JUAN BONILLA: MANERAS DE VIVIR . Javier García Rodríguez
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Publicado en Clarín Revista de Nueva Literatura. Nº43 Ene/Feb 2003
Fotografía del autor de © Juan Carlos Gárgoles
YO SOY...
Juan Bonilla nació en un minifundio donde nadie conoce a nadie y estudió en la Academia Zaratustra. Preocupado por cuestiones personales, persiguió a una holandesa errante por el belvedere. La noche del skylab y, en compañía de los solitarios, aprendió el arte del yo-yo, llegando a ser por méritos propios el que apaga la luz en un teatro de variedades donde ha cosechado veinticinco años -o más- de éxitos. Vanos partes de guerra han adelantado su desaparición en combate, pero él, cansado de estar muerto, le dice a quien quiere escucharle: "Yo soy, yo eres, yo es..."
YO ERES...
Juan Bonilla nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, en 1966. Juan Bonilla ha estudiado en Sevilla, ciudad a la que transformó en un enorme tablero de juego de rol y cuya Semana Santa pasó a ser un escenario para el (otro) juego de la vida y la muerte, lleno de ritos incomprensibles e inevitables. Juan Bonilla ha trabajado como periodista en Barcelona, actividad que ejercita la habilidad para mirar la realidad descubriendo en ella lo que se esconde bajo la cáscara de su normalidad, y la práctica para contar sus historias buscando lo escondido, lo otro, lo distinto:
La realidad, ese monstruo hecho de respuestas infalibles que arrostramos cada mañana con preguntas que no llevan a ningún sitio, nos cede así multitud de posibles relatos. Es desde luego una de mis fuentes, aunque no la realidad cotidiana, la de chico conoce a chica o chico odia a su padre o generación desencantada se emborracha las noches de los sábados y se mata en accidentes de carretera. Esa realidad cotidiana no me interesa demasiado como material literario 1(Ver notas al fin).
Juan Bonilla ha colaborado y colabora habitualmente en periódicos, revistas de información general y en revistas literarias. Entre las últimas citaré tres: Fin de siglo, Clarín, Renacimiento (de esta fue efímero secretario de redacción; un solo número, en 1992), en cuyas páginas puede rastrearse gran parte de la mejor literatura que se ha escrito en España en los últimos años. En estas revistas, además de en periódicos como el Diario de Jerez, ha afinado Bonilla la brillantez y la mordacidad de su pluma -amén de su atrevimiento y su descaro- en tareas de crítico 2.
YO ES...
Fue esta primera actividad crítica de Bonilla la que le granjeó sus primeros valedores y también -imagino- sus primeros enemigos. Entre los primeros, José Luis García Martín escribía en la nota biográfica que encabezaba los poemas de Bonilla incluidos en la antología Selección nacional:
... se dio a conocer como uno de los periodistas más brillantes, incisivos e imaginativos de los últimos tiempos. Sus colaboraciones en "Citas", el suplemento literario del Diario de Jerez, llamaron desde el primer momento la atención por su irreverente sentido del humor y su escaso respeto por los santones que no le merecían ningún respeto; desde Clarín, pocos se habían atrevido a hablar de literatura coetánea con tanta crueldad y tanto desparpajo. (García Martín, 1995)
Algunos años después, Luis Antonio de Villena, moviéndose entre el elogio, la reconvención y la advertencia, decía de Bonilla:
De tormentoso pasado, Juan Bonilla [...] tiene en estos momentos la suerte y el riesgo de ser mirado por la crítica como uno de los probables modelos de escritor joven, especie muy buscada en los últimos tiempos en general con fracaso, tras la utilización de su imagen. Imagen y aptitudes no le faltan a Bonilla.
(Villena, 2000: 133)3
Y remataba dando varias de cal y una de arena:
Juan Bonilla es hoy, rotundamente, la clara promesa de un total escritor singular. Tiene muchas virtudes y un obvio riesgo: le sobra ingenio...
