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"Una pareja en edad madura ve interrumpido su sueño de madrugada: unos extraños ruidos procedentes del techo los llama a investigar. Enseguida descubrirán que se trata de una visita que esperaban intranquilos desde mucho tiempo atrás" |
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LA CORTA VIDA - Un cortometraje
de JOAQUÍN FERNAND Una película de JOAQUÍN FERNAND “LA CORTA VIDA” con JOSÉ JULIO FERNÁNDEZ y RAFI MARTÍN productor JOAQUÍN FERNAND producción ejecutiva JOSÉ JULIO FERNÁNDEZ y JOAQUÍN FERNAND montaje JOAQUÍN FERNAND asistente postproducción JOSE LIÉBANA escrita y dirigida por JOAQUÍN FERNAND |
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| LIBRO
DE PRENSA
Rodada en la localidad de Rota a principios de agosto de 2004, "La Corta Vida" parte de una idea sencilla que enseguida sorprende al espectador debido a la curiosa perspectiva con que se ven las cosas. Es éste un cortometraje breve en cuanto a las acciones que describe, pero tras ellas existe un profundísimo mundo, una esencia sensiblemente particular, que es la que le aporta al filme el atractivo final que le da tanta vida. El guión fue desarrollado por Fernand después de que se le ocurriese la idea casi repentinamente, reunido con unos amigos una noche cualquiera de verano, tratando de unir determinados elementos que sabía existían en la localidad de Rota, lugar donde iba a desplazarse en breve, para aprovechar su estancia con la filmación de al menos algunos planos que destinaría a otro posible proyecto. Así construyó por completo el cortometraje de "La Corta Vida", que presentó más tarde a la pareja aficionada a la interpretación que lo protagonizaría, la formada por José Julio Fernández y Rafi Martín, un matrimonio real que sin dudas se lanzó a llevar a cabo el pequeño proyecto cinematográfico. Para el rodaje no se utilizaron grandes medios técnicos o humanos ni grandes contactos; al contrario de como ocurriese en "Noche de Autos", aquí Fernand no necesita de multitudinaria participación para lograr el objetivo final: rodar la breve película que sólo ocupaba dos páginas de guión. Armado con un trípode prestado y una cámara de vídeo doméstica, busca pronto el resto de elementos que han de aparecer en pantalla para construir la historia, dando con ellos con cierta facilidad, en especial gracias a la mediación del dúo protagonista. Como elementos discordantes sucedidos durante el rodaje, se enumeran la escasa voluntad que mostró el gato "Silver" a la hora de grabar sus planos (la película presentaba en guión más metraje para el animal que finalmente fue eliminado del montaje final), las inclemencias del tiempo que estuvieron a punto de posponer la grabación a bordo del pequeño barco y que obligó a repetir todos los planos rodados de la playa, o el sonado olvido de tener a mano un racimo de uvas que debería haber comido Rafi Martín navegando en la embarcación de vuelta a puerto. La cinta transcurre con ligereza; el nudo del relato es descrito en los cinco primeros minutos (que incluyen los créditos), y después la acción se ve suavemente ralentizada para establecerse así una comparación casi inconsciente para el espectador: aquella vida de la que han hablado los personajes se ve ejemplificada en la botadura del barco y a través del mismo barco, símbolo que anuncia la vinculación entre la tierra y el mar, la vida natural y la vida descrita en esta historia, lo abordable por el hombre y la inmensidad del agua que éste no puede dominar; a fin de cuentas, el conocimiento limitado del ser humano, al que se hace referencia también en la cabecera de la cinta, donde la imagen del mar ocupa apenas un cuarto del total de la pantalla, quedando el resto de espacio sumido en la oscuridad. De este modo, ahora con más tiempo, en esta segunda parte del cortometraje el espectador se recrea en las imágenes de la embarcación y el puerto al tiempo que atiende a las narraciones, estructuradas las breves secuencias mudas de diálogo con una técnica casi documental, excelente ilustración del silencio del que deben hacer uso los protagonistas para mantenerse en el necesario anonimato que protege sus secretos del resto del mundo. A lo largo de la película se hace continua referencia al número dos de forma que podía llegar a ser voluntaria: son dos los personajes protagonistas; en los planos de la playa se observa tanto el mar como el cielo; los personajes mantienen una vida acomodada, pacífica y vulgar, cuando en realidad es una apariencia que refugia la auténtica cualidad que describe su existencia; los barcos anclados en el puerto permanecen estáticos mientras el de los protagonistas es el único en todos los alrededores que aparece en movimiento; el mismo cartel de la película muestra el título del cortometraje con una proporcionada sombra donde vuelve a leerse con nitidez. Sin duda, ésta es una referencia a la esencia misma de la película, esa vida que al tiempo que transcurren las imágenes es descrita casi en una confesión por José Julio Fernández, una confesión justificada en un diario que el dúo protagonista no revela sino es a los espectadores, que comienzan la visualización de la cinta sin saber qué van a encontrar. Queda ejemplificado con ello que son dos realidades diferentes las que viven los personajes, y con ellos, el espectador que los sigue, que ha de