Entrevista a Juan Bonilla en Clarín, Revista de Nueva Literatura. Mayo-Junio 1996.
Por Enrique Bueres.
Escondiendo su seguridad tras unas gafas de sol que le dan un aspecto de joven actor americano ("lo que a mi madre le hubiese gustado que fuera"), Bonilla asegura que éste va a ser su "último recital poético".
Podría pasar por actor o músico, pero es escritor. Con 29 años, este gaditano habitante de Sevilla y a punto de mudarse a Barcelona, ya ha trazado un profundo surco en los terrenos de la poesía, el relato, el ensayo y ahora la novela. Además de Nadie conoce a nadie (Ediciones B), es autor del libro de poemas Partes de guerra (Pre-Textos), la colección de relatos El que apaga la luz (Pre-Textos) y el volumen de artículos Veinticinco años de éxitos (La Carbonería).- Hace unos días Richard Gere decía en una entrevista: "Probablemente nunca conoces de verdad a los demás. Incluso con los que tienes mucha confianza siempre te llevas alguna sorpresa". ¿Cree que Gere habrá leído Nadie conoce a nadie?
Una editorial londinense ha comprado los derechos, pero aún no lo han traducido. Me temo que Richard Gere todavía no ha podido leerla. De todos modos, me han dicho que en Muerte entre las flores, un personaje dice delante de un cadáver: "Me traicionaste. Nadie conoce a nadie". Ahora el título aparece por todas partes.- En su novela hay referencias a José Luis García Martín, Lorenzo Oliván, Carlos Marzal, Andrés Trapiello y a escritores aún más conocidos. ¿Espera que toda la gente que lee su novela comprenda esas alusiones y referencias?
El narrador de la novela está enfermo de literatura, ve la vida con ojos literarios. Se enfrenta a la vida guarneciéndose con un escudo literario que está hecho de frases, argumentos, momentos de obras. Pueden ser lo mismo Monterroso que Oliván. Al narrador la literatura le ha servido para que la vida le concierna menos de lo que él sería capaz de soportar. Para dar verosimilitud a ese personaje, tenía que cubrirlo de homenajes a otros escritores.- El síndrome de Alonso Quijano, del que habla en Nadie conoce a nadie, ya aparecía como un breve ensayo en Veinticinco años de éxitos. ¿Se fagocita a sí mismo?
Es el germen de la novela. Ese ensayo está incluido prácticamente entero en la novela. Cuando el próximo año reediten Veinticinco años de éxitos, no aparecerá. Lo he quitado. Cuando hace unos años me enteré de que la mayoría de los psicópatas norteamericanos leían a Stephen King vi ahí un buen argumento para la novela. Entonces fue cuando escribí aquel artículo. Hoy en día la mejor ejemplificación del síndrome de Alonso Quijano podrían ser los jugadores de rol, no sólo los adolescentes que juegan en la mesa, sino también todos aquellos que han hecho de sus vidas un juego de rol: los fundamentalistas, terroristas, los que anteponen una serie de dogmas a su visión de la realidad, o Jesucristo, que siempre tenía presentes las escrituras para culminar los actos de su vida.- ¿Por qué le da tanta caña a Antonio Gala en Veinticinco años de éxitos y luego en Nadie conoce a nadie lo llama Antonio Gula? ¿Por qué se ha cortado?
La verdad es que no debí hacerlo. Es un chiste facilón que no despista mucho. De hecho, en la segunda edición ya aparece como Antonio Gala.- En El País del 26 de marzo se leía: "Hermano mayor de una cofradía, imputado en el caso Arny". ¿Le habría servido para la novela?
No. Lo de la Semana Santa era un simple escenario que fagocitaba todo lo que yo quería decir. No me interesan los cofrades ni todo ese mundo. Me da exactamente igual.- La idea del crucigrama como medio para lanzar mensajes secretos estaba presente en su poema "La guerra va a estallar" y luego sustenta parte de la trama inicial de Nadie conoce a nadie. ¿le gustan los crucigramas?
Leyendo un libro sobre los días anteriores a la invasión de París por parte de los nazis, me enteré de que una de las cosas que hicieron los directores de los periódicos fue suprimir los crucigramas para que los nazis no pudieran apretar a los crucigramistas para lanzar mensajes. Me pareció una buena idea y por eso la utilicé. Pero soy bastante malo confeccionando crucigramas. El que hay en la novela está incompleto porque no me salía, no me cuadraba.- Los Arlequines, el grupo de rol terrorista de su novela, tiene confeccionada una maqueta de Sevilla. Me ha recordado a la que aparece en La música del azar, de Auster y que también se recrea en la película de Philip Haas. ¿Vale la conexión?
