
Francisca Martín-Cano Abreu
Debate académico de Arqueología - Parte I. Indignación por el androcentrismo de algunos arqueólogos
Francisca Martín-Cano Abreu
Permitidme que os cuente por
qué estoy indignada con los académicos españoles
y por qué me gustaría recibir apoyo a mis
reivindicaciones.
Empezaré contando algo que
ilustra el desconocimiento de los nuevos descubrimientos de la
Antropología por parte de gran parte de personajes ilustres de
la sociedad, y sobre todo por los integrantes de una disciplina: el
mundo académico de la Arqueología que deberían
saber sobre el tema, ya que se sienten con derechos a hacer
deducciones antropológicas.
He estado durante unos días
asistiendo a la presentación de ponencias y de comunicaciones
en el XXVI Congreso Nacional de Arqueología, que este
año ha tenido lugar en Zaragoza.
En general ha sido muy interesante,
sobre todo las nuevas aportaciones individuales de diferentes
arqueólogos en campos puntuales.
Pero lo que me ha hecho salir
furiosa del Congreso, es la actitud prepotente y machista de ciertos
arqueólogos varones, así como la "contenida y miedosa"
o la "de peloteo" (de hacer la pelota, tener actitud humilde y de
alabanzas más allá de lo mínimamente digno, ante
los mandamases) de algunas arqueólogas, que tienen miedo de no
conseguir dirigir prospecciones, publicar artículos, tener un
puesto de segunda, aunque acreditado en este mundo hostil y dirigido
con mano férrea por los "padres, mejor abuelos" de la
arqueología, etc.
Ya había estado en otros
Congresos de Arqueología, tanto nacionales como
internacionales. Pero en ningún Congreso como en éste,
se había puesto de manifiesto de forma tan explícita,
la actitud machista, crítica y burda de algunos
arqueólogos varones. Los hemos oído criticar a los
gobernantes y calificarlos de ignorantes, los hemos oído
también criticar a los compañeros de profesión,
a sus antiguos compañeros de profesión que
defendían paradigmas, ya afortunadamente superados. O criticar
a los arqueólogos que pretenden justificar sus
"legítimas diferencias sociales o de raza" basándose en
"hipótesis etnológicas falsas" o que no profundizan en
el verdadero fundamento de los hallazgos arqueológicos (se
refieren a los vascos), para evitar poner de manifiesto que
contradicen sus deducciones, etc.
Pero algunos de estos criticadores,
que tan impunemente les gusta ejercer la crítica, han perdido
los papeles de manera vergonzosa cuando se han sentido criticados. Y
no han entonado el mea culpa por mantener con terquedad algunas de sus
afirmaciones, a pesar de que se contradecían con afirmaciones
hechas en otros momentos.
Os referiré detalladamente
lo que quiero decir.
Comentaba que hemos sabido algunas
primicias no publicadas aún. Creo que una de las noticias
más impactantes ha sido los nuevos descubrimientos llevados a
cabo por J. L. Simón en el campo de la metalurgia de la
península ibérica desde el tercer milenio antes de
nuestra era: pone patas arribas todo lo que se pensaba hasta ahora.
Incluso respecto a lo que él mismo divulgaba en el año
1999.
Por ejemplo ha descubierto que
había múltiples centros metalúrgicos en la
península ibérica y con idénticos sistemas de
fabricación (a pesar de ser realizadas por culturas
diferentes, para lo que aún no tienen explicación). Y
los análisis de resistencia y composición de las armas
que fabricaban, prueban que no podían ser armas defensivas,
por lo que deduce que eran símbolos de estatus.
Se me ocurrió comentar en un
debate abierto, que dado que existen ENTERRAMIENTOS IBÉRICOS
de la Edad del Bronce y del Hierro de mujeres acompañadas en
sus tumbas con armas (que no servían para la defensa, sino
como símbolo de estatus), como los diversos de El Algar /
Argar de Almería. Y dado que existen FIGURAS obviamente
FEMENINAS del mismo período con armas (o consideradas
femeninas, como las de Collado y Tabuyo que adjunto, calificadas en
las Actas de un Congreso en Francia por Martín Almagro Gorbea,
que estaba en la mesa, como femeninas con armas), se deduce que las
mujeres tenían alto estatus.
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Bueno, este razonamiento
sería propio de una mente lógica y matemática.