(Villena, 2000: 134)Con menores reticencias, en el "Donoso escrutinio de librerías" que el escritor hispano-peruano Fernando Iwasaki escribiera en 1996 a manera de repaso de clásicos no enterrados, consagrados más o menos reincidentes, noveles con aspiraciones y promesas con futuro, dice que Bonilla
... tiene un divertido desparpajo, singulares facultades de narrador y una chispeante imaginación que deja fluir a borbotones. Si no me equivoco, estamos ante un escritor omnívoro que ha sabido sacarle todo el partido posible a su despensa literaria, hasta el punto de que hoy ya no es posible aplicarle aquello de "dime lo que escribes y te diré qué comes". A mí me tinca que Juan Bonilla -acaso el único borgiano que prefiere el Espasa y no la Británica- es el cuarto as de un póquer que será imprescindible en la narrativa española del siglo inminente.
(Iwasaki Cauti, 1996: 3-8)
UN NOMBRE EN LA SOLAPA. (PERTINENTE) INTERLUDIO INFORMATIVO
Juan Bonilla ha traducido a A. E. Housman, al genial J. M. Coetzee (soberbia su Desgracia) y a Conrad. Obtuvo el Premio Luis Cernuda de Poesía en 1992, La Nación de relatos en 1993 y el NH de relatos en 1999. Relatos suyos aparecen en Trece historias breves y en Páginas amarillas. Ha tenido una beca para vivir en Roma y otra para vivir en Nueva York.
UN MUNDO EN HISTORIAS
En un mundo en el que escribir historias inventadas da como resultado realidades menos kafkianas que la propia realidad, en el que los seres humanos (=los personajes) se mueven -empujados por fuerzas que no controlan- entre la tragedia y la comedia, en el que una noticia de periódico, el sueño de una amiga, una ocurrencia propia o los propios libros se convierten en fuentes en las que Bonilla bebe para escribir, en el que basta afinar la vista para encontrar la anomalía, en el que no todo está ya dicho, la labor creativa puede reducirse a estos mínimos:
Supongo que eso mismo es lo que debe hacer un escritor de cuentos: indagar más allá de la mera superficie, llegar a mostrar esas imágenes que la primera impresión no nos dejaba sospechar. 4.
Ha hecho Juan Bonilla de sí mismo en sus versos un personaje; un personaje desencantado y desengañado de su época y de su generación, un personaje irónico y algo cínico que dinamita con cuatro versos y una frase los valores sagrados y perpetuos de una civilización y de un país, o que arremete contra la pintura o la literatura de un artista consagrado sin calcular los daños y sin valorar los desperfectos. El destinatario de su particular visión -que no renuncia al ataque- puede ser el Dios de la infancia, temible y ausente, cruel y ya innecesario ("Vacíanos de Ti, / regresa a tus orígenes / a aquella inmensa noche de tormenta / en la que el miedo de unos monos te inventara."); el manipulado concepto de Verdad ("Que La Verdad ya no es más / que un periódico de Murcia"); la inutilidad de muchos gestos vitales y de la propia de la poesía ("Tantas cosas que no sirven de nada, / como estos versos míos / o los golpes del sol en los ojos de un ciego"); su generación ("Aquí me veis, viajero / de una generación desencantada / cuyo dios seductor es el dinero / que hemos gastado en ropas, viajes, hadas."); el amor, reinterpretado a la manera lopesca ("Es el amor. / Quien lo perdió, lo sabe"); la patria ("La patria es un estado: pero de ánimo. / Un viejo invernadero de pasiones. / La patria es la familia: ese lugar / en el que dan paella los domingos."); o, definitivamente, la propia muerte ("Hay que tomárselo a risa: / ayer eras cuerpo hermoso / y hoy solamente cenizas").
Quizá por todo esto, lo mejor que podemos hacer para hacer la (im)posible viñeta de Bonilla es aplicarle las palabras que él mismo destinara a Julio Camba:
... es un humorista, es decir, alguien que sabe que la tristeza es lo último que se pierde, alguien que se defiende de las agresiones del mundo encogiéndose de hombros, torciendo la cara con un gesto indiferente y distorsionando la realidad para convertirla en caricatura. 5.
ESTE GÉNERO DE ASUNTOS...
