Por El Sobresaliente
El paseíllo
lo iniciaron, a las cinco y cinco de la tarde, los tres diestros, Currito el
Manchego, Morito del Oriente, y el Niño Laí. El Niño Laí, de cromo y oro,
tomaba la alternativa. Lo apadrinaba Morito del Oriente, en realidad Yoshio
Morita, de Nara, que vino a España de viaje de novios y ya no volvió. Morito
del Oriente miraba de reojo a su apadrinado, con admiración y orgullo. El niño
Laí no miraba a nadie. Currito el Manchego, que figuraba en sus carteles de promoción
como "la espada más prometedora jamás salida del Campo de Calatrava",
no sabía muy bien a qué atenerse, pero su apoderado le había dicho que fuera a
la corrida de testigo, y fue. Y bien lejos que había ido, a Alès, en el sur de
Francia, que ya podía el niño Laí de los cojones haber tomado la alternativa
en, pongamos por caso, Motilla del Palancar, una plaza que, si no renombre, al
menos tenía su ruedo, sus burladeros, y todo lo que había que tener. Lo que no
tenían, al parecer, es ganas de hacerse famosos con la alternativa del Niño
Laí.
Ninguna
plaza seria de la península, si consideramos como seria cualquier plaza que
permaneciera en su sitio después de los festejos, había querido ser la sede de
la alternativa de un robot. Ningún diestro serio, si consideramos como serio
cualquier diestro con su taleguilla bien puesta y dos apellidos, quiso tampoco
ser su padrino. Así que el apoderado del Niño Laí, Onofre González, había
tenido que salir fuera de España por la plaza y fuera de Europa y casi del Universo
conocido por un padrino. A Morito del Oriente no le importó en absoluto, es
más, le entusiasmó, pues aunaba su vocación sobrevenida en una epifanía en la
Maestranza de Sevilla viendo al Juli, y algo que era casi genético en los
japoneses, la admiración por un mecanismo bien hecho.
Aunque el
primero que dudaba lo bien hecho que estaba el Niño Laí, era el propio Onofre
González, que desde el burladero hablaba con el móvil con los padres de la
criatura, K1ke y tuktuk.
-Oye,
Quique, ¿se torea o no se torea? - decía, masticando un cigarro, y mirando a su
pupilo, que se acercaba a los medios y estaba a punto de parar para saludar al
público.
K1ke y
tuktuk estaban en una furgoneta, aparcada fuera de la plaza. Hablaban
utilizando el "sin manos", para no dejar lo que estaban haciendo.
K1ke, pegado a un ordenador portátil, miraba la pantalla, y de vez en cuando
tecleaba algo, o movía el ratón. K1ke, Enrique Cembreros, con su jersey de pico
a rombos, camisa de cuadros, que mirados juntos a cierta distancia producían un
patrón de interferencia que provocaba cierto mareo, gafas redondas, en las que
se reflejaba la pantalla del ordenador. Sudaba.
-Ehh...
bueno, quedan unas generaciones, déjame que lo evolucione unas generaciones
más, ya está... ehhh... oye, ¿no puedes hacer que empiece el japonés? - le
contestó, mirando los últimos números que aparecían en la pantalla
-Déjalo -
dijo tuktuk - que no se agobie,
cojones. Dile que está todo controlado. - tuktuk, por mal nombre Saúl García,
gastaba coleta y barba, gafas y guantes de realidad virtual. Y un exoesqueleto.
Andaba sobre un andador como el de los gimnasios. De todo ello salían cables
que iban a parar a algún lugar del suelo, donde se enredaban unos con otros y
luego, al desenredarse, aparecían enchufados a algún otro aparato, que a su vez
emitía más cables que finalmente iban a una pequeña antena al techo. En ese
preciso instante hacía un arco con su mano derecha por encima de la cabeza y
delante de él; la mano agarraba una montera inexistente.
-¿Que no me
agobie? - Decía Onofre, tocándose el pelo, de la consistencia de la envoltura
de un puercoespín, de uno que usara gomina, se entiende; en el centro de la
plaza, el niño laí saludaba con su montera al público - ¿que no me agobie? Que
no me agobie. Amos a vé, listo, ¿cuántos toreros has visto tú que no toreen en
su alternativa? Después de su alternativa, vale, cualquiera tiene una tarde
como Curro Romero y se pega la mano de corré delante del toro, pero, cojones,
el día de su alternativa, por lo menos, tendrá que torear. Vamos, digo yo - la
comitiva volvía a chiqueros: diestros, la cuadrilla, los picadores... sonaban
los clarines que anunciaban la salida del primer novillo. "Blackie",
456 kilos, negro zaíno.
Yoshio se
fue hacia Onofre, con su traje grana y oro, pelo teñido de rubio peinado hacia
atrás, y su propia coleta, en vez del postizo que usan casi todos; cara
redonda, ojos almendrados, y una cierta calma en el andar, la calma del
samurai.
-¿Qué,
jefe? ¿Empezamos? - dijo con un cierto acento andaluz pasado por Osaka, o
quizás al revés.
Onofre le
hizo con la mano libre el signo de que esperara
-Que si
empezamos, cojones - dijo por el móvil.
-Ya estamos
empezando - dijo tuktuk mientras se ponía de rodillas, y extendía sus dos
manos, agarrando algo, delante suyo.
En el
ruedo, El Niño Laí, de rodillas enfrente de chiqueros, esperaba al novillo a
puerta gayola. Un atrevido sol de finales de mayo se reflejaba en sus bruñidas
superficies, deslumbrando a más de uno; sólo su cabeza, cubierta por la
montera, aparecía mate; el resto fluía como la superficie del océano, lejos de
cualquier plaza. Sus ojos eran dos puntos negros en la parte frontal de su
cabeza de maniquí, sus orejas dos simples puntos, que ocultaban micrófonos, y
un par de antenitas que le conectaban con la red inalámbrica Bluetooth, su
vínculo con tuktuk y K1ke. Su cuerpo esta adornado por apliques dorados en
todas las articulaciones, donde sus manos se unían a los antebrazos, y los
antebrazos a los brazos. El resto del cuerpo había sido moldeado siguiendo el patrón
de un amigo de Kike que iba al gimnasio, al que no le hizo mucha gracia ponerse
unas mallas y que lo cubrieran de plástico para hacerle un molde de epoxy, pero
así quedó la cosa mucho más fiel al original humano. El amigo de K1ke se
quejaba de que la parte de cintura para abajo era precisamente lo menos fiel,
pero nadie le hacía caso, y además, tampoco se iba a saber quién había servido
de modelo.
Con el
capote extendido delante de él, el sol brillando por su espalda, de rodillas y
con su pecho reflejando el rosa del capote, el toro salió por la puerta de
chiqueros, su rostro oscureciendo el rostro del Niño Laí, donde se reflejaba.
El Niño Laí hizo un molinete por encima de su cabeza, haciendo pasar al toro a
un escaso palmo de su cuerpo. El público gritó "Ole!", porque era
francés, pero el "Olé" se dice igual en todos los idiomas. Aunque
entre el público, sobre todo en Sombra, había bastantes críticos taurinos,
venidos especialmente de España en el AVE Barcelona-Nîmes, para presenciar el
evento, y ninguno gritó "Ole", porque estaban muy ocupados tomando
notas en los portátiles.
El que sí
dijo Ole, y luego Eje, y luego más Oles, fue tuktuk, que estaba disfrutando
como un enano, o quizás como el cerebro que movía los músculos de un robot
torero
-Cohone, a
ver si no me dais más sustos - rugía Onofre desde su móvil a través de los
altavoces de la furgoneta. - ya habéis espurgao el programa genético ese de los
cojones, ¿no?
-Ehh, sí,
más o menos - contestó K1ke, que para qué diablos le iba a explicar lo de la
realidad virtual, la telepresencia, el ciberespacio, y la madre que parió al
maldito error que hacía que el cerebro que tendría que haber regido al robot no
estuviera listo hasta estas horas. tuktuk no dijo nada.
-Bueno, que
me voy con la cuadrilla, a tomarme unos Machaquitos, ¿vale? Venga, luego nos
vemo en la furgoneta.
-Joer,
Saúl, estás disfrutando, ¿eh? - dijo K1ke.
-Más que en
una final de la Escuela de Quake III. O más o menos igual, porque, ¿cómo te
crees que aprendí a torear? Para empezar, te miras en la Internet lo de las
manoletinas, verónicas y el salto del gallo, luego te haces un nivel del Quake
para entrenar, y hala. Sólo tuve que meter los toros que estabas evolucionando
tú en tu ordenador - dijo, con los brazos extendidos delante suyo. Estaba
esperando a que Quillo de Chiclana picara al toro.
-Pues menos
mal que se te ocurrió, porque a esto le queda un rato. A ver si en un par de
minutos termina y puedo meterlo. Eh... ¿Qué haces? - tuktuk corría por el
andador con los brazos alzados, los dedos formando un huevo hacia abajo,
mientras gritaba "Ejeeee! Ejeeeee!". De repente hizo una finta a la
izquierda, y bajó los brazos bruscamente, en línea recta. Un par de banderillas
en todo lo alto.
-Venga, pon
la tele, y lo vas viendo. Si quieres, te paso a tu monitor lo que veo por las
gafas - dijo tuktuk, socarrón.
-Ehh...
casi que te lo ahorras, que ya sabes que los toros me dan mucho susto - dijo
K1ke, lo que provocó una carcajada de Saúl-tuktuk. - Ya está terminando.
-Avisa, y
hacemos el change en caliente - contestó tuktuk, a la vez que movía brazos y
piernas en algún pase aprendido por Internet.
-Bueno, en
caliente... ehh.. hay que rearrancar al robot. Le voy transfiriendo el
programa, pero para que empiece él solo, hay que rearrancar.
-Pues nada,
sigo yo. ¡Ole!
-Que no,
que no es honrado, cojones. Para eso no hubiéramos montado todo el tinglado,
nos quedamos en casa, te conectas por Internet al robot, y ya está. El robot va
a torear solo, es un ejemplo de inteligencia artificial situada, y ...
-Y una
mierda, porque no funciona - dijo tuktuk. Ahora andaba, con un brazo pegado al
pecho.
El Niño Laí
se dirigía al centro del ruedo, con un brazo pegado al pecho, la montera en la
mano. Yoshío, el Morito del Oriente, le esperaba con la muleta en la mano.
Sonaban los clarines, pidiendo el cambio de tercio. Yoshío le entrega la
muleta, la espada curva, y le abraza, quemándose ligeramente la mejilla al
contacto metálico de la cara del robot. No le importa, no porque más cornás dé
el hambre, sino porque se siente parte de un hecho histórico al menos tan grande como el primer pis virtual
del primer Aibo, el perrito robot, o al que se le murió el primer Tamagochi de
empacho de empanadas virtuales. Y además, era una beta, como le habían
explicado los dos técnicos, algunas cosas tendrían que cambiar en la versión
1.0.
El Niño Laí
lo tomó todo con la mano izquierda, y todavía con la montera en la derecha, se
dirigió a la presidencia, en francés:
-Esto se lo
dedico a ustedes, a mi afición, y al software libre. - la presidencia le
concedió la venia, y el toro, que la cuadrilla había estado entreteniendo
comenzó a quedarse libre, libre de concentrarse en él.
-¿Una
mierda? - K1ke sudaba más todavía, sobre todo por la frente, y cada vez más por
los sobacos. - ¿Una mierda? Te vas a enterar, so listo - dijo, dándole a la
tecla de Enter de su portátil.
tuktuk perdió la visión en las gafas, y los guantes y el exoesqueleto dejaron de ejercer pequeñas presiones sobre él, retroalimentándolo sobre lo que ocurría en el cuerpo del robot. Ahora el Niño Laí actuaba por su cuenta, con un cerebro evolucionado a base de miles de generaciones de pelear con toros dentro del ordenador. Pero antes, tenía que rearrancar. El toro, que ya estaba bastante mosquedado con tanto picador y tanto pase y tanta banderilla, no entendía de rearranques, y sólo veía un trapo, ondeado por una ligera brisa, y se fué para él; el Niño Laí permaneció impasible, mientras comprobaba todos sus periféricos, y la plaza se levantaba sobre las gradas viendo venir lo inevitable, el revolcón que inevitablemente le dió cuando, al entrar al trapo, cabeceó y le dio un golpe en el costillar (es decir, en la pechera modelada en aluminio), cayendo de lado y golpeándose en la cabeza.
