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La Casa
de Cris comenzó a funcionar el 1 de setiembre de 2000, como una prolongación
de la Residencia Bahía Blanca.
Al aumentar el número de abuelos residentes, observamos la necesidad de
habilitar una nueva casa que reuniera iguales condiciones de confort,
manteniendo al mismo tiempo los mismos objetivos de aquella, es decir que los
abuelos vivan sus años de madurez con libertad e independencia, según se lo
permitan sus posibilidades físicas, cubriendo sus necesidades según sus
costumbres, recibiendo además un trato respetuoso y pleno de ternura por parte
del personal afectado a su cuidado.
Al igual que en la Residencia Bahía Blanca, nos propusimos que los abuelos
encuentren en La Casa de Cris un hogar y una familia, que complemente la propia
y les proporcionen el afecto, la compañía y los cuidados que no pueden darle
en sus hogares, debido al trabajo y las ocupaciones diarias.
Por eso nuestra Residencia es una casa, un poco grande, donde habita una familia
mas o menos numerosa de ancianos junto con el personal que los atiende.
Las personas que trabajan con los abuelos, tienen mucha mas relación con
éstos, que con su propia familia.
Por tal motivo entre ellos -personal y residentes- nacen lazos afectivos muy
firmes, creándose un ambiente muy familiar, lo cual hace que los abuelos vivan
en un entorno agradable, rodeado de amigos de su edad, pero sin que ello
signifique vivir lejos de los suyos.
También permitimos que los abuelos que lo deseen puedan traer sus propios
cuadros, algunos muebles, fotografía de sus seres queridos, objetos varios de
gran contenido afectivo, etc., de tal manera que su vida y su hogar los
trasladan a nuestra Residencia, que se convierte en pocos días en “su
casa”.
Aunque todavía existen muchos prejuicios con respecto a los Establecimientos
Geriátricos, en nuestras Residencias nos preocupamos permanentemente en cambiar
esa imagen y que se tome conciencia que los abuelos es el patrimonio mas
importante de nuestras Residencias y por ello les brindamos todos los cuidados
médicos que requieran, pero lo que es quizás mas importante, queremos que se
sientan afectivamente contenidos y que encuentren un hogar cálido y agradable
donde vivir y poder recibir a sus hijos y nietos, para pasar una tarde en
familia.
Es por ello que en nuestras Residencias no hay horario preestablecido de
visitas. Los familiares que lo deseen pueden compartir con los abuelos el
almuerzo o cena, o tomar el té a la tarde en nuestros salones calefaccionados
adecuadamente en invierno o bien en los jardines, disfrutando de los frescos
atardeceres del verano.
Con nosotros viven 40 personas..... 40 abuelos, cada uno con una vida rica en
anécdotas y circunstancias y con un presente pleno de afecto y cariño.
Unos han decidido vivir voluntariamente en nuestras Residencias y otros han sido
traídos por sus hijos, sobrinos o nietos, porque a causa de una caída, una
operación o simplemente por la avanzada edad, no pueden valerse por sí mismos
y necesitan cuidado especial.
Todos los abuelos se levantan cada mañana con la esperanza de un nuevo día, de
recibir alguna visita familiar, de ver su programa favorito de televisión o
simplemente para compartir las horas con el grupo de abuelos, su familia.
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