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Perla Prigoshin, 29/08/2003
Me sorprende volver a estar en este salón dorado
en situación de recibir un premio consagratorio de mi
actividad profesional. Ya que en dos oportunidades ocupé este
lugar por motivos realmente diferentes. Primero, como parte de un
panel en el que debimos referirnos a las sexualidades de niñas
y adolescentes, convocado por el Consejo Derechos del Niño, la
Niña y la Adolescencia de la Ciudad de Bs.As. en el que expuse
claramente no sólo cuáles son sus derechos a la salud
sexual y reproductiva sino la peligrosidad de las políticas
que se oponen a la práctica de esos derechos. Políticas
patriarcales que se sostienen merced a la complicidad de quienes
desde diversos poderes obstaculizaron la sanción de la ley y
posteriormente su aplicación.
Un año después tuve a mi cargo, en este
mismo salón, la conferencia de cierre de la Red de
Organizaciones que trabajan contra la violencia intrafamiliar. Expuse
entonces acerca de los peligros que emanan desde quienes debiendo
aplicar la ley &endash; primero aceptando las denuncias en el plano
policial-y después en los juzgados, desestiman la gravedad de
los hechos y mantienen en riesgo la vida de las víctimas.
Prácticas abusivas que reclaman la revisión de la
legislación.
En ambas situaciones apunté contra el poder
instituido decadente y reaccionario.
O sea, en este mismo salón hablé
extensamente de las complicidades de los poderes instituidos en la
violación de los derechos de determinadas personas, mujeres en
este caso.
Henos aquí que ahora, un poder instituido,
vinculado con la creación de leyes, me instituye como
ciudadana ilustre, o sea, me reconoce como dicente de cosas que merecen ser tenidas en
cuenta. Que a
menudo pueden reconocerse como denuncias referidas a los poderes
instituidos.
Dado que en esta oportunidad no está previsto que
yo vaya a plantear denuncias o demandas políticamente
válidas, estoy ocupando un lugar absolutamente extraño
para mí. Me han otorgado otros premios, pero jamás
desde un lugar oficial. Mis antecedentes institucionales fueron
otros: a pesar de obtener 9 y 10 puntos en las calificaciones del
secundario nunca pude ser abanderada, porque en el boletín
siempre traía conducta regular. Les aseguro que mis inconducta
no eran tales: yo discutía con los profesores y en los
recreos. Corría en lugar de caminar. También
discutía el reglamento porque me parecía absurdo. Y lo
era. Me consta que no hay reglamento para las Ciudadanas
Ilustres.
Es el primer punto que quiero marcar porque esta
distinción ha creado una paradoja en la historia de mi vida:
me premian desde un lugar de poder, cuando yo siempre estuve con
quienes se defendían del abuso de poder. Debo dejar en claro
que quien solicitó el acuerdo para esta distinción, es
otro de aquellos que se dedican a trabajar con las víctimas
sin recostarse en su posición legislativa o
profesional.
Entonces, pensé que para celebrar este premio la
narrativa sería la apropiada para acercarme a la actual
condición de ciudadanía con mis antecedentes. Dado que
la ciudadanía actualmente se entiende como una
construcción histórica, que se define por su
posibilidad de acceso a esa condición según sea el
contexto y la época en la cual se vive, veamos cómo
llegué hasta aquí; no me refiero al camino, sino a las
ideas y conceptos que, acompañadas por mis conductas y mis
prácticas (esas que en la escuela sancionaban)
diseñaron un estilo que hoy en las invitaciones se denomina:
trayectoria
docente y ciudadana en la promoción y defensa de los derechos
humanos de los sectores más discriminados de nuestra
sociedad.
No todos ni todas tienen o han tenido acceso a ser
ciudadanos del mismo modo. El hecho de ser mujer me colocó
entre las personas ignoradas y postergadas en sus derechos como lo
fueron las etnias negras, los indígenas, los pobres,
así como los niños y las niñas.
