LA
PEOR DE TODAS.
http://www.ort.com.mx/textos/violenciapsicologica.doc
Este
es un relato breve de varios casos que he tenido que atender, pero que omito
nombres de pacientes por razones obvias. Trataré sólo de esbozar brevemente
el tema en forma de musitaciones en torno a lo que estimo la peor de todas las
formas de violencia: la VIOLENCIA PSICOLÓGICA.
La
violencia no comienza con los golpes: empieza mucho antes.
Encerrados
en su habitación discutían muy bajito para nadie los oyera. No hubo golpes, ni
gritos. Sólo miradas e insultos que cargaban el ambiente de una tensión que
dividía. El silencio jugaba también su papel aterrador. Los niños estaban
cerca y no querían involucrarlos. Ambos temían lo mismo. No obstante,
intentaban reconstruir sus vidas sin ayuda. Mas, a pesar de las buenas
intenciones, se destruían poco a poco ante la imposibilidad de ser escuchados
sin agredirse mutuamente.
“Comencé
a sentirme mal y decidí acudir a un especialista. Por momentos me iba del aire,
perdía el control y tenía que salir a la calle para tomar un poco de fresco,
llorar o gritar, gritar alto en un lugar apartado lejos de mis
hijos, de él y de todos. La amenaza de que lo perdería pisaba mis
talones cada día, el desengaño picaba lentamente los bordes de mi espalda y en
las paredes de la casa se dibujaba una mueca que me seguía y me agotaba. Quería
romper pero no podía. Eran muchas las cadenas que me ataban. El psicólogo me
ayudó a levantar mi autoestima y enfrentar la situación. Finalmente decidí
divorciarme y empezar mi vida de nuevo. Sin embargo, nunca más logré ser la
misma. A pesar de que volví a enamorarme, cosa que me parecía imposible, esas
heridas aún persisten en mi mente y en mi alma”
Así,
colegas, le musito esta interacción con una señora de 56 años que hace más
de tres décadas sufrió intensamente la violencia psicológica, que reconocemos
una de las formas de violencia más común en las relaciones interpersonales
entre parejas.
Esta
conducta, que sólo se reporta cuando las víctimas deciden solicitar la ayuda
de un psicólogo, aparece en el momento en que uno de los cónyuges intenta
controlar o manipular el comportamiento del otro por medio de amenazas directas
o indirectas, humillaciones, subestimación de sus capacidades, aislamiento o
cualquier otra manifestación que provoque daños en la salud y el desarrollo
personal de la víctima.
Las
agresiones verbales, el desprecio, la exigencia a la obediencia, el interés en
convencer al otro de que es culpable, controlar sus salidas, descalificar o
ridiculizar su opinión, así como hacerle creer que está loco, confundido, que
no sabe hacer nada, dejarle de hablar, limitar o retener el dinero, mirarle
agresivamente, burlarse y no hacerle partícipe de las actividades sociales, son
otras de las formas características de la violencia psicológica, que lacera la
autoestima del agredido, quien no logra romper con su pareja hasta que no
empieza a valorarse a sí mismo y ocupa el lugar que le pertenece.
Aunque
entre las manifestaciones más habituales de violencia se destacan los gritos,
no obstante estos suelen tener repercusiones menos graves que un desprecio o una
amenaza, debido a que esta última tiene como objetivo doblegar o someter a la
otra persona por medio de la intimidación o el anuncio de que algo riesgoso
puede suceder. Los gritos en cambio, si bien es cierto que traumatizan y
constituyen una forma de maltrato, tienen un carácter circunstancial, no hieren
tan profundo y en algunos casos se olvidan.
Investigaciones
realizadas señalan que las personas sometidas a situaciones crónicas de
violencia dentro del hogar presentan un debilitamiento gradual de sus defensas físicas
y psicológicas. En estos individuos es muy habitual la depresión y las
enfermedades psicosomáticas.
Sus
efectos producen alteraciones en la autoestima y ocasionan sentimientos de vergüenza,
culpa e inseguridad, además de limitar la capacidad de participación en la
familia y en la sociedad. Asimismo,
disminuye
el rendimiento intelectual y afecta las actividades laborales y educativas.
Leía
recientemente un estudio publicado en una revista dedicada al tema de la sexología
y sociedad, en el mismo se revelaba que la violencia psicológica es mucho más
frecuente que la física. Según los resultados de la investigación, realizada
en 41 parejas que asistieron a una de las Consultas de Orientación y Terapia
Sexual, muchas de las formas que los hombres emplean para maltratar psicológicamente
a la mujer afectan de un modo más negativo que las que utilizan las féminas.
Los
hombres para ejercer su maltrato, se valen fundamentalmente de insultos,
reproches, desprecios y amenazas, a diferencia de las mujeres en las que
predominan las críticas, los silencios prolongados, los insultos y los gritos.
Este último es reconocido como el recurso psicológico que más emplean las
mujeres y el único indicador que predomina sobre los hombres.
En
cuanto a la frecuencia de las agresiones verbales por parte de la mujer, otros
estudios resumidos, indican que estas la utilizan como un mecanismo de
enfrentarse a la sobrecarga del hogar, o a la indiferencia a la que son
sometidas en las relaciones de pareja.
Ante la
imposibilidad de otras formas de maltrato como el físico o el sexual, hay
mujeres que acuden con frecuencia a la violencia psicológica. Al igual que
ella, muchos hombres son maltratados por su compañera que los convierte en víctimas
de su incapacidad de comunicarse.
Para
romper con este tipo de violencias es importante que la pareja hable
sinceramente, con el corazón en la mano, libre de rencores y de cualquier otro
sentimiento dañino. Al principio puede parecer muy difícil, y en ocasiones
hasta imposible, sobre todo en relaciones marcadas por los celos, la subestimación,
las amenazas y la infidelidad. No obstante, si existe amor vale la pena el
esfuerzo de ambas partes por reconquistar la armonía. CRÉANMELO,
VALE LA PENA..
Gonzalo
Ernesto,