La plaza
entera se levantó. Onofre, el apoderado, mordió el puro, y se tragó la punta.
K1ke dejó de recibir en la pantalla de su portátil datos. tuktuk sólo decía:
-¡Déjame
solo, joer! ¡Déjame sólo! ¡Que seguro que la pringas! - y se bajaba del
andador, dirigiéndose al K1ke, intentando agarrar su portátil.
-Eh... el
que se ha quedado solo ha sido el robot. Mira:
k1ke@chiqueros $ ping niniolai
Sending 56 byte packets:
Host unreachable
-¡Ya la has
pringao! ¡Con tu AI y tus historias! ¡Joer! ¿Y ahora qué? Pon la tele o algo a
ver qué pasa, ¡joer! - pusieron una tele portátil que llevaban en la furgoneta.
Un primer plano del Niño Laí llenaba la pantalla: se notaba que iba a necesitar
un poco de trabajo de chapa y pintura, pero nada más. Cambiando la imagen, la
cuadrilla había apartado al toro, que movía la cabeza, embistiendo de un capote
a otro. Pero el Niño Laí ya estaba de pie, y citaba al toro, con un "Eje
toro" un tanto metálico, pero perfectamente audible desde la televisión.
El toro acudió al engaño, y el autómata lo recibió sin apenas mover los pies,
con un derechazo limpio, que terminó con un pase de pecho; tras este pase de
pecho, dobló el percal y le hizo un desplante al toro, con la cabeza alta y
mirando hacia la presidencia. Después de esos primeros lances, enganchó una
buena faena, con buen ritmo, con arte, y, quizás, con valor. tuktuk, viéndolo
por la tele, le indicaba de qué video había escaneado este o aquél pase, para
que quedase bien claro que, aunque la sopa la había hecho K1ke, los
ingredientes y el punto de cocción se lo había dado tuktuk, al que todavía no
se le había pasado el mosqueo.
El público
saludaba con "Oles" y gritos de "Torero" cada pase, un
natural, una manoletina, hasta que finalmente el toro estuvo cuadrado para
entrar a matar, la suerte suprema. El robot, el capote bajo, la rodilla derecha
ligeramente alzada, la espada paralela al suelo con su punta curva apuntando al
novillo de la res; la res embiste, el robot se arranca, y le clava la espada en
todo lo alto. La plaza es un mar de pañuelos, pidiendo orejas y rabo. Onofre,
el apoderao, está a punto de tragarse el resto del cigarro a causa de una
palmada en la espalda más fuerte de la cuenta. Todo el mundo se le arrima, la
cuadrilla, los reporteros de televisión, los críticos le preguntan, el móvil
comienza a sonar.
Hasta su
segundo toro de la tarde, el Niño Laí hace lo propio: unos quites en los toros
de su padrino y testigo de alternativa, ratos de burladero; durante estos
ratos, K1ke y tuktuk hacen lo propio, desmontando el pectoral y el casco, y
tratando de arreglar el pequeño estropicio; a pesar de ello, deciden que
funcione autónomamente en el segundo toro.
Su segunda
faena, esperada con ansiedad, es al final un mar de pañuelos, la estocada
quizás un poco más escorada, el toro más flojo de manos, pero le saca el máximo
partido. La afición intenta sacarlo por la puerta grande, pero no son
conscientes que, con las baterías y el cuerpo y los resfuerzos estructurales,
pesa 185 kilos, así que al final, entra el carrito eléctrico verde del que
barre las mierdas de los toros y caballos, y es que el que lo saca por la
puerta grande, con toda la afición detrás. El que llevó el carrito luego le
pidió sesenta euros al apoderado, que dijo que sin sudor, no hay pasta, que la
próxima vez se lo curre y lo saque a hombros, a lo que el aficionado le
contestó que por las baterías del carrito, y Onofre le dio unos cuantos euros.
K1ke y
tuktuk desconectaron al robot, descargando antes los datos de la corrida para
futuras generaciones de evolución, y lo montaron en un asiento, atándolo con
correas. A tuktuk le había gustado hacerlo igual que el de RoboCop, y tampoco
iban a negarle el capricho al muchacho, después de lo que había currado.
Dejaron la furgoneta en un garaje cerrado, cerca del hotel.
-¿Y ahora,
qué? - dijo tuktuk, ya en la habitación del hotel
-Eh..Pues
yo me quedo. Para empezar, tengo que ducharme, y luego he visto que van a echar
Matrix en la tele, y me voy a quedar a verla
-Joer con
Matrix, coño, si te la sabes de memoria. A ver, cuéntame otra vez lo de la
chica de rojo y todo eso... Venga, tío, que hay feria, hay chicas, es tu día de
triunfo, has salido por la puerta grande...
-Que no,
tío, que mañana hay que llevar la furgoneta, que no, venga...
-Que la
lleve el Onofre, ¡joer! Venga a la feria... - y lo arrastró hacia la puerta,
pero K1ke insistió que si había tías, tenía que ducharse y cambiarse; lo hizo,
poniéndose unos pantalones caquis y una camisa a rayas. tuktuk siguió con sus
bermudas y camiseta negra con el logo de un grupo heavy guatemalteco.
Cuando
llegaron, la feria podía haber sido la de Marchena: mucho flamenco, mucho fino,
lo único es que había más variedad étnica, y de vez en cuando alguna caseta
ponían grupos de rap francés.
-Eh..
bueno, ahora a por las chicas, ¿eh? Venga, diles tú algo a aquellas, que sabes
francés - dijo K1ke
-Qué coño
voy a saber yo francés... - dijo tuktuk, haciendo un gesto con la mano
-Entonces,
¿cómo te las apañaste para saludar a la presidencia? - le preguntó,
sorprendido, K1ke
-Lo fui
mirando en Babelfish, joer. ¿Qué te creías?
-Bueno,
habla tú, venga - ya estaban al lado de un grupo de tres chicas, veinteañeras;
una de ellas, que parecía argelina, iba vestida de gitana, con un corpiño de
malla, y una falda blanca con topos rojos, las otras dos, simplemente de
francesas, en resumen, las tres sumamente atractivas.
-Hello,
nous sommes los de la corrida - dijo tuktuk
-Vous?
Coggida? -dijo una de ellas, de las que no iban vestidas de gitana
-Pos no
tenéis pinta de mozos de espadas, vosotros - repuso la que estaba vestida de
gitana, lo que provocó risas en sus dos amigas, y sorpresa inconmesurable en
K1ke y tuktuk. Pero tuktuk se repuso pronto y le dijo:
-Ni tú
pinta de tener ese acento de Huelva - y apuntó una sonrisa, aunque no tenía muy
claro si en realidad no debía haberlo dicho.
-Es que mi
familia se tiró muchos años en la fresa, antes de venirse para acá. Ya ves. -
dijo, apuntando también una sonrisa.
K1ke
todavía no había cerrado la boca
-¿Y éste
quién es, el que empieza los "oles"? Pues se ha quedado atascado -
las amigas francesas se rieron de nuevo, no se sabe si por el señalar, por el
evidente tono de cachondeo, o por la situación en general. Además, la
observación de la chica vestida de gitana provocó efectivamente un
encasquillamiento de la mandíbula de K1ke, y una inmediata reacción de huida.
tuktuk, previéndolo, le echó el brazo por los hombros.
-No,
nosotros somos los del robot. Bueno, es nuestro chavea, en realidad - dijo,
apretando a K1ke - ¿verdad, Quique?.
-Eh.. sí,
chavea. Nuestro.
Una de las
francesas, entendiendo perfectamente el vocablo checo que se ha extendido a
todas las demás lenguas, empezó a hablar entonces, en tono de pregunta, pero no
lo entendieron mucho; solo "gobó", "informatique", y el
sentido general de todo, o sea, que parecía que estudiaba informática y le
interesaba todo el tema; tuktuk enseguida se agarró a eso, y empezaron a
intentar entenderse en la jerga universal de la informática: mucho bit, mucho
byte, mucho BlueTooth, mucho XML, en una mezcla de inglés, español y francés.
Al instante, tuktuk sacaba un CD de uno de los bolsillos de sus bermudas (eran
unos buenos bolsillos), y le dijo a K1ke:
-Oye, hay
una tienda de juegos en red ahí con el Quake, y le he dicho que tengo aquí un
nivel programado de toros y toreros, y vamos a jugar un rato. - Se fue, sonriendo,
pero volvió un momento la cabeza, y haciendo un movimiento como de entrar a
matar, le dijo - Yo seré el torero.
La otra
chica se desinteresó del tema, dijo au-revoir, dejando a K1ke solo con Amira,
que así había dicho que se llamaba la chica. Pasearon por la feria, comieron
unos churros, que ni de eso faltaba en la feria, se tomaron un par de
manzanillas, charlaron de qué es lo que hacía cada uno; Amira estudiaba Minas
en la Escuela de Minas de Ales, lo cual hizo que K1ke le hablara de Antonio Molina,
y de Cuenca minera, borracha y dinamitera de Siniestro Total, y todo eso, y que
él había estudiado informática, y que ahora estaba, bueno, dedicándose al
bisnes taurino y todo eso. Poco a poco, llegaron hasta el hotel; K1ke le dijo a
Amira:
-Eh... bueno,
eh, si quieres subir... eh ... - dijo, rascándose el cogote con fruición.
-Casi que
no, mira, nos tomamos una copa aquí en el hotel, y tú invitas, ¿vale?
-Eh.. Vale.
Bueno. - respondió K1ke, un poco frustrado, para qué vamos a engarñarnos.
-Y me cuentas
cómo empezó todo este fregado de los toros y los robots, ¿te parece?
K1ke
sonrió. Dentro de lo malo, al fin y al cabo, iba a disfrutar.
Todo había
empezado unos tres años antes, un mes de septiembre. Quique, que todavía era
Quique, Saúl, que todavía era Saúl y no había aborrecido las mayúsculas, y un
tercer compañero de piso, que ya se hacía llamar por el nick CondeCero, aunque
sus padres le habían puesto Gabriel Conde Jiménez, tomaban cervezas en un bar
de la Chana, después de haber encontrado piso, venir de la Escuela de
matricularse, y encontrarse con la peña. Ahora se planteaban el futuro, al
menos a corto plazo. Resuelto el tema vivienda y el tema administrativo, podían
dedicarse a algo más creativo, es decir, pensar en qué iban a hacer de proyecto
de fin de carrera. Las ideas volaban, como las hamburguesas y los platos de
calamares y las cañas.
-Algo de
realidad virtual, algo virguero - decía Saúl - no sé, un espacio virtual
sintético evolutivo que cambie según el punto de vista del usuario, con
conexión BlueTooth y protocolos XML.
-Y eso, ¿pa
qué? - preguntaba Quique.
-Joer, ¿pa
qué va a ser? Pa meternos tres o cuatro colegas y jugar al Quake 3. Pero no va
a ser sólo un nivel, va a ser algo más...
-Evolutivo
- le ayudó CondeCero
-Sí, y
según vaya cayendo la sangre de los enemigos se pueden crear nuevos personajes
no jugadores que a su vez cambien ... - se entusiasmaba Saúl, echándose el pelo
hacia atrás con las manos ...