En el "Epílogo" a su libro de artículos La holandesa errante, encontramos unas palabras que definen con exactitud las ideas de Bonilla sobre la separación entre algunos géneros:
Ser poeta es mi manera de estar solo, creo que dijo Pessoa. Contrariamente, creo que ser periodista es mi manera de sentirme acompañado. Para mí el periodismo ha sido siempre un género narrativo, quiero decir, que me gusta practicarlo, que si me siento cómodo dentro de las reglas que lo rigen -extensión estricta, atención a los asuntos de actualidad...- es porque me parece que esas reglas no contradicen los presupuestos narrativos que uno desea poner en juego6.
Parece tener claro Bonilla que vivir de la literatura no es en realidad -sólo- recibir un adelanto sobre una novela, un sueldo por escribir reportajes en revistas, unos derechos de autor por la venta de un libro de relatos, un cheque por un artículo de viajes o una liquidación por un libro de poemas (valga esto último para referirme a todos los géneros tratados por el autor, pues nada en la práctica parece indicar que devenguen derechos los libros de poemas). Vivir de la literatura es alimentarse de ella, nutrirse de sus mundos, sustentarse de sus historias, consumir sus personajes, beber (vivir) sus aventuras, tomar como un alimento sus nuevas realidades, imprescindibles para la subsistencia. Por eso, tras citar unos versos de Stevenson especialmente significativos para él, escribe Bonilla:
Y es por versos como estos, y por haber creado tantos personajes que forman parte de nuestra biografía, y por haber logrado que amáramos la literatura, por lo que queremos tanto a Robert Louis Stevenson 7.
Pero vivir la literatura no significa en ningún caso una renuncia a lo que algunos entienden como "vivir la vida". Por ello, no desatiende Bonilla en sus escritos una actitud positiva -aunque un tanto resignada-, atenta, alerta, en constante posición de defensa frente a aquel(lo) que quiere robar lo poco que se tiene. Una actitud vital que queda de manifiesto en el siguiente fragmento de "El combate del siglo":
Nuestra tarea es procurar que cuando suene la campana que señale el final del combate, el arbitro levante el brazo del vencedor de la alegría. Porque después, amigo mio, llegará la nada, esa escuadrilla de limpiadoras que dejará el pabellón como si nunca se hubiese celebrado el combate 8.
TRABAJOS DE LA LITERATURA NO PERDIDOS
En parte, la alegría a la que se refiere es el triunfo de la obra bien hecha, de la conciencia de estar llevando a cabo un trabajo, la literatura, que no puede dejarse en manos de la irreflexión, de la aventura, de la inspiración, del estado de gracia, de la improvisación, del estado de ánimo, ¿del talento? La reflexión, la práctica, la lectura, la organización, el trabajo, la existencia de un proyecto, lo que la literatura tiene de artesanía y la obra de artefacto, son algunos de los elementos que configuran el "programa" de Juan Bonilla. Sus propias palabras resultan, aquí, más significativas que cualquier otra exégesis:
Es sabido que para ser un joven narrador no es imprescindible ser ni una cosa ni otra, ya que en este oficio, privilegiado donde los haya, se sigue denominando joven a quienes avanzan ya hacia el medio siglo, y se llama narrador a cualquiera que después de casarse con una niña de la jet set redacte una novela 9.
Vivir instalado en la literatura10, como algo no distinto ni distante de literaturizar la vida, es la forma que tiene Bonilla de hacer un homenaje a todos los autores que, de un modo u otro, han influido en su obra; y, al mismo tiempo, a considerar esta como un todo en el que son constantes los trasvases entre textos y géneros distintos, las referencias internas, los juegos intertextuales, la reutilización de materiales propios o ajenos: poemas que se prosifican, relatos que se convierten en capítulos de descubrimientos léxicos, figuras retóricas y juegos de palabras que pasan de obra en obra, versiones distintas del mismo texto, etcétera. La intención de borrar los límites entre los géneros tradicionales, de difuminar las reglas -aunque no confundirlas- que separan la ficción de la no-ficción le ponen en relación con autores y obras de los que Bonilla se siente deudor cuando no heredero. De ahí que le interesen personajes que, de alguna manera, están "enfermos de literatura", personajes que contemplan la realidad, su existencia y la existencia de los demás con los ojos de la literatura, configurándose de este modo en toda una estirpe castigada por la misma plaga, el "síndrome de Alonso Quijano"11. De modo que no es extraño quejóse Luis García Martín, por boca de Bernardo Delgado, alter ego utilizado como personaje de ficción en su obra Café con libros, al hablar de la novela de Bonilla Nadie conoce a nadie, exponga:
Juan Bonilla es un escritor ingenioso que luce sobre todo en las distancias cortas. En este libro no escasean los aforismos, las greguerías, las sorprendentes reflexiones, los cuentos breves, las pesadillas; no escasean tampoco las referencias a la literatura: creo que es la novela de todos los tiempos en la que más escritores se mencionan.
