Una leyenda

"Hace muchos años, en un bosque perdido del norte de Irlanda, hacía algún tiempo que sucedían cosas muy extrañas. Los que por allí habían pasado comentaban cosas muy raras: se oían voces muy apenadas, ruídos de cadenas entre los árboles y hasta se veía, a veces, gente colgada de sogas. Pero todo el mundo creía que todo esto era cosa de la imaginación, ya que el bosque era muy solitario, apenas había animales en él y, además, era algo tenebroso debido a la oscuridad.

Algunos vecinos habían hablado entre ellos para ponerse de acuerdo e ir allí a descubrir qué era lo que estaba sucediendo, si es que pasaba algo, o era la gente quien creía ver cosas que en realidad no había.

Pero un día sucedió algo muy extraño: llegó al pueblo un hombre siniestro, que hacía unas preguntas algo raras, tales como: ¿qué pasaba allí?, ¿por qué desaparecían los animales?, etc. La gente creía que era un pobre viejo que estaba mal de la cabeza y todo el mundo se reía de él.

Al cabo de unos meses, comenzaron a desaparecer animales en medio del pueblo, a suceder cosas muy extrañas como ruídos, gritos,etc. Los hombres del pueblo se acordaron del extraño hombre y recordaron todo lo que él había dicho, y era verdad. Todo era tal y como había augurado. En ese mismo momento, la gente se puso en pie, y partieron hacia el bosque 10 ó 12 personas, pero cuando llegaron a su destino no quedaban nada más que tres: Falcatt, Bralo y Zerit. No sabían lo que les había sucedido a los demás, pero, poco a poco, todos fueron desapareciendo.

Al entrar en el bosque, los tres hombres se unieron como una piña. Todo en el lugar era muy extraño; no había vida animal ni vegetal.

Aquellos hombres estaban decididos a descubrir qué era lo que sucedía, pero al mismo tiempo les hubiera gustado salir de allí sin volver a mirar a aquel paisaje desolador.

Se fueron internando en el bosque , y cada cosa que veían les parecía más horrorosa que la anterior. Los árboles que rodeaban el lugar estaban florecidos, pero los que estaban en el interior estaban sin vida, no tenían hojas y la mayoría se morían. No había animales, sólo algún que otro cuervo en aquellos troncos desolados. Tampoco había luz; parecía que no salía el Sol durante todo el año.

Los hombres siguieron andando todos muy juntos y, de repente, se oyó un enorme grito, como si alguien se hubiese caído por un barranco y, seguidamente, se oyeron unas cadenas. Bralo se agarró a Zerit y comenzaron a caminar, pero observando todo lo que ocurría a su alrededor. De pronto, Falcatt desapareció. Bralo y Zerit se fueron en su busca, anduvieron medio bosque y no lo encontraron, así que decidieron seguir sin él, pensando que se había ido al oír aquellas cosas.

Sucedió lo que no podrían creer nunca que pasaría: llegaron a un claro del bosque y encontraron un altar de piedra con un gran libro encima; estaba abierto y Zerit se puso a leer lo que allí había escrito:

<< El hechizo se completará a media noche con el sacrificio de un hombre joven, efectuado en mitad del bosque sin que nadie lo presencie, excepto la hechicera que complete el hecho.

Si todo esto se cumple como es debido, el hechizo seguirá adelante hasta que el pueblo quede cubierto por una espesa tiniebla y sus gentes pasen al pozo de las almas con todas las demás del bosque. >>

Zerit dio un salto hacia atrás y cerró el libro, pero en su primera página había una dedicatoria que ponía:

<< A Kriptana, para que complete todas mis enseñanzas, que yo no pude desarrollar. >>

PALQUETAR

¡Palquetar!- dijo Bralo.
Ese era el nombre de un antiguo brujo que la gente del pueblo había quemado hacía muchos años por haber hechizado a unos niños.

Zerit se puso muy nervioso y, cuando se dio la vuelta, su amigo Bralo ya no estaba. A partir de ese momento, todo ocurrió como ponía en el libro: llegó la media noche y Zerit se encontraba en el medio del bosque, en un lugar silencioso y desierto. De entre los árboles salió la nombrada hechicera. Traía en la mano el libro que Zerit había leído, y gritó: ¡Eres Kriptana!

En ese momento, nadie sabe cómo, Zerit cayó al suelo, cerró los ojos y durmió eternamente".

Mi abuelo tenía 73 años cuando me contó esta leyenda, pues dicen que en el bosque aún sigue ocurriendo lo mismo, y yo tiemblo cada vez que la recuerdo. ¿Podrá el hechizo llegar al pueblo, como estaba previsto?

Tania Casal Suárez

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