-Sí, vale,
tú lo presentas al final - le dijo Quique. -, no, lo que yo había pensado era
algo evolutivo, por ejemplo, he visto un trabajo que hace evolucionar jugadores
de ajedrez, pues eso, jugadores de ajedrez que evolucionen jugando unos con
otros hasta que aparezca uno que parta la pana... sí, algo así.
-Abandonware
- dijo CondeCero.
-¿Qué? ¿Qué
dices de guaguare? - dijeron los dos simultáneamente.
-Abandonware.
Programas antiguos. Ya no se venden. La compañía los libera. Los fuentes.
Muchos juegos.
-¿Y le
cambiamos los títulos y lo presentamos como proyecto? Guay - dijo Saúl - Joer,
Gabri, es que tú piensas, tío.
-No. Se
miran. Se aprende. Se cambian. Se adaptan. Se les hace evolucionar.
-Eh... creo
que ya sé lo que quieres decir. Que cojamos un juego, le cambiemos los fuentes,
le metamos librerías modernas, y hagamos evolucionar a los personajes del
juego, desde fuera o desde dentro, para que jueguen ellos solos - dijo Quique.
-Y unas
librerías gráficas que te cagas, con mapeo de texturas, y unos escenarios
nuevos. Y luego me meto con unos colegas, a pegar unos tiros - dijo, agarrando
entre las dos manos una pistola virtual.
-Toros -
dijo CondeCero - Olé Toro, de Dynamic. Acaban de liberarlo.
La
conversación comenzó a divagar sobre quién iba a hacer qué, con el acuerdo
implícito de que ese proyecto era el que iban a ofertar a algún profesor.
Todavía no tenían muy claro a quién, pero a alguno le gustaría, sobre todo
llevándolo así tan mascadito. CondeCero se encargaría de mirar y modificar el
motor básico del programa, y le tendría que dar los parámetros básicos de toros
y toreros a Quique, mientras que Saúl se encargaría de buscar modelos en tres
dimensiones de plazas de toros famosas, texturas del albero de la plaza, y ver
datos anatómicos sobre toros, tamaños de cuernos, grosor y resistencia de las espadas,
banderillas, descabello. Propuso diseñar un cañón Gatling de banderillas, pero
sus compañeros le sugirieron que lo dejara para la versión 2.0. También propuso
meter triceratops para torear, pero Quique le convenció que si la evolución
daba como resultado triceratops, que vale, pero que si no, también para la
versión 2.0. Y se decepcionó mucho al saber que no había ningún plan de liberar
"Torrente, el juego", porque le hubiera gustado hacer evolucionar un
robopoli carpetovetónico.
Encontrar
un profesor que quisiera dirigir el proyecto no era fácil. Unos profesores lo
veían demasiado complejo, otros demasiado simple, a algunos no les gustaba la
realidad virtual y preferían que se hiciera una página web con una base de
datos sobre toros y toreros, o, mejor aún, un "diseña tu toro" (.
com, por supuesto); a otro no le gustaba lo de la evolución, y quería que le
pusieran redes neuronales a todo (una grande al torero, una chiquitita al
toro). Finalmente, llegaron a uno cuyo principal tema de investigación era la
robótica. Escuchó atentamente, tomó nota, y aceptó dirigir el proyecto, pero
con una condición: que al final, estudiaran la posibilidad de construir
físicamente un robot y meterle el cerebro que hubieran hecho evolucionar, o
bien usar uno que estuviera ya construido. Los tres compañeros de piso salieron
fuera, CondeCero se echó un cigarro, lo pensaron, lo discutieron, y finalmente
aceptaron. Le dieron los DNIs al profesor, y a currar.
Siguió un
año un tanto complicado, que al final se complicó en año y medio. CondeCero se
perdía días enteros, y cuando volvía traía un pedazo más del motor del juego
cambiado con respecto al original de Dynamic. También simultáneamente se
enteraban de que alguien se había metido en la red de ordenadores de la NASA,
de la UEFA, o de la OTI. Saúl volvió a suspender en diciembre, y otra vez en
febrero, MIA, y la arquitectura por pocas. Perdía mucho tiempo porque cada vez
que diseñaba una plaza se metía dentro con sus amiguetes a pegarse tiros entre
las gradas, pero al final salían plazas muy realistas. Quique ya lo había
aprobado todo, pero perdía tiempo yendo a ver "Cortes del Director"
de la Guerra de las Galaxias y Matrix, craqueando DVDs con secuelas de Matrix y
de la Guerra de las Galaxias, buscando en Internet el MP4 completo del Señor de
los Anillos. Pero también fue a visitar una dehesa donde criaban toros, de
donde vino con tal susto en el cuerpo que resolvió no volver más.
K1ke se
peleaba con la evolución. No sabía muy bien que hacer: hacer evolucionar toros,
como venían haciendo los ganaderos desde hace siglos, de forma que fuera noble,
tuviera resistencia, recorrido, y a la vez que no fuera tan bestia que se
comiera tres toreros y un picador para desayunar, o bien hacerlos coevolucionar
con los toreros, que a su vez también habían venido evolucionando al menos en
dos o tres generaciones: los Ordóñez, los cordobeses... Al final se decidió por
la coevolución: torero y toro formarían un todo, el toro tenía que dar
posibilidades de espectáculo y el torero aprovecharlas.
La función
de calidad, que decidía qué torero y toro era mejor, también fue difícil de
hallar. Primero pensó en dar puntuación a un torero que lograra matar al toro,
y no al revés. Pero al cabo de unas pocas generaciones, el torero tiraba la
espada al toro según salía de chiqueros y se la hincaba en un ojo, con lo cual
obtenía la máxima puntuación. Luego, decidió dar puntuación a la duración de la
faena, con un límite superior. El torero se pasaba en el burladero todo el
tiempo, y al final le tiraba la espada desde allí. Si le daba más valor al
torero que se arrimara, el torero se montaba encima del toro, hincándole la
espada desde arriba.
Así que
decidió acudir a la fuente de toda la sabiduría: la Internet. De allí, sacó la
conclusión de que tenía que consultar un libro ignoto llamado el Cossío. En la
biblioteca de Andalucía, en una bocacalle de Melchor Almagro, lo encontró. Una
estantería entera. Le pareció, así a ojo, que sólo el Cossío tenía tanta
información como toda la Internet junta, pero aún así, se fue armando de Coca
Colas y leyéndolo poco a poco. Leía sobre un torero, e incorporaba alguna de
sus características como "semilla" para la evolución, o cambiaba las
variables de instancia de la clase Torero. dentro del programa. Leía sobre un
pase, un lance, un quite, y lo metía como método de la clase. Leía sobre la
crianza de toros, y enriquecía la jerarquía de objetos que componían la clase
Toro. Y lo que es más importante, aprendió que tanto al toro como al torero los
hacían el público, con lo cual había olvidado algo muy importante en la
evolución: al final, el que decide es el respetable. Tuvo que incluir en la
función de calidad la posibilidad de que el usuario decidiera si se había hecho
o no una faena, con tres niveles "pañuelos blancos" (una buena faena)
"muchos pañuelos blancos" (muy buena faena, con orejas), y
"muchos pañuelos blancos, ovación cerrada" (orejas y rabo). Saúl, que
ya empezaba a empeñarse en que lo llamaran tuktuk, le diseñó los iconos
correspondientes, en 3D, con movimiento, textura del pañuelo, y casi que se
podían contar las narices del público. Y todo ello en 64x64 pixels.
Se acercaba
cada vez más el mes de julio, la fecha que se habían propuesto para entregar el
proyecto, y el torero ya hacía unas faenas de muleta sólo de treinta o cuarenta
pases, y el toro, que ya iba pre-banderilleado y pre-picado, porque no habían
tenido tiempo de programar cuadrillas ni alguacilillos ni al picador (tuktuk ya
tenía la textura de esparto del peto del caballo), podía aguantar hasta el
culmen de la faena, la estocada. Pero les faltaba uno de los requisitos
esenciales, el poner al torero en un robot de verdad, así que fueron al
profesor para pedirle ayuda.
-No, me
temo que no puedo prestaros ningún robot humanoide. Aparte de que valen una
pasta, bueno, creía que lo iba a tener a estas alturas porque pedí un proyecto,
pero con lo que me dieron sólo he podido comprar un Khepera - les dijo el
profesor.
-¿Un
Khepera? ¿Qué es un Khepera? - preguntó tuktuk
-Como un
R2D2, pero del tamaño de un salero. De un salero gordo. - le contestó el
profesor.
-¿Un
salero? ¿Y qué vamos a torear con un salero? ¿Un ratón? ¡Joer! - respuso
tuktuk.
-Eh...
bueno, lo que Saúl quiere decir es que, eh, bueno, que como vamos a demostrar
la inteligncia artificial situada, si la situamos, eh, o sea, dentro de un
ratón... todo lo que se ha hecho hasta ahora, ha sido para un humanoide, con el
tamaño, la musculatura, la velocidad de las reacciones, adaptada a eso. Eh...
además no tenemos ratón.
-¡Coño,
pues os lo buscáis! En los proyectos, los alumnos tienen que poner sus propios
medios. No querréis que os deje el ratón también, ¿no? Con el Khepera, váis que
ardéis. Y demasiao que os lo dejo, que seguro que se me mosquea el director del
departamento... - les dijo el profesor, alzando la mano derecha, algo
mosqueado.
-Eh...
bueno, venga el Khépera. - dijo K1ke. Tuktuk se lo guardó en uno de los
bolsillos del pantalón militar que llevaba en ese momento. Los CDs con los
drivers y demás los guardó K1ke en la mochila que llevaba sobre el hombro
derecho. Salieron del despacho.
Fueron
hacia el piso, en los Pajaritos, para hablar con CondeCero, a ver qué podían
hacer con el tema. El pequeño Khepera bailaba dentro del bolsillo de tuktuk.
-¿Y si
coges y le cambias los parámetros y le pones los del robotijo? Joer, no puede
ser tan diferente. Eso de la evolución es adaptativo, no, ¡pues adáptalo! -
decía tuktuk
-Bueno, sí,
se podría, pero coño, para empezar, tenemos menos de dos semanas, para seguir,
bueno, digamos que los ratones no se caracterizan exactamente por su trapío y
nobleza. - le contestó K1ke.
-¡Joer! ¿Y
qué hacemos? - dijo tuktuk, pensativo - ¡Ya lo tengo! Mira, le hacemos un hacha
al chismillo ese, y que mate a hachazos al ratón. No, mejor una lanza. ¡O un
lanzallamas!
-Pero mira
que eres cafre, tío. -
-¿Cafre yo?
Tú eres el que quiere hacer un robot para que se cargue a un toro, ¡joer!. A mí
no me digas cafre - respondió tuktuk
-Coño,
tuktuk, bueno, vale, pero es otro tema, hombre y bestia, cara a cara...
-¿Qué
hombre a bestia? Será robot a bestia... además, joer, ¿qué más da la bestia?
Los ratones pueden llegar a ser muy cafres... una vez uno a mí me mordió en el
dedo - dijo tuktuk, alzando el dedo
-Que no,
coño, Saúl, eh... además, el Khepera no tiene brazos. - dijo K1ke. Tuktuk lo
sacó del pantalón
-Coño,
¡pues es verdad!
K1ke ya
abría la puerta de su piso, en la calle Tórtola. Parecía que Gabriel estaba en
su habitación, y se fueron para allá. Estaba con los postigos de las ventanas
cerrados, iluminado sólo por la pantalla de su ordenador. Sonaba por los
altavoces del ordenador música trance, o postindustrial, o cualquier otro tipo
de música que hiciera que los subwoofer se ejercitaran más de lo normal. Se
había afeitado al cero, e iba vestido de negro de arriba abajo. Cruzaba las piernas
sobre el asiento. Apagó la pantalla del ordenador, y les hizo gestos para que
salieran fuera de su habitación.