Durante centurias nosotras no contamos con igualdad de
derechos, y actualmente nos los retacean y avasallan. Solamente las
personas interesadas en mantener esa situación se atreven a
desconocer el tráfico internacional de mujeres y las
condiciones de esclavitud en las que trabajan las obreras contratadas
por multinacionales tal como desde Seattle a Porto Alegre se viene
denunciando- O pretender ignorar que las niñas,
continúan siendo víctimas de la discriminación,
comenzando por la ontologización que el lenguaje evidencia
involucrándolas en el genérico: el niño.
Entonces, recurriendo a la memoria, que separo de lo que
la historia sea, y a partir del principio filosófico que
sostiene LO PERSONAL ES POLÍTICO, de acuerdo con la tesis
feminista, preciso rememorar y verificar cómo una niña
nacida en 1929 emergió de la cultura tribal de una familia
como tantas otras en aquella época, con padre y abuelas
italianas para ingresar en las culturas que se consideraban
superiores, las universitarias de las que habríamos de emerger
para formar parte de los cimientos del estado. Era lo que la Ciudad
ofrecía a cambio de soltarse del regazo familiar para
incluirse en las preocupaciones por las grandes causas. Pero al mismo
tiempo- en aquella época las universidades mantenían
sobre sus alumn@s el ritmo colonizador patriarcal que habíamos
conocido en nuestras familias y que se continuó durante la
escuela primaria donde aprendimos que niños y niñas
teníamos obligaciones: el 4º mandamiento honra al padre y
a la madre; por su parte, en el secundario no se discutía la
que se presuponía superioridad masculina.
Como todas las nenas de aquella época por las
tardes salía a jugar en la puerta de casa y había
aprendido a confiar en el vigilante de la esquina, el de parada a
quien el 31 de diciembre se lo convidaba con una copa de sidra porque
eran amigos del barrio. Era la ciudad de chicos y chicas con
sabañones, que se acatarraban y se curaban con cataplasmas de
lino y bolsitas de alcanfor colgadas en la ropa interior.
Era la ciudad de Contursi, de Evaristo Carriego y de
Roberto Arlt. La ciudad que nos enseñaban en la escuela (el
normal Nº 1) era una selección de la colonia ilustrada
por las negras vendedoras de tortas fritas, pero sin que
pudiésemos preguntarnos que habría sucedido con todos
aquellos negros que dejaron de recorrer la ciudad. Niñ@s que
repetíamos que Mariquita Sánchez de Thompson
ofreció su casa para que en ella se estrenara el himno
nacional, olvidando contarnos que a los 14 años se
enamoró de su primo, el joven Thompson y contrariando la
voluntad de sus padres apeló al virrey para que la autorizase
a casarse con quien era su amor de los 14, y no con el señor
mayor que se había adjudicado.
La gente de mi generación proviene de esa
culturalización fomentadora del colonialismo
sociopolítico, económico e intelectual.
Nuestra formación se afincó en el
oscurantismo político y educacional que durante décadas
omitió la historia de la conquista del continente, de los
etnocidios sobrevividos por las culturas indoamericanas y del
empobrecimiento derivado de las políticas saqueadoras
provenientes de los países centrales.
No había quien hablase de ciudadanía. A
medida que la idea fue incorporándose significó adaptar
a los futuros ciudadanos a los requerimientos y mandatos de los
suprapoderes del patriarcado y de los grupos dominantes. La
ciudadanía estuvo asociada con la adaptación correcta a
lo que siendo existente se evaluaba como lo mejor. Lo que en manera
alguna quería decir que los ciudadanos debían ocuparse
por el bien común. Inicialmente y mas allá de las
descripciones clásicas de ciudadanía, ésta se
transformó en otro elemento selectivo para discriminar a la
gente culta de la inculta, a los pobres de los ricos y a los hombres
de las mujeres. Y para dejar a niños y niñas al margen
de sus derechos ciudadanos.
Todos ellos eran convocados mediante sus obligaciones lo
cual garantizaban la eficacia del autoritarismo en la vida de las
familias, en las escuelas y en el dominio urbano de la ciudad. La
oposición a estas prácticas constituyó las bases
de lo que hoy amerita ser distinguido con un diploma: la
promoción y defensa de los derechos humanos de los sectores
más discriminados de nuestra sociedad.
