Mi afición por las casas de muñecas y todo lo relacionado con el mundo de las miniaturas se remonta a mi más tierna infancia.

Recuerdo que me quedaba pegada en el escaparate de la tienda de juguetes del barrio (santa paciencia la de mi abuela que era la que nos llevaba a pasear casi todas las tardes). En él había una casita que me volvía loca, y cómo no, cuando llegaban las Navidades, pedía en mi carta a los Reyes Magos una casita de muñecas como aquella, pero nunca llegaba.

Creo que por aquel entonces debió empezar también mi manía por el reciclaje, porque con 7 u 8 años ya guardaba todo lo que pensaba me podía servir para llevar a cabo mi gran idea: cajas de zapatos, cajetillas de tabaco, cajas de cerillas, cuentas de collares rotos, tapones de corcho, retalitos de tela que le cogía a mi madre, en fin, que me convertí en una "basurillas".

El resultado de aquello..., cada caja de zapatos se convirtió en una habitación de mi "particular" casa de muñecas. Todavía conservo una de aquellas cajas, la que con ayuda de mi madre quedó más bonita.

© 2004 España - Versión 3.0 - M. Victoria Ródenas Guijarro

1