-¿Qué? -
les dijo
-Esto - le
dijo tuktuk, poniendo al Khepera encima de la mesa. Pero como encima de la mesa
había también 3 bolsas de patatas fritas, cáscaras de pistachos, CDs fuera de
la caja, y revistas de diversa temática, rodó y se cayó. Trataron de cogerlo,
pero se había quedado pegado a una mancha de cocacola; lo consigueron, pero le
quedó un pequeño pegote marrón-rojizo en la barriguita.
-¿Y? - dijo
CondeCero. Le contaron toda la movida del profesor, la inteligencia situada,
los parámetros de la evolución.
-Vale.
Dadme un día. - y se fue para su habitación. tuktuk y K1ke se miraron, pero
tenían cosas mejores que hacer: K1ke estaba tratando de bajarse un trailer de
la séptima parte de Star Trek, y tuktuk tenía una kedada con su clan, para
masacrar a otros infelices que se cruzaran virtualmente en su camino.
Al día
siguiente, a las 9 de la mañana, apareció un muchacho con el uniforme marrón de
UPS, con un ordenador portátil bastante chulo en la mano. K1ke le abrió la
puerta, y estuvo a punto que le dejara echarle un vistazo al portátil; pero el
mensajero sólo le dijo "Para Gabriel Conde. Firme aquí" y le alargó
un paquete del tamaño de una caja de botas del 48 (numeración europea), en el
que ponía "Lego Mindstorms professional kit". La abrió, y encontró un
montón de bloques de Lego, un par de placas de circuitos, tubos de plástico,
varitas metálicas, en fin, un Mazinger Z en piezas de un palmo de alto. Se fue
a buscar a Gabriel, pero no estaba. tuktuk todavía estaba durmiendo, y prefirió
no despertarlo, porque anoche desde su habitación habían llegado unos ruidos
que muy probablemente no hubiera hecho solo. Se fue para su habitación, y empezó
a tratar de sacar algo que anduviera del montón de piezas.
Al cabo de
un par de horas, tenía una especie de transformer de muchos colorines encima de
la mesa marcando el paso de la oca. No había sido difícil: el API para programarlo era relativamente simple,
y había encontrado todo tipo de parámetros y especificaciones técnicas: pesos,
tensiones, velocidades.
Inmediatamente
cambió su programa para que usara esos parámetros en la evolución. Con los
toros simulados, hizo lo mismo: los cambió de tamaño. Cuando tuktuk salió de su
habitación junto con una chica morena bajita de bastante buen ver para tomarse
un café, el transformer ya estaba haciendo unos pases naturales en el suelo de
la habitación del comedor. Ya eran las dos de la tarde.
-Joer,
K1ke, es que eres un monstruo, tío... - dijo tuktuk, dándole una palmada en la
espalda.
-Sí, ya
ves, me he puesto, y en un ratillo... venga, ¿comemos? Eh...te tocaba a tí hoy
cocinar, ¿no?
-Si, pero
como te lo explicaría... he estado un poco liado - dijo, sonriendo.
-Vale, pero
tú pagas la pizza - tuktuk cogió el móvil y llamó al Pizza Hut de la Avenida de
la Constitución.
tuktuk,
K1ke y la chica, que resultó llamarse Gracia y estudiar físicas, compartían la
pizza, y discutían qué podían hacer con el transformer torero. El Khépera fue a
parar al limbo de los cojines, el espacio que queda entre los cojines del sofá
y la estructura del mismo, un sitio que compartió durante algunos meses con
migas de pan, 133 pesetas en monedas de duro, cinco duros y peseta, 3 capuchones
de bolígrafos y dos bolígrafos, y un condón todavía en su funda. Ellos,
mientras tanto, discutían, sobre todo, estaba el problema de qué podían torear.
Para empezar, las especificaciones.
-Eh...
bueno, tendría que ser algo que le llegue más o menos al pecho, que tenga mala
leche, pero no demasiada. Que si no lo descuajaringa a la primera de cambio -
decía K1ke
-¡Ya lo
tengo! Un coche de esos con mando a distancia, he visto uno que es un
todoterreno y que tiene cuernos y todo...
-Que no,
coño, que tiene que ser un animal de verdad, si no no tiene gracia. Eh... ¿qué
animales hay de este tamaño con mala leche? - preguntó, a nadie en particular,
K1ke.
-Gatos.
Pero es mala leche de otro estilo. Conejos. Iguanas. No, las iguanas son más
pequeñas. Yo tengo un hámster que es
mas o menos así - dijo, poniendo la mano a la altura del pecho del transformer.
-¿Y tiene
mala leche? - le preguntó tuktuk
-Sí, si no
le das pipas, es capaz de atacar a cualquiera. Una vez embistió la jaula, y de
la fuerza se cayó de lo alto de una mesa. Cuando fuimos a recogerlo estaba tan
feliz, dando vueltecitas a la rueda.
-¡Pues ya
está! ¿Qué dices, K1ke? - preguntó tuktuk, esperanzado...
-Eh... no
sé... ¿y los cuernos?
-Joer,
K1ke, no seas negativo, compramos un toro de esos de los de encima de los
televisores en un super cien y le quitamos los cuernos y se los pegamos con
cinta aislante y ya está.
-Bueno...
pero eso no es...
-Joer,
K1ke, que es una demo, cojones. ¿Además, como vamos a meter en el salón de
actos un toro? Inteligencia artificial situada, situada delante de un hamster
con mala leche. Además, le pasamos antes la simulación, luego hacemos la demo
en vivo, y ya está, matrícula de honor, joer. Me voy a diseñar las texturas del
hamster. ¿De qué color es? ¿Puedo digitalizarlo?
-No creo
que se deje digitalizar, K1ke. Ya te he dicho que tiene mala leche - le
contestó Gracias.
-No pasa
nada. Me lo bajo de Internet. Oye, ¿los colmillos, de qué tamaño son más o
menos? Da igual, ya lo busco - dijo ya desde la puerta de su habitación.
Gracia y
K1ke se miraron mutuamente. K1ke dijo:
-Tendría
que pesarlo.
-Es que...
- empezó a decir Gracia.
-Ya, sí...
que tiene mala leche. Bueno, me apañaré también.
Ese mismo
día, a las una de la mañana, K1ke estaba solo en el piso, y oyó la puerta;
salió de su habitación para encontrarse con CondeCero.
-Oye, que
de puta madre. Mira... y le llevó a su habitación, donde el transformer, de
rodillas, sujetaba un pañuelo de color verde extendido sobre sus rodillas. De
repente, se levantó y volteó el capote-pañuelo sobre su cabeza. De los
altavoces del ordenador salió un "¡Ole!".
-Bien.
-Oye, y...
eh... ¿dónde lo has conseguido? Se supone que vale más de mil dólares. ¿Tú
tienes tarjetas de crédito?
-En eBay.
Sí. Sí. Hasta luego - y se fue para su cuarto.
-Bueno, oye,
que vamos a hacerlo torear un hamster, y hay que cambiar...
-Mándame un
email. Dame dos días. Hasta luego. Y se fue para su cuarto.
Quince días
más tarde, estaban en el salón de actos de la escuela, con el portátil, el
transformer, tuktuk, K1ke y Gracia, que había insistido en no dejar solo al
hamster. Prepararon con tablas de contrachapado una pequeña plaza, del tamaño
de una tarima, que más que circular era octogonal. Una de las placas de podía
abrir: era la puerta de chiqueros. Pegada a ella, otras dos chapas por donde
tendría que entrar el hámster.
Pasó una
hora y media hasta que pudieron presentar el proyecto. Antes presentaron tres
proyectos más, y ninguno de ellos dejó de mirar al robot. Al hámster hubo que
sacarle fuera para que hiciera pipí varias veces. A última hora el síndrome de
abstinencia de pipas se hacía bastante evidente. Subía por la camiseta de
Gracia, continuaba por el tapizado del sillón, trataba de escaparse. Pero
finalmente llegó la hora de la verdad.
K1ke
explicó los algoritmos de evolución que se habían usado, con el sudor perlando
su frente y un temblor evidente en la mano que manejaba el ratón, que usaba
para pasar las páginas de su presentación en PowerPoint. CondeCero había
desaparecido tras enviarle por email a K1ke el código, así que, tras él, tuktuk
se entusiasmó hablando de los gráficos, la textura de la arena, el viento que
agitaba la tela del capote, la simulación de la sangre del toro saliendo por
las heridas del toro. La demo mostraba un toro, en primer plano, las divisas,
verde y rosa, en dos cintas ondeando al viento; tuktuk, con un guante de datos,
manejaba el punto de vista, enfocando al torero, al toro, primer plano, al
público. La faena, de unos 2 minutos, fue inmejorable, con el toro
desplomándose contra las tablas, y el torero saludando.
-Y ahora,
con el permiso del presidente del tribunal, vamos a proceder a presentar un
ejemplo de inteligencia artificial situada; los parámetros del robot que se han
hallado por evolución han sido transferidos a este robot, que, con el permiso
del respetable, va a realizar la faena sobre este hamster, de la afamada
ganadería de Gracia, aquí presente.
Los tres
profesores que formaban el tribunal estuvieron a punto de suspenderle en ese
preciso instante, pero al ver al transformer, tan serio, inicial el paseillo
por el centro de la plaza, lo que hicieron fue levantarse de los sillones para
verlo mejor. Por la puerta, asomaban también dos o tres cabezas, que cambiaban
continuamente. Había corrido la voz, y todo el mundo quería verlo.
Dejaron al
hámster en el pequeño pasillo que conducía a chiqueros, y Gracia, ejerciendo de
chulo de chiqueros, daba golpes en el contrachapado, animándolo a que acudiera
al engaño. El transformer, muy recto con su pañuelo verde, lo esperaba en el
centro de la plaza. El hámster olfateó un poco el aire, pero muy pronto se
dirigió muy resuelto, entrando al trapo. El pequeño robot, se movió grácilmente
a su derecha, apartando el pañuelo. El hamster quedó bastante sorprendido, pero
se volvió rápidamente, y volvió hacia el pañuelo; como estaba muy cerca, sólo
pudo encajarle una media verónica, pero el hámster ya le había ganado el
terreno, y se enganchó con los dientes al pañuelo, tirando de él hacia la
salida. El transformer no supo soltarlo, y quedó agarrado, mientras el hamster
seguía tirando de espaldas, saliendo por la puerta de chiqueros, y bajando de
la tarima. Finalmente el transformer se soltó, quedando desmadejado en el
suelo. No había evolucionado lo suficiente como para saber qué hacer en esa
situación.
No hubo
ovaciones, más bien silencio. Interrumpido, por cierto, por los que iban a
presentar el siguiente proyecto: un sistema experto para averiguar qué
enfermedad tenía el perro de uno (o el ajeno, daba lo mismo).
K1ke
recogió a toda prisa el portátil y el transformer, y salió a la puerta. Miró al
transformer, y le dijo:
-Qué le
vamos a hacer... el ganado no daba para más.
No llegaron
a conseguir las dos orejas y el rabo, se tuvieron que conformar con un
sobresaliente, que a CondeCero le trajo sin cuidado, a K1ke le vino bien para
las becas que pensaba pedir, y a tuktuk le puso una nota de color en el
expediente. Se quedó todo el verano en Granada, pidiendo becas; en realidad, se
quedaron todos; tuktuk preparándose las de septiembre (salvo las temporadas que
pasaba con su familia, o con alguna chavala que se encontraba), y CondeCero,
algunas semanas sólo sabían que había estado en casa porque aparecía el
frigorífico lleno y los cubos de basura vacíos.
K1ke, en el
departamento en que entró a trabajar, logró que le dieran una mesa, donde pudo
colocar su portátil. También compartía un cajón con otro meritorio, pero por lo
menos tenía una conexión a la red gratis donde podía bajarse tranquilamente
películas de aficionados a Star Wars. Todo el fandom estaba nervioso esperando
el tercer episodio, después de la decepción del segundo, y mientras tanto se
entretenían haciendo sus propias versiones del primero, segundo, y
desarrollando aspectos de los personajes que George Lucas había olvidado.
