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“Ilión” es el primer
paso del último proyecto del galardonado escritor Dan Simmons, famoso por su
saga de CF “Hyperion” y por varias obras de terror también premiadas, como “La
canción de Kali” o “Los vampiros de la mente”. Esta vez, Simmons se embarca en
un ambicioso proyecto de Ciencia Ficción y Fantasía con los hechos de La Iliada
de Homero, como telón de fondo. Tres son las líneas
narrativas por las que transcurre el argumento de la obra. En primer lugar,
tenemos una Tierra en la que troyanos y aqueos se enfrentan, como ocurre con la
famosa obra del poeta griego, ante los muros de Troya. En estos hechos
participan todos los personajes clásicos de la gran obra: Aquiles, Héctor,
Patroclo, Paris, Helena, Agamenón, Príamo, Andrómaca... Sin embargo, entre ellos
circulan los llamados “escólicos”, humanos provenientes de un lejano siglo XX/XXI,
estudiosos de la obra de Homero, y dotados de una tecnología capaz de mezclarse
entre los personajes del drama sin que estos puedan descubrir su verdadera
identidad. En realidad, esta Iliada no es la original en la que se hubo de basar
Homero, sino una recreación en una Tierra varios milenios avanzada respecto a
nuestro presente. Los dioses son post-humanos dotados de una tecnología que les
dota de poderes aterradores, con los que manipulan a los pobres hombres que
participan —actores que no saben que actúan— en esta recreación del mito. Los
escólicos son los informadores y espías de estos dioses futuristas, y vigilan
que los sucesos de la nueva Iliada transcurran de modo paralelo a los de la
homérica original. Por si esto fuera poco, la nueva Ilión se encuentra en la
Tierra, pero sus dioses están en el Monte Olimpo del Planeta Marte —aunque
pueden teleportarse de un lugar a otro e incluso abrir portales en el tiempo y
el espacio, para maravilla de estos nuevos troyanos y aqueos, sumidos en la
vieja mentalidad arcaica—. Una segunda línea
narrativa nos habla de una comunidad humana en otro punto de la Tierra, en el
mismo momento, o tal vez el pasado o el futuro —mejor no adelantar
acontecimientos—. Estos humanos viven en un mundo idílico, servidos por
criaturas robóticas que nadie sabe de dónde han salido. No tienen trabajo, ni
deberes que atender. Tampoco tienen Historia y parecen preocuparse sólo del ocio
y las ideales relaciones sociales que entablan. Cuando alguno muere, vuelve a
aparecer al cabo de poco, indemne y con su memoria y carácter intactos. No
obstante, habrá individuos que traten de averiguar quién les proporciona esta
existencia bucólica, y por qué tratan de mantenerles en la ignorancia. Por
supuesto, la verdad resultará primero inquietante y luego terrible. Y la tercera línea
narrativa está protagonizada por una pareja de robots humanizados, uno de ellos
pequeño y cuadrúpedo y el otro gigantesco y con forma de escarabajo, ambos
sesudos estudiosos de Shakespeare y Marcel Proust, que se dirigen al planeta
Marte para descubrir la razón de los tremendos picos energéticos que se producen
en el antes planeta rojo, pero ahora terraformado y por tanto respirable,
cuajado de mares y vegetación. Dicho así, todo esto
parece una locura sin sentido, de la que sólo puede salir un pastiche grotesco y
ridículo. Sin embargo, el
autor consigue ir extrayendo orden de la locura y el caos, dando forma a un
universo terriblemente complejo, pero en el cual cada cosa encaja en su sitio y
a su debido momento. Aún así, las respuestas no son fáciles, pues la riada de
informaciones y datos exóticos para el lector, pero coherentes dentro de la
historia, suponen un problema constante para cualquiera que se adentre en sus
páginas. El texto está plagado de enigmas y preguntas y las respuestas van
surgiendo poco a poco. Y de inmediato aparecen más y más interrogantes, de tal
modo que, aunque el universo de “Ilión” va sospechándose según pasan las
páginas, siempre está lleno de nuevos misterios, lo cual es un aliciente y un
modo de “enganchar” la atención del lector, que ha de ir llenando los huecos y
agujeros negros con su propia imaginación, eslabonando los datos que va
entendiendo y recogiendo de aquí y allá. “Ilión”, pues, resulta un desafío.
