| Antonio Artero Corduras | |
| Zaragoza, 1939
– Madrid, 2004 |
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Cineasta anarcosindicalista, hijo de una repartidora de pan. Su padre falleció poco antes de que él naciese. No fue bautizado porque su madre era republicana y, por consiguiente, antifranquista; estuvo en la cárcel cuando Artero contaba con la edad de 3 ó 4 años. Su primer contacto con el medio cinematográfico fue en el cine Monumental de Zaragoza, donde vio sus primeros westerns. A mediados de los años 40 pudo ver en el cine El Dorado de la capital aragonesa, la película de Walt Disney Blancanieves y los siete enanitos (1937). Cuando acabó el bachillerato trabajó como botones de una oficina, en los laboratorios Ártica y en el Banco de Bilbao. Sus inquietudes artísticas le llevaron a ser un asiduo del Café Baviera de Zaragoza y, junto con otros compañeros, fundó el grupo de teatro de cámara El Cigarral. |
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| Posteriormente, Artero frecuentaría el Café Niké, donde se reunían intelectuales de mayor edad, entre ellos, José Luis Borau. Además, comenzó a viajar a París con cierta frecuencia para visitar la Cinemateca. A principios de los 60, Artero dejó de trabajar en el Banco de Bilbao y se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela Oficial de Cine, donde conoció a Luis Berlanga, Carlos Saura, Pilar Miró y Claudio Guerín. Nuevamente, volvió a coincidir con Borau y comenzó a frecuentar el Café Gijón de la capital española. |
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En 1964 dirigió el cortometraje Viaje de bodas, basado en un texto de Cesare Pavese. Su siguiente corto fue Doña Rosita, la soltera (1965), basado en una historia de Federico García Lorca (1898–1936), y cuyas escenas sobre las huelgas y la Semana Trágica de Barcelona fueron censuradas. Artero contrajo matrimonio con la sobrina de Lorca, Conchita Fernández Montesinos. El Servicio de Investigación Militar de la dictadura franquista, descubrió que al cineasta maño le habían falsificado en Zaragoza el Certificado de la Reválida, por lo que le hicieron un juicio en la capital aragonesa y fue expulsado. Cuando se conoció la sentencia, Artero ya había finalizado sus tres años de estudios en la Escuela Oficial de Cine en Madrid con un alto rendimiento, por lo que se otorgó una beca para acudir al Festival de Cine de Cannes (Francia). |
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En el año 1967, Artero apostó por un cine más radical en las jornadas de cine de Sitges (Barcelona), en las que también participaron otros directores como Pedro Costa, Manuel Revuelta y Bernardo Fernández. En este encuentro se elaboró una especie de manifiesto que defendía la libertad de expresión fílmica, así como por un cine independiente al margen de las estructuras estatales y sindicales. Ese año dirigió su primer largometraje: El tesoro del capitán Tornado (1967) y, también Blanco sobre blanco, una proyección sin película en una pantalla completamente blanca; así como el cortometraje Del tres al once (1968); estas dos últimas, una invitación a que el espectador medite. Un año después rodó el cortometraje documental Monegros (1969), sobre este desértico territorio de la comunidad aragonesa. |
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Artero realizó en 1973 otro filme experimental: Significante/significado. En 1975 rodó su segundo largometraje: Yo creo que…, en el que actuaron los también cineastas Antonio del Real y Félix Rotaeta, así como Juan Diego y Concha Velasco. Un año después dirigió el cortometraje de género documental Olavide (1976). Sus siguientes trabajos fueron el corto Pleito al sol (1979) y el largometraje Trágala, perro (1981), un filme acerca de la apariencia de cuyo reparto forman parte Cecilia Roth, Fernando Rey y Amparo Muñoz, entre otros. En 1981 escribió el guión del filme de Carlos Saura, Bodas de sangre. Ya a mediados de la década de los 80 dirigió los cortos Caballos en Jerez (1984) y Teatro Museo Dalí (1986). |
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Su último filme fue Cartas desde Huesca (1993), una película de reducida difusión debido a su tosquedad narrativa en la que actuó Fernando Fernán Gómez. Artero estuvo afiliado al sindicato de Artes Gráficas, Comunicación y Espectáculos de la CNT de Madrid. Se le recuerda como un cineasta controvertido, provocador y experimental cuyo cine fue un contralenguaje que rompía con las estructuras narrativas del discurso oficial. |
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