Cantabria es una región de gran tradición repostera,
en donde el paladar goloso del cántabro queda patente
a lo largo de la historia en multitud de preparaciones
que han llegado hasta nuestros dias.
La excelente calidad de la leche y sus derivados, como la mantequilla,
especialmente la pasiega, han sido durante generaciones
la base de una dulceria artesana, digna de elogio, ofreciendo
pequeñas maravillas como la quesada pasiega, o consiguiendo
como el caso del sobao pasiego un producto universal.
Tambien destaca con luz propia el hojaldre de Cantabria,
que según la zona adopta distintos nombres y formas;
Las Corbatas de Unquera, Pantortillas de Reinosa,
Polkas en Torrelavega o Sacristanes en Lierganes.
Otros dulces notables son los Frisuelos y el Canónigo,
ambos de Liebana, los Corazones en Lierganes y La Cabada,
los Palucos en Cabezón de la Sal o los Caprichitos en Comillas.
Dulces no tan genuinamente cántabros, aunque de gran tradición son;
el arroz con leche, las natillas, la cuajada y la leche frita,
cuya degustación casera en restaurantes,
será un magnífico cierre de menú regional.
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