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Mi
afición por las casas de muñecas y todo lo relacionado con el mundo de
las miniaturas se remonta a mi más tierna infancia.
Recuerdo que me quedaba pegada en el escaparate de la tienda de
juguetes del barrio (santa paciencia la de mi abuela que era la que
nos llevaba a pasear casi todas las tardes). En él había una casita
que me volvía loca, y cómo no, cuando llegaban las Navidades, pedía en
mi carta a los Reyes Magos una casita de muñecas como aquella, pero
nunca llegaba.
Creo que por aquel entonces debió empezar también mi manía por el
reciclaje, porque con 7 u 8 años ya guardaba todo lo que pensaba me
podía servir para llevar a cabo mi gran idea: cajas de zapatos,
cajetillas de tabaco, cajas de cerillas, cuentas de collares rotos,
tapones de corcho, retalitos de tela que le cogía a mi madre, en fin,
que me convertí en una "basurillas".
El resultado de aquello..., cada caja de zapatos se convirtió en una
habitación de mi "particular" casa de muñecas. Todavía conservo una de
aquellas cajas, la que con ayuda de mi madre quedó más bonita. |