Sí. Viene de ahí. Tiene mucho que ver. Me imaginaba cómo podría ser un juego de rol trasladado a la vida y lo mejor que se me venía era una maqueta de ese tipo. Sí, viene de La música del azar.- Hal Hartley dice que tienes serías dudas sobre los que es el azar. Paul Auster indaga sobre en él. ¿Usted?
No he reflexionado mucho acerca del azar. Las cosas suceden y después es cuando se pueden trazar las relaciones azarosas. Pero, como en los comentarios de texto, son cosas que se hacen a posteriori y que no merecen teorías. Parece que Paul Auster quiere hacer de eso el centro de su producción, cuando yo creo, cuando yo creo que puede desarrollarse de una manera que abarque muchas más cosas.- En su novela hace referencia a un hecho real ocurrido en Madrid: dos jóvenes involucrados en un juego de rol acuchillaron y asesinaron a un señor, que esperaba el autobús, porque tenía cara de tonto. En esa parada es donde yo ahora cojo el autobús. ¿Cree que ocurrió para que usted lo utilizase en su novela y ahora yo pudiera comentárselo?
Es una casualidad inmensa. Que la persona que me entrevista viva justamente en el lugar donde se comete el asesinato del juego perol que también aparece en mi novela, es bonito, es una casualidad. Sacar más conclusiones puede ser aventurado.- En Nadie conoce a nadie, aparece el escritor cubano Juan Bonilla, el personaje Sapo lleva un diario, también hay muchas digresiones literarias. ¿Asume el riesgo de la metaficción en su novela?
Era un riesgo, pero desde el principio supe que la historia que tenía se hubiera convertido en manos de Agatha Christie en una novelita de misterio e intriga. Yo quería hacer otra cosa, quería hacer literatura. La intriga sólo me servía como trampolín para otras cosas. Por eso la novela está llena de digresiones. El narrador que alguien que se defiende de lo que le está pasando contándolo. Así da salida a una multitud de fantasmas. Corres un riesgo, pero no soy Agatha Christie. Seguro que podía hacerse una edición abreviada de la novela sólo con la intriga, pero para mí no sería lo que es Nadie conoce a nadie.- Miguel García posada ha relacionado con Humberto Eco lo que él llama su 'esoterismo fabulador'. ¿Está de acuerdo?
No, además no sé lo que quiere decir. De Eco sólo he leído sus ensayos, pero sus novelas me parecen muy, muy aburridas. Ha sido toda una sorpresa.- Borges aseguraba que nunca lloraba en el cine por temas lacrimosos o episodios patéticos. Sin embargo, al ver los primeros filmes de gángsters de Stenberg, decía que cuando había algo épico en ellos, como la brava muerte de algún gángster, bueno, sentía que los ojos se le llenaban de lágrimas. ¿Usted llora con algún tipo de cine? ¿qué personajes le conmueven? ¿Quizás los épicos como a Borges?
Esto es peligrosísimo decirlo, pero hay cierta poesía en la violencia, no le de Stallone, pero, por ejemplo, en algunas escenas violentas de Novecento protagonizadas por campesinos se me saltaron las lágrimas. No lo puedo impedir. Es algo visceral. Como supongo que no se puede impedir brindar por la vida cuando matan a Carrero Blanco. Hay otras escenas que me parecen impresionantes, por ejemplo, cuando en El Ladrón de bicicletas el padre le da la mano al niño, después de la humillación que ha sufrido. Las escenas que no me conmocionan nada son las de chico pierde chica.- ¿Blade Runner es una de las películas más importantes de su vida? ¿Por qué?
Es un film bastante épico, aparte de la última escena que todos conocemos con Nexos 6 recitando ese poema tan bonito, me parece que toda la película está perfectamente contada, no así la novela de la que nace, que me pareció un bluff.- ¿Quién es Manuel León a quien dedica dos de sus libros?
Es el tipo que me prestó el piso donde escribí Nadie conoce a nadie. Es un documentalista que vive en Los Ángeles.- ¿Nadie conoce a nadie es un título que se impuso a otros?