Una de las
películas que se bajó se llamaba ´"La traición de C3P0", y
desarrollaba el dudoso argumento de que C3P0, el androide diplomático, era en
realidad un espía imperial, lo cual era una tontería, porque todo el mundo
sabía que C3P0 alojaba en realidad el cerebro del bisnieto de Luke Skywalker,
Hassan Skywalker, llegado desde el futuro. Lucas lo había dejado bien claro en
una escena que no llegó a la versión final publicada en Estados Unidos y
Europa, pero sí en Japón.
Lo que le
llamó la atención fue el autor del corto: alguien llamado David Jiménez, y,
yéndose a su página personal, descubrió que vivía en Sevilla. En seguida le
mandó un e-mail, felicitándole por el corto, y por lo bien que le había salido
el modelo 3D de C3P0. David contestó, algo airado, que no era un modelo 3D,
bueno, que sí lo era, pero que era de verdad, no efectos especiales; que había
decidido que lo que estropeaba las películas de Star Wars eran los efectos
especiales, y estaba decidido a probarlo haciendo modelos reales de C3P0 y de
Jabba el Hut para los siguientes cortos que ya tenía pensados rodar, y que
además, estaba viendo la manera de hacer una espada de luz real. K1ke
empezó a pensar en ese C3P0 como el cuerpo de su inteligencia artificial
situada (SAI, siglas en inglés).
K1ke expresó su admiración, su débil objeción al tema de los efectos especiales, ya que él pensaba que el
siguiente episodio de Star Wars debía ser de animación, y que George Lucas se
había equivocado incluyendo actores reales, aunque Natalie Portman había estado
preciosa como reina Amidala en los dos primeros episodios. Y que si era posible
ver F2F el autómata que había creado. David le contestó que pensaba contar con
Natalie Portman para su siguiente corto, que le había escrito un e-mail hacía
un par de meses y que estaba esperando que le contestara de un momento a otro,
y que iba a ir al Campus Party de Mollina con C3P0, y que allí podían verse, y
que le demostraría que los efectos especiales y la animación estaban
estropeando toda la serie de Star Wars.
K1ke habló con tuktuk, que efectivamente iba a ir con su clan a Mollina,
así que un par de semanas más adelante, metieron en un par de mochilas sus
portátiles, guantees, joysticks, varios calzoncillos de repuesto tuktuk, K1ke
uno solo, sacos de dormir, CDs con niveles, los simuladores de la fiesta
nacional y cerebros evolucionados de toreros, y, por si las moscas, el
transformer con el cerebro de Cagancho, cogieron la alsina y se fueron para
Mollina. Tras varios transbordos, acabaron en una gran nave industrial, con dolor
de espalda y con las baterías de los móviles gastadas de haber intentado llamar
a David para quedar con él, y de tuktuk hablando con su clan, los atukkers, de
las estrategias, de como iban a machacar a un tal Skuda, y de las juergas que
se iban a correr con los del clan 666Logroño (después de haberlos debidamente
machacado, claro).
Allí, en la nave, todo eran ordenadores, gente con sábanas echadas
encima de las pantallas y sus propias cabezas, aislándose, dentro de lo que
cabe, del exterior. Trataron de buscar a alguien de la organización, pero no
encontraron a nadie; finalmente consiguieron que alguien les dejara mandar un
mensaje a un móvil que figuraba en la página web como de la organización, y por
la música que escuchaban lo fueron localizando. Tuvieron que mandar varios,
porque no hacían más que acordes de "no cambié, no cambié", "la
cucaracha", la guerra de las galaxias, hasta que identificaron las 5
primeras notas de la quinta de Beethoven como pertenecientes al móvil de la organización.
A partir de ahí, fue fácil. Consiguieron espacio para la tienda, espacio para
los ordenadores, se establecieron, y se pusieron a buscar al tal David. En un
corrillo de gente, vestidos en diferentes matices de negro, les pareció ver a
CondeCero, pero igual era alguien que se había rapado sólo.
No fue difícil encontrar la tienda del David; sólo preguntándole a la
gente dónde estaba el "notas del muñeco de la guerra de las
galaxias", fueron guiándoles poco a poco hasta su tienda. Al parecer,
había pasado toda la noche anterior pilotando un caza rebelde tratando de
derribar la estrella de la muerte, y estaba recuperando fuerzas para el día de
hoy, que se adivinaba duro. Su C3P0 iba siempre con él.
Trataron de hacer algo de ruido fuera de la tienda, para que se
despertara, y en unos minutos, alguien asomó la cabeza. Tenía la cara más bien
larga, pelo muy corto, marrón, y empezaba a escasear en las sienes, y en los
guiños de los ojos se le notaba que usaba gafas habitualmente.
-¿Qué pasa? - Dijo, restregándose los ojos.
-¿David? ¿David Jiménez? - le preguntó tuktuk.
-No, Bond, James Bond, no te jode. ¿Qué coño queréis? Estaba
durmiendo... - apartó totalmente la lona de la tienda, y allí, tumbado, con los
brazos extendidos a lo largo del cuerpo, estaba el maniquí más parecido a C3P0
que habían visto en toda su vida. K1ke sonrió, tuktuk se quedó con la boca
abierta. Por su parte, Diego llevaba una casaca de lino cruzada, atada con un
cinturón (probablemente de una bata) y leotardos.
-Eh... soy K1ke, te acuerdas, te mandé un email, vamos, que quería ver
el robot, y ya lo veo... coño, es genial, tío.. ¿cómo lo hiciste?
-Bueno, es que yo estudio ingeniería industrial, ¿sabes?, y nada, como
proyecto de fin de carrera - ya había encontrado sus gafas y se las había
puesto; se habían sentado los tres en el suelo, a la puerta de la tienda; desde
un PalmPilot, David marcó algo también y C3P0 salió a gatas y se sentó a su
lado. - pues eso, me puse y lo hice.
-Joer, te habrá costado un güevo, ¿no? - dijo tuktuk.
-No, no os creáis... me busqué por ahí Aibos a los que la gente no les
hacía caso, y les saqué los sistemas hidráulicos, para los músculos y eso;
luego, las baterías las fui sacando también de móviles ... - decía Diego.
-Joer, tío, que vicio... - dijo tuktuk
-Sí, ..., bueno, y luego lo que es el ordenador que lo controla todo es
un Palm XII, el modelo antiguo de este; así puedo usar también el infrarrojo
para mandarle órdenes - y efectivamente, escribió algo en el Palm, y C3P0
saludó.
-Oye, ¿y no has pensado meterle Bluetooth? - le preguntó K1ke
-No, y bueno, luego el resto de la chapa y eso lo hice a base de
escultura termoplástica, tienen un chisme de esos allí en industriales en
Sevilla. El plástico, eso sí que me costó una pasta. Pero merece la pena,
porque lo que es real es real, y no esa mierda de efectos especiales que están
estropeando el cine de ciencia ficción. Por eso el corto que yo he hecho
-Eh, sí, eso queríamos hablar contigo - le interrumpió K1ke
-El corto que yo he hecho no tiene nada de eso. Hasta la música la ha
compuesto mi hermana, con la guitarra, desenchufada. ¿Os gustó, no?
-Eh, sí, no, lo que yo quería decirte es que queremos hacer otro corto,
y, eh, a ver si podíamos contar con tu robot - acertó a decir K1ke. tuktuk lo
miró sorprendido. - ¿verdad, tuktuk?
-Sí, un peazo corto, con monstruos sintéticos atacando a - K1ke le
interrumpió con un codazo en las costillas; Diego los miró, algo mohíno.
-... a C3P0, que va a ser gladiador, y se va a enfrentar a animales de
verdad, reales, lo de los sintéticos al final no vamos a usarlos - le dijo K1ke
-Sí, animales de verdad como, no sé, toros... - continuó tuktuk
-¿Toros? No hay toros en las galaxias. De hecho, estoy convencido que la
existencia de bichos extraterrestres es la manera que tiene George Lucas de
decirnos que está en contra de la violencia con la que se trata a los animales
en la Tierra. De hecho, en uno de mis siguientes cortos pienso ahondar más en
ese tema, mostrando como Chewbacca pertenece en realidad a una raza que es un
estadio evolutivo posterior de los mapaches...
-Eh...No, si en realidad no van a ser toros, sino toros galácticos -
intentó decir K1ke
-¿Toros galácticos? Eso no es real. ¿Y queréis usar mi C3P0 para eso?
Usad vuestra mierda de efectos especiales - escribió algo en el Palm, y el
robot se levantó; lo cogió de la mano y se lo llevó en dirección al chiringuito
de los molletes.
tuktuk miró a K1ke.
-Pues si no quieres bailar, ya de follar ni te pregunto, ¿no? - le dijo
-Sí... coño, es que tenía el tamaño perfecto, y está ahí, está situado,
sólo faltaría cambiarle el Palm por algo con un poco más de potencia, quizá
toquetearle un pocos los hidráulicos, meterle nuestro programa... y ahí lo
tendríamos, coño, SAI.
-Oye, si quieres se lo digo a mis colegas, lo curramos y nos lo
llevamos...
-Coño, tuktuk, tu estás pirao... Oye, ese es Gabriel, ¿verdad? -
CondeCero acababa de despegarse de un grupito, y se dirigía hacia la nave donde
estaban todos los ordenadores. Les sonrió. Ellos les contaron toda la historia,
de cómo habían visto el candidato perfecto para su SAI torera, y cómo se había
sacudido del engaño sin entrar al trapo.
-Dejadme a mí - les dijo, y se fue en la misma dirección que Diego y su
C3P0. Al cabo del rato, volvía con C3P0 de la mano.
-Un mes. - les dijo.
-¿Eh? ¿Para nosotros un mes?
-No. Para mí. Lo copio. Tiene fallos. Lo mejoramos. Os lo doy. - le dijo
mientras se lo llevaba en dirección a los ordenadores donde estaban sus
compañeros de la ropa en diversos tonos de negro.
-!Eh¡ ¡Oye! ¿Qué le has dado? - le preguntó K1ke
-Star Wars. Episodio III. Tres CDs. - le contestó.
-!Eh¡ ¡Pero si está en postproducción!
-Sí. Tendrá que hacerla él mismo.
Un mes más tarde, recibieron un e-mail de CondeCero. Se debían encontrar
con él en el aparcamiento de la Escuela, en la parte de atrás, a las 9:30 de la
noche. A esas horas, sólo había un Audi y una furgoneta de color negro. Según
se fueron acercando, un pequeño resplandor dentro de la cabina se fue
convirtiendo en la cabeza de CondeCero. Tocaron en la ventanilla; CondeCero se
bajó de la furgoneta, les sonrió, y se fue hacia la parte de atrás, y abrió las
dos puertas. Dentro había dos cosas: una moto de bastante cilindrada, y dos
robots. Uno, el ya conocido C3P0, otro, muy similar, pero con el cuerpo
cromado, de un cromado mate, como el de una piedra gris muy pulida, o un espejo
un poco sucio; los dos ojos eran pequeños círculos en la frente, y parecía
tener un tercero, que probablemente era un LIDAR, un láser infrarrojo para
calcular distancias; llevaba unos guantes hechos por una malla muy fina en las
manos, y la planta de los pies estaba cubierta por una suela de goma.
-¡Eh! ¡Coño! ¡Joer! - dijeron tuktuk y K1ke a la vez.
-Éste, del dueño. Éste, nuestro. La furgoneta también. Me voy - les dió
un pequeño fajo de billetes - Para el piso. - se montó en la moto. Sonrió. Se
puso el casco, y se fue. K1ke y tuktuk se le quedaron mirando. Luego se miraron
el uno al otro. Luego al robot, y luego a la furgoneta.
