Reportaje del Poblado Alfonso XIII que apareció en OTOÑO de 1999 en la revista TIERRA Y LIBERTAD del Sindicato de Obreros del Campo, escrito por la periodista del SOC Lucía Vargas Verde y con Fotografías de Cristina Conde Eujen.
ALFONSO XIII
Alfonso XIII
es un nombre que casi nadie relaciona con un pueblo de las marismas de Sevilla
rodeado de arrozales. Hasta al mismo antiguo rey le molestaría saber que su
nombre se asocia a un lugar tan ignorado. Y es que “Alfonso” parece el rincón
idóneo para acumular todos los olvidos: el de la permanencia de un latifundismo
avasallador en Andalucía y las amenazas constantes a la naturaleza, sea ésta
“protegida” o no; El abandono de los pueblos no rentables políticamente y el
papel de los ayuntamientos en gestores de un clientelismo a sus servicios... En
la Isla puede localizarse con precisión el monopolio que la industria
agroalimentaria ejerce sobre nuestra tierra y advertir la continuidad y el
avance en la utilización de los trabajadores como “bolsas de mano de obra”
barata y sin derechos. Pero también –remontándonos a un pasado cercano y
edulcorado ya por la Historia- se respira el olvido de la represión ejercida
sobre determinadas zonas y gentes por sus lucha; represión cuyas consecuencias se aprecian en un presente
desprovisto de significado y esperanza para muchos de los que les sucedieron.
Claro que, un retrato tan desalentador no hace justicia a nadie. En Alfonso y
en la Isla viven personas con una visión muy clara de su contexto y con la
energía necesaria para denunciarlo y trabajar en alternativas transformadoras.
Entre ellas, la gente que trabaja en el marco del Sindicato de Obreros del
Campo. Este reportaje parte de la visión que ellos nos han brindado para
describir su entorno y ofrecerlo al conocimiento de todos.
JORNALES,
PESCA Y SILENCIO EN LA MARISMA
Alfonso son unas pocas calles cruzadas
entre sí, más un canal que lo atraviesa y delata el sentido de todo lo que por
allí transcurre: El arroz, fuente de trabajo, riqueza y vida alrededor suyo;
cangrejos que viven en sus aguas, aves como la cigüeña, el flamenco o la garza.
Y dinero, mucho dinero muy mal repartido.
Enfrente mismo del pueblo, cruzando la carretera, está plantado el símbolo del poder en la zona: un almacén de HERBA –la empresa que sustenta el monopolio del arroz en todo el Estado-, en donde se acumula la cascarilla del cereal y se transforma en alpaca. En los días de viento, la cascarilla sale de su recinto, vuela y cubre todo el pueblo hasta dos metros de altura, mezclándose con los habitantes de Alfonso y provocándoles lógicos problemas para respirar. Hace unos meses ocurrió un incendio en este almacén, donde los depósitos de gasoil para la maquinaria se amontonan junto a los bloques de alpaca. Aparecieron cámaras y periodistas para retransmitir el suceso. La gente de Alfonso no pudo sorprenderse más cuando comprobaron que en todas las imágenes emitidas por televisión se había ignorado al pueblo. La noticia fue que un almacén de la empresa HERBA estaba ardiendo: no hubo ni una sola imagen ni mención al pueblo, como si lo que ocurría estuviera sucediendo en mitad de la nada. No había personas afectadas, ni peligrosidad, ni consecuencias.
Esta anécdota puede tomarse como ejemplo de la situación
que atraviesa la gente de Alfonso, arrastrados por una dinámica que parece
conducir a la desaparición de su pueblo.
Alfonso XIII fue el primer núcleo de población creado en
esta zona de las Isla Mayor y Menor, en las marismas de Sevilla limítrofes con
el Parque de Doñana. Incluso anterior a Villafranco, cuya mayoría de término
fue un regalo que Franco hizo a un tal Rafael Beca por sus favores durante la
guerra. El poblado, donde ahora viven unas 700 personas, existe desde
principios de siglo y su población jornalera siempre tuvo fama de comunista y
de luchadora. Durante la dictadura el lugar sería uno de los rincones adonde
iban a parar los perseguidos políticos, presos y exiliados del interior. Los primeros construyeron
viviendas en régimen de trabajos forzados. Y todos dejaron su herencia
ideológica, pero también el miedo y el desencanto a sus hijos. Hoy, Alfonso
XIII, votante mayoritario de IU, depende del ayuntamiento de Villafranco del
Guadalquivir.