Al principio no tenía ningún título. Cuando apareció la frase en el libro me di cuenta de que ése era el título.En este momento interrumpimos la entrevista porque a Juan Bonilla ya lo esperan para dar su "último recital de poesía". Él y Almudena Guzmán, flanqueados y presentados por Luis Alberto de Cuenca y García-Posada , se encuentran con el público. Bonilla lee textos de Partes de guerra. Sus comentarios y anécdotas sobre los poemas que ha seleccionado para este "último acto" dibujan la sonrisa, a veces la carcajada, en los rostros del público. Termina leyendo 'Caracola', un poema adulto que aparecerá en un libro para niños titulado Multiplícate por cero, que pronto publicará Hiperión. Después le toca el turno a Almudena Guzmán de la que García-Posada dice que es una voz imprescindible de la poesía de los últimos años. Nadie parece inmutarse, aunque tal afirmación quizás mereciese una denuncia en comisaría o ante el Tribunal de la Competencia. Guzmán lee cansina y pausadamente unos poemas inéditos que aburren hasta a los muebles de diseño -probablemente catalanes- de la sala. Después las preguntas, las respuestas y las firmas. Una chica llamada Ariadna le pide a bonilla que le regale sus partes "de guerra". Lo hace.
Las nubes musculosas ya han doblado los bordes de la tarde. Se ha hecho de noche en Madrid. Volvemos a una pequeña sala de reuniones de la Residencia de Estudiantes y dudamos entre practicar güija para convocar a los espíritus burlones de Dalí, Lorca y Buñuel o proseguir con la entrevista. Optamos por continuar con la conversación.- Usted dirigió el suplemento cultural Citas, del Diario de Jerez.
Profesionalmente hablando fue la época más feliz de mi vida. Teníamos conciencia de ser gamberros y nos encantaba. Teníamos entre 20 y 23 años. Buscábamos desacralizar. Cuando vuelvo a leer aquellas páginas, me lo paso bomba. Conseguimos una nómina de colaboradores estupenda. Echo de menos el periodismo literario, ese tono burlón, de mala uva, independiente y pasional. Lo recuerdo con mucho cariño.- En el poema 'Licores' escribe: "Y brindamos mientras salen a la calle los abominables hombres de las nueve, con la rutina aprendida y mirándolos respondemos: No, no hay vida antes de la muerte". ¿Dónde está la vida? ¿Dónde sitúa la muerte?
Complicado. Muchos amigos me han dicho que a mi novela le faltaba vida y le sobraba literatura. Esa contraposición entre vida y literatura me parece falsa. La literatura no es comparable a la vida, es una de las parcelas de la vida de algunos. Sólo en alguien enfermo puede haber esa confusión, ese enfrentamiento entre vida y literatura. Cuando leo estoy viviendo de manera intensa, y cuando follo también, y cuando viajo o escribo también estoy viviendo. Busco la intensidad en todo lo que hago, pero no se me ocurre contraponer una cosa a la otra. No se me ocurre decir que cuando estoy con la literatura estoy enfangado y olvidándome de lo que es la vida.- ¿Qué persigue con sus poemas?
También es difícil de contestar eso. Es natural que un homosexual se pregunte a los 17 años porqué es homosexual, pero si se lo sigue preguntando a los 30, está perdiendo la vida. Tiene que admitirlo y disfrutarlo. Pues igual con la poesía. Yo, a los 17 años, sin ser homosexual, (aunque me daría exactamente igual), me preguntaba por qué escribía, para qué sirve esto. Pero llega un momento en el que cuando te pones a escribir lo que menos te preguntas es para qué sirve. Es, sencillamente.- Al escribir, ¿en qué tipo de lector piensa, si es que piensa en alguno? ¿Quiénes formarían su auditorio ideal?
La verdad es que pienso en un lector muy concreto que soy yo. Eso no quiere decir que yo escriba las novelas que me gustaría leer, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que el lector en el que pienso es el que yo soy. Antes que escritor soy lector, lector enganchado. Las cosas que me han gustado me han influido. Cualquier cuestión de gustos es cuestión de limitaciones y si a mi no me gusta Juan Goytisolo, por ejemplo, no quiere decir que sea malo, sino que es una limitación mía no encontrarle gusto a Juan Goytisolo. Pero sé que lo que yo haga no puede parecerse a eso porque no me ha reportado ningún placer.- ¿Cree que a los escritores hay que juzgarlos por sus ideas?
