|
Existe una primera época, desde los
doce hasta los quince años, en la que el autor no escribe nada, o
cuando lo hace no termina sus relatos; se trata de un plazo de
abandono en el que las ideas capaces de que germinen buenas
historias rondaban su imaginación formando una nebulosa
omnipresente, sin que Fernand resolviese finalmente escribirlas. Al
inicio de la adolescencia, Fernand comienza por fuerza a conocerse
más a sí mismo, a saber sobre sus limitaciones, sobre el ímpetu de
su fuerza vital y emocional, sobre los objetivos que desea alcanzar
que parten de los ideales de un niño que suele soñar muy a menudo,
que se empeña en cambiar aquello susceptible de mejora, que no se
contenta con las cosas tal cual son cuando en ellas ve que existe
algo más. Se trata de un adolescente de mente abierta, despierto y
juguetón, al tiempo que muy sensible a todo cuanto le rodea. Joaquín
Fernand pronto decide hacer uso de la potencialidad narrativa que
tiene para dar más de sí, para expandir sus habilidades y ampliar
sus conocimientos. Como suele ocurrirle a todo aquel que empieza una
nueva labor, Fernand no supo de qué modo hacerlo efectivo, por lo
que se valió del autodidactismo para escoger el mejor medio con que
acercarse a sus pretensiones: crear novelas y películas con las que
ahondar en la peliaguda mentalidad del ser humano, quien a veces
olvida su innata condición de animal.
Fernand redacta su primera novela, una
historia de aventuras titulada "Jonaleríes", a los quince años de
edad, en una vieja máquina de escribir concedida en préstamo, que se
fue deteriorando según se la usaba. La breve novela fue previamente
escrita a mano por completo. |