semana santa

(14 de abril 2004)

 

Domingo de Resurrección. Aquí termina esta Semana Santa vivida en tierras hondureñas, con el constante recuerdo de mi última Pascua entre Granada, Hellín (con tamborada incluida) y Estepa.

 

Me habían hablando durante mucho tiempo de la “espectralidad capitalina”, la fantasmagoria que predomina en Tegucigalpa en esos días previos en los que todo el mundo andaba colgado al teléfono haciendo y deshaciendo planes y reservaciones, programando escapadas a diferentes partes del país y el extranjero cercano (México, Guatemala, Belice o Nicaragua).

 

Así, la pregunta más repetida (descartando los temas contractuales, por supuesto) fue aquella de “¿y tú qué harás esta Semana Santa?”. Preguntas, en mi caso, sin respuesta o preguntas sin decisiones tomadas, que suelen ser primera señal de futura inmovilidad. Planes e invitaciones no faltaban, lo que no había eran ganas o fuerzas para sentarse a programar y dejar a un lado otras preocupaciones más repetidas y finalmente cerradas (al final acepté el contrato).

 

Viernes de Dolores, algunas despedidas entre la Albahaca y la Milonga. Diferentes destinos y una incertidumbre sevillana de última hora... ¿volveremos a estar todos a la vuelta de vacaciones?  Parece que finalmente no (¡muchos bsos y mucha suerte, Olga!).

 

En estas me sorprendió el Lunes Santo volviendo, como cada lunes, a una desangelada oficina, en una escena urbana como la del comienzo de “Abre los ojos”... Avenida de la Paz y Boulevard Morazán desiertos ... ¿estaré en una ciudad fantasma?, oficina vacía y ausencia casi total de trabajo, a pesar de estar sustituyendo a tres compañeros simultáneamente... todo sea cubrir expediente.

 

Una ciudad vacía, envuelta en un recién inaugurado y asfixiante verano, después de casi dos meses de anormal extensión del “invierno” capitalino. Una imagen como que puede vivir cualquier ciudad española de interior en pleno mes de agosto, con aquella parte de la población que se lo puede permitir huyendo hacia mejores (y más refrescantes) lugares –golfo de Fonseca o costa Norte- y el resto (los que no se lo pueden permitir) en casa tratando de sobrellevar o de sobrevivir el calor.

 

La cosa se fue agravando al llegar Martes y Miércoles Santos, con el cierre de comercios, restaurantes y hasta pulperías (esas tiendas en las que se vende un poco de todo)... y, por supuesto, no podrían faltar los detalles más curiosos... como la paradójica ley seca que se impone en la ciudad durante Jueves y Viernes Santos, en los que no está permitido venderse ni una gota de alcohol como señal de duelo y respeto...

 

¿Lo paradójico? Que el miércoles sí que estaba permitido comprar cualquier cantidad que se quisiera... y con un 15% de descuento sobre el precio habitual para terminar de convencer a los indecisos...

 

Otra de las curiosidades de estos días ha estado en la recepción que la película “La Pasion” de Mel Gibson ha tenido aquí: portadas dedicadas en los principales periódicos y diarios nacionales, colas interminables para entrar a verla (nunca se vio nada semejante), y hasta panfletos de publicidad patrocinado por movimientos cristianos-evangélicos de dudosa procedencia (iglesias de todos los estilos y colores) repartidos por cualquier parte de la ciudad...

 

Una ciudad durmiente, veraneante o simplemente latente. Un escenario que invitaba a hacer todo lo que fuera posible por salir hacia cualquier otra parte a cambiar un poco de aires.

 

Primer intento, Nicaragua. Algunas llamadas para reservar hotel en la “otra” Granada (la que está a orillas del lago Nicaragua). Tras varios intentos fallidos conseguimos una dudosa reservación en lo que parecía ser una pensión de mala muerte. La dueña del hospedaje nos aseguró que se quedaría esperándonos, pero no contamos con la imposibilidad de contar con un billete de bus disponible desde Tegucigalpa a Managua: todos estaba reservado hasta el día 15 de abril.

 

Segundo intento, playas de Tela (costa Norte). Nuevamente llamadas a hoteles de todos los nombres y colores para conseguir alguna reservación que nos animara a lanzarnos nuevamente al Caribe. Tras varios intentos conseguimos un sitio (un poquito caro) en un hotel nuevo en el cambio de Tela a Tornabé. Nuevamente el problema estaba en encontrar autobus... lo que terminó siendo ciencia ficción: ningún autobús de larga distancia se mueve en Honduras durante Jueves y Viernes Santo.

 

Conclusión, después de diez meses de tener carro era buen momento para atreverse a lanzarse a hacer un viaje un poquito más largo por las carreteras hondureñas, ¿no? Total, si pudimos llegar en diciembre desde Tegucigalpa hasta Gracias y San Manuel de Colohete por carriles de tierra y piedras, ¿no seríamos capaces de llegar hasta Tela por la mejor carretera de todo Honduras?

 

Quien quiere algo encuentra los medios... Así que el jueves madrugamos y nos lanzamos a pasar tres días de vida caribeña, una vez más, que ya terminaremos echándolo de menos cuando no andemos por aquí, ¿verdad?

 

Poco os puedo contar sobre Tela que no os haya contado ya. Bonitas playas, especialmente las del Parque Nacional de Punta Sal, y mucha mucha gente en las playas del centro de la ciudad. Me gustó ver que la mayor parte del turismo era nacional (o sea, hondureños), algunos descubriendo por primera vez los tesoros de su propio país y otros repitiendo ese instinto particularmente humano de buscar el agua en cuanto aprieta el calor. Ya os enviaré esta semana algunas postales desde Tela... con la peor de las intenciones, por supuesto.

 

Y así pasaron estos días, entre las sensaciones de una ciudad durmiente y el renovador aire de las playas del Norte. Después vino el volver al trabajo (lo que últimamente me ha dado por llamar “big Monday”), aunque todavía a medio ritmo (alguna gente se ha tomado dos semanas de vacaciones), y con muchas ideas en la cabeza acerca de esta etapa hondureña que probablemente toque pronto a su fin, y con algunas noticias tristes desde España, noticias de vida, dolor, enfermedad y fragilidad.

 

Seguimos en contacto. Os mantendré informados por si todavía queda tiempo para que alguien se anime a hacer una visita.

 

¡Bsos y abrazos desde Tegucigalpa!

 

Jose.

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