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¿Cómo organizamos la resistencia?
Las fuerzas de seguridad del Estado presionan con todo su poder a la Resistencia Nacioanl en la República Federal. Todavía después de más de cincuenta años de la derrota de nuestra tierra en la última gran guerra y la recontrucción del sistema democrático, el Sistema no se siente lo suficientemente fuerte como para permitir la completa libertad de aquellos alemanes que, según los esquemas de la clase política y dirigente, son considerados los “Enemigos de la Libertad”. Se habla de “la amenazada libertad de los ciudadanos” y se quita con esta excusa la posibilidad de que una parte de las personas de nuestro pais pueda expresarse con libertad y sin miedo a la perecución politica. Cuando alguien intenta, bajo estas circunstancias, trabajar por el cambio Nacional, se convierte en objetivo del poder represor del Estado Federal. Se puede intentar evitar la presión de las autoridades con tácticas más o menos astutas, y también se puede naturalmente seguir la estrategia de lanzarse de cabeza contra sus murallas. Sea como sea, a la larga no se puede evitar la difamación, la criminalización, el ser perseguido y espiado. ¿Cómo se puede bajo estas circunstancias organizar la Resistencia Nacional? En los últimos años se han formado dos grandes corrientes entre los revolucionarios de la Oposición Nacional a la hora de enfrentar los retos de cara a nuestro presente siglo. En su contenido ambos grupos se encuentran muy cercanos. En ellos existe una Voluntad conjunta de cambiar las presentes condiciones de Alemania, constituidas sobre la base de las políticas de la postguerra. Pero sobre el modo de aplicar esa voluntad existe una diferencia fundamental. Una corriente desea llevar a cabo los objetivos desde el trabajo desde los partidos legales, orientados nacionalmente, y trabaja desde los mismos por ganar influencia entre los nacionales, militancia y fuerza política para transformarlos después en votos y avences electorales dentro del sistema parlamentario. Esta estrategia difiere mucho de la otra corriente. Esta otra rechaza el trabajo político desde un partido legalizado, y el convertir a los activistas en militantes del mismo. Ellos trabajan por crear nuevas estructuras permanentes en la escena nacional, ganar espacios en la sociedad y nuevos activistas. Ellos no creen en un cambio desde dentro del sistema, no creen que el cambio se pueda producir desde las urnas. A pesar de que ambas corrientes son conscientes de su voluntad conjunta (comparten un proyecto esencialmente común) y que la colaboración sólo puede favorecer a ambos, la contradición entre ambos es muy patente. ¿Existen realmente bases aceptables contra la organización de la Resistencia según las formas clásicas, es decir, en un partido o asociación basado en la militancia, las formas jerárquicas y dirección elegida según los principios democráticos? Una de las bases más bases más firmes que hablan contra la organización de la Resistencia según las formas partidistas es también la más notoria: Su completa falta de Éxito. Desde hace decenios ninún partido nacionalista ha logrado entrar en el Parlamento del Estado y en todos aquellos sitios donde se logró entrar en los parlamentos regionales, fue solamente para volver a tener que salir en las siguientes elecciones. Y lo que estos partidos han logrado en esos parlamentos donde lograron entrar transitoriamente no ha dejado ningún rastro tras de sí. Divisiones, luchas internas y enfrentamientos públicos, funcionarios de mentalidad cerrada, traiciones, enriquecimientos personales – todas las formas propias del parlamentarismo democrático, tan criticadas siempre desde la Resistencia Nacional, acabaron también aparenciendo en estos partidos teóricamente renovadores. Se puede argumentar lo que se quiera, la realidad es que la presentación de las fuerzas nacionales dentro del sistema parlamentario no ha traido ventajas para la Causa, bien al contrario, la ha dañado muy profundamente. Esta realidad no varía con el argumento de que “esta vez todo va a ser diferente”. Y la idea de que es muy dificil actuar políticamente en un parlamento en el que todo el resto de los miembros son enemigos políticos declarados es penoso. Que nuestros enemigos políticos hacen todo lo posible por hacer nuestro trabajo imposible es lo más natural del mundo, lo que no es normal es que nosotros se lo dejemos tan fácil.