Depende. Las ideas son obstáculos que pueden alejarte del escritor. Es una cuestión de simpatías. Sánchez Mazas y otros escritores fascistas han sido preteridos durante mucho tiempo no por el valor literario que tuvieran , sino por sus ideas. Eso me parece nefasto . No creo que se tenga que juzgar una obra a partir de las ideas de sus autores. Las obras lo son por sí mismas y da igual todo lo feo, guapo, alto, o bajo que sea el que lo ha escrito. En ese plantel categórico está si eres fascista o no. Ahora bien, si ese fascismo late en la novela, es inevitable que te provoque antipatía.- ¿Qué escritores le resultan simpático o antipáticos?
Tengo simpatía por la obra de Javier Marías, de Enrique Vilà- Matas, Ignacio Martínez de Pisón. Me resultan simpáticos en el sentido griego del término, comunidad de ideas.-¿Y antipáticos?
Muchísimos. He citado a Juan Goytisolo. Sus novelas me resultan antipatiquísimas.
-¿Gala?
Me resulta insignificante. No lo leo siquiera.
-¿Odia a Antoni Tàpies no? Ha escrito que en buena parte del arte moderno hay una exaltación de la nada. ¿Le gustaría presidir El Club de los Enemigos de Tàpies?
No. Ni muchísimo menos. Es algo anecdótico. Quizá sea una limitación mía no poder disfrutar de su obra. Veo a amigos que ponen los ojos en blanco con él y me digo que debo estar perdiéndome algo grande. El defecto puede que sea mío. Aunque también pienso que es la gran coartada que tienen todos los pintores: si no te gusta es que no lo entiendes. Lo cual me parece una barbaridad. Se les podría decir que no los entiendo porque no me gustan. Además, la pintura trabaja con otro campo semántico distinto al del entendimiento. Se escriben barbaridades sobre las obras de estos pintores. Son mucho más divertidos los textos que intentan desentrañar la esencia de los cuadros que las propias exposiciones. Es todo un género literario bastante esperpéntico.- "Todos somos en el fondo el cúmulo de seres que nos hubiera gustado ser" ¿Quién le hubiera gustado ser a usted?
No puedo contestar a esa pregunta porque el que la contestaría sería el lector que hay en mí. Ese lector está muy contento de que exista Borges, Chesterton, Monterroso, Yourcenar. Eso es lo que me gusta. ¿Que el escritor pudiera ser una mezcla de todos ellos? Sin duda. Soy el cúmulo de escritores que me hubiera gustado ser . De las mezclas va saliendo tu propia voz. Hubo un tiempo, cuando leía los cuentos de Gonzalo Suárez, en el que lo que no fuera ese tipo de literatura no era literatura. Luego vas creciendo y mezclando las cosas. De esas mezclas va saliendo tu propia voz. Los libros, como los armarios en los relatos de Millas, están todos conectados: un libro de Borges te lleva a uno de Bioy, Marías te lleva a Faulkner- ¿Mandaría a la hoguera algo de lo que ha escrito?
He mandado mucho a la hoguera. Tenía un contrato con una editorial para una novela corta, pero no me convencía absolutamente nada de lo que estaba escribiendo. Devolví el adelanto y no quemé la novela porque no tengo chimenea, pero la destruí.- ¿Cuál es la mayor estupidez que se ha escrito sobre usted o sobre su obra?
Voy a contarle un secreto, hubo una crítica de El que apaga la luz en un periódico regional de La Rioja que decía que la única página salvable era la cita de Somerset Maugham que contiene la frase que da título al libro. Yo tenía ese título desde hace tiempo pero no encontraba manera de aplicárselo al libro porque ningún relato me sugería que pudiera llamarse El que apaga la luz. Tenía que encontrar algo que se llamara así. Tenía la idea de un viejo que cuenta historias a sus nietas y cuando ellas se duermen él sale de la habitación y se da cuenta que el narrador de verdad es el que apaga la luz. Se me ocurrió escribir la cita directamente y buscar un escritor de obra vasta, lo suficientemente vasta, como para que nadie la haya podido leer en España. Dije pues, alguien muy leído en los 50 que ahora nadie lee. Puse a Somerset Maugham, y sólo un amigo ha conseguido descubrir que la cita no puede ser de Maugham porque él no tenía nietas.- ¿Se ha sentido en algún momento un francotirador anarquista?
