Cárceles de Honduras
(martes, 18 de mayo de 2004)
De sobra es sabido que Honduras es un gran desconocido para la gran masa española, que tímidamente, podría ubicarlo en un mapa, en una franja indefinida entre México y Panamá. (Esto para los que sean capaces de ubicarla).
Igualmente, es sabido que este tipo de países suelen mantener este anonimato involuntario hasta que se producen acontecimientos pintorescos (generalmente canciones de moda –como el “Sopa de Caracol”- o éxitos deportivos –como el empate a 1 con España en el Mundial 82) ... o grandes tragedias.
Pues bien, entre ayer y hoy Honduras ha vuelto a la escena mundial en uno de esos sucesos inquietantes que tanto enturbian el nombre de esta tierra que evoca a accidentes geográficos y legendarias frases de conquistadores (“Gracias a Dios que conseguimos salir de estas honduras”).
No pretendo en esta nueva “batallita” explicarles el trágico suceso de ayer lunes en la madrugada, en la que se produjo un incendio en la cárcel de San Pedro Sula (la segunda ciudad más grande del país) y en la que murieron 102 pandilleros, conocidos aquí con el nombre de “mareros”, simplemente me gustaría ponerles un poquito en antecedentes... Así apareció la noticia en los medios españoles:
http://www.elmundo.es/elmundo/2004/05/17/sociedad/1084795565.html
La historia detrás de la historia es ciertamente compleja...
Centroamérica en general y Honduras en particular vienen sufriendo una terrible plaga que ha venido creciendo desde que se produjo el fin de los conflictos armados en la región: las maras (de las cuales ya os hablé en otra ocasión), pandillas violentas que nacen bajo influencia de las pandillas de los Estados Unidos a las que suelen integrarse los inmigrantes ilegales cuando, tras haberse endeudado hasta la médula para entrar en el país, no encuentran trabajo que les permita salir adelante. Así, cuando estos inmigrantes sin papeles son deportados a sus países de origen, reconstruyen este esquema pandillero en su propio país, alcanzando unos niveles de violencia inimaginables (asesinatos múltiples, descuartizamientos, impuestos revolucionarios,...)
“Estos enormes volúmenes de cocaína colombiana (y en menor medida peruana) que se transportaron por la subregión alentaron en años recientes la aparición de unas 2000 bandas juveniles y violencia, sobre todo en Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. Buena parte del ascenso de los crímenes violentos que devoran las frágiles democracias de América Central, desalientan la inversión extranjera y retardan el crecimiento económico el cual se relaciona directamente con la actividad de las bandas juveniles. En El Salvador, por ejemplo, las autoridades de la Policía Nacional consignaron 735 homicidios entre enero y abril de 2001; de ellos, 599 tenían relación con la violencia entre las bandas y con el tráfico de drogas. En 2001, el gobierno salvadoreño estimó que las actividades delictivas costaban al país el equivalente a 13% del PIB anual. El número de miembros de todas estas bandas en los cuatro países de América Central se calcula en 400000 jóvenes, que en su mayoría son hombres de entre 12 y 24 años. La policía de Honduras, por ejemplo, confirmó que hay 489 bandas juveniles distintas, y funcionarios de Guatemala identificaron unas 500 en su país, que tendrían unos 100000 miembros activos en total. Muchas de estas pandillas, o "maras", como se les llama en la subregión, están dirigidas por jóvenes o adultos jóvenes que antes pertenecieron a bandas de Estados Unidos, pero fueron declarados culpables y se les deportó a su originaria América Central. Algunas de estas bandas, como la temida y despiadada "Mara Salvatrucha", también tienen extensiones en las grandes ciudades estadounidenses, participan en el tráfico de armas y drogas, y cumplen contratos de asesinatos para organizaciones de Colombia y México que trafican con drogas.” (Bruce Bagley – “La globalización y la delincuencia organizada” - Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2003 http://www.fsa.ulaval.ca/personnel/vernag/EH/F/noir/lectures/delincuencia%20organizada.htm)
Estas maras (la 18, la 13, la Mara SalvaTrucha) trascienden a la fronteras de los países, son entidades “supranacionales” en toda regla, armadas y con importantes apoyos (hay quien habla de policías, políticos, militares, empresarios). ¿Cómo podrían financiarse si no?
