Martes 14, Burgos-Carrión de los Condes 99km 5h 6 min

Nos despertamos a las nueve y media y por doscientas pelas tenemos un desayuno impresionante en el hostal. Después de desayunar y retocar las bicis nos vamos a la calle y casualmente Antonio se encuentra al viejo coñazo de ayer, pero al ir acompañado de la parienta pasa de nosotros. Burgos no es demasiado grande y en agosto hay poca gente, pero ya es coincidencia. Al mirar las bicis antes nos hemos dado cuenta de que los escasos 20 kilómetros han dejado maltrechas nuestras máquinas (yo había estado con un solo calapiés desde el día de Navarrete) así que tenemos que ir a una ferretería, pero la búsqueda es inútil. En Burgos practicamente no hay ningún sitio donde puedas decir " dame tres tornillos como estos con arandelas y tuercas". Todo lo que hay son tiendas al estilo de los grandes almacenes donde venden los tornillos en cajitas de plástico, vaya asco que da el progreso. Tras mucho buscar al fin encontramos un sitio adecuado, pero entonces Nacho se da cuenta de que el eje delantero de su bici no va aguantar y se va a una tienda a cambiarlo. Mientras tanto, aprovechamos la primera oportunidad que tenemos y escribimos unas cuantas postales. Después de tanto follón, se han hecho las dos y nos vamos. Aunque sea tarde, tenemos que recuperar los kilómetros que no hicimos ayer, así que le metemos caña y nos paramos a comer a las cuatro a más de 40 kilómetros de Burgos.

Para variar, cuando salimos armamos un follón de la hostia y aunque solo somos cuatro salimos separados y sin avisarnos unos a otros por lo que hasta que nos conseguimos reagrupar perdemos media hora. Todo ha sido porque a Antonio parece que le hayan metido un cohete en el culo (otra vez) y se ha vuelto un psicópata que todo el rato a tope sin mirar ni esperar al resto de la gente. Le decimos que si quiere que se vaya, perro que al menos se fije donde estamos los demas y que se pare a esperar de vez en cuando.

Cuando reiniciamos la marcha nos damos cuenta de que a los oidos de Antonio le deben de pasar lo mismo que a su aparato digestivo unos días antes, todo lo que le entra por una lado le sale enseguida por el otro, porque pasa de nosotros y se va para delante parando dos veces en 40 kilómetros. Cumpliendo nuestras peores previsiones, Nacho pincha, y a pesar de que él es el que lleva la mayoría de herramientas la llave del 15 para quitar la rueda la tiene Antonio. Voy a ver si por casualidad se han parado en el siguiente pueblo, pero nada. Así que vuelvo y ponemos como podemos un parche. Después de este incidente llegamos a Carrión a las nueve y media, y Antonio se salva de ser linchado porque en ese momento está hablando con una señora del pueblo.

Para variar no tenemos sitio en el albergue, así que nos mandan a un polideportivo Después de cenar y arreglarnos nos damos una vuelta por el pueblo, como hay bastante ambiente (sobre todo tías) vuelven al polideportivo a cambiarse y yo me quedo, durmiéndome allá a las dos. A las cuatro de la mañana me despiertan unos gritos de borrachos. Como era de esperar, los alcohólicos son mis colegas. Entran en el polideportivo sin preocuparse si despiertan a alguien (si a mí con lo marmota que soy lo han conseguido creo que todo el mundo se enteró de su llegada. Cuando llegan a la habitación Ramón se empeña en que me entere de que se La puerta del polideportivo de Carrión a las cuatro de la mañanaha mojado porque según él, ha ido donde le ha dicho Nacho y había un charco en el que se ha caído (al día siguiente vimos que el charco era en realidad una acequia de casi dos metros de ancho), Los dos más borrachos son Ramón y Nacho. El ciborg es féliz aunque está chorreando, pero Nacho está bastante mosqueado. Entre el mosqueo del pinchazo y que ahora dice que le han dejado tirado por la noche está de bastante mala leche. Por lo que consigo enterarme lo que ha pasado es que al estar borrachos y fuera de casa han echo lo que todos alguna vez hemos pensado. Cuando fueron al baño de un pafeto se dieron cuenta de que en el pasillo habían unas cuantas cajas de cocacola y se decidieron a pillar alguna, además también intentaron llevarse una vaso de cubata que hay en ese pueblo que es el doble de ancho de lo normal. Lo malo es que se dieron cuenta de sus intenciones y cuando Nacho estaba intentando arreglar la situación los otros se fueron corriendo, así que el mosqueo de Nacho aumentó bastante. Tras más de una hora y media de discusión a gritos vemos que no llegamos a ninguna parte y nos vamos a dormir.


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