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Nos despertamos a las nueve y media y por doscientas pelas
tenemos un desayuno impresionante en el hostal. Después de desayunar
y retocar las bicis nos vamos a la calle y casualmente Antonio se encuentra
al viejo coñazo de ayer, pero al ir acompañado de la parienta
pasa de nosotros. Burgos no es demasiado grande y en agosto hay poca gente,
pero ya es coincidencia. Al mirar las bicis antes nos hemos dado cuenta
de que los escasos 20 kilómetros han dejado maltrechas nuestras
máquinas (yo había estado con un solo calapiés desde
el día de Navarrete) así que tenemos que ir a una ferretería,
pero la búsqueda es inútil. En Burgos practicamente no hay
ningún sitio donde puedas decir " dame tres tornillos como
estos con arandelas y tuercas". Todo lo que hay son tiendas al estilo
de los grandes almacenes donde venden los tornillos en cajitas de plástico,
vaya asco que da el progreso. Tras mucho buscar al fin encontramos un
sitio adecuado, pero entonces Nacho se da cuenta de que el eje delantero
de su bici no va aguantar y se va a una tienda a cambiarlo. Mientras tanto,
aprovechamos la primera oportunidad que tenemos y escribimos unas cuantas
postales. Después de tanto follón, se han hecho las dos
y nos vamos. Aunque sea tarde, tenemos que recuperar los kilómetros
que no hicimos ayer, así que le metemos caña y nos paramos
a comer a las cuatro a más de 40 kilómetros de Burgos.
Para variar, cuando salimos armamos un follón de la hostia y aunque solo
somos cuatro salimos separados y sin avisarnos unos a otros por lo que hasta
que nos conseguimos reagrupar perdemos media hora. Todo ha sido porque a
Antonio parece que le hayan metido un cohete en el culo (otra vez) y se ha
vuelto un psicópata que todo el rato a tope sin mirar ni esperar al
resto de la gente. Le decimos que si quiere que se vaya, perro que al menos se
fije donde estamos los demas y que se pare a esperar de vez en cuando.
Cuando reiniciamos la marcha nos damos cuenta de que a los oidos
de Antonio le deben de pasar lo mismo que a su aparato digestivo unos
días antes, todo lo que le entra por una lado le sale enseguida
por el otro, porque pasa de nosotros y se va para delante parando dos
veces en 40 kilómetros. Cumpliendo nuestras peores previsiones,
Nacho pincha, y a pesar de que él es el que lleva la mayoría
de herramientas la llave del 15 para quitar la rueda la tiene Antonio.
Voy a ver si por casualidad se han parado en el siguiente pueblo, pero
nada. Así que vuelvo y ponemos como podemos un parche. Después
de este incidente llegamos a Carrión a las nueve y media, y Antonio
se salva de ser linchado porque en ese momento está hablando con
una señora del pueblo.
Para variar no tenemos sitio en el albergue, así
que nos mandan a un polideportivo Después de cenar y arreglarnos
nos damos una vuelta por el pueblo, como hay bastante ambiente (sobre
todo tías) vuelven al polideportivo a cambiarse y yo me quedo,
durmiéndome allá a las dos. A las cuatro de la mañana
me despiertan unos gritos de borrachos. Como era de esperar, los alcohólicos
son mis colegas. Entran en el polideportivo sin preocuparse si despiertan
a alguien (si a mí con lo marmota que soy lo han conseguido creo
que todo el mundo se enteró de su llegada. Cuando llegan a la habitación
Ramón se empeña en que me entere de que se ha
mojado porque según él, ha ido donde le ha dicho Nacho y
había un charco en el que se ha caído (al día siguiente
vimos que el charco era en realidad una acequia de casi dos metros de
ancho), Los dos más borrachos son Ramón y Nacho. El ciborg
es féliz aunque está chorreando, pero Nacho está
bastante mosqueado. Entre el mosqueo del pinchazo y que ahora dice que
le han dejado tirado por la noche está de bastante mala leche.
Por lo que consigo enterarme lo que ha pasado es que al estar borrachos
y fuera de casa han echo lo que todos alguna vez hemos pensado. Cuando
fueron al baño de un pafeto se dieron cuenta de que en el pasillo
habían unas cuantas cajas de cocacola y se decidieron a pillar
alguna, además también intentaron llevarse una vaso de cubata
que hay en ese pueblo que es el doble de ancho de lo normal. Lo malo es
que se dieron cuenta de sus intenciones y cuando Nacho estaba intentando
arreglar la situación los otros se fueron corriendo, así
que el mosqueo de Nacho aumentó bastante. Tras más de una
hora y media de discusión a gritos vemos que no llegamos a ninguna
parte y nos vamos a dormir.
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