La actividad de los partidos políticos en la República Federal está reguldad por una Ley, por la ley de partidos. Los partidos quedan definidos como “asociaciones electoralistas” (aprox.), es decir, asociaciones que se entienden como partidos y cuya labor es preparar las elecciones y participar en ellas. En la Ley queda expresado cómo deben ordenarse internamente los partidos (que evidentemente tiene que ser democráticamente) y queda indicado también cuán a menudo deben participar en elecciones para poder conservar su estatus. Quien quiera constituir un partido deberá plegarse a su normativa, de otro modo quedará en peligro de dejar de ser valido como tal. Precisamente con la Oposición Nacional es muy delicado, y la péridad del privilegio como partido puede tener las consecuencias más graves. Por este motivo es muy importante para los partidos nacionalistas el respetar muy cuidadosamente todas las reglas de la ley de partidos, y los activistas que entran en la militancia de alguno de ellos se encuentran con la lamentable situación de tener que adaptarse más que nadie a las reglas de un sistema y unas formas que presiamente están ahí para combatir. Esto lleva a una disolución de las propias metas, ya que ya dentro del propio partido desde el que se quiere combatir el sistema, se tiene que ver obligado a traicionar sus verdaderas intenciones, a ser hipócrita. Los elementos más revolucionarios dentro de estos partidos deben siempre contar con la posibilidad de verse expulsados para evitar problemas mayores para el partido desde los órganos judiciales. Constantemente existe un trabajo de adaptación y plegamiento, pero esta vez no desde el sistema en si, sino desde el partido desde el que en teoría se pretende combatir al sistema. Uno debe constantemente mentir sobre sus verdaderos sentimientos. Desde la fundación del primer partido de Oposición Nacional en el período de la postguerra, existe para éstos sólo dos posibilidades: O se adaptan a las normas del Estado y su Constitución, enajenándose de sus bases idelógicas más fundamentales para evitar problemas legislativos, o se verán tarde o temprano siendo prohibidos y disueltos por la fuerza de la Ley Federal. ¡No existe camino interemdio! Todos los intentos de jugar entre ambos polos han fracasado. Y no existiendo alternativa entre adaptación y prohibición, entonces se levanta la pregunta para el activista si realmente esta forma de organización, partidista, realmente tiene algún sentido para aquellos que luchan por un cambio real. Sobretodo si consideramos las grandes problemas que puede traer consigo para un patriota alemán el tener el carnet de partido equivocado en el bolsillo. Ya que los partidos de la República Federal están condicionados por la Ley, los militantes de los partidos nacioanles también deben rellenar las cartillas de inscripción y pasar a formar parte de las listas de militancia. Listas a las que tienen acceso las autoridades, y de las que sin duda hace uso a la hora de controlar a las fuerzas nacionales. Desde los militantes de base, hasta los dirigentes, pasando por todos los niveles, quedan identificados en su nombre, número de identidad, empadronamiento y actividad realizada por las fuerzas de seguirdad. En este caso son los propios partidos los que hacen la tarea de control para el Estado. La oposición nacional, partidista, queda en este caso como oposición controlada y observada. Aquí sólo queda ratificar que el camino desde la oposición nacional partidista sólo trae penosos desventajas. Y que las autoridades democráticas lleguen a dejar el poder político en manos de la Oposición Nacional tras una eventual victoria electoral, sin resistencia y limpiamente, es algo que resulta más que dudoso. A los defensores de la estrategia partidista sólo puede quedarles, tras todo esto, un solo argumento: No existe otro camino! Y más claramente: NO SABEMOS HACERLO MEJOR! Probablemente ya no queda nadie que sepa un poco de la escena nacional que todavía no lo sepa: desde hace algunos años se interconectan muchos grupos, grupúsculos y hasta personas sueltas que por diversos motivos se niegan a militar en ningún partido ni tampoco en ninguna organización legalizada. En esta interconexión se usan los medios técnicos más modernos. La finalidad de estos activistas en constante colaboración y contacto no es montar una nueva, mejor, unificadora organización – sino una extensa y efectiva “organización sin organización”. Los éxitos logrados hasta la fecha dan fuerzas para la esperanza. Sin una organización dirigida se han podido juntar miles de jovenes nacionalistas en actos y manifestaciones de la escena libre, ellos pudieron llevar a cabo acciones de todo tipo tanto a nivel regional como estatal. Muchas veces con formas mucho más creativas y rompedoras. Y se han podido ganar además muchos nuevos activistas entre los más jóvenes. Queda demostrado que un marco organizativo rígido no es para nada necesario para el éxito. Bien al contrario, una organización de ese tipo hubiera hecho a las autoridades más fácil el abortar los actos, las manifestaciones espontáneas, la detección y detención de los organizadores y el bloqueo de la actividad local con medidas represivas. El camino de la organización autónoma no tiene por qué excluir el apoyo eventual a agún partido o asociación basados en formas del pasado. Todo depende de las necesidades del momento, los grupos libres deciden quién o cómo apoyan a alguien. Esto puede también incluir en algún caso en tiempos electorales, a pesar de que en esencia la lucha electoral carece de verdadero sentido. Un apoyo de este tipo tiene sin embargo siempre la premisa de que los participantes lo hagan voluntariamente, y que se eviten los innecesarios y ridículos intentos de proselitismo del partido en cuestión (sea NPD, DVU u otros). Una estructuración libre no sólo disminuye la capacidad de las autoridades en su labor represiva, ésta también reubuica el punto caliente de la lucha política ahí dónde debe estar: Fuera de los despachos, gabinetes y gremios y ahí en los grupos locales, dónde si se sabe cómo se debe trabajar efectivamente a nivel local. Ya hemos entrado hace tiempo en el nuevo milenio. La Resistencia Nacional en la República Federal tiene nuevos retos ante sí. La forma en que los enfrentamos quedará decidida en base a si tendremos éxito o no. Podemos seguir repitiendo el camino clásico hasta mil veces, es decir, formar un partido o renovar algún partido ya existente, ampliarlo y trabajar por él y al final volver a la nada a causa de las divisiones, las traiciones o la prohibición y disolución del partido por el poder judicial. O podemos también buscar un nuevo camino, que se desentiende las ensoñaciones electoralistas, que se posiciona en una expansión constante, organizado de manera que sea lo más difícilmente atacable desde las autoridades, y que se vaya desarrollando fuera del marco parlamentario hasta formar una fuerza considerable, que en el momento decisivo sea capaz de dar el golpe necesario. Todo depende de nosotros. Al final sólo cuenta el éxito. |