permanecer muy atento a la historia para entender por completo el sentido de lo que está viendo en pantalla. Los problemas técnicos que prácticamente toda producción de bajo presupuesto sufre, surgieron en esta ocasión a la hora de la post-producción del filme, donde el material tuvo que ser totalmente comprimido para su montaje. La sala donde se editó estaba presidida por un ventilador que se esforzaba por airear el terrible calor que se acumulaba paulatinamente haciendo casi imposible la estancia en la habitación. A eso, se sumó que el ordenador que soportaba el material bruto comenzó a generar problemas sistemáticos que fueron resolviéndose del modo que se encontró más eficaz, retrasándose entonces la copia final del trabajo mucho más de lo debido. Entre otras cosas, se produjo la pérdida de ficheros que originó una reconstrucción total del trabajo hasta en dos ocasiones, la primera a un minuto de sonorización para acabar el proyecto, y la segunda una vez ya finalizado, prácticamente listo para extraer la copia final. Por ello, las consultas entre los participantes de la post-producción eran constantes, convirtiéndose entonces el corte de la cinta en un arduo trabajo donde se luchaba por impedir la merma de la calidad final. La sonorización del proyecto con ruidos-sala más la adición de los diálogos se incorporaron posteriormente, una vez montadas las imágenes mudas de todo el trabajo, a partir de sonidos registrados en exclusiva para la película y varias pistas pregrabadas añadidas, para finalizar todo el proceso con el adición de la música, que en este caso no está originariamente escrita para este cortometraje. En "La Corta Vida" se observa la intención del director de aligerar el ritmo visual con la intención de no permitir que el espectador descubra lo que va a acontecer, con el interés de no dar tiempo a la creación de supuestos y sí generar un vínculo de atracción que mantenga concentrado al espectador por la expectación que genera el hecho de no conocer qué va a ocurrir. Por ello, los planos casan entre sí de un modo prácticamente documental, circunstancia antes comentada. Como ejemplo, vale reseñar que en ningún momento se presenta el puerto en el aparentemente necesario plano general que sitúe en su escenario a los personajes, o tampoco se muestra la procedencia de la embarcación utilizada. Sin embargo, las pistas que se dan son más que claras: el desorden con que el barco es preparado para su botadura indica que el personaje de José Julio Fernández no es un marinero, al menos habitual, por lo que sugiere que ha debido ser alquilada para el propósito que muestra la película, mas aún cuando es la única circunstancia que hace útil la embarcación; o el puerto aparece claramente en pantalla casi cuando el barco está ya en el agua, siempre al fondo del plano, y se le concede cierta importancia al regreso después del viaje por el mar. Con todo ello, puede llegar a concluirse la sugerencia por parte del autor de conseguir la introspección del espectador, pues aunque en la película se narre una situación concreta respecto a cómo se debe llevar la vida adelante, en definitiva con qué filosofía vivir, esto no es más que una metáfora que incita o aconseja o suscita a buscar la simpleza de la vida, esencia a explorar para obtener un mayor disfrute de los escasos días que los seres humanos permanecen en este planeta. |
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ANÁLISIS EXHAUSTIVO del cortometraje “LA CORTA VIDA” de Joaquín Fernand
Desde el inicio de la película ya aparece el interés por demostrar
una enseñanza al espectador: aparece la pantalla en negro, ocupada
aproximadamente en un 30 % por la imagen del mar que lleva sus olas
hasta la playa, que aparece de la nada, pequeña estampa que es acompañada
previamente por una música suave y el ruido de las olas, que anticipa
al espectador aquello que va a ver. Esta cabecera anuncia la inmensidad
de los desconocidos: mientras que aquello que el ser humano conoce
y saber hacer viene y va según avanzan los tiempos (el mar con sus
olas), existe el completo universo de lo desconocido, representado
por la oscuridad del resto de la pantalla.
Los
créditos van surgiendo en sitios diferentes, alternando los puestos,
procurando que el espectador no sepa dónde aparecerán, para encontrarlo
desprevenido. Ello simboliza que el conocimiento, en ocasiones,
aparece de improviso ante la persona, y de no transmitirse, se desvanece
del mismo modo en que apareció súbitamente.
A
continuación se sucede un fundido a negro, para abrir la pantalla
con un plano-detalle de las olas del mar llegando a la arena de
la playa, sobre las que, en color azul, se sobreimpresiona el título
de la cinta, dándose a entender así la efímera existencia del ser
humano con respecto al todo, siendo el hombre la ola que se rompe
y muere, que es seguida por otra y por otra mas, sin descanso. Al
mismo tiempo, puede interpretarse una aproximación al conocimiento,
por el que se avanza en cadena, de ahí que se vean varias olas de
mar seguidas, pues el conjunto de conocimientos es lo que forma
la perspectiva del mundo, una visión general de cuanto rodea al
ser capaz de discurrir. Las olas se desvanecen, pero no así el título,
que se mantiene unos instantes sobre el fondo negro, indicando la
marca que deja esa evolución proporcionada por la suma de conocimientos
adquiridos.
