Navidad itinerante
Saludos a todos.
¿Cómo lleváis este comienzo de año? ¿Qué tal las rebajas y la cuesta de enero?
Aunque un poquito tarde, hoy me levanté con el propósito de no dejar que avance más el año sin contaros cómo me fue en este último y movido mes de diciembre-enero, que he venido en bautizar como “navidad itinerante”.
Como ya os anticipé hace tiempo, esta navidad no tenía planeado viajar a Granada (me hubiera gustado, la verdad, sobre todo después de que Pablito me pusiera los dientes largos contándome todas las cosas que pensaba hacer y toda la gente a la que esperaba ver). Al final, a pesar de haberme propuesto en su momento no dejar que pasara más de 6 meses entre viaje y viaje, me temo que al final pasaré más de un año sin pasar por casa y sin veros... (qué penita me da). Circunstancias, circunstancias... ya sabéis que no se trata de nada personal.
Pero bueno, al final, como he podido ir comprobando estos días... uno se pierde cosas (bonitas, como bodas, bautizos, grabaciones de discos y otros) y menos bonitas... pero al momento del reencuentro, ciertamente, uno siente que no ha pasado tanto tiempo... “parece que fue ayer cuando...”.
Viaje de bodas.
Como ya os comenté, esta navidad se casaba mi hermano Pablo (el mayor). Para los que no les conozcáis, él es el mayor de mi familia (2 años más), y el primero en dar el salto a las Américas (2 años en Brasil, año y medio en Chile y ahora un par de meses en Boston –EEUU-). Debe de ser cosa de familia (mis padres son los culpables, aunque ahora lo nieguen). Después de varios intentos y promesas incumplidas, logré (al fin) ir a verle en uno de sus destinos y poder conocer todos esos sitios de los que tanto me había hablado. (Es bonito poder ponerle cara e imágenes a la vida de alguien de los tuyos, después de haber imaginado tanto...).
Así, el 14 de diciembre estuve viajando a Sao Paulo haciendo escala (y noche) en Panamá, ciudad que aproveché para conocer un poquito (estuve paseando por el casco viejo y alguna de sus avenidas... muy lindo). En Sampa (Sao Paulo, tal y como la llamó Caetano) me reencontré con mis padres, a los que no veía desde Semana Santa... y la verdad, seguimos todos igual que siempre.
Sampa
En Sao Paulo pudimos comprobar muchas cosas... Uno, que esta ciudad es, como afirman, la Nueva York de Sudamérica; mestiza, enorme, vital, caótica a ratos. Tuvimos la oportunidad de pasear un poco por alguna de sus calles, la Avenida Paulista, alguno de sus museos, la parte histórica (con un guía viejito bastante majo), y los parques, pequeños trozos de selva trasplantados en medio de esta ciudad sin fin de 16 millones de habitantes. Uno de los momentos más increíbles fue, ya un día antes de tomar el avión de vuelta, cenar en un restaurante italiano que está en último piso del edificio más alto de la ciudad, el Edificio Italia... ¡Qué imagen! En la cima de esta ciudad, que este año cumple sus 450 años, uno no deja de sorprenderse de cómo pueden llegar a crecer tanto las agrupaciones de personas. Os podéis imaginar una especie de ciudad-Matrix-en la noche, inundada de luces que se pierden en el horizonte. Sampa.
Ribeirao Preto
Después de día y medio en Sao Paulo volvimos a viajar hacia Ribeirao Preto, la ciudad de Giselle (mi nueva cuñada), en la que se celebró la boda. Lo mejor de todo fue conocer a la nueva familia... y ver como no hay barreras idiomáticas cuando dos madres tienen que ponerse a hablar (mi madre y Suelí, la de Giselle)... portugués, español ... ¡pan comido! Muy divertido. Pasamos la mayor parte del tiempo paseando por la ciudad, comiendo demasiado (estos brasileños no tienen control), bebiendo una cerveza estupenda (en el Penguim, especialmente) y hablando mucho de todo lo que unos y otros hemos ido pasando estos últimos tiempo... y es que el tiempo, pasa, dos años hacía que no veía a Pablo, ocho meses que no veía a mis padres y toda una vida que no veía a Giselle (la conocí en su tierra)... así que... muchos temas pendientes... Insisto en mi intención de tratar de vernos más a menudo.
La boda
Y con todo, entre viajes, preparativos y nuevas caras, llegó la boda, el viernes 19 de diciembre. Sobra decir que los padres del novio estaban muy contentos y guapos. El hermano del novio... igual de contento pero un poco menos guapo... ¡je! Todo estuvo muy bien preparado y muy emotivo. Hay que reconocer que los brasileños nos ganan en emotividad. El hombre estrella de la boda fue el organizador... un tipo que iba por todas partes corriendo y diciéndoles a todos lo que teníamos que hacer... A mí, por ser padrino (lo que en España llamamos “testigo”) me emparejaron con una prima de Giselle, muy guapa por cierto, y muy alta (me sacaba algunos centímetros... altura natural + tacones).
