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PÓRTICO: LA ESPAÑA DE LA RABIA Y DE LA
IDEA |
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PresentaciónPórtico El
mañana efímero.
Proverbios y Cantares LIII La España de la rabia y de la idea IdeasDocumentos
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La España de
charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de
espíritu burlón y de alma quieta, la que tuvo su mármol y su día, su
infalible mañana y su poeta, ha dado paso a otra que nos anunciara Antonio
Machado. Y así, hoy alborea la del cincel y de la maza, implacable y
redentora, con un hacha en la mano vengadora, España de la rabia y de la
idea. Pero no es mejor que la anterior. Quizás porque no hay dos Españas y es
siempre la misma, zaragatera y triste, con dos clases de gente: la que ora y
embiste, la de la rabia; pero también la que razona y tolera, la de la
idea. Esta España de ahora tiene, igual
que la de antes, su mármol y su día, y asimismo ha engendrado un mañana, ¿por
ventura pasajero?. En ella están, a
medio camino entre el pacifismo de alma quieta y la violencia del hacha de la
mano vengadora, de la rabia, los González,
los Pérez, los Rodríguez, poetas que crean realidades convenciendo;
están los coros y los ecos, y están los Juanes, las Marías, eterna juventud
que se hace del pasado macizo de la raza, dejándose convencer de que el no a
la guerra significa exclusivamente no a la guerra de Irak , admitiendo el sí
a la Otan, al Ejército, a las guerras de Croacia, de Servia, del Golfo, de
Afganistán. En ella están, haciendo creer los unos y creyendo los otros, que
«nos matan porque un gobierno facha nos ha metido en la guerra
de Irak», no que la matanza es para que algo cambie. Como si los
terroristas mataran por causas, no para fines. De tal modo, algunos de buena
fe, los suficientes, se convencieron de que era imprescindible quitar al causante
de la guerra de Irak –facha
antidemocrático, intransigente, distante y asesino mentiroso– para evitar
nuevos males aquí, porque las consecuencias bélicas ya habían surgido allí;
pero al no poder hacerlo, pues ya se había marchado cumpliendo una promesa
anterior, pensaron que lo mejor era descargar su rabia contra el sucesor
–candidato de un gobierno mentiroso, de quien estaban seguros que no traería
a casa las tropas enviadas, que decía en misión humanitaria– y dar su
confianza al candidato de la verdad –demócrata legítimo, humilde dialogante,
simpático y sonriente– cuya promesa en este sentido era traerlas para sacarnos de la guerra
de Irak, con lo cual evitábamos las secuelas de la guerra allí y nos
librábamos del terrorismo islamita de aquí. En ella están los que presumen de
talante y de diálogo, y quienes creen que lo importante es eso; los que
denuncian la mentira y practican el engaño, y también los engañados; los que
exigen transparencia a los adversarios y ocultan sus pactos, y quienes los
secundan. En ella estamos
muchos otros, que quisiéramos no ser estigmatizados ni marginados: los que
creemos en la idea, en los ideales,
en los valores de la ética y de la razón, en una sociedad libre de engaños,
de falacias, de demagogias, reacia «al ataque irracional sistemático» y a «a
la permanente descalificación de las personas» –quejas del Presidente Suárez
en su dimisión–, en donde quepan
gentes rectas –la honradez de que hizo gala una generación de izquierdas
olvidada–, cualquiera que sea su pensamiento, su opinión, sus convicciones,
de cualquier talante educado, serio o con sonrisa, sin acritud, sin
fanatismos ni dogmatismos excluyentes de uno y otro signo, dispuesta al
diálogo cuando sea conveniente y posible, al justo y necesario para
comprendernos mejor y lograr acuerdos, sin perder el tiempo con quienes
sabemos que desean vestir su monólogo, acercándonos en esto al poeta
sevillano cuando dice: «En preguntar lo que sabes / el tiempo no has de
perder.../ Y a preguntas sin respuesta / ¿quién te podrá responder?». Mayo, 2005 |