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Antonio y yo nos despertamos a las nueve y por suerte los
otros peregrinos se ha ido ya y no tenemos que pedir disculpas
(a lo mejor se han ido asustados por esos festeros alcohólicos
valencianos). Cuando estamos desayunando Nacho se despierta y empieza
a vomitar por todas partes. Lo mas espectacular es cuando está
sentado en la taza del baño consigue expulsar residuos simultáneamente
por tres orificios de su cuerpo. Como Ramón no es ni siquiera capaz
de levantarse y viendo que vamos a salir bastante tarde, Antonio y yo
nos damos una vuelta por el pueblo para pillar algo para desayunar y porfin
nos compramos las vieiras, obligatorias para cualquier peregrino. Cuando
volvemos nos damos cuenta de que ha debido pasar alguien del pueblo, porque
todo lo que había vomitado Nacho está limpio, pero luego
nos enteramos que ha sido el mismo abuelo el que lo ha limpiado, eso está
bien, se puede ser un borracho y una amita de tu casa a la vez.
Aunque parezca mentira, Nacho consigue reaccionar (dice
que no bebió demasiado, pero que le han sentado mal las albóndigas
en lata que se cenó), pero con Ramón es imposible. Salimos
a las dos y media con la idea de hacer una hora de bici antes de parar,
pero a los cinco kilómetros vemos que el ciborg no puede con su
alma y nos paramos a comer. Después de la siesta reiniciamos el
camino, pero Ramón sigue igual (como decía él, es
como si un domingo en que estás de resaca y en el que no tienes
ganas de levantarte a por un vaso de agua tengas que pillar la bici).
Además es uno de los peores
trozos del camino, la carretera es recta y llana, pero picando siempre
un poco hacia arriba y nos pega el viento de cara con bastante fuerza
continuamente, así que no avanzamos practicamente. Además
Nacho va practicamente con la llanta porque el bombín que tenemos
no hincha bien y en ninguna de las tres gasolineras en las que hemos parado
había aire, se ve que aquí los coches no lo necesitan. Para
terminar de subirnos la moral empezamos a ver carteles de pueblos (porque
pueblo no se ve ninguno) que se llaman nosequé del páramo.
Si ya te agobia pasar con el aire en contra y un borracho resacoso por
en medio de la nada, que los pocos pueblos que hay te lo recuerden continuamente
es una putada, además cruzamos como 6 ó 7 veces en 15 kilómetros
el río Cueza lo que nos hace dudar de que vallamos en línea
recta o de que solo hay un río Cueza. Todas estas tonterías
que en verdad no tienen la mas mínima importancia juntas hace que
haya un momento "Traispotting" (la escena en la que se van de
excursión a las highlands escocesas) en el que todos nos llegamos
a plantear que coño hacemos allí en medio de la nada.
Como vemos que seguir avanzando es una tontería decidimos
pasar la noche en el albergue privado de Calzadilla de la Cueza. El albergue
es bastante nuevo pero está mal diseñado. El tío
que le haya puesto las duchas es idiota porque aunque hay sitio de sobra
ha puesto la puerta demasiado cerca del plato de la ducha y no te puedes
mover, además hay el doble de camas de las recomendadas por lo
que muchas están juntas. Antonio y Nacho duermen en dos camas juntas
y el señor Mojón no puede reprimir sus instintos mas lascivos
y se pasa la mitad de la noche en la cama del abuelo. De este día
tengo el recuerdo de que fue una mierda, pero ahora me río de todo
lo que nos pasó, es verdad que el tiempo todo lo cura.
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