Llegamos a la iglesia los primeros, nos fueron presentando al resto de la enorme familia de la novia y fuimos preparándonos para la llegada de ella, que entró en la iglesia con la música de “Un mundo ideal – A whole new world” de Aladdin (improvisación de los organistas de la iglesia). Acostumbrado a las bodas de SF hay que reconocer que la celebración fue bastante corta (y en portugués). Muy linda, la verdad.
Después llegó el banquete, el saludo a todos los invitados, la cena-bouffet, la “plática” con los invitados (de nuevo sin barreras idiomáticas) y el baile, que abrió mi padre con Giselle muy elegantemente (yo creo que mi padre estuvo practicando antes... porque la verdad es que le salió muy bien). A mi, cómo no, me tocó bailar con la prima.
Podría contaros mil anécdotas de la boda, pero paso de aburriros... sólo deciros que los novios estaban muy felices, muy contentos y que fue muy lindo compartir ese momento con ellos. Fue una pena que Miguel, Mari (mis otros hermanos) y Ana no pudieran ir... otra vez, será, ¿no? ... de todos modos ... ¡¡¡sois los siguientes!!!
La vuelta
Una semana pasa volando, la verdad. Sobre todo cuando estás con tu gente. En este caso, como os dije antes, lo mejor fue poder acercarme a lo que mi hermano ha vivido y lo que está viviendo ahora. Ojalá también vosotros pudierais acercaros a estas historias que os cuento... (yo hago lo que puedo mandando fotos e historias... pero siempre hay limitaciones, como os podrían decir todos los que han estado por aquí). Conocer a alguien es un proceso realmente profundo, que requiere a veces acercarse a esa realidad variable que tenemos entre manos.
Sobre Brasil os cuento que el país se acerca mucho a lo que yo tenía pensado que era. Un país lleno de riqueza, contrastes, cultura, vitalidad, alegría. En Honduras todo el mundo sabe que soy extranjero antes de que hable... en Brasil cualquiera podría pasar (antes de hablar) por brasileño... No se imaginan la mezcla que hay... y eso se nota en la vida diaria, en la música, en el fútbol, en el arte... Un país que va hacia arriba, que saldrá hacia delante, que puede mostrar al mundo otra forma de hacer las cosas... como está haciendo Lula... como siguen haciendo sus habitantes. Un país que no he conocido (Sampa no es representativa) y al que espero volver...
Lo curioso es que, a pesar de las diferencias y los cambios, uno siente que sigue estando en el mismo continente, que sigue en América Latina... y es que hay algo en común entre Honduras, Panamá, Perú, Brasil... Sigo pensando qué cosa será, pero está claro que ese algo tiene componentes positivos (mestizaje, vitalidad, juventud) y negativos (desigualdad, pobreza). Seguiré pensando sobre esto.
Finalmente, cerrando el capítulo sobre Brasil, me llamó la atención el interés que Honduras despertaba a esta gente. El interés y el desconocimiento general. Muchas preguntas, muchas inquietudes, muchas ganas de conocer. Realmente hay mucho que trabajar aquí... realmente hay una situación compleja... especialmente en lo anímico... y es que esa sensación que uno tiene en Brasil de que las cosas van hacia delante, de que el país va para arriba, de que la gente lucha, trabaja y es inconformista uno no la tiene aquí en Honduras. Sigo pensando a qué se debe y qué se puede hacer. Y la verdad, me da miedo algo que el otro día leyó Elena ... “si no tienes una respuesta... tal vez eres parte del problema”
Tal vez todos seamos parte de este problema.
En esta y otras cosas estuve pensando en mis días en Brasil, entre viajes libros (Confieso que he vivido –Neruda-, Ardiente Paciencia –Skármeta-, La inmortalidad –Kundera), haciendo honor a esa asociación que dice que “libros y viajes se empiezan con inquietud y se terminan con melancolía”.
Finalmente, contaros que la vuelta a Tegucigalpa tuvo el sabor de la vuelta a casa. La nochebuena la pasamos con algunos de los jóvenes cooperantes que aún quedaban por aquí en Honduras y otra gente... Un buen momento para hacer revisión de lo que nos espera este año y para celebrar juntos los azares que nos han puesto en este cruce de caminos. Así fueron pasando Nochebuena, navidad, y el día 26, preparando el viaje a Cuba con el que me abriría este nuevo año 2004...
Pero esto os lo contaré en otro mail ...
Un beso a todos!
Jose.
Por cierto, para ver las fotos de la boda iros a la web... http://es.geocities.com/jmbatanero/