el otro.

Mi ira me hizo descargar mi espada contra el cuello, pero a escasos centímetros paré.

- No tengo por qué matarlo si no ha hecho nada malo. No pienso ser un instrumento de asesinato. Prefiero retirarme. – Dije apartando la espada.

Todos se quedaron boquiabiertos, Lirp sin embargo, saltó desde donde estaba y corrió hacia mí. Cuando llegó, se quedó mirándome, me rodeó y se quedó quieto.

- ¡Me la quedo! Envuélvamela para llevármela de regalo- dijo Lirp muy sonriente.

El asombro de los espectadores iba en aumento.

- ¿Pero qué dices? Si se ha retirado y... ¡Es una mujer!– Dijo un mago por ahí presente.

- ¿ Y eso que más da?- Le contestó Elwin. – Ha sabido contener su ira, sabe pelear, en una misión es mejor saber utilizar la mente que la propia fuerza, Lirp la estaba provocando para demostrar más su capacidad de pelear, cuando le dijo al minotauro que la matara, éste no dudó ni un momento.

- ¿Cómo te llamas? – Me preguntó Lirp.

- Elvereth Silverwright – Le contesté un poco aturdida.

- Enhorabuena, eres mi nueva compañera. La verdad es que eres la primera, mm, ¡nunca he tenido un compañero humano! Y mucho menos una humana, ¿Te puedo llamar Elvere? ¿Y Vereth? ¿o mejor Elver? ¿ Y que tal Elvvvv? Porque si te llamo El... y eres una tía quedaría una cosa como: Sí estoy en una aventura con El- replicaba animadamente Lirp, se cambia de lado y pone otra voz- ¿ Pero quién es El? ¡Aquí no hay ninguno!

- Me puedes llamar como quieras- Le repliqué.

El día esperado llegó, íbamos a partir hacia el pueblo, nuestra misión era eliminar a un ser que nunca había visto en mi vida y el nombre de éste me resultaba extrañamente familiar. Recogí mis cosas y me preparé para el viaje, después salí de mi habitación y le dije adiós al tabernero.

Fuera me esperaba Lirp y dos caballos. Nos montamos y cabalgamos hacia nuestro destino, de vez en cuando parábamos para que Lirp jugara con las margaritas quitándoles las hojas para saber si íbamos a morir o no. Mi compañero era raro, llevamos poco tiempo desde que nos conocimos, pero ya me he acostumbrado a su forma de ser. Nunca me puedo esperar que se ponga serio, es totalmente contrario a mi personalidad.

La vegetación de la zona era exuberante durante el trayecto, pero llegamos al final del trayecto y la cosa empezó a cambiar. La mayor parte de los árboles estaban quemados y el paisaje se tornaba desértico. De repente, todo me pareció familiar, lo había visto en algún sitio. Lirp, que estaba intentando hablar con su caballo, paró y se bajó. Todo estaba tan vacío, quizás habíamos llegado demasiado tarde.

Cerré los ojos y los volví a abrir, entonces me di cuenta de que estabamos en mi sueño, me asusté. Caminamos hacia el pueblo, nuestras ropas se tornaban grises y Lirp cada vez estaba más serio. Todo estaba ocurriendo tal y como lo soñé, pero yo estaba más preparada pues sabía cuando nos íbamos a encontrar a nuestro enemigo.

Fue entonces cuando sentimos un gran estruendo detrás nuestra, él estaba ahí, detrás, nos giramos lentamente y le vimos. Stärke era tal y como lo recordaba del sueño, con sus 5 metros de longitud, su piel roja como la sangre y sus ojos rojos como rubíes manchados por líneas blancas y negras.

- Increíble, ha sido tu compañero el primero en llorar, no esperaba yo eso... - dijo Stärke, sonriendo ampliamente.

Miré a Lirp, una lágrima caía sobre su rostro, el efecto de la presencia del dragón ya se notaba en él y en mí, mi cuerpo no respondía.

Stärke se dio cuenta de mi parálisis.

- Lo que imaginaba, todos los humanos sois iguales. - dijo Stärke.

Volví la cabeza y vi a la niña que había muerto sola, mi odio se incrementó y me sentí capaz de enfrentarme a Stärke. Le miré y con el mayor esfuerzo posible acerque mi mano hacia mi boca y me mordí tan fuerte hasta que saliera sangre, el dolor me sacó del terror, ya me podía mover. Stärke estaba felizmente sorprendido, cogí con fuerza mi espada y con un gran grito me dirigí velozmente hacia mi enemigo.

