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¿Qué
mejor para viajar hasta aquellas épocas idílicas
que un automóvil de esos años? Codiciar un auto
antiguo está expresando el deseo subliminal de penetrar
en el tiempo mítico que –frecuentemente- ni siquiera
se conoció. Estos son los mejores autos,
además de ser parte de un pasado legendario, como lo son
también, Marilyn Monroe, Elvis Presley, Eva Perón
o Jackie Kennedy. No puede sorprendernos por eso que los
mejores autos clásicos de los Sesenta sean los
autos de todos.
Basta mirar un Edsel
o un Impala para comprender que el mundo ya nunca volverá
a ser el mismo. Frente a las viejas máquinas históricas
que testimonian los tiempos heroicos del automovilismo, estos
clásicos de los sesenta tienen una fuerza evocativa difícil
de superar: ellos mismos están en condiciones de volver
a la vida la dorada época que representan porque pueden,
todavía, conducirnos diariamente a través del endiablado
tránsito de hoy. Son los mismos autos míticos que
muchos de los jóvenes de entonces se prometieron cuando
niños, estampando su naricita contra la vidriera de una
concesionaria mientras se decían “algún día
será”. Para los jóvenes, en cambio, son los
mejores autos y el símbolo visible, tangible y
rugiente de un mito legendario que vuelve a la vida.

Los
mejores autos y las décadas de cambio
Las nuevas generaciones
empezaron a sentir lo mismo hacia los años ochenta, otra
década de grandes cambios. Autos como el Mk I Golf GTi,
el Saab Turbo, el Audi Quattro, el Jaguar XjS y el Lancia Delta
Integrale fueron siendo valorados como clásicos. Cada vez
más, las generaciones actuales sienten la necesidad de
reverenciar a estas máquinas como verdaderas esculturas
sociales, monumentos que testimonian un estilo de vida que ya
fue. En otras épocas de la historia, mucho más alejadas
de la actual, los hombres comprendieron la necesidad de reverenciar
algunos viejos edificios, así como la música, la
pintura, la escultura y la literatura que definieron a períodos
ya pasados.

Ahora, a medida que
el desarrollo tecnológico se va haciendo más sofisticado,
la atención se vuelca también hacia estos refinados
objetos industriales que llegaron a ser rasgo distintivo del siglo
XX: el automóvil. Es posible que este amor actual por los
automóviles clásicos (los mejores autos),
representativos de románticas décadas que ya fueron,
no sea sino la búsqueda de un contraste frente a la elaborada
racionalidad de este siglo, regido por imperiosas exigencias de
practicidad y economía. La vida moderna ha llegado a ser,
quizá, demasiado anti- romántica; y los actuales
automóviles –en los que nada falta y nada sobra-,
pasaron a ser objetos tal vez demasiado utilitarios. ¿No
será, entonces, en busca de un alma, de un romanticismo
que no encuentran en su época, que los jóvenes de
hoy se sienten irresistiblemente atraídos por un MGA o
un Aston Martin?. Con sus detalles artesanales, sus delicados
relojitos, sus ruedas de rayos y su estilo aerodinámico,
estos clásicos, son los mejores autos,
y trasmiten un encanto que no puede encontrarse en un coche equivalente
de nuestros días.
Y esa penetración
del auto clásico en el público de hoy se revela,
sobre todo, en la nueva línea que está surgiendo
de las mesas de trabajo de los diseñadores. Durante años,
los fabricantes de automóviles pensaron que el público
necesitaba, únicamente, la última palabra en cuanto
a eficiencia y economía. Trataron de desterrar toda sensación
de ruido y movimiento; quisieron eliminar temblores y vibraciones
del motor, que los instrumentos de un auto parecieran instrumentos
y no controles computarizados. Es que no siempre el público
busca la perfección: prefiere, muchas veces, que su auto
tenga personalidad. Y para muchos, los mejores autos
son los de las décadas anteriores.
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