Ahora mismo me siento un francotirador anarquista. Espero no tener que cortarme. No es por vacilar ni mucho menos, pero podría vivir de colaboraciones literarias, pero lo primero que he hecho después de escribir la novela ha sido aceptar un contrato con la revista Ajo Blanco para llevar la redacción de cultura. Quiero vivir de otra cosa. No quiero vivir de colaboraciones en determinadas revistas que me exijan no poder decir aquello que necesito decir. En cierta revista me dijeron que no podían publicar un artículo mío porque terminaba citando a Harvey Keitel en Pulp Fiction cuando dice "tranquilos, muchachos, no empecemos a chuparnos las pollas". En Interviú, hasta ahora, me han dejado decir alguna que otra barbaridad, como pedir que los votantes en blanco tengamos representantes en la cámara. Si hemos conseguido 300000 voto, que haya tres escaños vacíos. Hemos votado para que no haya nadie. Para que se oiga un silencio. Mientras me dejen decir estas cosas Lo que no he querido es aprovechar el tirón y vivir de colaboraciones literarias.- ¿Hacia dónde se inclinan sus intereses políticos?
Según Paul Valèry, la política es el arte de preocupar a la gente con cosas que no tienen importancia, estoy bastante de acuerdo. Nos llenan la cabeza con cosas que no tienen ninguna importancia. Lo que trato en mis artículos es discutir una serie de dogmas que conviene ponerlos sobre la mesa.- ¿Cómo lleva lo de ser famoso?
Espero que ese "famoso", lo diga entre comillas. La verdad es que muy mal. Lo llevo sin creérmelo en ningún momento. Es algo ficticio que me ocurre y como para tener un poco de higiene intima lo mejor es reírse de mí mismo. Lo que he hecho ha sido escribir un relato que se titula El mejor escritor de su generación , en el que un señor que se llama Juan Bonilla, de más de 50 años, y que trabaja como el último mono en una redacción de revista underground, es enviado por el cabrón del redactor jefe a entrevistar al mejor escritor de su generación, que es un chiquillo de 23 años. Entonces él rememora aquella época en la que a él le dijeron lo mismo que están diciendo de este chaval.- ¿Es cierto que se casó con una inmigrante libia para que consiguiera el permiso de residencia?
No. Me lo propusieron, pero no es cierto.
- Impertinente, inteligente, despiadado, talentazo, gacetillero inmundo. ¿Cuál de los piropos le gusta más?
Son de Veinticinco años de éxitos. Es un libro impertinente. Tiene un tono que es difícil que yo puede recuperar de nuevo.- ¿Por qué?
Porque te vas haciendo mayor y las impertinencias ya no te hacen tanta gracia. Gacetillero, no. Impertinente, si. Acato los elogios pero es mejor no comentarlos.- Tom Waits, Caetano Veloso,Cohen, Fito Paez, David Byrne. La música de Nadie conoce a nadie.
El narrador dice que Waits escribió la melodía más triste que se ha hecho nunca. Kentucky Avenue, que pone los pelos de punta. Para cubrir la personalidad del narrador me venía muy bien Tom Waits, que ha llenado muchísimas horas de silencio. El argentino Fito Paez, me gusta mucho también. También Leonard Cohen.- En Nadie conoce a nadie hay un juego con las letras finales de las matrículas para buscar un escritor cuyas iniciales coincidan con ellas, Dice que con SE-457634-JB resuelve José Bianco o con CA-544671-SZ Stefan Zweig ¿No les sobran números a esas matriculas?
Es un error mío. Yo soy peatón. Pero lo cierto es que me suelo fijar en las letras finales. En Sevilla es difícil jugar a ese juego porque van por la AN. En Madrid hay más posibilidades.- Hablemos de religión. El catecismo franquista empezaba: "¿Eres cristiano? Soy cristiano por la gracia de Dios".
La religión es uno de los grandes obstáculos que los hombres se imponen para afrontar la enorme ignorancia que tenemos acerca de nosotros mismos. Toda esa ignorancia queda reducida en una serie de dogmas y respuestas muy concretas con las cuales se ilumina todo. El que tenga fe, muy bien, pero no deja de ser una de las formas más espectaculares de ignorancia. El verbo creer es el antónimo de saber y es sinónimo de ignorar. El que cree es porque ignora.- ¿Creo que usted escribe con un Macintosh? ¿Verdad?
Sí. ¿Cómo lo sabe?-Por que en la novela agradece a un amigo que le haya prestado su Láser Writer 600, una impresora que sólo sirve para los Mac.
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