El Sindicato de Obreros del Campo funciona
en Alfonso desde hace bastantes años, pero durante estos últimos se está
produciendo un relevo generacional. El abril pasado los jóvenes del Sindicato
inauguraron una sede nueva del SOC, comenzando una etapa en la que
quieren ser más combativos e implicar a más gente de los 100 afiliados
con que ahora cuentan. Ahora unos jóvenes forman el núcleo del SOC y son ellos
quienes nos mostraron y explicaron las mil y una batallas que solapadamente se
desarrollan a diario en La Isla.
La agricultura en torno al arroz fue siempre el principal
modo de sustento en la zona; pero, como todo el sector agrario, ha sufrido intensos cambios en las dos últimas
décadas con la mecanización de los cultivos. La Isla es una de las zonas más
ricas de Sevilla, que en las campañas de recogida, siembra y escarda
proporcionaba trabajo a buena parte de la población jornalera de la zona
(Lebrija, El Cuervo, ...). Hoy son los isleños quienes tienen que salir
a la fresa o la vendimia, porque en su pueblo sólo encuentran trabajo durante
apenas un mes o dos.
Existe otra actividad que, por libre, ha realizado
siempre la gente del campo: la pesca de
cangrejos, que va cobrando cada vez más importancia, puesto que los jornales en
el arroz se han visto tan reducidos. En
El Puntal existen empresas de pescado que defienden sus intereses de salida al
mercado o frente a los propietarios de las tierras y las piscifactorias, (hay 4
ó 5 de ellas en La Isla).

Las explotaciones de arroz suelen ser grandes propiedades
de seis o siete mil hectáreas cada una. Los Campos Peña, por ejemplo, forman
una familia de 2 hermanos y otro familiar que suman unas 14.000 has. De
propiedad; las explotan independientemente pero sobre las mismas relaciones de
abuso y vasallaje hacia sus trabajadores; no cumplen el convenio, sólo
permiten pescar a determinadas personas, y uno de ellos, Joaquin Campos-Peña
obliga a realizar una hora más de las seis que normalmente se trabajan y paga
las horas extras a 750 ptas., cuando están a unas 1.100.
Otra fuente de enriquecimiento para los grandes
propietarios de La Isla está llegando del Estado, vía Ministerio de Medio
Ambiente y programas de protección de aves. Las fuentes del SOC de Alfonso
calculan que Joaquín Campos Peña ha cobrado este año 750 millones de pesetas en
subvenciones para este fin (la misma cantidad aproximada que Herba, S.A., que
hace lo mismo en sus campos), a cambio contrata coheteros que espantan a los
pájaros impidiéndoles comer. La asociación Ecologistas en Acción ha denunciado repetidamente la falta de protección de las aves en estos
terrenos, desde donde se les dispara y muchas veces se les mata pero, por
ahora, nadie ha tornado medidas contra la impunidad de los Campos Peña.
Los ecologistas también
han denunciado recientemente la utilización de productos fítosanitarios herbicidas
y pesticidas, muy perjudiciales para las aves y para el medio. En los dos o tres últimos años los empresarios agrícolas han comenzado
a utilizar productos que prácticamente acaban con la cola,
lo cual está teniendo consecuencias también a la
hora de las contrataciones. Desde el SOC nos dicen que antes había tres o cuatro meses de
trabajo para quitar la hierba - la cola crece continuamente junto al
arroz, tres o cuatro generaciones por cada cosecha-
mientras que ahora con 20 o 25 días está todo el
trabajo terminado. Además de
lo que supone como competencia
insalvable, los Jornaleros temen también por su salud.
Los herbicidas son Fumigados desde avionetas que no respetan el espacio aéreo, dejando caer grandes nubes pulverizadas del producto encima de Alfonso.
Los señaleros
y los que fumigan con mochilas van sin protección
alguna, sin un impermeable ni paraguas al menos, que
son las condiciones mínimas
exigidas para hacer este trabajo.
Pero, además, algunos productos que se
utilizan en Alfonso y El Puntal están prohibidos
hace 15años por ser muy nocivos. Entre los efectos secundarios que el contacto o cercanía
con el producto producen se pueden leer: cansancio, exaltación, decaimiento,
apatía,... síntomas de que afectan de lleno al sistema nervioso. La gente del SOC nos contó como se trasladó
a un médico del pueblo cuando afirmó que Alfonso
tiene el índice de
cáncer más alto de la provincia de Sevilla.