El instrumento fue la creación de Escuela para
Padres a fines de la década del 50 y estuvo signada por el
registro de las arbitrariedades que la educación escolar
imponía en materia disciplinaria, así como en el
autoritarismo parental en las familias y la discriminación de
las mujeres en los diversos ámbitos de la vida de
relación. También el trato que recibían los
chicos detenidos-Acerca de ese tema produje, para la revista mundo
Argentino, la que se denominó Operación Desamparo donde
denuncié el trato que recibían los adolescentes
detenidos en la "colonia hogar" Ricardo Gutiérrez. El entonces
presidente me mandó llamar a casa de Gobierno para preguntarme
si era verdad lo que yo describía-y lo que las fotos
mostraban-o si era prensa amarilla.
Lo que hice entonces sin saberlo fue lo que hoy se
denominaría crear agenda: o sea incorporar nuevos temas para discutir
lo que parecía indiscutible: la obediencia indiscriminada a
las autoridades cualquiera fuese su origen. La agenda, concepto
desarrollado por las Ciencias Sociales incorpora temas y enfoques
vinculados con el poder, las medidas con las que se lo ejerce y las
agrupaciones y/o grupos que intervienen. Es decir, el poder en manos
de los padres, los varones, la docencia y la aplicación de la
justicia a los chicos pobres detenidos.
El éxito de Escuela para Padres fue un hecho
indiciario de una época. Su análisis hoy se articula el
kairos de los antiguos griegos, ellos habían inventado un
tiempo que no era cronológico sino se refería a la
oportunidad para hacer o decidir determinada cosa. Es el registro de
la oportunidad para aprovechar la ocasión que los hechos
históricos y la sensibilidad ciudadana posibilitaban. La
década del 60, no sólo en el occidente afroeuropeo, en
los Estados Unidos y en Cuba, sino también entre nosotros
reclamaba determinados cambios en relación con los abusos de
poder y sus víctimas, pero no todas las corrientes de
pensamiento estaban dispuestas a tolerarlos. Por ejemplo, recuerdo
dos episodios con motivo de los artículos que yo
escribía en la revista Damas y Damitas dirigida por Julia Constenla. Allí
produje una nota que se ocupaba del género mujer explicando
que la virginidad es un estado psíquico, más aún
podría decirse un estado del alma y no tenía que ver
con la anatomía himeneal de las mujeres. El entonces
intendente mandó secuestrar el número porque, en sus
considerandos decía que el artículo atacaba la
institución familiar. Años antes en la provincia de San
Juan, el obispo a cargo, había prohibido la venta del libro
Escuela para Padres porque según afirmaba atacaba a la
institución familiar.
Paradojalmente la colección Escuela para Padres
vendió 30 ediciones compradas preferentemente por familias y
por docentes. O sea, había quienes al leerlo entendían
que se trataba de proponer un cambio en el eje del poder y no del
intento de destitución de la vida en familia.
Mediante las reuniones de esa Escuela para Padres se
había creado un espacio urbano que vinculaba a los asistentes
con sus propias historias personales y con la vida de sus hijos. Fue
un espacio inicialmente como parte del espacio de la ciudad, luego
distribuido por todo el país y por América latina. Si
bien simbólico en sus contenidos precisó del
ámbito de los salones de conferencias y de las aulas
universitarias. Lo que constituyó un hecho político
social dado que ni en los salones para conferencias ni los salones de
las escuelas ni las aulas universitarias habían sido
concebidas para que los padres revisaran sus comportamientos para con
sus hijos al mismo tiempo que revisaban la educación que
habían recibido. La novedad inquietante, transgresora y
desafiante residía en que recibieran información y
sugerencias mediante la palabra de una mujer, joven y
divorciada.