(García Martín, 1996: 180)12
La reflexión sobre su propia obra, sobre los mecanismos de la ficción y la relación de esta con la realidad, sobre la naturaleza de los materiales utilizados en la labor literaria, sobre la organización de los mismos en un artefacto con un funcionamiento autónomo pero programado por el autor, sobre las reglas, restricciones y posibilidades del nuevo orden creado resulta ser en Bonilla una constante paralela a la creación literaria; en ambas están presentes los elementos temáticos y estilísticos que definen al autor:
Lo que quiero decir es que en una novela no hay nada de todo lo que hay en la realidad porque sólo hay, estrictamente, aquello que el autor pone. Nada es causa ni efecto de nada que no haya surgido de la deliberada y explícita voluntad del autor, de ahí que los novelistas que aseguran que los personajes cobran vida propia una vez iniciada la ficción o mienten como bellacos o se equivocan como ingenuos 13.
JE ME SOUVIENS...
Bonilla se acuerda del Ajax de Amsterdam de los años setenta (con sus jugadores melenudos y su alegría constante), de los primeros libros y los amores primeros (ambos costaban demasiado), de Unabomber (filósofo ácrata y dinamitero), de la comunidad neo-hippie de la danesa Cristiania (refugio de hippies con nietos), de las ciudades vividas o soñadas, de Amsterdam, de Berlín, de Ginebra, de Dresde, de Praga, de Copenhague, de Basilea...), de Kafka (que no midió las consecuencias de mirarse hacia adentro), de Nabokov (que encendió un pálido fuego), de Stevenson (nadie mejor que él para aventurarse), de Robert Arlt (apellido extraño, hombre sencillo), de Bulgákov (una sola obra justifica toda una vida: El maestro y Margarita), de Borges (una obra que justifica muchas vidas), de Paul Auster (que debería ser Enrique Vila-Matas), de Enrique Vila-Matas (que debería ser Paul Auster), de Monterroso (grande como un dinosaurio), de Bioy (ese invento de Borges, como dijo su enemigo), de Tom Waits (antídoto contra la alegría), de Caetano Veloso (sólo por él merecería la pena hablar portugués), de Leonard Cohén (garganta profunda), de Fito Páez (empeñado constantemente en ser otro), de Blade Runner (y de Nexus 6 recitando un poema), de George Perec (que se acuerda de todo), del E C. Barcelona (y de un partido contra el Palmei-ras), de la compañía de los solitarios (almas solitarias que se encuentran en los pliegues He la realidad), de los fantasmas que ha soñado (y de los que lo soñaron a él), de las librerías donde se encierra el mundo (y del mundo donde se abren las librerías), del pasado (y del fu turo) ,*del yoyó de la infancia (y del tutu de las bailarinas),de libros que no ha leído (y de lecturas de las que no se ha librado), de un número de teléfono que nunca ha marcado, de una pistola con la que jugó a la ruleta rusa, de un poeta con nombre de ginebra, de Pulp Fiction, de una cita de W. Somerset Maugham (que no es de W. Somerset Maugham), de Ricardo Gullón, de Xián (China), del insomnio, del número de teléfono del diablo (666), del suicidio de Pedro Casariego Córdoba, de Matilde Urbach, del catálogo de la librería Renacimiento...De todo esto y de mucho más se acuerda Juan Bonilla. Y de ello, y de lo vivido, de lo por vivir, de lo no vivido, de lo soñado, de lo intuido, de lo imaginado, de lo escuchado, de lo sentido hace literatura. Es casi una obligación:
Tampoco creo que ya todo esté dicho: nos esperan miles de historias ahí delante esperando que las contemos 14.
