
Francisca Martín-Cano Abreu
Francisca Martín-Cano Abreu
(1) - Libros de divulgación
Cuando empecé a profundizar
en el mundo de la Arqueología me sentí fuertemente
impactada y escandalizada, por la discriminación de lo
femenino en los libros de divulgación, sobre todo del arte
prehistórico en España, pero igual pasa en los de
Francia, América...
Por ejemplo cuando se presentan
algunas imágenes femeninas, son calificadas como "masculinas"
aún teniendo grandes mamas. O son denominadas "Ídolos"
o "Divinidades", o las animalísticas embarazadas se denominan
"con vientre prominente",... o se usan otras mil artimañas con
la intención de enmascarar que son femeninas.
Ya entonces me atreví a
calificar estos actos, como una auténtica muestra de
"hostilidad contra lo femenino", de "misoginia absoluta" y ahora
añado que "propio de personas que actúan de mala fe,
sin el más mínimo sentido de la ética ni de la
justicia de género".
Los manipuladores que escriben
tales rótulos, son sabedores de que éste actúa
como un potente medio de sugestión que sugiere a los lectores
lo que han de ver, así que los usan sin miedo, tranquilos de
que el prestigio alcanzado por el puesto que ocupan, bloqueará
las mentes de los lectores que serán condicionadas
involuntariamente y nadie les exigirá mayor
precisión.
Esa negación de lo femenino
fue manifestada desde el principio del nacimiento de la disciplina
hace más de un siglo, por los "padres de la
Arqueología" (exclusivamente varones), autores de los grandes
descubrimientos de la Arqueología. Posiblemente nació
como una reacción al género que aparecía en los
motivos antropomorfos de los hallazgos más arcaicos,
exclusivamente femeninos: las conocidas y calificadas como
"Venus".
Exclusividad que evidencia el culto
a lo femenino y por tanto reflejo de que se adoraba a la Madre
Naturaleza y sólo había representantes vicarias de su
mismo género: sólo había Sacerdotisas / Magas /
Prêtesses / Priestess en el Paleolítico y sería
reflejo de un feminismo en la sociedad.
Y tal hecho debía molestar
profundamente a personas creyentes en la religión cristiana
patriarcal
y educados en sociedades en la que "los varones ejercían el papel
preponderante".
Luego, tales enunciados machistas,
presentes en gran cantidad de manuales académicos,
influirían como sugestiones sobre muchos estudiantes
posteriores. De manera que estudiaron manipulados y condicionados por
la visión de los padres de la Arqueología, por lo que
aceptaban sus enunciados dogmáticos, sin posibilidad de
defenderse, a pesar de las falsedades, dado que estaban fanatizados y
además se les lavaba el cerebro para pensar que el respeto a
la ciencia y el camino "científico" (se creía que) era
"exclusivamente decir lo que la autoridad ya ha dicho".
Desafortunadamente, en el mundo de
la Arqueología, no se imita lo que ha pasado en el mundo de la
Antropología sociocultural, que ha dado nacimiento a una nueva
disciplina, interesada por el género (para compensar el
machismo anterior): la Antropología y Género (aunque el título
"Género" muesta que dulcifica la reivindicación contra
del machismo, con ese eufemismo). Pero al menos acepta las
innovaciones teóricas y los nuevos descubrimientos desde una
perspectiva feminista, o mejor dicho, neutral con respecto a la
anterior machista.
Mientras tanto, desafortuandamente,
los manuales de la Arqueología, en la universidad
española y en otros ámbitos académicos de la
disciplina en occidente, sigue la misma dificultad para introducir
los cambios científicos innovadores realizados hace ya decenas
de años, siguen sesgando la información y siguen dando
amparo legal a todo un código de modos y hábitos
machistas.
Aún son pocos los
arqueólogos que corrigen los estereotipos machistas.
Y las arqueólogas, que
podrían hacer algo al respecto, no denuncian tales atentados.
Y otras personas interesadas en
tales asuntos, se dejan apabullar igualmente, bien porque no
están despiertas para la lucha dado que han sido formadas en
los prejuicios machistas de la disciplina, por lo que se les ha
transmitido e impuesto la misma "misoginia".
Otras, porque piensan que es
más cómodo no denunciar tales atentados.
Otras, concienciadas en el
feminismo, hacen algunas incursiones con este discurso, pero dado el
nulo reconocimiento que consiguen, además de la pérdida
de respaldo, terminan por abandonar, antes de perder todo el
crédito para poder seguir ejerciendo su profesión. Y es
lógico que no tengan un comportamiento heroico. ¡Es la
estrategia de la supervivencia!
En el siglo XXI, se está
acabando en occidente con la subordinación y la
situación de marginalidad femenina en muchos campos, pero
aún falta que dentro de la Arqueología se cree un
tejido asociativo entre las arqueólogas y los
arqueólogos concienciaciados, que les dé la fortaleza
suficiente para tirar las altas barreras ideológicas que
proyecta el machismo hacia la Edad de Piedra.
