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 NINGÚN TREN PASA DOS VECES 

   (Límites del Progreso y de la Ciencia)   

 

(Este artículo fue publicado por primera vez 

el día 8 de enero de 2002 

en el diario ABC de Toledo)

Miguel Argaya

   

Con esto de la Ciencia pasa lo que con el amor; que siempre creemos estar ante nuestra última oportunidad. Lo digo porque, con motivo de la polémica acerca de la experimentación en embriones humanos, no han sido pocas las voces que han proclamado su temor de que España “pierda el tren del Progreso”. Se diría que es éste -el del Progreso- el único tren sin retorno, el único que merece la pena no perder, cuando lo cierto es que ningún tren pasa dos veces. Ninguno vuelve, al menos con la misma carga de inocencia. Ya no el del Progreso; tampoco el de la Dignidad humana, ni el de la Vida, y mucho menos el de la Justicia, eso tan ancho y al mismo tiempo tan endeble.

Es posible incluso, en ocasiones, encontrar que son dos o más los trenes que pasan simultáneamente por nosotros sin promesa de regreso; que hay que elegir, y que hay que hacerlo bien y urgentemente. Porque ningún tren, absolutamente ninguno, pasa de nuevo. Y así como, si perdemos el de la Ciencia, corremos el peligro de perder el Progreso, si dejamos pasar el de la Dignidad, el de la Justicia, el de la Vida, dejamos al albur cualquier vestigio de humanidad. En una u otra forma, algo importante se nos queda en el camino.

Conviene preguntarnos por otra parte sobre las consecuencias de cada preferencia; en este caso -el que nos ocupa-, sobre qué ha de ocurrirnos si perdemos el tan ansiado tren de la Ciencia. ¿Caerá España en la miseria? ¿Se verá condenada a sufrir la prepotencia de quienes se proclamen dueños de la nueva tecnología? ¿Se verá abocada a la esclavitud? Y, en todo caso, ¿quiere decirse que ese presunto paraíso futuro de “Progreso” sin límites mantendrá y aun acrecentará las diferencias, las injusticias, las explotaciones, en lugar de igualar y redistribuir el “bienestar” conseguido? ¿Vale imaginar, entonces, que dicho “bienestar” no habrá de ser para todos, sino sólo para unos pocos, para aquéllos que ahora ocupen -con los codazos y los crímenes pertinentes- mejores puestos en la parrilla de salida? ¿Es ése el “Progreso” que se nos promete, y del que se nos quiere hacer cómplices?

Es verdad. No pasará dos veces por nosotros el tren de la Ciencia, al menos de esta Ciencia inhumana, utilitarista y brutal que nos ofrecen; pero aún podemos darnos al tren de la Justicia, de la Vida y de la Dignidad en la seguridad de que habrá otros trenes, algunos igualmente cargados de Ciencia y de Progreso, aunque un Progreso seguramente más justo y menos bárbaro. Una Ciencia y un Progreso que sepan del valor incanjeable de cada vida humana singular y concreta. Por mucho que tengamos que esperar aún en el andén unos minutos. El futuro -no lo duden- nos lo agradecerá.

 

  (Revisado por el autor a 28 de febrero de 2006)

        

 

MIGUEL ARGAYA

 

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