| Nos despertamos a lo que consideramos una buena hora (nueve de
la mañana) lo que no implica que no seamos los últimos de todos
los peregrinos, pero entre retocar las bicis y almorzar salimos mas de las diez
y media.
Cogemos una carretera nacional de las típicas de Navarra, arreglada
recientemente para los coches lo que implica que hay largas rectas y los
desniveles hay que superarlos a base de huevos, no con curvas, además se
une el hecho de que todos entendemos porque en Navarra hay tanta central
eólica, hace un viento de un par de cojones. Puto aire. Los dos factores
unidos hacen que en cierto momento la media se situe en la astronómica
cifra de 13 kilómetros por hora. A esto se añade el hecho de que
estamos convencidos de que estamos dando mas vuelta que por el camino. Lo
único que nos salva la moral es que vemos en la subida al puerto de
Loiti una placa que indica que hay rampas del nueve por cien aunque por una
ilusión óptica no parezca que haya tanta pendiente. Llegamos a
Monreal a la hora de comer y resulta que hemos hecho la misma distancia que si
hubieramos ido por el camino. Entre esta subida de moral, la comida y el
descanso el resto del viaje se hace mas rápido. Por cierto comemos todos
menos el "ciborg" Ramón, que pasa del aire por que dice que no
tiene hambre.
Llegamos a unos diez kilómetros de Pamplona y pasamos por la puerta del
Huracán 2000 un mítico club que fue el primero del recuento de
puticlubs existentes entre Pamplona y Valencia que hicimos cuando un mes antes
"el señor Mojón" Ramón, Meroy Lerín, mi
hermano y yo iniciamos el regreso por carretera de los Sanfermines de este
mismo año. No me esperaba pasar por allí y me emocioné
recordando los viejos tiempos (aunque solo hacía un mes para mi
habían pasado bastantes cosas en esos días).
Llegamos a puente de la Reina a las siete y para variar
el albergue público está cerrado por lo que nos mandan al
albergue privado. Para llegar a este último hay que subir una rampa
de tierra de un desnivel tal que incluso cuesta ir andando empujando la
bici. Cuando llegamos arriba nos enteramos que son 900 pelas dormir y
mil más con cena. Entonces cometemos la mayor estupidez
de todo el camino, nos vamos a buscar un camping. Cojemos la carretara
del camping (que no esta en dirección a Santiago) y nada mas salir
de Puente de la Reina un viejo nos dice que está a 3 kilómetros.
Puto viejo, después de 6 km llegamos a Mondaguerri y en la subida
al pueblo el ciborg empieza a perder combustible y se queda el último.
Vamos a la otra parte del pueblo, donde está el cámping,
y nos enteramos que vale mil pelas y que tendremos que dormir en el suelo,
entonces decidimos volver al albergue privado y en el camino de vuelta
al ciborg se le oxidan todos los engranajes y me tengo que quedar a taparle
el viento porque sino no llega. Subimos de nuevo la rocha hasta el albergue
y nos quedamos allí a pasar la noche. Antonio paga las mil pelas
y se queda a cenar, nosotros para ahorrar nos vamos al pueblo y cenamos
de bocadillo por mil pelas (eso es economía), nos damos una vuelta
por el pueblo y volvemos arriba donde nos encontramos a Antonio cenando
en una mesa con un porrero cántabro que sabe francés ligando
con unas francesitas. Después de tomarnos un colacao nos vamos
a dormir. Al lado mío duerme un hombre que hace el camino en bici
solo y yo cometo el error de decirle que es de allí cerca, cuando
está claro por su acento que es guipuzcoano y no navarro, si es
que yo soy un pueblerino y no distingo los acentos. A Patxi (luego me
enteré que se llamaba Juan Luís) lo veremos unos cuantos
días más, pero desde Villafranca Montes de Oca no sabemos
nada de él, si estás leyendo esto un saludo).
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