La madre tenía un hermano que padecía una grave enfermedad. Le afectó muchísimo la muerte de su sobrino, ya que estaba estrechamente unido a él. Estaba encamado, y lo poco que salía de la cama era a pasear por casa.
A las dos semanas del trágico suceso empezó la pesadilla para todos, una pesadilla en la que nadie se esperaba el trágico final.
Cuando la madre se disponía el nueve de Agosto a hacer una visita al nicho de su difunto hijo, se encontró con algo que le llamó la atención. Las flores del nicho de su hijo estaban todas rotas y arrojadas en el suelo. Lo primero que le vino a la cabeza, fue pensar que había sido una broma de muy mal gusto. Sin más, recogió todo, rezó, y se fue.
Los días transcurrían y los hechos se repetían. La familia estaba al corriente, y no encontraban una mínima explicación a todo lo que ocurría.
Lo que no entendían era que no había ni una huella, ni un solo indicio de que allí acudía una persona. Así que, decidieron poner tierra húmeda delante del nicho así fuese quien fuese, pisaría la tierra húmeda y dejaría su huella encima del mármol blanco que había delante del nicho.
Al día siguientes de hacer esto, los padres del fallecido acudieron a ver si todo había sucedida como lo previsto. Nada, ni una sola huella; todo estaba intacto, como lo habían dejado, menos las flores que estaban quemadas y rotas, desperdigadas por todo el suelo.
Los padres estaban desesperados y no sabían que hacer. Sin más, decidieron pasar esa noche en el cementerio. Era una noche fría, y con un poquito de lluvia. Se escondieron en un nicho que estaba en frente de los hechos y pasaron toda la noche haciendo guardia, y, aunque se escuchaban ruidos, y se veían sombras, no se movía nada delante del nicho, en las flores. Tampoco se podía ver muy bien, dada la poca luz que la luna daba.
Por la mañana, los dos estaban sorprendidos; el que rompía las flores sabía muy bien que ellos dos habían pasado la noche allí, y no había ocurrido nada. Cuando bajaron del nicho y se acercaron al de su hijo casi les da algo. Ya no había flores. Ellos estaban aterrorizados; era imposible que esto sucediera ya que habían estado vigilando toda la noche. Lo más sorprendente era lo que ponía la nota:
| QUERO VER Ó TEU IRMÁN. CLARISA. |
Clarisa estaba muerta de miedo, y rompió a llorar. El marido no reaccionaba.
Cuando el hermano de Clarisa supo lo de la nota no dudó en ningún momento; tenía y quería subir al cementerio a ver que querían. Pero Clarisa se oponía, ya que no quería pasar por malos tragos.
Pero su hermano tras pensarlo y analizarlo con mucho dolor fue al cementerio. Cuando llegó allí las flores estaban en su sitio. No ocurría nada extraño. Estuvo junto el matrimonio una hora esperando a que algo extraño pasara. Pero no ocurría nada. Así que se marcharon conformes para casa. Para ellos todo había acabado.
Aunque no era así, la cosa no había hecho más que empezar. Al día siguiente el hermano de Clarisa ya no se levantó de cama, había fallecido, no se sabía de que.
Clarisa no sabía qué pensar; lo único que pensaba era en el cementerio, nada más.
Tras la muerte de su hermano, en el cementerio no volvió a ocurrir ningún hecho extraño. Y aún hoy en día no se puede explicar nadie lo que ese año le pasó a esa familia.
IRINA BASTÓN VARELA.