Lo peor de todo este asunto es que la actividad violenta y criminal de estas maras se desarrolla especialmente desde y hacia los barrios más pobres y marginales de las principales capitales centroamericanas. En palabras de Marcel D’Ans, “las maras constituyen un autoterrorismo”, una actividad que impide más aún si cabe la “normalidad” y las posibilidades de que se pueda salir del pozo. Curiosamente, prácticamente nunca suelen tocar a los ricos, salvo cuando van dirigidas.
Así, ¿qué se puede hacer contra ellas? ¿qué política se puede seguir?
La línea general en estos últimos años ha sido el endurecimiento de la legislación, de forma que la misma pertenencia a estas bandas constituya en sí mismo, un delito. Así, Honduras y ahora El Salvador, han aprobado en los últimos meses la denominada “ley antimaras”, que ofrece a los policías poderes sin límites y que cercena de forma despiadada los derechos de los presos.
En principio, la aplicación de esta ley, estaba destinada a los delincuentes más peligrosos ... pero como era de esperar ha sido una especie de Caja de Pandora que ha llenado las cárceles hasta límites infrahumanos (se habla de saturación, varios presos por cama, condiciones insalubres) e incontrolables (las propias maras siguen su actividad desde las cárceles, puesto que quienes están verdaderamente detrás sean probablemente aquellos que tienen la llave de la celda).
Cárceles llenas e incontrolables... peligrosa y explosiva mezcla que, hace un año y 45 días atrás se cobró su primera tragedia en el mal denominado “motín de la cárcel de La Ceiba” donde murieron 69 mareros. En aquel momento se habló de motín y enfrentamiento entre bandas rivales que se mataron unos a otros usando palos de camas y dios-sabe-qué-armas ... y hoy, contra viento y marea y superando los obstáculos que ha puesto la policía ya se empieza a vislumbrar lo que muchos sospechábamos ... “no fue motín, fue matanza y masacre”.
http://www.amnistiainternacional.org/revista/rev64/articulo5.html
http://www.prensalatina.com.mx/Article.asp?ID=%7B48C547A6-81E9-44BE-AE66-C13C6BDDBCA1%7D&language=ES
http://tribuna.icomstec.com/news/index.php?id=38334&mode=2
Cárceles llenas, y más mano dura por parte del gobierno y de los futuros candidatos presidenciales que, ya a dos años vista empiezan a anunciar su programa electoral con un gesto desafiante, como el puño cerrado de Pepe Lobo.
http://www.elheraldo.hn/detalle.php?nid=12052&sec=12&fecha=2004-05-06
Hace tiempo pude interceptar una curiosa conversación entre dos trabajadoras del PNUD tras haber leído el periódico del día, protagonizado, como cada jornada, por una nueva matanza cometida por mareros. “Yo lo que haría sería llenar el estadio con todos ellos y lanzar una bomba dentro”.
Así, cuando en la madrugada del pasado lunes 17, según versiones oficiales, un cortocircuito inició un fuego incontrolable en el módulo donde dormía 182 miembros de la MS (mara salvatrucha), los policías y vigilantes no dudaron qué debían de hacer: acordonar la zona, retener la escapada y disparar a los trataran de salvar su vida.
Sólo 78 consiguieron salvar la vida. Sin embargo, llueven las preguntas sin respuesta... ¿cuántos se podían haber salvado? ¿cuántos murieron por los disparos de los policías? ¿fue negligencia?
Cárceles llenas e incontrolables, 2 tragedias en 1 año y 2 meses... Dudo que sea la última.
Son mareros, son “autoterroristas”, son criminales (en muchos casos)... pero son jóvenes, niños en muchos casos, que entran engañados y ya no pueden salir de ese círculo, imposibles de reinsertar en la sociedad debido a los tatuajes que les marcan de los pies a la cabeza. Son personas y son víctimas ...
Víctimas de una estructura injusta de la sociedad en los que nos pocos nos repartimos mucho y en los que muchos no tienen otra puerta por la que poder salir.
Al menos esta vez toda la población hondureña está exigiendo saber la verdad ... porque no quiere ser conocido como “el páis de las cárceles infernales”.
Un abrazo a todos.
Jose.