O sea,
enseñanzas separadas de la égida pediátrica o
sacerdotal. Esos
salones concebidos originalmente para entrenar a los oyentes en la
obediencia a las pautas preconcebidas, se utilizaron con el
propósito contrario: revisar, criticar y desafiar las
modalidades autoritarias ejercidas particularmente contra
niños y mujeres, es decir, yo venía transitando mi vida
de trasgresión en trasgresión respecto de las
legalidades instituidas.
¿Qué había comenzado a suceder? Si
bien el vinculo que yo establecía con los padres era vertical,
de arriba hacia abajo, indicaba lo que yo calculaba que se
debía hacer, o sea, también mi práctica era
autoritaria (así lo analicé en una extensa
autocrítica, reconociendo que, no obstante, en aquel momento
histórico resultó útil), esas familias
comenzaron a registrarse como autorreferentes respecto de las pautas
tradicionales que se sabía que debían cambiar. Estaban
enfrentándose los nuevos pensamientos acerca de las
organizaciones familiares, con la territorialidad indiscutida del
patriarcado. Escuchándose los padres entre sí, unos a
otros, en comunidad de intereses y de problemas. Hoy lo
denominaríamos clinamen, singularidades que se abren unos a
otros en sus bordes, que se comunican unos y otros en su
recíproca exteriorización y comparecencia al decir de
Nancy.
Yo utilizaba conocimientos obtenidos desde mi
práctica psicoanalítica para traducirlos en
códigos de divulgación, tanto en las conferencias y
cursos cuanto en los medios de comunicación. Entonces las
sanciones llegaron desde otros lugares de poder: mis colegas no
escatimaron críticas virulentas debido a mi decisión de
divulgar el psicoanálisis en los medios de
comunicación: esa modalidad fue el baluarte de Escuela para
Padres. Haber aplicado por primera vez entre nosotros la
divulgación del psicoanálisis fue considerado por
muchos una traición a la teoría madre. Hubo excepciones
por cierto. O sea, también allí se pusieron de
manifiesto los presupuestos dogmáticos y autoritarios, junto
con la ausencia de una comprensión política de los
hechos que en esa década precedió a lo que
habría de instituirse como terrorismo de estado.
Entonces la ciudad se convirtió en un plano
destinado a operaciones delictivas. Ese plano incluyó zonas
liberadas, zonas clandestinas de detención, paredones de
fusilamiento y convirtió al río de la ciudad,
río que siendo niñas visitábamos como
pequeñas bañistas, el terrorismo de estado lo
convirtió en remanso asesino para los militantes
desaparecidos. Esa misma ciudad paulatinamente incorporó las
volanteadas de la resistencia que aparecían fugazmente en las
esquinas del centro o de los barrios populosos. Incorporó
también las marchas, las pintadas y la insignia de la
resistencia en los pañuelos blancos que prefundaron la Plaza
de Mayo, luego también las Abuelas.
En aquella época esta ciudadana hoy identificada
como ilustre no podía trabajar en los medios de
comunicación ni en Escuela para Padres. Había muchas
otras actividades pendientes también relacionadas con el abuso
de poder y el derecho a la defensa de un justo juicio para l@s
detenidos por razones políticas. Aquello de la
promoción y defensa de los derechos humanos entonces
funcionaba al rojo vivo.
Cuando fue posible retomé la vida universitaria
sumando las experiencias del terrorismo de estado. Y fue más
sencillo transmitir ideas asociadas con el abuso de poder en la vida
universitaria que fue y continua siendo, uno de mis amores
intelectuales. He tenido y mantengo cátedras en universidades
argentinas y latinoamericanas, en las universidades nacionales de
Bs.As y de San Martín, en las privadas de Belgrano y
actualmente en la Universidad de Ciencias Empresariales y
Sociales.
Esta
Ciudad fue muy generosa en premios: el año pasado el Premio
Dignidad (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos),
anteriormente el premio TEA (periodismo), el premio Alicia Moreau de
Justo, dos premios entregados por la Asociación de
Psicólogos, otro por el Consejo Nacional de Niñez,
Adolescencia y familia, y otros.
