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PRÓLOGO
Yo voy por un camino, ella por otro,
pero al pensar en nuestro mutuo amor
yo digo aún ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?
G. A. Bécquer.
La celebración del amor, más que la celebración de la amada, es quizá el
origen de toda la lírica moderna. Desde Petrarca en adelante todo poeta
que se precie ha celebrado el amor hasta objetualizarlo como una especie
de sinécdoque de la amada. En VIAJERA DE LA LUZ, su segundo poemario
publicado, Karim le da a esta celebración un carácter de continuidad y
casi de ritualidad, ya que el amor de la amada, (La dama de las flores
como la llama el poeta) se ha consolidado, ha arraigado y frutecido sobre
la tierra fértil de los días de vino y rosas.
Karim es el poeta del amor romántico en su mejor acepción, de un amor
sentido como un privilegio que los dioses nos conceden muy pocas veces en
la vida. Y es precisamente este origen divino lo que vuelve fatal: un amor
predestinado, tal vez incomprensible en su grandeza. De ahí que se viva
como plenitud, pero también como ansiedad, con el miedo a la incomprensión
y a la pérdida. Así el soneto ANSIEDAD. Te quiero lejos de otros ojos y de
otras ansias...
El poeta se siente reo de de su propio egoísmo, ve ante sí el milagro del
amor y duda, se siente incapaz de creerlo. Tal vez porque lo siente
inmerecido. Es el miedo quizá irracional de dejar de reconocerse en la
amada, de no reconocer en ella a la mujer ideal que todos esperamos. Ese
miedo tan grande que trastoca / la quietud del amor y la enajena. El amor
aspira a eternizarse (soneto MÁS ALLÁ), quiere serlo todo en la quietud
del instante mágico de la entrega, que es mágico precisamente porque
sabemos que es efímero. Pero el poeta no se conforma: su ansia de
inmortalidad espera la continuidad de ese amor tras de la culminación del
amor terreno: Seremos dos espíritus errantes / al salir de esta vida
corporal / unidos como aquí tras el final.
Pero también el poeta es ante todo hombre, y como hombre todavía se siente
capaz de desafiar sus propias contradicciones rebelándose frente a una
vida que siente ajena, impuesta, quizá por encima de las menguadas fuerzas
de su humana condición. Como la piedra que sobre la piedra repite, dice en
uno de los mejores y más duros poemas del libro: Nada, nada puede
cambiarse. Es el hombre en soledad, inerme en el fondo del pozo de la
desesperanza que se interpela a sí mismo desde la inútil rebeldía. Flaco
favor te haces / tú que siempre te nombras /libre e independiente:
¡Despierta ya, carajo!
Ya deja la desidia,
apóyate en tus manos,
estruja la miseria
y déjala en el patio
de los que te atraparon.
¡La Luz es toda tuya!
¡Orínate en las sombras...
y sobre sus semillas!
y quienes las sembraron...
La vida está en tus manos...
Su poesía es de honda raíz becqueriana. En algunos poemas el homenaje al
maestro es evidente y hasta ostensible: Pero yo estaré muerto / y los
sueños que tuve / serán cual golondrinas / que vienen y se van. Se trata
de una lírica desnuda, sin
apenas anécdota, esencializada en su expresión, que no busca romper con
nada sino tal vez con el conformismo del desamor. Su originalidad es su
aceptación de la tradición en que se inscribe. Su yo poético es un yo
elegíaco que a veces se expresa desde la nostalgia y a veces desde la
plenitud vital, pero siempre sin retoricismos vanos, en un lenguaje
accesible, popular, desnudo de artificios grandilocuentes. Su poesía
convence por su sencillez, se impone por la diafanidad de sus símbolos.
Bécquer definió la poesía como un acorde que se arranca de un arpa y se
quedan las cuerdas vibrando con un sonido armonioso...Es decir, la poesía
sería la emoción acordada, musicalizada por la armonía de la métrica y la
sintaxis del sentimiento poético con sus notas arrancadas a las cuerdas
del alma. Karim tiene escrito que el ritmo natural de su poesía es el
heptasílabo, que no es más que un endecasílabo truncado. De ahí que
combinen también en el espacio estrófico ambos metros, junto con el
alejandrino, que nuestro poeta sabe manejar como pocos. En este poemario a
veces es perfecto el maridaje entre unos metros y otros, incluida alguna
que otra composición en octosílabos como LLANURA o incluso en hexasílabos
como LA MADRE, o combinando heptasílabos con pentasílabos en estrofas de
una gran musicalidad, marca de la casa. Una poesía clásica en la forma y
actual en el fondo. Una poesía desnudamente atemporal, la poesía de las
emociones comunes y los sentimientos de todos nosotros.
Manuel E. 3/12/02.
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