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(2) - Congresos y participantes
Hace unos años participo en
diferentes Congresos de Arqueología a los que acudo con
comunicaciones y también intervengo de forma crítica en
los diferentes debates públicos. Mi interés mayor es
poner de manifiesto la injusta discriminación que sufre "lo
femenino" en los manuales académicos ibéricos, en los
que algunos arqueólogos varones, casi los únicos que
los han escrito desde hace un siglo, han proyectado su machismo hacia
la Edad de Piedra, aún a pesar de que durante los
últimos 45.000 años de la Prehistoria, las
imágenes humanas que nuestros ancestros nos legaron,
según lo evidencia la Arqueología, son exclusivamente
femeninas (la imagen masculina no apareció en el arte, hasta
la Edad del Bronce).
Pero es difícil erradicar
esta situación en el mundo de la Arqueología,
aún al servicio de la ideología machista, por la
sencilla explicación de que es una conducta patológica
resultado del aprendizaje. E igual que una conducta desadaptada es
difícil de modificar, lo es una conceptualización, una
construcción teórica, una obcecación
patológica, una superstición que atañe a muchos
arqueólogos y que otros la mantienen y defienden, porque han
sido condicionados y han estudiado con ese estereotipo mental. Es
difícil cambiar el estado de las cosas, ya que todos nos
regimos por los valores imperantes y sólo los modificamos si
existe una concienciación y un deseo, una "misión", no
sólo de conseguir un interés personal, sino de alcanzar
una meta y conseguir una transformación total de la sociedad y
del mundo de la Arqueología en especial.
Pero en el mundo de la
Arqueología aún existen "padres" que ejercen una
dictadura férrea y no permiten que nadie asuma ese riesgo. Os
ampliaré a lo que me refiero con un ejemplo. En el pasado
Congreso de Zaragoza se me ocurrió participar en un debate
abierto. Y haciendo una sencilla regla de tres con las afirmaciones
dichas por los ponentes de la mesa o por otros ponentes del Congreso,
deduje el alto status que tenía la mujer en Prehistoria. Pero
algunos ponentes machistas se pusieron histéricos ante mis
deducciones que ponían en relación las evidencias
arqueológicas con sus deducciones.
Se había comentado que los
análisis de resistencia y composición de las armas que
acompañaban a los muertos de determinado período
histórico, prueban que no podían ser armas defensivas,
por lo que los investigadores deducían que eran
símbolos de estatus. Por otro lado, existían
enterramientos femeninos en El Algar / Argar de Almería del
mismo período, acompañados de armas. Y además,
existían figurillas femeninas del mismo período, con
armas. Algunas de estas figurillas, a pesar de que eran abstractas,
habían sido calificadas por M. A. G., que estaba en la mesa,
como femeninas con armas (por lo que yo lo admiraba profundamente por
su valentía e independencia frente a algunos de sus machistas
compañeros de profesión). Así que se
podía deducir fácilmente y por una simple regla de
tres, que las mujeres que estaban acompañadas con armas en ese
período, tenían alto estatus (armas que no
servían para la defensa, sino como símbolo de
estatus).
Pues no señoras.
Resultó que mi admirado M. A. G., era un auténtico
misógino. Se subió por las paredes y defendió
con terquedad que la mujer tenía un papel subordinado en la
Prehistoria, a pesar de que se contradecía con sus
afirmaciones hechas en otros momentos y a pesar de que los
testimonios artísticos ponen de manifiesto que la mujer
tenía un puesto importante en la sociedad.
Y con soberbia e ignorancia no
quiso dar crédito a mis explicaciones de que existen nuevos
descubrimientos antropológicos y etológicos, que
corroboraban que la mujer jugaba un papel preeminente en la
Prehistoria, cuando la familia era matricéntrica, no
existía el matrimonio y aún no se vinculaba a
ningún varón que la defendiera o cazase para ella, sino
que la mujer se preocupaba de cazar, recolectar o plantar semillas
para dar de comer a sus hijos y la única que los
enseñaba a enfrentarse a la vida. Y hecho que es corroborado
por múltiples detalles que informan que la familia patriarcal
se estableció en la Edad del Bronce. O igualmente lo
corroboran fuentes escritas muy antiguas, como por ejemplo
Estrabón (n. 64 adne - m. 21 dne), refiréndose a la
península Ibérica, dice que la mujer entre los
cántabros tenía mayor estatus que el varón e
igual pasaba entre los galaicos, los astures, los vascones, entre
quienes existieron Jefas, antes de que las invasiones patriarcales
les hiciera modificar las características de la sociedad. Y
por supuesto existen otras fuentes informantes, con ideas
concidentes, de otros continentes.
Pero dado que este
arqueólogo forma parte de una de las familias "padres" de la
Arqueología, nadie se atrevió a apoyar mi propuesta.
Así que mientras haya poderosos dictadores en el mundo de la
Arqueología o en cuaplquier otro campo de la ciencia, lo
tenemos crudo. Porque mientras las que asumimos el riesgo de cambiar
algo, perdamos el respaldo de los demás, no existirán
imitadores que denuncien el sexismo, y preferiran adoptar posturas
más sumisas, antes que perder el crédito para poder
seguir ejerciendo su profesión. Si queremos que este mundo
cambie, es necesario el compromiso de todos en favor de derrumbar el
poderío machista en cualquier campo, para contribuir a un
cambio social justo.