Debo reconocer mi paso laboral por la Municipalidad:
dirección de Cultura, como secretaria de la Dirección
de Cultura, luego, cuando Pepe Eliaschev me ofreció un espacio
en la radio, la Muni, y finalmente en el Consejo Derechos del
Niño, la Niña y Adolescencia que preside Maria Elena
Naddeo.
Todo muy bien, pero ¿qué queda por hacer en
esta Ciudad? ¡Tantas cosas ! Citaré una solamente: una
reformulación ética y moral.
Entre los trabajos pendientes para esta Ciudad, se
recorta la necesidad de administrar el lenguaje y así como
crear una perspectiva moral ante la novedosa y múltiple
aparición de desclasados que enhebran a los antiguos vagos,
cirujas y linyeras con los cartoneros y con los mendicantes. Puesto
que la Reina del Plata ha comenzado a cobijar un desorden
estético que avanza en los interrogantes de los chicos que no
son los de la calle, sino nuestros nietos e hijos. ¿Cómo
les explicamos que esta gente revuelve la basura para encontrar
comida? Porque ése es el paisaje urbano que arriesga definir
el horizonte moral de nuestros chicos si no incluimos la
reflexión ética que los conduzca a pensar de
dónde y de quiénes provienen esos otros. Que no se
inventaron repentinamente sino que proceden de los nuevos pobres
gestados durante el auge del neoliberalismo cuando el uno a uno
entrampo al país.
Un diploma marca un comienzo aunque nos lo entreguen a
quienes se supone que por edad estamos cerrando el ciclo de nuestra
vida. Una puede banalizar esta entrega u otorgarle una importancia
extrema. Como decimos las porteños: mandarse la parte o
hacerse la estrecha y la humilde. Por mi parte enuncio lo que me
queda pendiente en mis próximos trabajos: poner énfasis
alrededor de lo faltante y alrededor de lo ya obtenido. En particular
un énfasis corrector del desaliento: la deuda impaga ante el
Fondo no es la única protagonista en nuestros escenarios.
Énfasis corrector de la ilusión que supone que
privatizar todos los dominios de lo público garantizara el
bienestar general.
También me queda pendiente ser la que siempre fui
ante los abusos de los diversos poderes, la misma que defiende los
derechos reproductivos y que dialoga con los urbanistas para que la
ciudad tenga en cuenta las necesidades de los discapacitados, que
respete el patrimonio cultural de sus antiguos barrios, que reconozca
la trascendencia de las asambleas barriales, que se ocupen de los
actores y de las actrices que son la sal de la vida y de la ciudad,
que recorren generosamente exponiendo su arte para el
entretenimiento, la información, el bienestar y el aprendizaje
de lo que significa el arte.
O sea, continuaré interpelando. Sabiendo que este
diploma me permite confirmar que cuento con socios que no temen
críticas ni sanciones. Que serán las mismas que yo
continuaré generando siempre que los derechos ciudadanos
corran peligro de ser vulnerados. Con este diploma no pueden ya
impedirme que sea abanderada, porque ha quedado claro que el peligro
no está en quien se rebela sino en las instituciones que
pretenden oprimir.
Es decir, ante el diploma que acaba de consagrar una
tarea, devuelvo la promesa que me compromete ante ustedes. Y ante los
y las que esta noche padecerán, otra vez,
discriminación, violencia, hambre y frió. Así
sea.
Eva Giberti
Eva GIBERTI escribió un artículo en el que cita a
Martín-Cano, titulado: Transgéneros: síntesis y
aperturas. Ha
sido recogido en páginas 31 a 58 del libro recopilatorio
de:
MAFFÍA, Diana. Compiladora. (2003): Sexualidades migrantes,
Género y transgénero. Feminaria Editora, Buenos
Aires, República Argentina. (Pueden pedirlo en préstamo
en Biblioteca Pública de c/ Doctor Cerrada, Zaragoza /
Maffia, 613.88
sex)
Martín-Cano cita a Giberti: (2005):
Sobre la
educación sexual de las niñas en las escuelas / Sobre
el himen y la virginidad. http://groups.yahoo.com/group/Vinculacionfemenina/message/172 y http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/213184/index.php
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