-Eh...¡pero si no sabemos conducir¡ - dijo K1ke
Dos horas y media más tarde, pasaban cerca de Antequera, dentro de una
furgoneta negra, negrita como su suerte, con un C3P0 tumbado en la parte de
atrás, y Almudena al volante. tuktuk había empezado a llamar a todas las chicas
cuyas direcciones estaban en el móvil para ver si había alguna a) que supiera conducir,
b) que estuviera dispuesta a hacerlo a esas horas de la noche, c) que fuera lo
suficientemente infeliz para tragarse el rollo de una kedada en Sevilla, a las
2 de la mañana. Habían decidido devolverle a Diego su robot, porque para qué
diablos lo querían en casa. Igual hasta se llevaba mal con el otro.
Almudena, por supuesto, no se tragó lo último, pero le gustó el tufillo
a misterio que tenía la llamada de tuktuk; por eso apareció en taxi, a las 10 y
media de la noche. En un cuarto de hora, se acercaron a los Pajaritos, dejaron
el nuevo robot torero ( aunque todavía no lo era, sólo era un robot que andaba
cuando lo cogías de la mano) en el sofá, provocando un crujido de algo que
probablemente no era madera , y salieron de camino a Sevilla; por el camino
compraron unos bocatas y unas cocacolas, para seguir el resto del camino
espabilados.
Almudena era enfermera, y trató de convencerles de que, ya que iban a
Sevilla, se corrieran una juerga por el Arenal y luego tomaran churros en la
Plaza de El Salvador, pero a K1ke no le gustaba mucho la idea. Iba haciéndose
el dormido, pero en realidad iba pensando qué diablos iba a hacer ahora con el
robot. Que fue precisamente lo que les preguntó Almudena:
-Oye, ¿y lo que habéis dejado en casa, para qué es? ¿Una película? ¿Unas
prácticas? ¿O es en realidad una muñeca hinchable envuelta en papel de plata? -
dijo, sonriéndole a tuktuk, y dándole un leve codazo en las cosillas con su
brazo derecho. tuktuk iba en el asiento de enmedio, y le transmitió el codazo a
K1ke, que seguía intentando hacerse el dormido.
-Eso, oye, K1ke, qué dice que qué vamos a hacer con el robot.
-Eh... - contestó K1ke, todavía con los ojos entrecerrados - no sé, creo
que lo mejor es publicar un trabajo describiendo el algoritmo, hay una revista
de robótica, no sé, me ha dicho que se podría también mandar a un congreso...
no sé, algo de eso.
-¿Un trabajo? ¡Pues vaya mierda! Ese peazo robot, que por las pintas
debe de estar hecho en Taiwan por lo menos, y una mierda de trabajo en
congreso?
-Eh.. bueno, no sé, ¿qué quieres que hagamos? - preguntó K1ke.
-Joer, K1ke, si fuera un robot cabra, tendríamos que coger una trompeta
y lanzarnos a los patios de vecinos, ¿no? Amos a ver, ¿qué hicieron los de Deep
Blue? Lo pusieron a jugar al ajedrez, hasta que le ganó a Kasparov, ¿no? Pues
igual habría que hacer con este: al ruedo, y que Dios reparta suerte.
-Coño, tuktuk, qué quieres, que nos pongamos en la puerta de la plaza de
toros de Granada con un cartel que diga "queremos una oportunidad".
O, eh, ya lo tengo, sacamos tres entradas de sombra, o mejor dos, decimos que
aquí el nene disfrazao de robot no paga, y en el momento menos pensao lo
lanzamos al ruedo de maletilla, con una gorra, ¿no?
-Amos a vé, K1ke, vayamos por partes. ¿Cómo se hace un torero? Tanto Cossío
y tanta polla, y parece que no te has enterao de ná, cojones.
-Oye, Saúl - le apeó el nick, porque la ocasión lo requería - pa
empezar, no te pases un pelo conmigo, y pa seguir, hacer un torero es cosa de
generaciones, y luego de años. Hay que empezar por ir a una escuela de toreo, o
hacer lunas, o séase, ponerse en pelotas picás ...
-Si, como en "Jamón, jamón" o una de esas... - dijo Almudena
-Eh... sí, eso, y luego, si encuentras apoderao, a torear erales, que
son toros muy jóvenes, luego becerros, y todo eso cuesta una pasta porque es el
torero en ciernes el que tiene que pagar, luego novilladas con picadores, luego
la alternativa, o sea, tres o cinco años sin ver un duro, y eso si eres buen
torero, porque si no, ni de coña.
-Joer, pues sí que... oye, ¿y no hay algo acelerado, no sé, un master de
torero o algo así que salga uno y ya sea torero?
-No, bueno, casi, algunos toreros comenzaron toreando en, bueno, en la -
hizo el símbolo de las comillas con los dedos índice y anular de las dos manos
- parte seria - cierra comillas - del Bombeero Torero: Ortega Cano, Emilio
Muñoz...
-Sí, las charlotás - dijo Almudena - Mi padre me llevaba a verlas cuando
era chica.
-Sí, a mí también - dijo tuktuk - pero no me gustaban mucho, no había
mucha sangre. Oye, joer, no me digas que el de la Rociíto empezó así... y eso
es rápido, y no cuesta pelas, ¿no? - dijo tuktuk.
-Eh, bueno, sí, pero tampoco podrá coger uno, mandar un email al bombero
torero, y decirle: oye, que tenemos un robot torero, que queremos una
oportunidad.
-No, joer, si te parece se lo mandamos al empresario de la Plaza de las
Ventas diciéndole lo mismo... Joer, no perdemos nada, el no ya lo tenemos...
-Sí, y el robot... espero que Gabriel me haya mandado una FAQ o algo,
porque no tengo ni puta idea de cómo meterle mano...
-Hombre, siendo torero, por el paquete - dijo Almudena, echando una
carcajada. Veían ya las primeras luces de Sevilla.
Eran poco más de las dos de la mañana cuando llamaron a la puerta de la
casa de Diego, y tardó en abrir. Llevaba un acerico, con un montón de alfileres
y agujas enhebradas pinchadas, agarrado con un velcro a la mano izquierda.
-Ah, que traéis el robot. Dejarlo por ahí... - dijo, señalando a ningún
sitio en particular
-Eh, bueno, que queríamos darte las gracias, y eh, bueno, que eso, que
te mandaremos el corto cuando lo hagamos, y eso - dijo K1ke
-¿Corto? ¿Qué corto? - les preguntó, y siguió - oye, y vosotros no os
podríais quedar por aquí un rato? Mira, os ponéis estos trajes, os leéis
esto...
-Eh, no, es que hay que volver ... - dijo K1ke
-¿Porqué no? - dijo Almudena.
Pasaron hasta las 8 de la mañana volviendo a rodar unas escenas del III
episodio de Star Wars; Diego había llegado a la conclusión de que el vestuario
que había diseñado George Lucas no era históricamente correcto, porque
correspondía a una fase barroca de la historia galáctica, en vez de plateresca,
y en vez de simplemente montar lo que le había dado CondeCero, estaba volviendo
a escribir y rodar algunas escenas.
Al final, Almudena pudo tomar churros al lado de la basílica de la
Macarena. Diego les invitó, pero no se fue con ellos. Estaba cortando latas de
sardinas con una segueta para hacer una cota de malla.
A K1ke no
le resultó difícil encontrar el e-mail del bombero torero; Google se lo dio en
un momento, y no era erjefe@bomberotorero.com, sino Rafafells@airtel.net. Le
escribió un e-mail con un par de imágenes de la simulación, la imagen del robot
tal como era, y una corta explicación de lo que querían: una oportunidad. Al
poco tiempo, recibió una contestación diciendo que en ese momento estaba
toreando en Bogotá, pero que volvería a España en poco tiempo; mientras tanto,
tendría también que consultarlo con el jefe y con el resto de la cuadrilla. Y,
por supuesto, tendría que verlo actuar, a ver qué tal se manejaba frente a un
astado.
En resumen,
tenían un mes para hacer una nueva demo, ahora con el cuerpo de verdad, el
definitivo. CondeCero, desde donde quiera que estuviera, le había mandado
varios megas con planos, métodos de fabricación, listados de piezas,
especificaciones técnicas, mecánicas, hidráulicas, electrónicas, un API para
programarlo. tuktuk estuvo muy entretenido diseñando nuevos modelos y skins
para el torero simulado: nazareno y oro, grana y oro, campero, goyesco, y por
supuesto, para el toro: bragado, meleno, cornigacho, corniveleto, palomo,
albardado, rabicano. Tuvieron que conseguir un CD pirata del Cossío, para ir
informándose. También empezaron a hacer pruebas con la red inalámbrica
Bluetooth, el último regalito de CondeCero: probaron a ver en qué condiciones
funcionaba, probando su velocidad de transmisión y si se producían
interferencias a diferentes distancias; dentro de la casa, claro está. No
vieron ningún problema, hasta que escucharon a los vecinos en el ascensor
hablar de las veces que les cascaba la tele, y el microondas que se ponía a
funcionar solo. Tuvieron que bajar un poco la potencia.
Pero
mientras tanto, lo cierto era que tenían que presentar una demo, situada, es
decir, dentro del propio robot, en un mes. Así que decidieron que, después de
todo, tenían que hacer lunas. Encontraron en Internet una ganadería no muy
lejos de Granada, en Güéjar Sierra, y tuvieron que esperar un par de días hasta
que la luna estuviera llena. Tuvieron que simularlo todo antes, y tuktuk
disfrutó mucho diseñando la luna como foco de iluminación. Por otra parte, en
el terreno práctico, tuvieron que aumentar la ganancia de las lentes del robot,
para que pudiera ver la escena, y no se encontrara con sorpresas desagradables.
Así que,
una cálida noche de octubre, a las ocho y pico de la tarde, con el anochecer,
emprendieron la carretera a Güéjar Sierra; cuando pasaron el pantano de
Canales, era ya noche cerrada.
Preguntaron
por la Dehesa de los Peroles, donde se encontraba la ganadería, una vez
llegados al pueblo, y les indicaron un carril; no estaba lejos, en realidad,
pero Almudena, que ya era parte de la cuadrilla, al menos para estos
menesteres, puso una mueca de cierto disgusto, porque una cosa era llevar
robots por la A92 en una furgoneta, y otra cosa llevar robots por un carril de
cabras.
Llegaron
efectivamente a un portalón bicolor, donde ponía "Ganadería
Balderas". Dejaron la furgoneta unos 100 metros más adelante, en un lado
del camino que corría paralelo a la cerca.
-¿Y ahora,
qué? - dijo K1ke
-Bueno,
joer, pues p'adentro y hala, a ver como funciona.
-Eh, bueno,
p'adentro tú, que yo ya estoy oliendo a toro y cagándome por las patas abajo -
contestó K1ke
-Pues casi
que p'adentro ninguno, mira, empiezas a manejar el chisme desde el portátil, lo
haces entrar, que busque el toro, y ya está.
Encendieron
el portátil, cargaron el programa de control del robot, lo enchufaron, le
transmitieron el "cerebro" resultado de una simulación que había
acabado a media tarde, y empezó a mandarle instrucciones para que recorriera la
alambrada. Podía ver por los ojos del robot, y en su pantalla aparecían sus
entornos casi tan claros como si acabara de amanecer; cuando vio un pequeño agujero
tomó control del robot, lo hizo agacharse y pasar por él. Se atrancó. La
espalda de plástico pulido del robot se enganchó con los alambres, y no pudo
continuar. Pero a base de fuerza de hidráulica logró desprenderse. La alambrada
dejó 2 surcos paralelos, separados como dos palmos, en su espalda.
Llevaba un
trozo cuadrado de los faldones de la mesa camilla de la casa de K1ke y tuktuk
como capote, con flecos y todo. No habían encontrado nada más rojo, y aunque
K1ke sabía que, en términos taurinos, el color carecía de importancia, ahora
estaban todavía con las pruebas y no sabían exactamente cómo iba a reaccionar
el robot con algo no rojo, así que mejor no tentar la suerte y buscar algo
rojo.