No resulta extraño, por tanto, que
Jorge y Censio
describan el pueblo
como un "cortijo sin vallar ": en Alfonso no hay médico,
-sólo acude uno durante dos horas a la semana, a las que hay que estar muy atento para no
llegar demasiado tarde;
tampoco hay farmacia, ni biblioteca, ni los
servicios mínimos que se supone debe tener una población en este
país, que se autodenomina
"avanzado" y "democrático". Los dueños de1 arroz son reyes
que no admiten
disidencias ni voces en contra en sus dominios. Si exiges tus derechos en el trabajo se despiden y el
boca a boca entre jefes y manijeros funciona
creando una señal en tu frente que indica "parado", y que sólo ellos pueden quitar y
poner.
El
monopolio del arroz
El caso más evidente de
este poder lo ejemplifica la empresa HERBA,S. A, controlada por los hermanos Hernández Barrera, que tiene en Villafranco una de sus principales bases de materia prima,
molinos y vaporizadora, pero que alcanza mucho más lejos.
Arrocerías Herba, S. A. llegó a las marismas sevillanas del
Guadalquivir en 1961. En esta época ya era el primer exportador español de arroz y copaba el 90% del mercado
nacional con su marca La Cigala.
El punto de mayor expansión de
la empresa llegó, sin embargo, con la entrada de España en la CE, en 1986, cuando
los Hernández reconvirtieron todas sus plantaciones de la ribera
del
Guadalquivir para producir arroz del tipo «indica» -de grano largo- del que
Europa es deficitaria.
Con esto vino
la construcción de la mayor planta de vaporización del continente en
Villafranco. Fue haciéndose con el control de Nomen y La Fallera,
tercera y cuarta marcas nacionales y con la empresa Arrocería Sevillana.
Por fín, en 1989 Arrocerías Herba, S.A. vende el 60% del capital a Ebro
Agrícolas, en una estrategia destinada a mantener las ventas en un contexto de
concentración y fuerte competencia en el mercado internacional. A cambio, la
familia Hernández pasa a ser el segundo accionista de Azucarera Ebro Agrícolas,
con el 7,5% de las acciones y sigue gestionando Herba sin limitaciones.
Una empresa de
este tamaño en un lugar como Villatranco goza de una discrecionalidad sin
limites.
Terrenos públicos cultivadosOtra estrategia
de Herba ha consistido en ir ocupando terrenos públicos cercanos a sus fincas.
Esta es una práctica muy corriente entre los grandes propietarios de La Isla.
Existen 7000 has. de terreno común explotadas de esta forma: veredas reales,
cañadas, márgenes de los ríos... Durante la dictadura la legalidad permitía que
los dominios públicos colindantes con fincas privadas pudieran ser aprovechados
y, por lo tanto, reapropiados por los dueños de las tierras. Esto, unido a la
arbitrariedad con que se produjo el reparto de las tierras de la marisma,
siempre en función de parentescos y relaciones cercanas al poder los Campos
Peña, por ejemplo, son descendientes y familiares de altos grados del Estado
Mayor del Ejército- provocó que todos los ten-atenientes se adueñaran de las
lindes y que compraran tierras cercanas para aumentar sus explotaciones.
Herba, S. A.,
además, es dueña de un terreno que linda con el tramo del río que cruza Villafraco, «el brazo de los Jerónimos»,
En este brazo, tiene depositados kilos de sacos de pienso vacíos que atraen a multitud de ratas y entran en el pueblo, con las
consecuencias para la salud de los vecinos imaginables, y no ha consentido en
retirarlos a pesar de las muchas quejas y solicitudes de la gente del pueblo.
Hace unos meses un vecino, harto de no recibir respuesta, provocó un incendio
en los sacos; al día siguiente, en una increíble demostración de fuerza, los
Hernández enviaron un camión lleno de sacos que fueron dejados en el
mismo lugar.
Pese a la extensión y fuerza "del poder" en la zona, existen pequeños espacios liberados. De todo el terreno público cultivado hay, en la actualidad, 600 ha. en manos de cooperativas de trabajadores. La historia de Las Playas -que es como se conoce a las cooperativas- arrastra consigo una larga lucha por su existencia y reconocimiento.
Sigue en la segunda parte del documento.