Hasta
ahora, la impresión de otorga la película a su espectador, en apenas
minuto y diez segundos, es de tranquilidad, de sosiego, de calma
controlada. A continuación abren los primeros planos de la película
en sí, todos generales descriptivos para situar al espectador en
el escenario, un barrio de casas residenciales, donde descubrimos
a la protagonista femenina del filme, dedicada a arreglar su jardín
en la mañana tranquila que está viviendo. Se trata de una clara
imagen que señala que el personaje dispone de tiempo libre para
adornar su vivienda; en concreto, riega las plantas, lo cual hace
volver a la misma idea anterior de ir progresando en conocimientos,
ir alimentando lo que ya se sabe para avanzar, para continuar el
camino donde alcanzar una meta que apenas empieza a dejarse entrever
con la primera narración del protagonista masculino, que acaba acompañando
al personaje de Rafi Martín al interior de la vivienda, que permanece
en la oscuridad. Esta misma oscuridad es un simbolismo del personaje,
que conoce una realidad particular (como el espectador sabrá más
adelante) que no se ha desvelado aún para nadie más que la pareja
protagonista.
Tras
una imagen del atardecer de la playa que se ofrece en la cabecera
de la película, se sucede la escena nocturna donde tiene cabida
la parte fundamental de la trama de la cinta; es necesario que el
espectador permanezca muy atento al diálogo que se produce entre
los personajes, pues es clave para la comprensión del resto de la
historia. Se trata de una escena rápida en tiempo y en contenido,
pues esta misma agilidad busca que el espectador se desconcierte
con lo que sucede, que sin ser nada espectacular ni especialmente
destacable, premeditadamente no llega a comprender, pues así lo
establece la estructura del guión a la hora de contar la historia
de esta película, dejando intrigas abiertas a voluntad.
Más
adelante, después de la segunda narración del personaje de José
Julio Fernández, la acción de la película se ralentiza, plagada
de sonidos diferentes y atractivos que envuelven al espectador,
acunándolo, meciéndolo, y consiguen así que disipe las conclusiones
que haya pretendido realizar ante las escenas anteriormente vistas.
Es este espectador el que queda en suspenso debido a que cuanto
ve está descontextualizado, al no poderse vincular ni al pasado
de los personajes respecto del resto de película ya vista, o por
el contrario es la continuación racional de las acciones narradas
en el sentido lineal que hasta este punto ha presentado la historia.
Una
vez se produce la botadura del barco, después de la preparación
minuciosa de la embarcación por un protagonista concentrado en cuanto
hace, observamos con mayor amplitud de campo visual el puerto en
sí, que antes apenas se había dejado ver y que llega por primera
vez al espectador con algo más de claridad a través del plano en
que la bandera es colocada en la popa del pequeño barco. Una vez
los dos personajes viajan a bordo, descubre la atención que se trata
de la única embarcación que sale del puerto, pues todas las demás
están en reposo ancladas en sus puestos. Puede desprenderse la exclusividad
de los personajes respecto a aquello que los hace diferentes del
resto, sabrosa exclusividad que pretende ser seguida por otros seres
humanos, como ejemplifica el fondo del plano medio donde José Julio
Fernández guía la nave
Tras
una breve sucesión de acciones, el barco regresa hasta el puerto,
mientras que la película muestra más momentos que se asocian a la
idea fundamental que está siendo narrada: vemos una playa donde
un diminuto pueblo se aventura a crecer sobre la arboleda, o el
motor de la embarcación que deja tras de sí la estela de aguas agitadas
que se superpone a las mismas aguas que por su naturaleza agita
el propio mar, fragmentos que muestran esa crecida de los personajes
sobre el mundo acostumbrado, que siguen ilustrando las diferencias
que los separan del resto. Una vez en el puerto, antes de abordar
la última escena de la película,
El
plano final de la película busca la profundidad de los elementos
que en él aparecen, enmarcados todos en unos muy naturales colores
cálidos: el inmenso mar, el cielo inacabable y la instructora pareja
protagonista asisten en armonía al ocaso del sol en un día cualquiera,
el ocaso de lo frecuente y
tradicional que ahora puede ser entendido de un modo complemente
diferente, un ocaso que vendrá seguido de una aurora, de un amanecer,
de un nuevo principio donde las cosas puedan hacerse de un modo
más correcto; en definitiva, una oportunidad para destituir la aparentemente
incombustible “corta vida”. Justo antes del inicio de los créditos finales, el director inserta un cartel animado, donde se lee en diferentes colores armónicos y distintos tipos de letra un profundo mensaje que hace mención indiscutiblemente de la fuerza de la esperanza: “a todos los que luchan por aferrarse a la corta vida”. A continuación, mientras pasan los carteles, el sonido de las olas del mar de la última imagen aún se percibe en la banda sonora de la cinta, donde sin prisa ni pausa va cediendo su terreno a la música principal que ha acompañado a gran parte de las acciones del cortometraje.
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