Éste aspiró fuertemente y soltó una bocanada de su aliento ardiente, yo lo esquivé escondiéndome rápidamente detrás de una casa. No era muy buena idea atacarle así, tendría que acercarme más para que no le fuera tan fácil expulsarme su aliento. Rodeé la casa y me encontré de frente su fuego que me alcanzó en parte del brazo izquierdo.

El cansancio del viaje, la presencia del dragón y su ardiente fuego estaban acabando conmigo. Me desplomé en el suelo, el dragón me miraba satisfactoriamente en mi débil situación y cada vez se acercaba más a mí. De repente salió una espada mágica flotante que se interpuso entre Stärke y yo, miré hacia atrás y vi a Lirp, o por lo menos eso parecía.

La espada atacó al dragón, éste le respondió con una bocanada de fuego, yo me levanté y me aparté. Los rodeé mientras estaban ocupados y volví a arremeter contra el dragón, sabía que estabamos en una gran desventaja, pero eso no nos haría parar.

Entonces me di cuenta de lo dura que era la piel de un dragón, pero no fue eso lo que más me sorprendió, sino la luz cegadora que se produjo cuando le asesté con mi espada. CAPITULO 4

CAPITULO 4

Sorprendida me aparté corriendo, la luz provenía de mi espada, era la primera vez que la vi manchada de sangre, pero no de una sangre cualquiera, sino de una sangre de dragón. Que extraña sensación tenía ahora que portaba la espada ligeramente ensangrentada, la luz estaba adquiriendo un color rojizo cada vez menos intenso. Rápidamente me di cuenta de que mi ataque sólo había servido para llamar la atención al dragón, ya que éste sólo había sufrido una raja superficial.

Múltiples batallas había leído yo en los libros de mi padre, pero nunca había sentido la impotencia que se siente cuando sabes que el rival es mucho más superior a tus posibilidades. Siempre que me había enfrentado a borrachos, campesinos o seres cuyas debilidades conocía. Desanimada volví a mirar mi espada, la luz rojiza ahora solo se emitía por unos símbolos que aparecieron en ella. Embelesada otra vez en mis pensamientos, no me había dado cuenta de que había dejado el tiempo suficiente para que Stärke aspirara otra vez su letal aliento y lo descargara contra mí.

Mi acto reflejo fue soltar la espada y salvarme detrás de una casa, pero no fui lo suficientemente rápida puesto que alcanzó, derritió mi escudo y me rozó fugazmente el brazo izquierdo. Ésta vez si grité de dolor, alguna vez me había quemado con fuego, pero esta vez la sensación era diferente, no solo notaba daño en la quemadura sino ésta parecía extenderse por todo el brazo como si fuese a desintegrarse. Pero no era yo la única persona que había gritado.

Iaj, ¡¡SIIIIII!!- exclamó una voz gélida y muy extraña.

Anda, mira que cosa más curiosa - dijo Stärke. Aquel comentario me intrigó e intenté estar atenta a pesar de las molestias que me producía la quemadura.

Anda, mira que cosa más interesante, digo cosa, porque estoy acostumbrado a ver a los tuyos MUERTOS por mi culpa - contestó la extraña voz.

Ah, ¿sí? Vamos a ver - resopló Stärke. Me asomé y aterrorizada vi como éste volvía a inspirar para volver a descargar su ardiente aliento. El dragón no me había visto y yo no veía a nadie, ¡ni siquiera a Lirp!, pero Stärke descargó su aliento contra el suelo, fue entonces cuando me di cuenta de quien hablaba.

Ja ja ja, menuda mierda de aliento ¿y tú te haces llamar Dragón? - Gritó mi espada mientras Stärke intentaba desintegrarla como lo había conseguido con las otras armas. Sorprendido Stärke dejó de expulsar su aliento y se apartó un poco de ella.

Apareció entonces la espada mágica de Lirp y empezó a atacar al dragón, torpemente éste se defendía, los combates cuerpo a cuerpo no eran su fuerte. Giré mi cabeza, vi a Lirp sacando un frasco y extendiendo su contenido en mi brazo quemado rápidamente. En cuestión de segundos yo ya tenía mi brazo pringado de una sustancia un poco verdosa, miré a mi compañero buscando una respuesta sobre qué debería de hacer. Pero en ese momento escuché a mi espada gritar.

¿Dónde está ese maldito de Jeff? Espero que no me haya vendido ese hijo de Imulatup, que debería de... - empezó a maldecir Gerech. Entonces volví a la realidad, salí de mi escondrijo y me acerqué a mi espada. La cogí y la miré con odio fijamente, fue entonces cuando dejó de maldecir.

Je, esto si que es una sorpresa, tendremos que hablar ahora después, ahora tengo ganas de SANGRE y creo que nuestro objetivo es común - me dijo la espada.

