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EL CHANTAJE En estos días, con motivo de la decisión del Ministro del Interior de conceder al terrorista de Juana la prisión atenuada ─equivalente a irse a su casa, libre de la cárcel─, se habla mucho de que el Gobierno ha cedido al chantaje de ETA y Batasuna. Últimamente no me siento inclinado a comentar la actualidad política en esta página, por el escaso éxito alcanzado, y porque mi crítica al PSOE se podría confundir con deserción de los principios del socialismo en que siempre he creído, pero oyendo a destacados socialistas, militantes además de esa formación política, como Rosa Díez, me he animado a opinar sobre ese chantaje. Creo que es un deber de todos contribuir, aun en mínima proporción, a deshacer equívocos y dar pistas sobre lo que está sucediendo. Una de las dos acepciones del término, según la Real Academia de la Lengua, es la de «presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido». Me pregunto qué amenaza existe en la huelga de hambre protagonizada por el tristemente conocido terrorista; más aun, qué presión recibe el Gobierno que le obligue a la decisión tomada por su Ministro. No creo que en la acepción apuntada haya chantaje. Ningún Gobierno de nuestra Nación, ni de otras, ha admitido nunca presiones similares. Tales presiones, además, no constituyen ninguna amenaza a un Gobierno. No creo que el encabezado por Rodríguez Zapatero se haya sentido amenazado por una simple huelga de hambre, ni siquiera por las manifestaciones en favor del preso, callejeras o no, debidas al entorno etarra, del que no está lejos el nacionalismo vasco. Tampoco la otra acepción de la palabra, como «amenaza de pública difamación o daño semejante que se hace contra alguien, a fin de obtener de él dinero u otro provecho», se puede aplicar al caso de la huelga de hambre, ni a las algaradas y declaraciones a favor del huelguista. La meridiana claridad de la estrategia adoptada por el terrorismo sirve para prestar una cierta coartada al Gobierno para lo que ha decidido; pero no para coaccionarlo. Sin embargo, no podemos descartar el chantaje, en esta segunda acepción. Todo induce a pensar que podría estar no el Gobierno, pero sí su Presidente, sometido a un verdadero chantaje, que le hace caminar por la senda del titulado proceso de paz. ¿Cómo se explica si no que tras del atentado de la T-4 persista en la negociación con la banda, que la fiscalía cambie su postura, rebajando exageradamente la petición de pena para el terrorista, que ahora decida el Ministro del Interior contra viento y marea la «libertad» del preso, a pesar del coste electoral que ello puede suponer al Partido Socialista en las elecciones de mayo?. Los argumentos pedestres, que repiten mecánicamente las voces serviles al Gobierno, siguiendo las publicadas en el diario portavoz del partido, son tan endebles que no nos sirven. «Que no hay que convertir en héroe a de Juana permitiendo que se muera en prisión», se dice. No se convertiría en héroe; pregúntenle a millones de españoles. Acaso ya lo es para los etarras y pro-etarras. Más vale un «héroe» de esa calaña muerto que vivo, si es que él, verdaderamente, desea morir de hambre antes que cumplir lo que le resta de condena. El paripé que se ha montado alrededor del hecho demuestra que el Gobierno estaba implicado ya: cachear no es, Sr. Rubalcaba, pasar por el arco detector de metales; ¿por qué se ha dejado que la novia del convaleciente se acostara con él?; ¿cómo se explica el grado de postración del preso, mostrado y aireado, y el grave riesgo de coma en que se encontraba, según dictámenes médicos, con su hazaña de ducharse durante media hora con su novia y de salir por su propio pie del hospital para ser trasladado a otro de su país?; ¿cómo entender al Sr. Ministro cuando dice que estará en el nuevo hospital hasta que se recupere y que una vez recuperado irá a su domicilio para terminar de recuperarse?. Todo es, sin duda, una patraña, que viene de muy atrás, de antes de la huelga y del escandaloso asunto que comentamos. Viene desde que el Presidente del Gobierno, rompiendo el Pacto Antiterrorista, pidió al Congreso que apoyara un diálogo con los terroristas, si se daban las condiciones adecuadas para ello; sin saber si la otra parte dialogante ─porque el diálogo suele ser entre dos─ estaba dispuesta a dialogar; antes de que se produjeran esas condiciones; sin haber tenido contactos previos para prever si se iban a dar. Desde entonces, las claudicaciones del Gobierno no dejan de serlas porque lance acusaciones al partido de la oposición ni porque lo deje sólo; naturalmente que estará sólo frente a los radicalismos de izquierdas y nacionalismos, complacidos por la política del Sr. Rodríguez. Pero todo ese proceso ¿se explica sólo por la obstinación, el iluminismo o la ingenuidad del Presidente del Gobierno?. Creo que muchos españoles, hoy en día, se extrañan de la perseverancia del Presidente; de que pese a su cacareado talante ignore las voces de miles de ciudadanos, la del partido de la oposición, las de las victimas del terrorismo, que no pretenden marcar la agenda al Gobierno, sino sólo ser escuchados. Pero el Presidente no escucha, se cierra en sí mismo, arropado por sus poderes mediáticos; y, sin embargo, seguramente, no ignora el coste político. No son aquellas cualidades que adornan a nuestro Presidente las que explican que, pese a todo, continúe dando sus mensajes engañosos a la sociedad española, desmentido, puesto en evidencia, humillado por los terroristas, sin atreverse a darles una respuesta digna, clara, contundente; no explican que ceda a sus presiones, a sus peticiones, cuyos resultados anuncian de antemano ellos, y siempre se cumplen. Todo hace pensar que el chantaje existe contra el Secretario General, y quizás contra alguien más de quienes dirigen el partido titulado socialista, obrero y español. Acaso algún día sepamos en qué consiste ese chantaje, esa amenaza de difundir algo que puede dañar gravemente a nuestro Presidente, tan gravemente que le induce a tomar decisiones contrarias al sentido común, a la dignidad personal e institucional y a la opinión de un sector considerable de la sociedad española, tanto de izquierdas como de derechas. 2.3.2007 |