¿Socialismo o cosmética capitalista?


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Uno de los más decisivos factores de la política nacional, es la necesidad  de un orden económico justo.  

Precisamente en esta cuestión debería el nuevo nacionalismo trazar una estricta línea separatoria con las exigencias populares y demagógicas dentro del marco capitalista estatal. En esto, el mejor ejemplo es la actual discusión alrededor de la creación de un nuevo partido de izquierdas, que quiere atraer a los electores decepcionados de la socialdemocracia ( el partido de Lafontaine), porque ya en su interna presencia se deja reconocer en las fuerzas immanentes del sistema, por dónde van los tiros. Aquí se unen caciques sindicales, populistas necesitados de crédito, como Lafontaine y envejecidos militantes de la socialdemocracia enganchados a la ya tan casposa “utopía de la economía socialista”. Aparentemente... han olvidado estas personas que el capitalismo renano, santo y seña de la BRD, sólo fue una fase del sistema económico occidental, cuando estaba en vigor la oposición de un modelo de bienestar alternativo al comunismo soviético expansionista. Cuando el conocido como “el socialismo real existente” se vino abajo, se mostraron estos sistemas como jaulas doradas, que ya habían dejado de tener cualquier motivo para seguir existiendo, pues los gobernantes creyeron en “el fin de la historia”(Fukuyama) y declararon al liberalcapitalismo como dogma indiscutible. En seguida comenzó el capital internacional, del modo más sutil, a jugar la carta de “la cuestión de la ubicación” – y el desmantelamiento de ese sistema de bienestar comenzó así directamente a ser una realidad.


Los pueblos fueron entonces degradados a la condición de unidades económicas donde los respectivos sistemas políticos debieron adaptarse a los intereses económicos de Occidente. De lo contrario, les amenazaba el aislamiento internacional o la intervención imperialista.


Nuestra meta es un socialismo nacional, que bien entendido se opone a muchas cuestiones propias del nacionalsocialismo histórico y reubica, actualiza, gran parte de sus conceptos. También las exigencias momentáneas de los grupos nacional-democractas contradicen nuestras ideas. Ellos no representan más que  una versión nacional-capitalista de la situación actual. Nuestro objetivo no es electoralista, sino revolucionario. Nuestro objetivo no es el triunfo en el juego democrático, sino precisamente la abolición de ese juego.


Tarea primaria es la socialización de los medios de producción en manos del pueblo trabajador. Naturalmente se presenta aquí la cuestión de sobre qué vias  del socialismo tomar, en qué forma debe realizarse esta imprescindible socialización. Grandes consorcios y  multinacionales, naturalmente, deben pertenecer  al Estado y sobretodo a su personal, el cual mediante estructuras democráticas debe tomar parte en las decisiones de empresa. Debe posibilitarse una participación similar al modelo sindicalista. Cuando centramos nuestra atención en la pequeña y medianta empresa, la cuestión es mucho mas compleja. En definitiva aquí no aflora la total acumulación de poder en manos de unos pocos como en el caso de los omnipotentes consorcios. Muchas veces esta clase media está muy unida a las regiones y tradiciones del país y desde decenios son de posesión familiar. Interferir aquí significaría: por un lado destruir estructuras tradicionales, lo cual no está de acuerdo con el interés nacional. Pero por otro lado, también, significaría suprimir un factor de fuerzas reaccionarias, el cual desde antiguo promociona la idea de propiedad privada y de individualismo por encima de la de comunidad. La preocupación por las propiedades privadas tiende siempre a ir en detrimento de los intereses de la Nación. Uno comprueba este hecho cuando ve  los actuales esfuerzos de las pequeñas y medianas empresas por trasladar sus medios de producción a paises más pobres y con mano de obra a menor coste. Precisamente en este campo debemos encontrar una solución de compromiso razonable, esto significaría una mezcla de los contratos económicos privados de los propietarios, con una fuerte tasa de influencia y poder decisorio empresarial por parte del personal asalariado, así como su participación en la copropiedad de  los medios de producción y sus beneficios.


La idea actualmente discutida en los círculos nacionales sobre un modelo social y económico debería ser observada por nosotros, los nacionalistas, con gran interés, pues la búsqueda de un modelo alternativo al capitalismo es condición indispensable para la defensa y conservación de la Nación. También deben ser reforzadas nuestras exigencias socializantes para aclarar ofensivamente nuestros posicionamientos  y nuestra decidida intención de plantear un modelo de sociedad totalmente alternativo a la que actualmente existe.









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