El robot
caminaba en línea recta, moviendo su cabeza a derecha e izquierda, modo
Terminator, lo llamaba K1ke; llevaba el capote recogido debajo del brazo. De
pronto cambió de dirección, extendió el capote con ambas manos, anduvo un par
de pasos y se quedó quieto, el capote extendido a su derecha.
-Oye, K1ke,
que éste está, eso, como se llama... - dijo tuktuk, señalando al robot, a unos
50 metros de distancia
-Citando.
Se dice citando al toro. Mira - le señaló la pantalla, donde se veía con
claridad a un astado, sin afeitar, con cara de pocos amigos. A 1600x1200 pixels,
ocupaba toda la pantalla. K1ke apenas respiraba. tuktuk tocó un par de teclas
para bajar el zoom, y verlo más en perspectiva. Se acercaba cada vez más.
Se
volvieron a mirarlo en vivo y en directo, y vieron como, en el último segundo,
daba un paso pequeño a su izquierda, en una verónica muy bien ejecutada. El
novillo, noblote, había acudido al engaño con la frente baja, y al salir de él,
volvió a embestir, dándole la oportunidad de engancharle una media verónica; el
toro siguió andando, algo despistado, y el robot tuvo que volver a citarlo,
agitando el paño a media altura delante suyo; el toro acudió, y lo recibió con
una chicuelina, girando sobre el terreno a la vez.
K1ke y
tuktuk contemplaban el espectáculo, a punto de gritar Ole, pero por su visión periférica
vieron muchos puntos luminosos en la pantalla del ordenador, que descubrieron
que eran sendos pares de ojos de otros toros; el robot los vio también, y
empezó a agitar el paño como loco, en todas direcciones.
-Joer,
K1ke, tráetelo, que éste no está acostumbrado a tanto toro, y se va a quedar
colgao... dijo tuktuk.
K1ke tomó
control del teclado, e hizo que diera la vuelta el robot y saliera corriendo;
el toro empezó a seguirlo, pero pronto cambió de opinión. Lo dirigió hacia el
hueco en la cerca, donde volvió a engancharse, dejando esta vez una viruta de
plástico del tamaño de un lápiz.
Almudena
los esperaba con el motor al ralentí; el robot se montón por su propio pie en
la parte de atrás y salieron todo lo rápido que pudieron, que no era mucho.
A la mañana
siguiente, tuktuk le traía el Ideal a K1ke
-Oye, ¿has
leido el Ideal de hoy? Joeeer.....
-Sí, lo de
los nuevos soldados cibernéticos de China. ¿Has visto la foto? Lo que se
parecen a robot este, ¿eh? - dijo K1ke, señalando la pantalla del ordenador
-No, digo
esto - y señaló un titular que decía: "Extraterrestres espantan el ganado
en la sierra granadina", con una foto de un campesino, tocado con gorra, y
con un trozo de plástico en la mano
-No, si
todavía nos echan la culpa a nosotros de las vacas locas...
Repitieron
una y otra vez la grabación completa, la simularon, volvieron a hacer
evolucionar todas las reglas que regían su comportamiento con lo que habían
visto en el primer toro "de verdad". Quedaron bastante satisfechos, o
al menos convencidos que su demo ante el bombero torero no resultaría un
desastre.
Por correo
electrónico, el bombero torero, Rafael Casteldefells, los citó en una dehesa, a
unos 300 kilómetros de Granada, en la sierra de Cádiz, allí tenían un
tentadero, y podían probar la valía y el temple del robot. Llegaron un frío día
de noviembre, Almudena como siempre, conduciendo la furgoneta, y el robot en la
trasera. Habían llamado por el móvil para pedir indicaciones unos minutos antes
de llegar, y el propio Rafael los esperó en la puerta, montado en un caballo
gris moteado, vestido de campero
-¿Qué?
¿Vosotros sois los del robot, no? - les preguntó, poniéndose a la altura de la
furgoneta
-Si, eh,
nosotros. Está ahí detras - contestó K1ke.
-A ver esa
maravilla... - se bajó del caballo;
Almudena paró la furgoneta a un lado del camino. tuktuk abrió las puertas
traseras de la furgoneta; K1ke sacó el portátil, se sentó en el suelo y lo
apoyó en su regazo, empezando a teclear. El robot se levantó del suelo de la
furgoneta, donde estaba sentado, dio unos pasos, y bajó de la furgoneta de un
salto.
-Oye, qué
bueno. Me lo quedo - dijo Rafael. Movió las manos, convocando a los currantes
que empezaban a venir, atraidos por la furgoneta negra y el robot gris-dorado.
- ¿Y los arañazos?
-Cicatrices.
Lances de la lidia - contestó tuktuk, muy serio
-¡Venga
yaaa! ¡Me vas a decir que torea!
-Donde
quiera y cuando quiera, se lo demostramos - le contestó, muy serio, tuktuk.
-Me da
igual. Me lo quedo. ¿A cuánto lo vendéis?
-Eh...
bueno, no, bueno, es que en realidad, no lo vendemos... lo que queremos es que
toree.
-Es que me
da igual. Si no lo vendéis, lo dais gratis, ¿no? ¡Pues mejor! - dijo, muy ancho
ante los trabajadores de la finca.
-Eh, no,
bueno, eso tampoco... es que... bueno...
Tras muchas
negociaciones, el bombero torero los admitió en su cuadrilla, con la categoría
de mozos de espadas, y se comprometió a meter al robot en su espectáculo. El
mes de abril siguiente empezaron a recorrer las carreteras de España,
nacionales, autonómicas, comarcales e incluso locales, con la alegre cuadrilla
del Bombero Torero, cuyo espectáculo empezó a llamarse "El Bombero Torero,
sus enanitos toreros, y los robots de las galaxias". El número que hacía
el robot torero consistía en lo siguiente: un enano de los de la cuadrilla iba
vestido de R2D2, y hacían como que iban por el desierto, dándose un garbeo;
aparecía un novillo, que trataba de embestirlos, pero ellos se separaban; se
juntaban de nuevo, y volvían a separarse, el robot lo cogía de la cola, y el
enano vestido de R2D2 se le subía encima. Lo peor era que el bombero torero ni
siquiera dejaban que el robot actuara autónomamente, sino que tenían que
manejarlo ellos desde el portátil. tuktuk abandonó pronto, y se volvió a
Granada. La furgoneta la llevaba uno de la cuadrilla del Bombero.
Un día del
mes de mayo, el torero que hacía la parte seria del espectáculo, toreando un
novillo bisojo con bastante mala leche , sufrió un revolcón, nada serio, pero
suficiente como para no poder acabar la lidia. K1ke rogó que le dieran una
oportunidad, volvió a rogar, y finalmente amenazó con largarse. El público se
impacientaba, y de todos modos, la cuadrilla no tenía ninguna gana de lidiar
ese engendro, que ya había mandado uno a la enfermería. Así que tuvo,
finalmente, su oportunidad.
K1ke lo
llevó desde el teclado hasta los medios de la plaza, donde citó al toro. Saludó
al toro con unos pases largos, para lucirse luego con una serie de verónicas y
medias verónicas que el público jaleó con sendos oles. Tras el cambio de tercio,
y el saludo a la presidencia, donde K1ke tomó otra vez el control, templó unos
cuantos pases por bajo, humillando a su enemigo, continuó con unos pases de
pecho, para terminar con unos pases de tirón. El toro ya estaba cuadrado, y un
minuto antes de que la presidencia diera el primer aviso, el robot colocó al
toro, y le entró a volapié, con una media estocada en todo lo alto. La
cuadrilla acudió inmediatamente, para que el toro, al moverse, acelerara su
final.
El aplauso
duró un rato, hasta el punto que K1ke se puso al teclado otra vez para ejecutar
la vuelta al ruedo del robot, junto con su cuadrilla. Al volver al burladero, e
ir K1ke junto a él, el Bombero se le acercó.
-Buena
faena, muchacho. Efectivamente, te mereces una oportunidad. Mientras el chaval
esté en la enfermería, vosotros torearéis la parte seria - le dijo Rafael,
todavía con el casco de bombero.
-Eh..
gracias, maestro - dijo K1ke
-Sí,
maestro, lo has dicho bien. Y todavía os queda algo que aprender. Este chisme
tuyo, ¿aprende?
-Sí, es una
AI, artificial intelligence, y, eh, bueno, pues sí, puede aprender.
-Pues no me
vengas con latinajos. A partir de ahora será el Niño Laí, y yo seré su maestro.
Uno de la
cuadrilla le alargó un móvil
-Quieren
hablar contigo. El jefe. - El jefe. Un conocido empresario, alcalde de una
ciudad de la Costa del Sol, y dueño de un equipo de fútbol. No le hacía gracia
hablar con él, pero, bueno, era el jefe.
-Eh, ¿sí?
-Holaaaa,
que eres un artiiiistaaa. Que te he visto por la teleee. Que mucha
enhorabuenaaa
-Eh, gracias...
-Oye, y que
digo yoooo, el robó ese tuyooo, oyeee, escúchameeee, no podrías hacerme
dieeeez, o dooooce, pa mi equipo de fútbol, digo yoooo, que son tós unos
robapieras, y unos fascinerooosooos.
-Eh, no sé,
bueno, con tiempo... - decía K1ke
-Vale, que
digo yoooo, que te lo pienseees, hala, artiiiistaaaaa. Venga.
-Eh, sí,
nos vemos - le devolvió el móvil al de la cuadrilla
-¿Qué te ha
dicho? - le preguntó este, mientras cogía el móvil.
-Eh, bueno,
que haga más robots futbolistas, creo - dijo K1ke, un tanto sorprendido.
-¿Sí? Pues
no te conviene decirle que no. Hazme caso...
-Es que
no.... - dijo K1ke
-Hazme caso
- se despidió el de la cuadrilla.
Mientras
tanto, de plaza en plaza, de pueblo en pueblo, el pobre robot iba perdiendo
lustre. Le iba haciendo falta un traje de luces, pues había pasado de charlot
de corrida a novillero de pro, y además, cada vez tenía más arañazos. K1ke se
puso en contacto con tuktuk, a ver qué se le ocurría, y de camino, para pedirle
por favor que se uniera a él otra vez, que ya estaba hasta las narices de
compartir habitación de la pensión con el picador de la cuadrilla, que roncaba
como un húsar; prefería pasar dos horas sin dormir, en el recibidor de los
hoteles, mientras tuktuk remataba sus faenas, que no pegar ojo en toda la
noche. Además, necesitaba de vez en cuando que le echaran una mano con las
simulaciones y las reparaciones más "hardware" que necesitaba el
autómata.
tuktuk
llegó al cabo de algunos días, con una mochila en la que llevaba dos camisetas,
trece calzoncillos, el móvil y un portátil. K1ke había empezado a buscar por
internet el material para reparar al autómata, y había encontrado que sólo lo
vendían tres empresas: una en China, otra en Canadá y otra en Estados Unidos,
pero que, en todo caso costaba un riñón y parte de otro nada más que en gastos
de envío. Pidiéndole ayuda al bombero torero, le había dicho que estaba bonito
así, que todos los toreros tenían cicatrices, y el, con su sueldo de 800 euros
más dietas, no podía permitirse otra cosa. Había que buscar "financiación
alternativa", como decía tuktuk.
-¡Ya esta!
Solucionao. Montamos un portal taurino - dijo tuktuk.
-Pero si
hay trescientos portales taurinos, coño. Hasta en Ecuador tienen tres o cuatro.
-¿Con
noticias? ¿Y fotos? ¿Y animaciones?
-Sí, y chats
con el Juli. De todo - dijo K1ke - habrá que pensar en algo más original.
Podíamos vender fotos dedicadas.
-Sí, con
las huellas dactilares del robot, porque no lo vas a enseñar a firmar, ¿no?
Joer, hay que dar un pelotazo rápido, en Internet tendrá que ser. ¡Ya está!
