
Todo el proceso de creación
de "El Vanidoso en Llamas" forma una historia muy
particular en su conjunto. El relato original en sí es escrito
por Joaquín Fernand a mediados de Agosto de 2004 cuando acababa
de filmar "La Corta Vida" en la costa gaditana,
antes incluso de iniciar el montaje de este segundo título. Proyectada
para ser filmada a inicios de Septiembre, finalmente este particular
cortometraje sobre la vanidad se comienza a finales de dicho mes, debido
a problemas de disponibilidad general. Pero tan sólo se logra la filmación
de parte de las secuencias de toda la película, que sufre varios parones que se irán prolongando a lo largo de
los meses siguientes, quedando la producción estancada.Tanto
es así, que a finales de Enero de 2005 Fernand tiene dispuesto
ya para estreno su cortometraje "The Horror Cassette Show",
mientras aún falta material para completar "El Vanidoso
en Llamas" y "La Corta Vida" continúa
de promoción en salas de exhibición y en televisión.
Pasará algo más de tiempo hasta que la cinta se monte
al completo sin disponer aún de las locuciones que sirvan de
guía para la comprensión de la historia, las cuales deberán
repetirse varias veces -esto es, grabadas en numerosas ocasiones sobre
formatos diferentes entre sí- hasta dar con el aspecto final
del sonido, que quedará natural en lugar de estar impregnado
de determinados efectos que se les pretendían añadir a
las palabras de Liébana para que el espectador evocase lo que en
realidad no interesaba desvelar todavía. Con todo esto, aún restarán
unas semanas para determinar la copia definitiva del proyecto, resuelta
de un modo muy particular de comprender, tal y como originariamente se
tenía pensado y aprobado. Así, "El Vanidoso En
Llamas" necesita de mucha atención para resolver el
error que el protagonista describe la película de una manera
tan sutil. Dice el director: "todo lo relativo al error
del vanidoso está en la cinta, no falta nada de nada. Pero hay
que estudiar todo lo dicho en los diálogos, en los pensamientos,
examinar qué relación tienen entre sí los tres
personajes que participan de la historia, entender el orden
de las escenas en que se resuelve la película; si no se quiere
estudiar tan profundamente, la historia se comprende sin necesidad de
descubrir el error que desencadena el final, pero lo interesante está
en indagar, como siempre, que deja mejor sabor de boca".
El cortometraje transcurre
con un ritmo medido, sincero, tan pausado que llega a transmitir la
desesperación emocional interior que su protagonista, interpretado por
José Liébana, siente de una manera discreta, personal,
siguiendo el estilo de actuación de actores tales como James Dean. Las primeras secuencias informan
al espectador que la historia comienza desde su final, unas secuencias
que hacen ascender al protagonista hasta la azotea del edificio donde
muchas veces filosofaba con el otro personaje principal, que ahora no
está a su lado. Sin embargo, la unidad de tiempo se quiebra enseguida
para seguir narrando el relato; lo único que sí mantiene un presente
superpuesto a toda la narración son las locuciones que guían la propia
historia, generando en el clímax un
extraño efecto sobre el espectador que como es habitual en el
cine de Fernand, necesita de un repaso mental de la historia para atrapar
por completo todos los sentidos que llevan impregnados imágenes
y palabras, y es en este clímax donde el protagonista vuelve a
reencontrase solo, atrapado
en pensamientos que tan sólo parcialmente describe a los espectadores.
El enclave donde fue filmada parte de la cinta es envidiable: se trata
de una azotea real no transitable situada en un paraje muy conocido
de la capital cordobesa. Lo más atractivo, quizá, serán
las vistas que se observan de la Mezquita-Catedral de la ciudad, de
la que se filmaron planos de día y de noche para ser recursos
visuales, los mismos que no fueron incluidos en la copia final de la
película, para evitar posibles distracciones en la historia por parte del público. Las escenas diurnas que transcurren en
este escenario muestran un paisaje gris, oscuro -durante unos segundos
se percibe una rayo de luz solar atravesando la masa de nubes-, algo
poco habitual en Córdoba, ciudad que disfruta la gran parte del
año de una climatología excelente; el día escogido para
filmar no fue uno cualquiera, pues el juego de luces provenientes de un
sol cubierto pero potente que obligaba al equipo a protegerse la vista,
genera una bruma especial que es la propia esencia de la película, la
incertidumbre del protagonista, pendiente de que sea desvelada una
información que necesita para hacer que su alma descanse. Los interiores
están convenientemente ambientados, pues por medio de ellos se describen
en parte a los personajes: el de Liébana pertenece a una familia más o
menos pudiente, es estudioso y cavila a menudo, se detiene a considerar
todos los aspectos de los problemas a afrontar antes de tomar una
decisión; el de Fernand es terco, bruto, con bajo nivel de estudios y
menos esperanzas de mejorar su futuro. Casi dos personajes antagónicos
que han cultivado una estrecha amistad, que al protagonista le duele
verla acabada por una propuesta tan absurda como sobrecogedora, ésa que
pone en jaque a ambos dos. Y es que el personaje de Fernand ha podido
documentarse sobre una leyenda urbana, y ésta ha cogido peso hasta
hacerla considerar como cierta; a partir de ahí, la soberbia y las ganas
de explosionar el malestar por su situación en la vida conducen a este
personaje a poner en práctica una realidad que permanece oculta para los
ojos que no desean contemplarla.
Una vez finalizada la
postproducción de la película, pasaron largos meses hasta su estreno,
anunciado para Agosto de 2005, en un escenario particular: el Jardín
Botánico de Córdoba, que abrió sus puertas por la noche para sesiones de
cine y literatura organizadas por la asociación de la que Fernand es
presidente. Junto al río Guadalquivir, en plena casco histórico de la
ciudad, los espectadores se sumergieron en la breve historia, que
aplaudieron convenientemente. Sin embargo, el director no quedó
satisfecho al comprobar como muchos de los asistentes habían obviado el
secreto que el cortometraje descubre. La historia funcionaba, pero no
todo el mundo comprendía por completo su significado.
"El Vanidoso en
Llamas" contiene elementos propios de las obras de Fernand: la
soledad de los personajes, la intimidad de los mismos vistas por el ojo
ajeno, el estilo documental que marca su narración. Además, breves
diálogos con indispensable contenido, música ambiental idónea y un
escenario principal muy elaborado, repleto de significado: una azotea
vista de día y de noche, que refleja el interés del personaje por el
conocimiento, por acercarse a la defensa de aquello de lo que huye, su
necesidad de evasión al tiempo que puede controlarlo todo, justo el
lugar que desea para su amigo, desprendido de la satisfacción del
conocimiento y en consecuencia, capaz de perderse a sí mismo como
realmente ocurre. De nuevo, un relato de Fernand se expone lleno de
significados diferentes para quienes procuran leer.