Fue entonces cuando el dragón volvió a mirar a nuestro lado. En ese momento en el cielo se había formado una nube muy extraña, acto seguido empezó a descargar una tormenta de granizo encima de Stärke. Éste salió rápidamente de la zona y empezó a preparar una nueva bocanada de aliento.

¡Ahora! – Me dijo la espada, y corrí hacia el dragón. Pero no llegué a tiempo, terminó de aspirar, saltó y descargó su aliento contra Lirp.

Vi claramente como el fuego iluminaba el paisaje negro y daba de lleno a mi compañero. No pudo apartarse, se consumió con las llamas tan rápido que apenas le dio tiempo de gritar y a mí sólo me dio tiempo de ver cómo se evaporaba.

¡LIIIRP! – Grité e intenté acercarme hasta donde él estaba.

¡Que no se escape el dragón!, ¡No te distraigas o serás la próxima! – Me gritó Gerech.

Pero el dragón estaba volando, al no volar muy alto, miré a mi espada y la lancé con todas mis fuerzas hacia el dragón. Gerech se incrustó en la piel del dragón, éste asombrado me volvió a fijar como objetivo. Preparó una embestida contra mí, pero Gerech se había vuelto de un color Blanco azulado.

IAAAAAARGH - Gritó Strärke mientras se caía al suelo.

Recibí una sacudida producida por la caída del dragón, ya había bajado al dragón de las nubes ahora mi objetivo era eliminarlo. Mientras buscaba una arma para poder enfrentarme al dragón vi una espada extrañamente familiar, la cogí y me abalancé contra Stärke. El dragón se movía intentando quitarse a Gerech, en un movimiento brusco pudo deshacerse de la espada. Al darle un zarpazo a Gerech lo lanzó y me dio con mi propia espada.

Me protegí con la espada que llevaba, pero perdí el equilibrio y me caí al suelo. Esa fue la oportunidad que estaba esperando Stärke para poder lanzar otra temible fráfaga de su ardiente aliento. Cogí mi espada con la mano izquierda y empezé a correr para ponerme a salvo.

¡Corre como nunca lo has hecho! - me gritaba Gerech.

Escuché a Stärke como expulsaba su aire ardiente, sabía que no iba a llegar a tiempo para ponerme a salvo. Cerré los ojos y con un ultimo esfuerzo salté, sentí un tirón de la espada que llevaba en la mano derecha y caí al suelo aún aferrando las dos espadas.

Gracias a la espada aún seguía viva. Escuché un gran ruido, estaba muy cansada y mis fuerzas me habían abandonado, presentía que pronto iba a acompañar a Lirp. Pero el ruido cada vez era menos intenso, me levanté y vi como el dragón huía entre las cenizas que había dejado. La suerte me sonrió y me dejó vivir una vez más. Pero mis fuerzas no podían más y caí dormida en el suelo.

Cuando me desperté escuche a alguien sollozar, aferraba ahora mi espada, la otra había desaparecido.

-¿Qué? ¿Te has despertado ya dormilona? Que aburrimiento, ¡levanta ya! - Dijo Gerech.

-Mm, si, ya estoy mejor pero aún me duele el brazo izquierdo - Dije mientras cogía a Gerech con la derecha.

- Menos mal que solo te dio en el brazo, si te hubiera dado en la mano, no me podrías coger con ella en varios meses, por mucha curación que te aplicaran - Explicó Gerech.

- ¿Ha pasado algo mientras yo dormía?- pregunté interesada por los sollozos.

- No, ese sollozo que escuchas llevan sonando incluso antes de que se fuera el dragón. Lo he llamado, insultado, amenazado y ni si quiera vino a matarte - contestó Gerech.

- ¿Que has hecho qué? - Pregunté sorprendida.

- Bah, ya no tiene importancia. Tu cara me suena, ¿Cómo es que me tienes? - dijo Gerech.

- Mi padre te poseía y me fuiste entregado para poder defenderme en mi misión, ¡lo que yo no sabía era que podías hablar! - le contesté.

- ¡Ah!, Así que Jeff era tu padre, bueno, entonces tengo que esperar mucho de ti, mereces que sepa tu nombre ¿Cómo te llamas? - Preguntó Gerech.

- Elvereth, ¿Cómo es que todos habláis tan bien de mi padre? Es tan sólo un campesino que se alistó una vez en una guerra... - Dije desconcertada.

- Je, no es tan sólo eso, algún día quizás entenderás de lo que hablo. Por lo pronto tienes mucho que aprender y si no me equivoco, una misión incompleta. ¡Vamos! Hay mucho trabajo por hacer - me interrumpió Gerech.

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