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En 1989 realicé una serie de collages .

La investigación del "cuadro dentro del cuadro", iniciada en Las meninas de Velázquez, me llevó a Vermeer y Dalí.

Los collages son cuadros "con" cuadros, "de" cuadros, "dentro" de cuadros...

Ia foto del catálogo está al servicio de la misma idea.

Se podría decir, incluso, que el collage que aquí presentamos y que lleva por título En la sagristía fue elaborado con la única finalidad de ser fotografíado para el catálogo.

 

 

¿Dónde está el tiempo?.

Al fondo, Dalí pinta a la modelo de Vermeer mientras contempla a Gala, de espaldas, frente a un espejo en el que se refleja el caballete y el rostro de Vermeer; éste pinta a Gala.

 

 

Texto:Carmen Gloria Calero

La pintura es un lenguaje visual. Las palabras sobran y faltan para hablar de arte. Sin embargo, Loly lñiguez sabe explicar, con frases precisas, lo que hace con los pinceles, con los lienzos o con los papeles: «El artista es su propio modelo, no puede ser de otra manera», «se contempla a sí mismo». De ahí la elección del collage como la construcción propia de ella misma: una obra plástica de reflexión profunda, segmentada pero unitaria.

Para Loly lñiguez el momento auténtico del pintor está en el acto de pintar. Por eso acude a Veermer, a Dalí y a Velázquez, en esos instantes íntimos y geniales; y los observa con meticuloso análisis: «El tiempo está detenido en una escena cotidiana, en el silencio del estudio»: un lienzo contra la pared, una caja que desparrama colores, las ventanas y los espejos que reflejan las miradas perplejas de las modelos, que no son otra cosa que los ojos del pintor buscándose a sí mismo.

Loly lñiguez llega al collage después de buscar con tintas y ceras en ese caso medio centenar de miniaturas previas.

La miniatura recoge un tiempo: es la recreación de la mirada en lo pequeño, porque «no siempre se está en disposición de ver todo el paisaje». Sin embargo, las pequeñas obras nos descubren mundos completos y fascinantes. Son trozos de esa visión detenida, de la reflexión plástica del artista.

Pedro González hablaba de la pintura cósmica de Loly lñiguez en su última exposición, y esos términos siguen hoy vigentes. El cosmos dilatado y exterior de su última obra se ha transformado en el universo interior de la pintora, más íntimo y valiente, mejor y más duramente reflexionado.

Todos los cuadros que hoy nos presenta Loly lñiguez son eslabones de un proceso de construcción personal.

Las miniaturas son los primeros fragmentos. Después romperá sus papeles, sus esquemas, y con ellos levantará muros, paredes y ventanas.

Poco a poco llegará al estudio, «la sacristía», ese lugar sagrado de los artistas. El sitio de los ritos, de la preparación, de la meditación...

Loly lñiguez pinta en su estudio otros estudios, otros pintores, otros lienzos y otras modelos. Y los reproduce paso a paso, recortando, pegando y pintando cada pequeño trozo. Y busca en cada momento el color y la forma exacta.

Es un ciclo interminable en el que todo se repite y todo se renueva, un ciclo de destrucción y construcción. La pintura no tiene tiempo. El artista se busca siempre a sí mismo: nace, muere y renace, se repite y vuelve a crear. Construye con realismo su propio yo.

Carmen Gloria Calero

 

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