Pero no es el caso de un misógino COMO MARTÍN ALMAGRO
GORBEA. Él pertenece a los profesionales que en Iberia tiene
un interés especial en que no sea explicitado en los manuales
de divulgación arqueológica, hipótesis que
defiendan que la mujer tenía un importante papel en la
sociedad arcaica, cuando no se vinculaba a ningún varón
que la ayudara a sacar adelante a sus hijos.
Así que se puso
histérico y contestó como un energúmeno dando
penosas excusas tratando de negar mis afirmaciones, por yo usar el
argumento de las figurillas de Collado y Tabuyo o por nombrar los
testimonios artísticos, de cementerios, que pondrían de
manifiesto que la mujer tenía un puesto importante en la
sociedad.
Y con soberbia e ignorancia no
quiso dar crédito a mis explicaciones de que existen nuevos
DESCUBRIMIENTOS ANTROPOLÓGICOS Y ETOLÓGICOS que
corroboraban la hipótesis de que la mujer jugaba un papel
preeminente en la Prehistoria, cuando la familia era
matricéntrica, no existía el matrimonio y aún no
se vinculaba a ningún varón que la defendiera o cazase
para ella.
Y hecho que es corroborado por
múltiples detalles que informan que LA FAMILIA PATRIARCAL SE
ESTABLECIÓ EN LA EDAD DEL BRONCE, o sea que en principio
existía la familia matricéntrica, en la que la mujer se
preocupaba de cazar, recolectar o plantar semillas para dar de comer
a sus hijos y la única que los enseñaba a enfrentarse a
la vida.
O igualmente lo corrobora FUENTES
ESCRITAS muy antiguas, como por ejemplo Estrabón (n. 64 adne -
m. 21 dne). Dice que la mujer entre los cántabros tenía
mayor estatus que el varón e igual pasaba entre los galaicos,
los astures, los vascones, entre quienes existieron Jefas, antes de
que las invasiones patriarcales les hiciera modificar las
características de la sociedad. Y Laviosa afirmaba de ellos en
(1955, 78): "... el matriarcado estaba en plena vigencia, y los
cántabros y los vascos conservaban la herencia por
línea femenina, a pesar de las invasiones célticas
indoeuropeas."
O como afirma JULIO CARO BAROJA
(1991, 165): "tanto para los galaicos como concretamente los
cántabros, se habla de la superioridad que tienen las mujeres
en la guerra como guerreras".
Pero el broche final machista lo
puso ANTONIO BELTRÁN MARTÍNEZ (un jovencito
arqueólogo, que tiene unos 85 años, creo recordar, y
dirige con mano férrea el mundo académico, desde hace
50 años), al contarnos una anécdota del rey Juan
Carlos, que reina en España tras la dictadura de Franco y
garante de la democracia. Para los que no lo sepan, os informo que la
reina Sofía, su esposa, es arqueóloga. Recién
venida de Grecia o a los pocos años de empezar a reinar en
España, no recuerdo bien, según nos contó el Sr.
Beltrán, lo llamó a palacio. Allí la reina
Sofía le mostró su interés por los Congresos de
Arqueología. Beltrán hablaba de arqueología
dirigiéndose al rey, y éste comentó:
"Yo de
arqueología no sé nada, la que sabe es mi esposa. Bueno
eso dice ella".
Como veis nos ilustra la actitud
machista del rey. Y deduzco que el Sr. Beltrán, al contarnos
la anécdota, pretendería justificar el machismo de la
disciplina. Vino a decir que "dado que hasta el rey era machista, pues estaba
justificado el que ellos, simples súbditos de tan ilustre
varón, también lo fueran".
Mientras haya varones que se crean
superiores a las mujeres, lo tenemos crudo. A pesar del compromiso
real
en favor de
la democracia o del de los arqueólogos en favor de la ciencia,
que dicen defender. ¿Adónde ha de irse una para poder
defender y ser oída con dignidad sus convicciones?.
Lo peor no es que algunos no me den
crédito porque de buena fe crean que realmente el matriarcado
no existió. Sino que lo peor es que los poderosos
arqueólogos actúen tan inmoralmente como para impedir
la difusión y publicación de trabajos como los
míos.
En estos momentos estoy de capa
caída y se me ha perdido el espíritu guerrero. Ya me
gustaría que alguien con "crédito" me diera apoyos
feministas, para apoyar la justicia de mis reivindicaciones, igual
que el rey español apoya los privilegios fascistas de los
arqueólogos.
Imagino que algunas diréis
que estamos en democracia, ya que me puedo expresar así, sin
sufrir represalias. Pero mi inteligencia se siente ofendida. Y no me
resigno a vivir bajo este poderío machista, sin contribuir a
un cambio social justo.
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