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José Antonio Nieves Conde  
Segovia, 1911 – Madrid, 2006
José Antonio Nieves Conde

Director y periodista hijo de una familia numerosa. Aficionado al cine de pequeño, terminó el Bachiller Superior en Segovia y se marchó a Madrid para estudiar Derecho pero, al estallar la Guerra Civil española y tal vez porque su padre fue militar, decidió combatir en la contienda como voluntario falangista, llegando a ser alférez provisional de Infantería. Por este motivo no pudo terminar los estudios universitarios.

Finalizada la guerra, Nieves Conde volvió a Segovia donde trabajó en prensa y radio hasta que regresó a Madrid para trabajar como crítico de cine en el diario Pueblo y como redactor de la revista de cine Primer Plano, en la que se ocupó de la sección Fuera de cuadro. En 1942 rescindió su relación profesional con estos dos medios escritos, al parecer, por desavenencias con la dirección.

Un año antes ya se había iniciado profesionalmente en el cine como ayudante de dirección de Rafael Gil y como guionista en la película Vidas cruzadas (1942), una adaptación de la obra teatral de Jacinto Benavente (1866–1954), dirigida por Luis Marquina.

En 1946 dirigió su primera película; Senda ignorada, es una historia de mafiosos ambientada en Estados Unidos. Un año después rodó el también largometraje policiaco Angustia (1947), con Rafael Bardem en el reparto y que fue declarado de interés nacional. En 1948 estrenó Llegada la noche (1948).

Su siguiente filme se tituló Balarrasa (1950), cuyo guión fue escrito por Vicente Escrivá. Catalogado también de interés nacional, supuso para el director segoviano su primer éxito tanto a nivel económico como de público. Nieves Conde fue nominado al Gran Premio en el Festival de Cine de Cannes (Francia) y Fernando Fernán Gómez, que protagonizó la película, obtuvo el Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos al Mejor Actor Principal y el Premio Fotogramas de Plata al Mejor Intérprete del Cine Español. Ese año también dirigió, de manera conjunta, con el cineasta Julien Duvivier, Jack, el negro (1950), en cuyo reparto estaban Lola Flores, Rafael Bardem e, incluso, la periodista María Teresa Campos.

Su trabajo más reconocido fue Surcos (1951); con él llegó a lo más alto de su carrera como cineasta. La película, en la que quedan patentes influencias del Neorrealismo italiano, estuvo rodeada de gran polémica al tratar temas como el éxodo rural y el estraperlo. Logró estrenarse gracias a la militancia de Nieves Conde en la Falange Española de las JONS. Después de todo, galardonada con el Premio a la Mejor Película por el Círculo de Escritores Cinematográficos y con el tercer puesto en el Premio del Sindicato Nacional del Espectáculo.

En 1952 rodó la película El cerco del diablo, junto a Antonio del Amo, Enrique Gómez, Edgar Neville y Arturo Ruiz Castillo.

En el guión colaboraron los escritores Gonzalo Torrente Ballester (1910–1999) y el Premio Nobel Camilo José Cela (1916–2002), así como el cineasta José María Elorrieta. Ese año también escribió y dirigió el largometraje Rebeldía (1952). Sus siguientes proyectos fueron Los peces rojos (1954), La legión del silencio (1956), codirigida con José María Forqué; y Todos somos necesarios (1956), un drama que obtuvo los premios al Mejor Director, Mejor Película y Mejor Guión en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. En 1956 dirigió junto al austriaco Arthur Maria Rabenalt la coproducción hispanoalemana Entre hoy y la eternidad (1956).

En 1958 estrenó El inquilino, con un reparto en el que figuraban Manuel Alexandre, Laura Valenzuela, Fernán Gómez y José Luis López Vázquez. El filme no fue del agrado de la censura franquista que, primeramente prohibió el filme y, más tarde, autorizó su visionado una vez que éste fue sometido a importantes cambios. A partir de ese momento, Nieves Conde pasó de ser considerado un cineasta oficial del régimen a un director “difícil”.

Durante los años 60 dirigió una serie de películas de menor importancia en su trayectoria fílmica que no fueron galardonadas. Comenzó rodando en 1960 Don Lucio y el hermano Pío; le siguieron Prohibido enamorarse (1961); una comedia adaptada por Neville; el cortometraje documental Por tierras de las Siete Villas (1963), con localizaciones asturianas; El diablo también llora (1963); en la que actuó Paco Rabal; El sonido de la muerte (1965); y Cotolay (1966); único filme que dirigió en aquella década que obtuvo el Primer Premio del Sindicato Nacional del Espectáculo. Se trata de una película de género histórico y temática religiosa sobre un capítulo de la vida de San Francisco de Asís (1181–1226).

En la siguiente década dirige Marta (1971); Historia de una traición (1972); Las señoritas de mala compañía (1973), antecedente del cine de destape; y La revolución matrimonial (1975), con cierto contenido erótico. Sus últimos tres trabajos cinematográficos son adaptaciones de novelas: Volvoreta (1976), de la novela homónima de Wenceslao Fernández Flórez (1885–1964); Más allá del deseo (1976), otra adaptación, en este caso, del libro del mismo nombre de Ramón Solís; y Casa manchada (1977), de la novela Todos morían en la Casa Manchada, de Enrique Romero.

En 1990 la Asamblea de Directores y Realizadores Cinematográficos y Audiovisuales de España (ADIRCAE) le concedió el Premio Especial como homenaje por toda su trayectoria profesional.

En 1995 la Seminci de Valladolid dedicó un ciclo monográfico a la filmografía de Nieves Conde y le concedió la Espiga de Oro. Al año siguiente y en este mismo festival, se visionó su película Surcos (1951) dentro del ciclo Cien años del cine en España. También la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas le otorgó una de las medallas de oro del Centenario del Cine en España.


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