Juan Bonilla ve más y más allá porque mira mejor, porque ha decidido no conformarse con una visión de la realidad chata, plana, uniforme, homogénea y sin aristas:
Yo creo que eso es también lo primero que ha de resolver un escritor: el lugar que ha de ocupar, el lugar desde donde va a mirar la realidad, el mundo, su propia vida 15.
Javier García Rodríguez.
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notas:
1 "Salir de cuentos", en Renacimiento. Revista de Literatura, 11-12, 1996, pp. 23. Se trata de un texto fundamental para entender la poética de Bonilla que el autor leyó el 17 de febrero de 1995 en la New York University, en un acto organizado por el Instituto Cervantes. Cito libremente algunas de las ideas allí expresadas por el autor.
2 Algunos de los primeros artículos semanales se publicaron en El Correo de Andalucía y pasarían a formar parte del libro Veinticinco años de éxitos. Dos buenos ejemplos del estilo utilizado en estas andanadas críticas son las reseñas "El plomo de la gran poesía" (sobre Lezama Lima) y "Las torpezas del poeta" (sobre Leopoldo Alas; no se trata del autor de La Regenta, sino de un descendiente suyo), publicadas ambas en el número 2 de Renacimiento en 1989.
3 Se trata de una reseña del libro de Bonilla Partes de guerra, publicada originalmente en 1994.
4 "Salir de cuentos", op. cit., p. 24.
5 J. Bonilla, "Acerca de Julio Camba", en Clarín. Revista de nueva literatura. 10. 1997. pp. 3-9 (p.3).
6 J. Bonilla, "Epílogo", en La holandesa errante. Ediciones Nobel. Oviedo, 1998, p. 176.
7 J. Bonilla, "Queremos tanto a Stevenson". en Teatro de variedades, p. 202.
8 "El combate del siglo", en Reloj de Arena. Remita de Literatura, 28, 2000-2001, p. 35 (tb. en Teatro de variedades; y se puede encontrar una versión de este texto en forma de poema en El belvedere). En otros casos, las opiniones de Bonilla surgen desnudas de toda metáfora y sin necesidad de ningún cosmético: "LaReligión es uno de los grandes obstáculos que los hombres se imponen para afrontar la enorme ignorancia que tenemos acerca de nosotros mismos" (Enrique Bueres, "Juan Bonilla. Entrevista", Clarín. Revista de nueva literatura. 3, 1996, p. 34).
9 J."Bonilla, "Cada cual por su cuenta. Notas sobre la última narrativa en Espada", en Clarín. Revista de nueva literatura, 1, 1996, p. 7.
10 L. Olivan ha dicho de Bonilla: "Hay autores que convierten en literatura todo lo que tocan", en "Un escritor fuera de lo normal" (2000: 73).
11 Resulta muy ilustrativo ver lo que a este respecto dice Juan Bonilla en la entrevista que, con motivo de la publicación de su novela Nadie conoce a nadie, concedió a Enrique Bueres, citada en la nota 8. Además de esta novela (cuyo narrador está "enfermo de literatura"), podríamos señalar otros textos importantes, entre ellos, "El millonario Graven" o "El mejor escritor de su generación", ambos recogidos en La compañía de los solitarios.
12 Si en este texto de García Martín es un personaje de ficción el que habla de Bonilla, ha sido el propio Bonilla quien en otras ocasiones se ha convertido en personaje de ficción en las obras del poeta y crítico extremeño afincado en Oviedo: no resulta muy arriesgado aventurar que tras el narrador del relato "Mis encuentros con gente importante", recogido en Gente conocida, puede hallarse a alguien muy parecido al Juan Bonilla de sus primeros años (como también puede hallarse a otros escritores y críticos que no salen tan bien parados...).
13 J. Bonilla, "El miedo a la ficción", en Teatro de variedades, Renacimiento. Sevilla, 2002, pp. 182-183.
14 "Salir de cuentos", op. cit., p. 26. De modo que ahí está el reto de Bonilla, quien concluye: "¿Qué nos queda de una novela? Casi siempre una imagen de nosotros mismos" (En "Lo que nos queda de las novelas", en Clarín. Revista de nueva literatura, 23, 1999, pp. 12-17, p. 16).
15 J. Bonilla, "Hall", en El arte del yo-yo, Pre-Textos, Valencia, 1996, p. 12.