Solucionao. Usamos el robot como webcam, y retransmitimos las corridas por
Internet.
-Eh... no
sé. Y eso, ¿por cuánto puede salir? - dijo K1ke
-Bueno,
unos 100 euros el dominio, el alojamiento lo hacemos en los portátiles, lo
transmitimos por GPRS, habrá que comprar un móvil, otros 100 euros, yo diseño
todo el sitio, metemos también los fuentes de las simulaciones, y mis skins y
mis niveles, ¿vale?, ya puestos, y ya está. Unos 200 euros. - dijo tuktuk.
-Bueno...
100 tú, 100 yo - dijo K1ke - ¿Y qué dominio registramos?
-A mí no me
mires. Tú eres el que te has leído el Cossío.
En las
siguientes corridas, empezaron a emitir desde http://www.frascuelo-online.com.
Al fin y al cabo, Frascuelo también era granadino, y aunque no tenían muy claro
desde dónde venía el robot (tenían sus sospechas), estaba claro que en
realidad, donde había recibido lo necesario para funcionar había sido en
Granada. Buscaron una central de medios publicitarios, que les insertaba
publicidad en cada página vista, tuktuk hizo de las suyas con sus diseños, y
aparte de la webcam, metieron applets para aprender a torear, muchos enlaces a
muchas páginas, y, para más adelante, juegos con el simulador en red, con el
atractivo de torear a un notas de Madagascar que hiciera de toro en ese
instante, o la viceversa, hacer de toro y ser toreado por un ucraniano sin nada
mejor que hacer.
Empezaron a
emitir en un par de semanas, y les benefició el hecho de que las revistas
taurinas, e incluso algunos diarios locales, empezaban a darse cuenta del hecho
poco habitual de que un robot estuviera toreando, pero el que lo hiciera dentro
de una charlotada, hasta cierto punto, hacía que no fuera tan extraordinario.
Lo bueno es que en muchas de los reportajes y comentarios de corridas incluían
la dirección web. El número de visitas fue creciendo poco a poco, hasta que en
un momento determinado, Slashdot publicó una de sus noticias: "Linux-based
toreator!", hablando de cómo se había hecho evolucionar el robot usando
ese sistema operativo, y poniendo un enlace al sitio web. El sitio web
inmediatamente multiplicó sus visitas por mil, y se vino abajo.
Afortunadamente, no estaban toreando ese día, porque hubieran dejado colgado el
portátil de K1ke, que era el que tenía el sitio web en realidad. Eso, además,
hizo que pasara a la prensa popular americana, y los americanos fueron en masa
hacia el sitio web, sintiéndose un poco Hemingway al ver la cabeza de un toro a
un par de palmos en la pantalla de su ordenador (y el resto del cuerpo a un par
de palmos más). De ahí, pasó a barrapunto.com, y de ahí, al cabo de un par de
semanas, salió en el CiberPaís. Un reportaje corto, K1ke, tuktuk, Toreator (el
Niño Laí), y un enlace a su página. El número de visitas ya era de unos cientos
de miles al día, aparte de la originalidad del sitio, porque hasta el momento,
ningún torero había querido engancharse una webcam a la montera, por esa fama
efímera que daba una foto en un medio nacional. Pero esos cientos de miles de
visitas se tradujeron en unos cuantos miles de euros, lo suficiente como para
poder darle un repaso de chapa y pintura al pobre Niño Laí, que ya parecía un
juguete de las navidades anteriores.
De pronto,
también, tuvieron apoderado. Un tipo vestido con una chaqueta roja, unos
pantalones fucsia, con el pelo peinado hacia atrás y recogido en una coleta, y
con un cigarro permanentemente pegado a los labios, apareció un día por el
callejón, tratando a todo el mundo con familiaridad, y llamándolos a voces.
Dijo llamarse Onofre, y tener mucha experiencia en los ruedos. Luego se
enteraron de que la experiencia le venía de haber sido pipa en espectáculos
musicales, pero dada la posición actual del Niño Laí en el escalafón taurino,
tampoco estaban quitándose de encima las ofertas. En todo caso, no podían dejar
al bombero torero una vez metidos en temporada, así que lo apalabraron para la
temporada siguiente.
El resto de
la temporada siguieron de plaza en plaza; Rafael, el bombero torero, a veces
los acompañaba en la furgoneta, viendo corridas virtuales en el portátil, y
calificándolas, aunque no como antes: Rafael les solicitó la posibilidad de
calificar el torero, y el toro cada uno por su lado, y tener ambos en cuanta a
la hora de calificar el "cerebro" que había regido al torero; porque
un torero bueno hace una buena faena con un toro bueno, pero un torero
excelente es capaz de hacerla incluso con toros malos. A los toros los
calificaba como "indultados", o sea, que merecían no ser eliminados
en la lidia y pasar el resto de su vida pastando en las dehesas (y eyaculando a
base de descargas eléctricas), "buenos" (los capaces de aguantar la
lidia hasta el final, sin derrumbarse", "querenciados" (los que
tiraban a tablas, al centro, al cuerpo o al sol, incluso), y "banderillas
negras" (los que no valían ni para hacer una alfombra con su piel de
toro). Rafael a veces se ponía un poco pesado con los toros, porque igual que
los esquimales son capaces de distinguir infinitos matices de nieve, Rafael era
capaz de distinguir infinitos matices en la calidad del toro; K1ke le tuvo que
decir que no podía escribir una crítica taurina cada vez que viera una faena,
sino simplemente darle unos puntos para que fuera fácil hacer evolucionar
buenos toros, o malos toros, según conviniera cada momento para la evolución
del torero. Y en cuanto a los toreros, pasaba lo mismo: nada de orejas, rabo, y
todo eso: cabía "silencio", "medias palmas",
"pitos", "algunos pañuelos", pero claro, eso sólo servía
para el público, si lo mirabas con los ojos de un torero, podía ser
"artista", "templado", "serio". Al final, tuvo
que hacer un programa que evaluaba críticas taurinas, y las convertía en una
función de calidad de toro y torero. Hasta le vino bien, porque después de cada
corrida de El Niño Laí, buscaba por Internet las críticas, y se las aplicaba a
la reproducción simulada de la corrida. Y eso tuvo algunas aplicaciones
adicionales: en su página web, frascuelo-online.com, empezaron a poner un
escalafón alternativo de toreros, basado en la evaluación cuantitativa de las
críticas taurinas, no sólo en el número de trofeos y corridas, sino en las
críticas que habían recibido. Y además, envió un trabajo a un congreso, y se lo publicaron: "Qualitative
assessment of toreadors using published bullfigting chronicles".
A mediados
de octubre, estaban de vuelta a Granada, después de una emotiva despedida por
parte del Bombero Torero y su cuadrilla. tuktuk logró terminar los créditos que
le quedaban de la carrera, y K1ke volvió a su mesa en un despacho que compartía
con 12 becarios más. Se mudaron a un piso, y alquilaron un trastero, donde
tenían al Niño Laí la mayor parte del tiempo. De vez en cuando lo sacaban para
ir a tentaderos (ya los dejaban ir a tentaderos), o para entrevistas. tuktuk se
diseñó un traje de luces para jugar al Quake, y empezó a convertir el simulador
en un juego online; K1ke siguió con sus trabajos y sus libros y sus congresos y
su vida de becario. Los euros del sitio web seguían fluyendo regularmente cada
mes. Lo suficiente para que los dos empezaran a ir a la autoescuela, para
aprender a conducir. Onofre los llamaba de vez en cuando, diciéndole
"Tenemos una novillada en Vitigudino" o "Vamos a hacer otra, con
novillos de Villaespesa, en Madrigal de las Altas Torres".
-Esto no
puede seguir así - decía "Burgalés", José Villalta, número 7 en el
escalafón de novilleros. Estaban reunidos él, "Pescaero", número 11
en el escalafón de toreros, con sus apoderados, en casa de Genaro Villaviciosa,
un ganadero. Desde el porche, saboreando unos chatos de tinto de Jumilla, una
mañana de abril, veían a lo lejos manchas negras, que con un poco de esfuerzo
se podían resolver en toros, vacas, becerros. Un jinete pasaba de vez en cuando
entre ellos; soplaba una ligera brisa.
-No puede
ser, no - decía su apoderado, Enrique Luján. - nos va a dejar sin trabajo.
-Bueno, no
tanto - le contestaba el apoderado del Pescaero, Luis Romero - siempre nos
quedan las Américas.
-Las
Américas... como saquen más robots, no nos queda ni eso... - contestó Enrique -
Además, ¿qué mierda de chisme es ese? Ni las mujeres saben torear, y son seres
humanos, ¿va a poder un chisme? ¿Una Nintendo con patas?
-Hombre, no
lo hace tan mal - terciaba Genaro, el ganadero - es frío, pero tiene temple.
-Coño,
Genaro, temple tiene mi frigorífico - le contestaba el Pescaero - Si un torero
no puede físicamente tener miedo, ¿qué merito tiene ponerse enfrente del toro?
Ni siquiera le puede enganchar los güevos con el pitón, ¡cojones! Pa eso, que
se toree en moto, ¿no?
-Pues si el
público lo quiere, se toreará en moto - contestó el ganadero - Y al público le
gusta ese Niño Laí.
-Ese es el
problema. Como esto cunda, al final los carteles taurinos van a parecer las
ofertas de Navidad de las tiendas de juguetes, tó llenas de robots - decía
Enrique.
-Y nos
quedaremos sin trabajo. Además, sin problemas de cogidas ni nada. Coño, que los
cogen, una mano de chapa y pintura, y a torear al día siguiente. ¡Coño! Y si
quieren hacer 200 corridas al año, pues doscientas. Así no hay quien pueda.
Además, coño, le sacan copias a un robot, y puede torear en todos sitios a la
vez. Nos quedamos sin trabajo - se lamentaba el Pescaero.
-Os quedáis
sin trabajo, porque el joío toreara bien. - insistía Genaro - Si fuera un
muerto toreando, nadie lo miraría. Pero es que no sólo lo mira el Muy
Interesante, es que hasta los de Aplausos les han hecho un reportaje,
calificándolo como "El novillero más prometedor de la temporada
venidera".
-Coño,
Genaro, - le decía el Pescaero -, a tí te da igual, porque todavía no hay toros
robot. Pero todo se andará, escucha lo que te digo.
-Pues mira,
no me da igual - contestó Genaro, con las manos sobre la mesa - porque igual el
notas ese no pide que drogue a mis toros, ni que los afeite, ni le toma tirria
a los de mi ganadería y se niega a torear cuando esté mi divisa en el cartel.
Que de todo hay en la viña del Señor, cojones.
-Bueno,
Genaro, si no estás de acuerdo, lo dejamos y ya está. Pero aquí hemos venido
porque estamos todos de acuerdo - le calmó el Burgalés.
-Sí, de
acuerdo, porque os conozco de toda la vida, cuando dísteis los primeros capotazos
en mi tentadero. Pero por el resto, por mí se pueden morir de asco.- dijo,
haciendo un gesto despectivo con la mano.
-Vale, pues
vamos a ello, entonces - dijo Enrique - a ver, el plan es el siguiente. En la
primera corrida que tienen apalabrada, el encuentro de novilleros de San
Sebastián, ya tengo yo apalabrados a dos muchachotes, Aitor y Patxi, que son
aizkolaris, vamos, que levantan piedras...
-Los que
levantan piedras son los harrijasolaris - intervino Genaro.
-Da igual,
coño, Genaro, por llevar la contraria - le dijo Luis - Que son unos tíos
cachas, quiere decir.
-Eso, es
que dicen que el joío robot pesa diez o doce arrobas, a la canal. Bueno, pues
lo que van a hacer es...
El VIII Encuentro de Novilleros en San Sebastián se celebró a mediados de febrero, una fría y húmeda tarde, en donde el sol y la sombra no acababan de distinguirse en la plaza: hacía el mismo frío