Simmons no se lo pone fácil al lector, no da nada masticado, y eso, en el fondo,
es de agradecer. Aunque el texto está
lleno de un lenguaje tecnológico y de hipótesis en principio científicas, pronto
se comprende que esto no tiene en sí mismo mucha importancia. No es una obra
especulativa donde lo que más interese sea desarrollar complicadas teorías
científicas o sociales. A Simmons no le preocupa ser exhaustivo en sus
postulados cientificistas. En realidad, nos encontramos en un mundo plagado de
hechos y personajes fantásticos, en los cuales la Ciencia o la Tecnología son
una coartada para desarrollar un universo sobrenatural y ricamente imaginativo.
Esto, dicho sea de paso, ocurre en muchas más obras de Ciencia Ficción, por lo
que cabría preguntarse si este género no es simplemente otra rama más de la
FANTASÍA, como lo pueden ser el Terror o —con minúsculas—, la Fantasía. Pero
esto es harina de otro costal. “Ilión” es, sobre
todo, acción y diversión a raudales. Simmons tiene como
claro objetivo entretener y divertir. Y lo consigue con creces. “Ilión” puede
ser presentada como una obra de Ciencia Ficción, pero consigue enganchar la
atención de todo aquel que desee pasar simplemente un buen rato. Para empezar,
tenemos la diversión puramente intelectual, mientras uno va adentrándose en las
particularidades de este universo, sintiendo el llamado “sentido de la
maravilla”. Mas también
tenemos la acción pura, expresada en persecuciones espaciales, peleas entre
humanos y monstruos que flotan en gravedad cero, encuentros entre guerreros
griegos y dinosaurios salidos de la manipulación genética, salvajes y cruentas
batallas a espada y lanza de las llanuras de Ilión, naufragios de naves al
precipitarse al interior de los planetas y otras varias situaciones que
entroncan con la mejor tradición de los antiguos pulps de aventuras
fantásticas y futuristas. El ritmo que imprime Simmons al texto se va acelerando
a medida que pasan las páginas, haciéndonos pasar de una situación frenética a
otra aún más crítica, a veces casi sin respiro, hasta un final apocalíptico que
deja la puerta abierta para el siguiente libro de la saga, “Olimpo”, inédito aún
en España, y que muchos ya están ansiosos de devorar. Simmons
utiliza un estilo literario muy sencillo, incluso tosco y a veces basto. Pero
es directo, efectivo desde un punto de vista narrativo, y logra atrapar la
atención del lector desde el principio al fin. Se lee sin ningún esfuerzo de
voluntad, de uno o varios tirones. En el texto
va apareciendo un nutrido grupo de personajes variopintos: desde el escólico
Hockenberry, que narra con desparpajo tanto las glorias como las miserias de
Aquiles o Afrodita, pasando por los robots moravecs, más “humanos” que los
humanos debido a su sentido de la amistad, del arte y su búsqueda de las
verdades fundamentales, o los propios dioses del Olimpo, orgullosos, crueles,
temibles, y sin embargo chabacanos y mezquinos en su juego interno de rencores y
envidias. Esta riqueza de caracteres está dotada de un realismo que se adentra
en la incorrección política e incluso el sarcasmo y la burla acerca de la
condición de los héroes y los antihéroes. También hay sentido del humor, capaz
de aliviar los momentos más crueles y brutales del texto, que haberlos,
haylos. Como en otras
obras del autor, existen influencias y guiños por doquier. Aparte de las
referencias literarias a Shakespeare y Proust que hacen los robots moravecs en
sus conversaciones intelectuales, o las constantes referencias a Homero y otros
clásicos griegos, tenemos a los eloi de “La máquina del tiempo” de Wells,
o algún que otro personaje que evoca a Tolkien. Encontramos incluso el mito del
Judío Errante, transformado en Savi, La Judía Errante, una anciana
semita con miles de años de edad, cuya misión es salvar a los últimos de su
raza. Mientras, en una Jerusalem del futuro remoto los mullahs robóticos
claman por la Guerra Santa con voces cibernéticas, desde los minaretes de las
mezquitas. Pocos de los mitos que agarra Simmons se libran de su sarcástico y
canallesco sentido del humor. Cabe decir
que “Ilión” ganó el premio Locus de CF del 2004, aunque esta vez a Simmons se le
escapó el Hugo. Respecto a la
edición española, el “Ilium” norteamericano constituía un solo libro, pero
debido a su enorme extensión, aumentada al ser traducido al español, se decidió
dividirlo en dos volúmenes de más de cuatrocientas páginas cada uno (edición
bolsillo), en lugar de uno solo de casi novecientas. Parece una edición
acertada. En resumen,
puede decirse que a pesar de que en ocasiones es tosca y atropellada, “Ilión” es
también una obra muy apta para el esparcimiento y la diversión. Sin olvidar que
supone la creación de un universo exótico, complejo y atractivo. |